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Los motivos de la guerrilla.

José Luis Esparza, ex guerrillero urbano integrante de la La Liga 23 de septiembre, purgó más de cinco años de prisión en el Reclusorio Norte y mantiene su inconformidad.

México.- Aún con la resaca de los festejos del mes patrio, Gustavo Díaz Ordaz, días después de haber dado El Grito de Independencia, amanecía con la noticia de que un grupo de jóvenes había decidido levantarse en el norte del país.

Como dos siglos atrás los próceres de la independencia retaron a la corona española, y casi medio siglo antes el campesinado se revelaba ante el gobierno porfirista, el 23 de septiembre de 1965, el profesor Arturo Gámiz y el doctor Pablo Gómez, junto con seis jóvenes más, asaltaron el Cuartel Militar Madera en Chihuahua, muriendo en el intento. El acto marcaría el inicio de los movimientos armados revolucionarios en el México de la segunda mitad del siglo XX pero, a diferencia de la Revolución Mexicana, la disidencia no estaba conformada por hombres del campo iletrados, sino por estudiantes y profesores decididos a cambiar la realidad social.

La Liga 23 de septiembre (M-23) y el Partido Revolucionario Obrero Campesino Unión del Pueblo, PROCUP, emergerían en la década de los setenta y pronto se convertirían en las principales células guerrilleras nutridas por jóvenes que optaron por dejar el pupitre y llevarse los libros a la clandestinidad. Así, antes que el narcotráfico fuera el enemigo público número uno para el Estado, la guerrilla urbana fue la obsesión de las fuerzas policíacas y el refugio de aquellos que buscaban un cambio político en el país, decididos a protagonizar la historia de resistencia al poder oligárquico del Partido Revolucionario Institucional (PRI) arropados por una ideología de inspiración marxista.

¿Qué lleva a un adolescente convertirse en revolucionario? ¿Quiénes son los héroes de estos guerrilleros? Décadas han transcurrido desde aquellos años cuando, con apenas 16 y 17 años, José Luis Esparza, Felipe Canseco y Jaime Laguna Berber decidieron encarnar el mito del guerrillero urbano.

Estudiantes de escuelas tecnológicas, pobres y enrolados en movimientos estudiantiles desde muy temprana edad, los tres ex guerrilleros relatan aquellos años de persecución y militancia, la doble vida y la clandestinidad que vivieron; sus hazañas y, sobre todo, su reflexión crítica sobre el momento por el que hoy atraviesa el país.
EL CORREO

José Luis Esparza hoy tiene 56 años y es un hombre tímido, de baja estatura y voz leve.

Nativo del barrio de la Concepción en la capital de Aguascalientes, vivió allí hasta los 15 años vendiendo pepitas y chicles. Más tarde, cuando cursaba el tercer año de secundaria, su familia emigró a Ciudad Juárez, donde estudió ingeniería industrial en el Tecnológico de dicha ciudad. Es en 1972 cuando se enrola en el movimiento estudiantil, “porque antes yo era católico guadalupano, gracias a Dios, y después pues me volví ateo o medio ateo”, apunta sonriente. “A mí me alcanza el eco del 68, pero en los setenta; había todavía mucha agitación y descontento. Yo comencé a participar en la política estudiantil mediante huelgas. Había una sociedad de alumnos y un comité local de lucha de connotación social, así comenzamos a ir al campo y a colonias populares. En aquel entonces había un problema con la vivienda; la gente invadía, era muy común, había comités de defensa popular que se dedicaban a eso, entonces nosotros agarramos esa línea y reclamábamos una educación popular, critica, democrática y pedíamos participación en las decisiones de la escuela”.

En esa época Ciudad Juárez era muy pequeña, pero ya comenzaba el fenómeno de las maquiladoras, sobre todo de empresas estadunidenses que generaban empleos mal renumerados para mujeres. “El detonador de Ciudad Juárez fueron las maquiladoras, y de ahí se empezó la guerrilla en el medio estudiantil”, acota. Su vínculo con el movimiento armado local se realiza a través de Luis Miguel Corral García, del grupo Los Macías, una extensión de la Liga Comunista Espartaco. “Nosotros conocíamos a Luis Miguel mediante Rigoberto Ávila Ordóñez, un integrante del comité estudiantil relacionado con la guerrilla. Ellos nos jalan para formar una célula. Inicialmente fuimos seis personas, uno de ellos era de clase media alta y se salió muy rápido. Los otros duraron un rato y salieron de la brigada, la cual se llamaba Arturo Gámiz. Nosotros no sabíamos que pertenecíamos a La Liga 23 de septiembre, pero teníamos una célula armada; traíamos bayonetas o pistolas calibre .22; leíamos literatura marxista y posteriormente en septiembre del 73 se da lo del intento de secuestro de Garza Sada; así nos damos cuenta que pertenecemos a La Liga. Algunos maestros simpatizaban, pero al saber del secuestro se asustan, no nos reciben y tampoco platican más con nosotros”.

Su trabajo era ir a las colonias a repartir el periódico Madera, órgano de difusión de la Liga 23 de septiembre, y recibió instrucciones de desarmar policías y ejecutarlos. “Para mí en particular fue algo muy fuerte por que yo venía de una instrucción católica, admiraba a Jesucristo como un ente revolucionario, entonces entro en crisis y, finalmente, no quise. Después Luis Miguel y Rigoberto hablan conmigo, dicen que es cuestión de falta de claridad, de conciencia; que mejor me dedicara a estudiar y que iba a pertenecer a una célula pero no participar en los operativos. Así entré porque tenía mis dudas, me echaron un rollo “hay que matarlos a todos”, me dijeron y yo respondía “ni madres, está cabrón, se me hacia muy radical eso, un chavito de 19 años, esta cabrón”.

Debido a su negativa lo asignan como correo, a llevar mensajes, recados, propaganda a Chihuahua, La Laguna y demás zonas de influencia. Después comienza a familiarizarse con los documentos de La Liga, “yo tenía cierta preparación técnica pero no una preparación de ciencias sociales, entonces se me dificultaban muchos términos; el lenguaje de los Maderas no era fácil de penetrar, sin embargo, intentaba comprenderlo porque me gustaba mucho leer, me apasioné mucho con el marxismo”.

Así, su trabajo era llevar libros de marxismo, “repartizas”, le llamaban, a las colonias, escuelas y a maquiladoras, de donde comenzaron a salir obreras que querían participar. “Mi decisión de estar en la guerrