Posts Tagged 'comunidades indígenas'

Entrevista a Ramón Vera Herrera: El Tribunal Permanente de los Pueblos.

En Oaxaca, México: Encuentro de Pueblos de Mesoamérica

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CCRI-EZLN: ¿Escucharon?

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Vía Campesina: Transgénicos en México: Un crimen contra la humanidad.

Transgénicos en México: Un Crimen contra el Maíz Campesino e Indígena
Un Crimen contra la Humanidad

México D.F., 20 de Noviembre, 2012. En los próximos días, las transnacionales Monsanto, DuPont y Dow esperan una respuesta positiva del gobierno mexicano para sembrar 2.4 millones de hectáreas de maíz transgénico en México, una superficie equivalente al área de El Salvador. La situación es extremadamente alarmante, ya que México es el centro de la diversidad del maíz en el mundo, donde existen miles de variedades en los campos de las comunidades campesinas e indígenas. El maíz es hoy en día uno de los tres principales alimentos a escala global, por lo que la contaminación de de los maíces en México por transgénicos peligrosos representa una amenaza para todo el planeta.

En las comunidades campesinas de México existen miles de variedades locales de maíz, cada una el resultado de distintos climas, suelos, ecosistemas y culturas. Desde México, el maíz recorrió el mundo, llegando a ser uno de los alimentos más importantes para muchos otros pueblos, sobre todo en el sur de África, en Asia y en toda América Latina. Sin embargo, en las últimas décadas el maíz también ha sido objeto de mucho interés por parte de la industria y las transnacionales. Estas han creado variedades de maíz híbrido, dependientes de agrotóxicos y otros insumos que los campesinos tienen que comprar. También ha creado transgénicos de maíz que hoy en día (2011) cubren una superficie de 51 millones de hectáreas a nivel global.

“La situación es muy preocupante, ya que el gobierno de México favorece a las transnacionales a costo del bienestar  de los campesinos y de nuestra salud”, comentó Alberto Gómez de la Vía Campesina en México. “Desde hace veinte años, el gobierno en México pone en peligro nuestra soberanía alimentaria al abrir la agricultura al comercio libre, inundándonos de maíz barato de mala calidad, y dejando a miles de campesinos en la pobreza. Ahora, buscan envenenarnos con maíz transgénico. No lo vamos a permitir.”

Estudios publicados recientemente en Francia demuestran que el maíz transgénico podría presentar graves daños a la salud. Estos riesgos no se han evaluado de forma apropiada. En los estudios franceses, ratas expuestas a comer este maíz tienen altas incidencias de cáncer y sufren daños a sus órganos vitales. En México buscan sembrar, entre otros,  la misma variedad de maíz transgénico del estudio francés, una variedad conocida como “NK 603”.

Además los transgénicos van en contra de los derechos campesinos. “Todas las plantas transgénicas contaminan los cultivos campesinos a través de genes patentados por las multinacionales, y de esta forma impiden que los campesinos utilicen sus propias semillas. Es por eso que en Europa hemos presionado para tener leyes que hoy en día prohíban los transgénicos en nuestros campos y en nuestros alimentos. Desde Europa y todo el mundo necesitamos apoyar al pueblo de México para resistir contra las transnacionales. De esto depende el bienestar de todos en el mundo”, comentó Guy Kastler de la Vía Campesina en Francia.

Las organizaciones de La Vía Campesina en todo el mundo se unen a la sociedad civil y los campesinos y las campesinas Mexicanas que oponen y exigen un rechazo a las demandas de Monsanto. Alienta a  las organizaciones y a la ciudadanía a realizar acciones en sus países para demostrar la grave irresponsabilidad del gobierno Mexicano. “Necesitamos actuar en todas partes y denunciar que la agresión al maíz mexicano es una agresión contra toda la humanidad”, comenta Francisca Rodríguez de la Vía Campesina en Chile. “Las semillas criollas son un tesoro de los pueblos campesinos e indígenas. Son las únicas semillas que alimentan al mundo de forma sana y sin necesidad de agrotóxicos. Son las únicas cuya diversidad las hace capaces de adaptarse al cambio climático. No podemos tolerar perder estas semillas de maíz al ser contaminadas por transgénicos”.

La Vía Campesina  convoca a sus organizaciones  a desarrollar una gran arremetida y a estar alerta ante esta ofensiva a realizar acciones en todos los países: Denuncias en las sedes de las transnacionales Monsanto, DuPont, Dow, y los gobiernos que las apoyan; denuncias ante instancias como la FAO y el Convenio de Biodiversidad (CBD) de las Naciones Unidas; Presión en las embajadas del gobierno mexicano en todo el mundo; acciones y manifestaciones; difusión de información en todos los medios posibles. Los pueblos de México y las comunidades campesinas resisten frente a las transnacionales. ¡Rechacemos este ataque contra la vida en todo el planeta!

¡NO AL MAIZ TRANSGENICO! ¡FUERA MONSANTO!
GLOBALICEMOS LA LUCHA, GLOBALICEMOS LA ESPERNAZA

Favor de contactar: lvc-communication@viacampesina.org

DECLARACION DE SAN DIONISIO DEL MAR CONTRA MEGAPROYECTO EÓLICO. OAXACA, MÉXICO.

DECLARACION DE SAN DIONISIO DEL MAR

 Encuentro Nacional

La Nación Ikojts en Resistencia contra el Megaproyecto Eólico.

Las comunidades, pueblos originarios, cooperativas de pescadores, organizaciones sociales, colectivos de jóvenes, radios comunitarias y medios independientes, ambientalistas y defensores de derechos humanos, reunidos los días14 y 15 de Septiembre del 2012 en la comunidad Ikojts de San Dionisio del Mar, Oaxaca nos hemos encontrado para compartir la situación de nuestros pueblos frente a proyectos neoliberales y tomar acuerdos para impulsar acciones conjuntas. De principio  hemos expresado nuestro compromiso por el respeto a nuestras formas de vida comunitarias y por enfrentar todo tipo de proyecto que signifique despojo de los bienes naturales y culturales de nuestros pueblos.

Considerando

1. Que durante mas de 500 años los pueblos indígenas hemos emprendido una lucha por la reivindicación de nuestros derechos y hemos defendido con sangre el territorio heredado por nuestros abuelos y abuelas, convirtiéndonos en los guardianes de los mismos y herederos de la sabiduría de nuestra cultura.

2. Que las políticas del mal gobierno buscan convertir en mercancía nuestro patrimonio natural y  cultural, amenazando nuestra vida y supervivencia mediante proyectos de “desarrollo” impuestos como el Plan Puebla-Panamá y rebautizado como el Proyecto Mesoámerica, dentro del cual se encuentran las mineras, represas, supercarreteras, parques eólicos, plantaciones forestales y otros proyectos de despojo y muerte que sólo benefician a las empresas trasnacionales. Estas Políticas y proyectos de inversión global se han venido imponiendo violando nuestro derecho legitimo a la consulta previa, libre e informada, el cual es reconocido por instrumentos legales internacionales suscritos y no cumplidos por el gobierno mexicano.

3. Que poseemos una relación espiritual con nuestras tierras, territorios, mares y recursos naturales, formando una propiedad colectiva de nuestros pueblos y comunidades por lo tanto nuestro territorio no es una mercancía que se pueda vender, rentar o privatizar.

4. Que el respaldo y abierta complicidad de los gobiernos federal, estatales y municipales a través de las concesiones, permisos y autorizaciones agilizan el proceso de despojo y muerte,  y con ello se está dando prioridad a las grandes empresas y a la generación de ganancias a costa de la vida y el sufrimiento de pueblos enteros.

5. Que México atraviesa una profunda crisis social, política y económica provocada en buena medida por políticas devastadoras, las que han ocasionado una serie de graves violaciones a  los derechos humanos de los pueblos indios de nuestro país.

  Con base a lo anterior

Denunciamos:

La imposición del megaproyecto eólico San Dionisio a través de la compra de voluntades amenazas, agresiones, engaños  y corrupción ha generado un profundo conflicto interno en los pueblos ikojts; a raíz de la imposición de este proyecto se ha agudizado el divisionismo y las confrontaciones entre comunidades. El megaproyecto eólico  “San Dionisio” impulsado por consorcio Mareña Renovables formado por el fondo de infraestructura Macquarie México, Fondos nacionales para la infraestructura (FONADIN), PGGM, Fondo de Pensión Holandés, Mitsubishi. sólo ha traído enfrrentamientos entre nuestras gentes.

Este proyecto que significa despojo y destrucción de recursos naturales ha contado con la abierta complicidad del gobierno federal que encabeza Felipe Calderón, del gobierno estatal  de Gabino Cue y del desconocido presidente municipal Miguel López Castellanos así como del comisariado de bienes comunales, estos dos últimos manipulados por caciques priístas y financiados por las empresas extranjeras.

Al hostigamiento, amenazas y persecución judicial en contra de los defensores de la isla de San Dionisio del Mar se han sumado las agresiones directas y es público, que los caciquillos priistas con financiamiento de las trasnacionales están integrando un cuerpo de golpeadores para romper la resistencia al megaproyecto.

En la Isla de San Dionisio y en la Barra de Santa Teresa  (Tileme) se encuentran los lugares sagrados de nuestro pueblo los cuales serán destruidos y profanados; y cientos de hectáreas de manglar blanco, y rojo que serán devastadas de imponerse este megaproyecto.

Hasta ahora el megaproyecto eolo-eléctrico que se está imponiendo en el Istmo de Tehuantepec no ha generado beneficios a las comunidades, por el contrario si ha provocado contaminación de cuerpos de agua, destrucción de manglares, despojo y saqueo de los recursos naturales y pérdida de capacidad productiva. Ni siquiera las comunidades afectadas por los 14 parques eólicos se han beneficiado con tarifas preferenciales de consumo eléctrico . Esto nos lleva a preguntarnos a quien sirven esos megaproyectos y la respuesta es obvia a las grandes empresas trasnacionales como CEMEX, Wall Mart, Nestlé, Iberdrola, FEMSA-Coca Cola, Bimbo, Preneal, Vestas.

Por ello

Demandamos:

A los directivos del Banco Interamericano para  el “Desarrollo” BID y de las empresas inversionistas del Proyecto Eólico San Dionisio así como a los gobiernos federal y del estado de Oaxaca su cancelación inmediata.

Al Gobierno de Felipe Calderón cumplir los tratados y leyes internacionales y así respetar nuestro derecho a ser consultados sin presiones, en nuestra lengua y con respeto a nuestra costumbre

Al Gobierno de Oaxaca la cancelación inmediata de las acciones penales en contra de los opositores al megaproyecto; acciones penales por cierto iniciadas por los caciques priistas.

Hemos Acordado:

Realizar en los próximos días movilizaciones y acciones de denuncia y de presión en contra del BID y de las empresas trasnacionales por promover proyectos que significan despojo y la muerte para nuestros pueblos. Asimismo generaremos acciones de protesta en la Unión Europea en contra de los inversionistas holandeses por dañar el patrimonio territorial y cultural de la Nación Ikojts.

Exigir a los gobiernos federal y estatal el reconocimiento irrestricto al derecho a la consulta previa, libre e informada de los pueblos originarios.

Movilizarnos para exigir al gobierno estatal el alto al hostigamiento y al ambiente de violencia que los caciques priistas y empresas eólicas han emprendido en contra de los pueblos ikojts de San Dionisio del Mar y San Mateo del Mar.

Impulsar el respeto del ejercicio de la autonomía desde nuestras comunidades así como defensa de nuestros territorios, articulándonos con las organizaciones sociales, jóvenes y pueblos en resistencia del Istmo de Tehuantepec, de Oaxaca y del país.

Llamamos a las organizaciones sociales, a los jóvenes y a los pueblos de este país que ante la nueva invasión europea coordinemos nuestras acciones  en la defensa de nuestros territorios amenazados por  proyectos mineros, carreteros, presas, represas y eólicos. No a la Imposición, No al Despojo.

Hacemos un llamado a la II Convención Nacional Contra la Imposición para que retome nuestra demandas en defensa de los derechos y territorio de la Nación Ikojts y asuma como propias las acciones que emprenderemos; desde ahora expresamos nuestra adhesión a la misma.

 ¡No al Megaproyecto eólico que afecta a los pueblos Ikojts!

¡Fuera las trasnacionales de México  y del Istmo de Tehuantepec!

¡ Alto a la represión de los movimientos sociales!

¡Alto de los abusos de la CFE!

Asamblea General de Comuneros de San

Dionisio del Mar, Asamblea de Pueblos Indígenas del Istmo en Defensa de la

Tierra y el Territorio, Alianza Mexicana por la Autodeterminación de los

Pueblos (AMAP), Frente de Pueblos Indígenas del Bajo Mixe-Choapam-Oaxaca,

Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota; Grupo

Solidario La Venta, Cooperativa Santa Rosa de San Francisco del Mar, Radio Las

Voces de los Pueblos 102.1 FM, Radio Huave. San Francisco del Mar 94.1 FM,

Radio Tekuani, Movimiento Agrario Indígena Zapatista-Veracruz (MAIZ-Veracruz),

Red Nacional de Resistencia Civil contra las Altas Tarifas de Energía Eléctrica,

Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC), Unión de Comunidades

Indígenas de la Zona Norte del Istmo (UCIZONI), Lunas del Sur AC, Frente en

Defensa de la Tierra y el Agua de Tlaxcala, Puebla y Morelos, Movimiento

Agrario Indígena Zapatista-Oaxaca, Red Nacional de Resistencia Civil contra las

Altas Tarifas Eléctricas, Comunidades Campesinas y Urbanas Solidarias con

Alternativas (COMCAUSA), Movimiento por una Nueva Sociedad Democrática, Revista

La Rebelión de Tehuantepec, Unión Campesina Emiliano Zapata Vive(UCEZ-VIVE),

Instituto Superior Intercultural Ayuuk, Organización Campesina Indígena de

Oaxaca-CNPA; comunidades y organizaciones locales de San Mateo del Mar, Xadani,

Barrio Nuevo, Coordinadora de Colonias Unidas de Salina Cruz; Unión Hidalgo, Álvaro

Obregón, Huamúchil, estudiantes de la UNAM, UMAR, UABJO, jóvenes del Movimiento

#YOSOY132 de Tehuantepec, Ixtepec, Salina Cruz, Matías Romero y Juchitán,

Congreso Nacional Indígena; Radio Totopo de Juchitán, La Otra Radio de Unión

Hidalgo y otras más.

Libro: El maíz no es una cosa: es un centro de origen.

Este libro es un reconocimiento, con emoción y esperanza, de los ya diez años de lucha de la Red en Defensa del Maíz. Un reconocimiento por mantener en toda su integridad la vida de los pueblos y comunidades que desde siempre se reconocen en la siembra y los cuidados indispensables para una vida comunitaria y una autonomía. Es también un reconocimiento a todos los agricultores, campesinos o simplemente productores que ven en el maíz un cultivo digno del cual vivir y a partir del cual transformar sus condiciones de vida y justicia.

Al terminar el libro nos dimos cuenta que brillaba en toda sunintensidad una crítica común, profunda, muy pensada, muy remachona, por parte de comunidades, colectivos, organizaciones, y pensadores y pensadoras de variada procedencia, ante ese ataque general contra la territorialidad y los ámbitos comunes que antes eran bastión de nuestra soberanía nacional -un ataque que se escuda en una ‘legalidad’ impugnada en varias instancias internacionales como ‘desvío de poder’ o como ‘reformas para el despojo’.

Ante ese ataque, la historia de defensa de los pueblos del maíz estos años es una historia apasionante, donde los pueblos, los indígenas, los campesinos, la gente común y la sociedad civil honesta, tendrán la última palabra.

Colectivo COA

GRAIN

ITACA

CASIFOP

CSF/WML

Maíz: Diez mil años de certeza.

En varias comunidades de la región de la Sierra Juárez se ha detectado la presencia de maíz transgénico, introgresión dicen los especialistas. Nosotros creemos que se trata de una agresión a las comunidades indígenas, porque nadie se enteró con anticipación que esto podría haber ocurrido. Cuando nuestros compañeros campesinos compraban el maíz en Diconsa, nadie, ni los dependientes de las tiendas, Conasupo que les dicen, ni los costales de maíz venían con alguna indicación que dijera que traían semillas transgénicas. Ahora dicen que no son semillas, que son granos para consumo humano. Sin embargo, algunos campesinos indígenas de la región vieron en esos granos, las semillas que podrían sembrar. Por experimentación o necesidad quizá, esa semilla transgénica se sembró. En la cosmovisión indígena no hay diferencia entre una semilla y lo que es grano para comer. El maíz, nuestro hermano, lo cultivamos, lo comemos, y no podemos establecer una frontera entre lo que es para comer y lo que es para sembrar.

Hoy varias de nuestras comunidades tienen el problema de que su maíz está contaminado con maíces transgénicos. El primero en anunciar que había contaminación de semillas transgénicas en la Sierra Juárez fue el delegado de la Semarnat estatal, Salvador Fonseca. Sin embargo no se atrevió a afirmarlo sino que recurrió al Instituto Nacional de Ecología dependiente de Semarnat, para que se hiciera una evaluación.

Lo único que se nos informó es que había rasgos de que las semillas podían estar contaminadas por transgénicos, pero sin precisar a qué tipo de granos o semillas transgénicas se referían. Es una de las exigencias que habíamos hecho en carta pública al presidente de la República, al Secretario de la Sagarpa, al Secretario de la Semarnat y a la Cibiogem. Nos respondió Vicente Fox diciendo que había turnado a la Sagarpa para que ellos respondieran esta carta. Sagarpa hasta el momento no ha respondido oficialmente la carta; la Semarnat lo hizo a través del INE.

Nos parece muy preocupante, sobre todo porque después hacen una recomendación –que desde nuestro punto de vista es un atentado contra las comunidades indígenas–, porque se dice que para que no se pierdan las semillas criollas que actualmente existen en Sierra Juárez es necesario que se sigan sembrando las semillas que fueron cosechadas en esta reciente cosecha, sin importar que haya maíz transgénico en ellas, porque si no se perderían las semillas, nos dicen. Se nos propone que el próximo año se sigan monitoreando los terrenos y las semillas. Nosotros decimos que eso que ellos llaman monitoreo es un experimento para ver si crece o no crece la contaminación de los maíces transgénicos. En nuestra carta solicitamos que se ubicara cuáles eran los predios contaminados y cuáles eran los predios sin contaminar para que de ellos se saquen las semillas para la próxima siembra.

Sin embargo, los estudios que se realizaron se hicieron prácticamente de forma clandestina. En un foro que realizamos en Guelatao el pasado 19 de enero, las autoridades municipales y los comisariados de bienes comunales asistentes, nos dijeron que ellos desconocían que hubieran ido a sacar muestras de los terrenos de la gente de las comunidades. Nadie nos pudo decir, ninguna institución gubernamental nos puede decir que oficialmente llegó a las comunidades y explicó a las autoridades municipales o a las autoridades de bienes comunales: “vamos a sacar algunas muestras de semillas de maíz de su comunidad donde tenemos cierta preocupación”. Sí se hizo pero prácticamente de forma clandestina. Hoy vuelven a hacer algunos muestreos, seguramente por parte de la Sagarpa. Hasta donde nosotros sabemos el ingeniero de la Inifap –aun teniendo un protocolo de investigación– solamente llega, platica con las autoridades municipales y les pide que le digan quién tiene maíz, y al azar van y sacan unas 40 mazorcas o 30 mazorcas o 10 mazorcas de las gentes que han sembrado maíz en la reciente cosecha.

Nosotros creemos que se tiene que hacer una investigación seria para determinar con precisión cuáles son los predios contaminados, que es lo que a nosotros nos interesa porque lo que queremos es poner un límite entre las semillas transgénicas y las que no lo son. Si el próximo año siguen monitoreando y el siguiente también, puede que el maíz transgénico siga incrementando su porcentaje en las comunidades de la región y no se esté tomando una medida efectiva para evitarlo.

En la Sierra Juárez nos estamos informando, pero hace falta más información de nuestras mismas comunidades. Nos preocupa que esto pueda estar ocurriendo en otros lugares del país. Las semillas o los “granos” de Diconsa no llegan sólo a Oaxaca, llegan a todos los lugares del país en donde se consume ese maíz, y esto pone en riesgo la integridad de las semillas nativas, mal llamadas “criollas” de muchas comunidades indígenas de México.

Para nosotros las semillas nativas son un elemento muy importante de nuestra cultura. Podrán haber desaparecido las pirámides, las podrán haber destruido, pero un puño de semilla de maíz es la herencia que nosotros podemos dejarle a nuestros hijos y a nuestros nietos, y hoy nos están negando esa posibilidad. El proceso de globalización que se está viviendo en nuestro país y el solapamiento que se está haciendo por parte de las autoridades gubernamentales está negando a las comunidades indígenas el que puedan seguir transmitiendo esta herencia milenaria. Estamos hablando de más de 10 mil años de cultura: nuestras semillas han probado durante 10 mil años que no le hacen daño a nadie. Hoy nos están diciendo por la radio en Guelatao que las semillas transgénicas no hacen daño. Qué pruebas tienen al respecto. Nosotros sí tenemos pruebas: 10 mil años de práctica lo demuestran. Cinco años o seis años de práctica de la siembra de maíz transgénico en el mundo no nos están dando ningún indicador de que estas semillas, o de que estos granos, no vayan a causar daño a la humanidad. Después de 10 mil años nuestras semillas siguen vivas. Bien podemos poner en duda las semillas de ellos, que no tienen demostración al respecto.

En la Sierra Juárez creemos que es muy importante que podamos realizar un trabajo para diferenciar las semillas transgénicas y las que no lo son. No tenemos los recursos suficientes, es más, no tenemos recursos. No hay recursos para la difusión que en muchas comunidades es necesaria. Mucha gente no sabe todavía qué es el maíz transgénico. En la ciudad de México se ve la televisión, se escucha la radio, se pueden leer los periódicos; en la Sierra Juárez eso no existe. Tenemos que ir de comunidad en comunidad a informar lo que sucede, y nuestros paisanos cada vez están más molestos por esta situación.

Uno de los pronunciamientos más importantes que podemos hacer es exigirle al gobierno mexicano que no se siga importando maíz transgénico a nuestro país. Esta demanda no es solamente nuestra, es de muchos investigadores y centros preocupados por la seguridad alimentaria de los mexicanos. Nosotros nos sumamos a la demanda que fue presentada ya por algunos organismos de la sociedad civil en contra de la Sagarpa, la Semarnat y otras instituciones gubernamentales, porque han violado una serie de pactos, una serie de convenios internacionales, una serie de leyes nacionales que ellos hicieron, que ellos firmaron y que hoy no se respetan. No podemos seguir permitiendo que en México se siga impunemente contra los pueblos indígenas.

Vamos a hacer lo que sea necesario para que nuestras semillas, nuestros maíces, puedan sobrevivir. Los pueblos indígenas no vamos a dejar que pasen sobre nosotros sin que digamos nada. Hoy estamos en pie de lucha, vamos a seguir haciendo nuestro mejor esfuerzo para que la herencia que nos dejaron nuestros antepasados podamos entregarla también a nuestros hijos y a nuestros nietos.

Aldo González.

2002

Aldo González es presidente municipal de Guelatao, Oaxaca, miembro de la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez de Oaxaca (Unosjo) e integrante del Congreso Nacional Indígena

http://www.jornada.unam.mx/2002/02/18/oja58-maiz.html

The ‘wind rush’: Green energy blows trouble into Mexico.

SAN MATEO DEL MAR, MEXICO

The Isthmus of Tehuantapec, Mexico‘s narrowest point, is a powerful wind tunnel of air currents whipping through the mountains that separate the Pacific and Atlantic oceans.

Here, on the Pacific side, the wind shapes everything from the miles-long sandspits of Laguna Superior to the landscapes of the indigenous people’s hearts.

Howling constantly through thatched roofs, the wind is powerful enough at times to support a grown man leaning back as if in a chair. Gales average 19 miles per hour, slapping waves over the bows of fishing skiffs and sandblasting anyone standing on the beach.

The wind is “sacred” in this village, says indigenous Huave fisherman Donaciano Victoria. “We believe that the wind from the north is like a man and the wind from the south is like a woman. And so you must not disrespect the wind.”

North, in the town of La Venta, one woman says that when she leaves the isthmus, she’s struck by how still the rest of the world is.

Others have noticed, too: There are few places like this on earth.

This isolated region of the state of Oaxaca is one of the world’s most continuously windy spots. And because wind is a valuable commodity in a world seeking alternative energy, a “wind rush” – reminiscent of the gold and oil rushes of other eras – has swept into the isthmus.

Wind energy companies have swarmed to the area with big plans for wind farms to power the likes of Coca-Cola plants and Wal-Marts and a push to acquire huge tracts of land to do so. The “rush” for land farmed by locals since ancient times has divided the impoverished indigenous population over money, land rights, and changing values. Villagers’ distrust of outsiders has led to increasing unrest throughout the Pacific edge of the isthmus for several years. Most recently, around the Laguna Superior, it has included a paralyzing blockade of one village by another and, in October, a deadly shooting at a demonstration.

“Oaxaca is the center of communal landownership. There is probably no worse place to make a land deal in Mexico,” says Ben Cokelet, founder of the Project on Organizing, Development, Education, and Research.

And yet, with such an overwhelming wind resource, it was bound to attract development. The rush for Tehuantapec’s wind energy is a green-tinged twist in the age-old story of resource extraction: The quest for “clean” energy isn’t always so clean.

Farmers shocked at size of turbines

Mexico’s potential wind energy capacity is enormous: 71 gigawatts, which is 40 percent more than the nation’s entire installed electricity-generating capacity, including coal, gas, and hydropower. That potential was behind Mexican President Felipe Calderón‘s promise at the 2010 United Nations Climate Change Convention in Cancún to double solar and wind energy production from 3.3 percent of the nation’s energy production to 7.6 percent in just two years (a goal Mex­ico is on track to hit later this year).

And,” Mr. Calderón noted then, “the Isthmus of Tehuantapec is the area of greatest wind energy potential in the world.”

Wind developers have known this since the mid-1990s, when they first targeted land here for wind farms. Today, the region’s wind production is about 2,500 megawatts (enough to power, given the nearly constant wind, about 870,000 US homes).

The first town to see turbines was La Venta (pop. 2,000), north of Laguna Superior. Today, rows of turbines surround the town. The howl of the wind is now punctuated with the rhythmic sound of windmills.

“Whenever I am working there is this never-ending sound – thrum, thrum, thrum,” says Alejo Giron Carraso, a La Venta farmer who works in the shadow of monstrous turbines.

For those without land, the development has been a boon.

“It’s helped us a lot. Our parents are old and we didn’t have much. For a lot of the people in this community it’s meant a lot of work,” says a woman identifying herself as part of the Betanzos family that runs a small La Venta restaurant.

For those with land, who have depended on farming, the economics are more complex: Most of the land here is communal – analogous to native American reservations – held by Zapotecs, the dominant indigenous group in southern Mexico. Decisions to lease land to developers are made by local leaders, but the prices paid for individual land parcels are a patchwork of values that have led many farmers to feel cheated where turbines are already up and running.

Many locals who have given up land are illiterate and not savvy about the process. They recall meetings with developers in which model windmills the size of dinner platters were shown, leading them to believe they could continue farming around them. But they were shocked to see 15-to-20-story turbines rise across acres of their land.

Some claim their land was permanently damaged by construction or that they are no longer allowed on it. Others say they were pressured to sell land rights for a fraction of their worth and that community leaders got better deals for their land.

“The first guy or two that bites gets [$8] per square meter. That’s a hundred times better contract than the other people,” says Mr. Cokelet. “But the 98 percent of farmers who sign afterwards sign on for rock-bottom prices. Those one or two people who bite – they don’t bite because they’re lucky. They bite because they know someone. And their job … is to sell it to all their neighbors.”

While wind developers involved in the La Venta wind farms declined comment on specific contracts, other wind developers in the region admitted in Monitor interviews that the only way to acquire land in this communal setting is to deal with community leaders who may enjoy more benefit from signing first. Indeed, some were flown by the developers to Spain to see working wind farms.

The isthmus has a difficult history with outside investors. In the late 1800s the United States eyed it as a potential passage to Asia, and later as an alternative to the Panama Canal. In the 1990s, community groups fought off a Japanese attempt to build a shrimp farm in the shallow lagoon. More recently the state-run oil company Pemex has crisscrossed the region with pipelines that have leaked.

So the region’s notoriously prickly view of outsiders has made the isthmus a difficult place to develop.

“People kept telling me, ‘You know we’ve been experiencing globalization for a really long time,’ ” says Wendy Call, who has written about the isthmus and notes that the Aztecs invaded first. “But I think there is a sense of fatigue, [that] ‘all the other times this has happened it hasn’t gone well for us.’ ” [Editor's note: The original version misquoted Ms. Call as saying the Aztecs were invaded first.]

Most of Tehuantapec’s communal land cannot be sold, so companies lease. A standard contract lasts 30 years, with automatic renewal.

Wind farm developers in La Venta pay a third to a sixth of what energy developers do in, for example, southeast Wyoming (the only comparably windy place in North America).

But comparisons are deceptive. Wind farms pay – either as profit sharing or flat fee – based on how the land is used: for turbines, roads, or power lines. In Wyoming, a landowner may lease hundreds or thousands of acres to a developer for tens or even hundreds of thousands of dollars. In the isthmus, most farmers control only two to 20 acres: If a turbine doesn’t land on one’s plot, payout may be as little as $300 to $400 per year.

Profit sharing in developed countries falls close to 5 percent. But in Oaxaca the market rate was determined to be 1 percent, says Jorge Me­gías Carrión, director general of Pre­neal, a Spanish company developing a wind farm here. “So we negotiated with the people, and we saw that we could enlarge that amount of money.”

Preneal now pays landowners 1.4 percent of electricity profits. Acciona, another Spanish wind company working here, pays the equivalent of as little as 0.5 percent, according to landowners who signed contracts.

In Wyoming, landowners maintain access to their land, but here locals can lose the ability to work their small plots – either by being denied access or because turbine construction destroyed irrigation channels.

Anti-wind power graffiti now mars the walls of La Venta, and even some people who got a fair deal say their children are deserting the region because there is no future on the land.

Wind farm advocates say benefits go beyond just direct payments; wind farms bring much-needed jobs. Certainly wind farms demand a great deal of labor to build, but once running they are maintained by a few dozen highly skilled people, generally from the outside. However, many jobs are created to service those workers.

Still, in recent months people have started taking to the street to express dissatisfaction with La Venta’s wind deals. In October, unrest turned deadly: A group of wind turbine contractors coming home from a project ran into anti-wind power protesters blocking a highway. Arguments led to scuffles, and one contractor was shot dead, say witnesses and relatives of the victim.

Wind companies say that a majority of locals support wind farms and suggest that unrest arises from old rivalries and misinformation.

But one Oaxaca State official disagrees, blaming foul public sentiment on previous administrations being too eager to encourage outside investment. “They didn’t have experience in renewable energy. They didn’t have experience in wind power. Of course they would have many errors,” says Alejandro E. Velasco Hernandez, director of Renewable Energy for the state of Oaxaca, whose National Action Party won state control in 2010 from the Institutional Revolutionary Party, which had held it for 80 years.

“But,” he adds, “now we have many opportunities to improve.”

South from La Venta the shores of Laguna Superior are dotted with fishing villages of the Huave people. Here since ancient times, they’ve dwindled to a population of less than 20,000. The lifestyle in this area is markedly different from that of the north: Pavement gives way to dirt roads; thatched buildings are common, with high walls to counter the wind; women wear traditional clothing; and illiteracy is high.

And here, where the wind is embraced personally as a spiritual force, there is a distinct unfriendliness toward outsiders. Local belief says the “male” wind shaped the land while the “female” wind brings shrimp – the main livelihood.

In 2004, Preneal proposed a 300-megawatt wind farm on 4,000 acres in the town of San Dionisio. The company had previously approached the Mexican government to set up offshore turbines in the lagoon, but the government demanded 7 percent of the energy profits. So Preneal approached the town – which is composed of two villages, Pueblo Nuevo (New Town) on the mainland and the smaller Pueblo Viejo (Old Town) on an “island” attached to land by a thin sandspit. Pueblo Viejo is perfect for turbines, offering offshore conditions in constant wind without having to build in water.

Preneal offered the town 1.4 percent of profits, plus $500,000 per year for the right to use Pueblo Viejo land, says Mr. Megías.

The company played informational videos and assured the Huave governing assembly that turbines are harmless, recall local leaders. But when the town appeared ready to vote it down, says one Pueblo Nuevo community member close to the negotiation who asked not to be named, Preneal warned that the crucial shrimping industry might be hurt if the company was forced back to plans to build in the lagoon. Preneal’s Megías denies that was intended as a threat.

The town assembly then unanimously voted to allow a wind farm on town land. Money began flowing to the assembly, but none reached the people who will host the turbines, says Teodulo Gallegos Pablo, a fisherman and Pueblo Viejo village authority who votes in the town assembly. “There have been no payments [to the isolated community].”

Megías says Preneal paid the assembly but is not responsible for distribution of the money.

Mexican law requires “free and informed” consent for the land. But Mr. Gallegos contends that the people of Pueblo Viejo still don’t know what they agreed to. Preneal promised that the turbines would only go on an isolated sandspit alongside fishing grounds – yet the contract clearly covers the whole island, and locals report that the company has taken soil samples in their fishing grounds.

“At first the people did agree,” Gallegos says of his constituents. But not long after the contract was signed “some lawyers explained it to us and that’s when the [Viejo] people stood up and said ‘no.’ “

The project is moving forward.

“The playing field is often very unequal,” observes James Anaya, UN Special Rapporteur on the Rights of Indigenous Peoples.

He likens land acquisitions in indigenous areas to colonial-era models of land grabs.

Looking at the Preneal deal in Pueblo Nuevo and Pueblo Viejo, he observes: “No Spanish or any other company would go to the bargaining table on a technical issue without their [own] technicians. And [yet] they expect indigenous people to.”

Village vs. village

In other cases, the wind farms have exacerbated old rivalries.

Perhaps the most divisive and complex fallout from the wind farms is in Santa Maria and San Mateo del Mar – two Huave towns sharing a Manhattan-size peninsula.

For generations, the towns have feuded over a strip of land that Santa Maria owns but that the more traditional San Mateo con-siders sacred.

The village of San Mateo del Mar is renowned among archaeologists for the purest existing form of Huave culture: Women still weave and wear bright huipil (blouses), and men fish from land with nets connected to kites. Roman Catholic priests are expected to partner with the shamans, who worship natural forces, such as the wind.

When Santa Maria sold the rights to the contested land to build devices that harness wind, San Mateo snapped. Following a series of violent confrontations, San Mateo blockaded the only road to the mainland.

“They said they were going to starve us to death,” says one Santa Maria farmer. It’s not starving, but Santa Maria has certainly withered because getting in and out of the town now is only possible via a fearsome skiff-trip across heavy swells. To visit San Mateo, five miles away, Santa Marians must travel 70 miles by boat, taxi, and bus around the lagoon.

The Santa Maria village council says it needs wind turbines now more than ever. “The situation here is destitute,” says Tarcio Jimenez José, a village leader. “There’s nothing here…. The need forces us.”

When asked about the local schism, Megías at Preneal blames it on the “violent leaders” in San Mateo. He said he was not aware of any religious role of wind, though his company published a book celebrating Huave culture and history.

Beatriz Gutierrez Luis, a San Mateo teacher and activist, says: “I understand this is supposed to be a form of clean energy. [But] if they gave us all the money in the world, we’d say ‘no.’ Our children and our grandchildren will depend on the fish, the shrimp, the love of the land, respect for nature, and all of our cosmology we have as an indigenous community.”

Even so, the wind farm construction in Santa Maria is slated to go ahead, with turbines delivered by boat. Preneal will not do the work: It sold, for $89 million, the rights to the land in San Dionisio and Santa Maria to an Australian investment company and Coca-Cola bottling franchise. The partnership says the disputed land won’t be developed.

Locals want control

Mexican wind energy capacity has grown fourfold in the past two years, to 500 megawatts. It has helped push Mexico’s total renewable energy production to 26 percent of total electric output.

Most renewable energy here is provided by foreign companies. But a few locals are now trying to get into the game. Vincente Vasquez Garcia represents Ixtapec, a community just east of La Venta, which is attempting to create, manage, and profit from its own wind energy in partnership with a wind company.

“We cannot pass up this opportunity for our community,” says Mr. Vasquez, who settled as an adult in Ixtapec and has energy sector experience. “But … [w]e want a different kind of wind development.”

The idea, he says, is for the wind farm to fund benefits such as better schools. Such models are emerging elsewhere, but without access to expertise, this is nearly impossible for largely illiterate communities.

Regardless of who builds them, wind farms are now a permanent fixture on the isthmus skyline.

“Before, no one knew who we were,” says the La Venta restaurant worker. “Now, when I say, ‘I’m from Oaxaca – you know, where the windmills are,’ they know where I am from.”

http://www.csmonitor.com

Wirikuta fest.

 

Ojarasca: 5 tesis sobre la violencia contra el maíz.

Hubo consenso y se decidió que viniera
el maíz morado, el maíz amarillo,
el maíz rojo y el maíz blanco, y de esto se hicieron
nuestros huesos, nuestra sangre, nuestra carne.
Popol Vuh

El maíz no es una cosa, un producto; es un tramado de relaciones, es la vida de millones de campesinos cuyo centro civilizatorio milenario es la comunidad y la vida en la siembra. Siendo México centro de origen del maíz, uno de los cuatro alimentos cruciales para la humanidad, los ataques al maíz y a los pueblos que lo cultivan van contra las estrategias más antiguas y con más posibilidades de futuro de la humanidad.

El maíz es también un cultivo comercial importante para el sustento de millones de familias de agricultores. Su rentabilidad puede fortalecer la seguridad y soberanía alimentaria del país si se cuenta con las políticas públicas apropiadas para lograrlo.

1. Las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN, requirieron que el Estado mexicano comenzara un interminable desmantelamiento jurídico de las leyes que promovían derechos colectivos y protegían ámbitos comunes, en particular los territorios de los pueblos indígenas y campesinos, sus tierras, aguas, montañas, y bosques. El TLCAN requirió también el desmantelamiento del sistema de programas, proyectos y políticas públicas que apoyaban la actividad agrícola, en detrimento de los pequeños y medianos agricultores mexicanos y en beneficio de la agricultura estadunidense, sobre todo a las corporaciones, que buscan acaparar mercados, procesos, financiamientos. Se llegó al extremo de apostarle a las importaciones de maíz, pese a que es un producto básico para la alimentación de la población mexicana y pese a las asimetrías en productividad y subsidios existentes entre los productores de Estados Unidos y Canadá y los mexicanos. Aunque había un plazo de 15 años para liberalizar por completo el comercio exterior del maíz, el gobierno mexicano, unilateralmente, permitió la entrada de importaciones por arriba de la cuota y sin arancel. Esto redujo los precios internos de maíz en un 50 por ciento, lo que benefició tan sólo a los cárteles transnacionales que controlan el grano.

2. El desmantelamiento jurídico y la privatización tienen como fin último erradicar toda producción independiente de alimentos. Para lograrlo, las grandes corporaciones en todo el mundo se han propuesto el despojo, la erosión y la criminalización del resguardo y el intercambio libre de semillas nativas ancestrales. No parece importarles atentar contra los saberes propios de la agricultura tradicional campesina y agroecológica, para así promover el cultivo y la comercialización de semillas de laboratorio (híbridos, transgénicos y más), mediante leyes expresas que le abren espacio a las grandes corporaciones para lograr sus fines. Los dos ejemplos más contundentes son la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, o “Ley Monsanto” y la Ley Federal de Producción, Certificación y Comercio de Semillas.

3. Estas leyes promueven una invasión transgénica —desde 2001— que contaminará a las 62 razas y miles de variedades que existen en México. Los regímenes de propiedad intelectual y los registros y certificaciones terminarán despojando de su diversidad a las semillas nativas.

4. Atentar contra los sistemas de agricultura campesina ancestral y sus variantes agroecológicas modernas, atentar contra bienes comunes tan cruciales como las semillas nativas, devasta la vida en el campo y debilita las comunidades, agudiza la emigración y la urbanización salvaje, favorece la invasión de los territorios campesinos e indígenas para megaproyectos, explotación minera, privatización de agua, plantaciones de monocultivos, deforestación y apropiación de territorios en programas de mercantilización de la naturaleza, como REDD y servicios ambientales.

5. El sistema que promueve este desmantelamiento jurídico, el intento por erradicar la producción independiente de alimentos y monopolizar la rentabilidad de un cultivo tan versátil —eliminando así toda la gama de sembradores que no sean corporaciones, desde pueblos indígenas hasta agricultores de mediana o pequeña escala—; el sistema que provoca los encarecimientos desmedidos en los precios de los alimentos y la crisis alimentaria generalizada, es responsable de una buena parte de la crisis climática.

Hay suficientes pruebas de que el sistema agroalimentario mundial (con su acaparamiento de tierras y agua, con sus semillas de laboratorio híbridas y transgénicos, con su promoción de agrotóxicos que erosionan el suelo, con su deforestación, sus monocultivos, el transporte que emplea, el procesado industrial, el empacado, el almacenamiento y la refrigeración) es responsable de entre 45-57 por ciento de los gases con efecto de invernadero.

En cambio, la parte agraviada, las comunidades campesinas e indígenas y los agricultores en pequeña escala, hoy por hoy producimos la parte sustancial de los alimentos del mundo, pese a la poca tierra a nivel mundial que mantenemos, y pese a las condiciones de opresión que intentan imponernos. Sabemos que mantener nuestros cultivos ancestrales con nuestras semillas nativas podría enfriar la tierra si hubiera una voluntad política para defender los modos de vida que son el centro de esta agricultura, para seguir cultivando el maíz en la comunidad que llamamos milpa: diverso, generoso, alimento en convivencia con otros alimentos, con plantas que curan, con árboles que protegen, con animales que son nuestra fuerza. Para ello, es crucial que las comunidades tengan control territorial, autogobierno, autonomía. Debemos frenar el acaparamiento de tierras y la invasión de los territorios de las comunidades.

La defensa del maíz rebasa los culturalismos. Es la defensa misma de una opción de independencia material y política real de los pueblos frente al mercado y su amenaza de dominar eternamente. El maíz es sustento material y también fuerza identitaria y sagrada. Al contaminarlo con transgénicos, al desmantelar la economía maicera desde las políticas gubernamentales, al despreciar la milpa, se atenta contra un proceso inédito, específico en el mundo, la propuesta civilizatoria mesoamericana. El ataque al maíz y a los pueblos que lo hemos criado es un crimen contra uno de los pilares de la civilización. Al defender a los pueblos del maíz y el intercambio infinito de semillas campesinas, estamos defendiendo la supervivencia y las posibilidades de plenitud de la humanidad entera.

El maíz es nuestra sangre, nuestra carne,
nuestra madre, nuestro hijo,
es el que habla, ríe, se pone de pie y camina.
Poema náhuatl

http://www.jornada.unam.mx/2012/01/14/oja-maiz.html


@twewwter

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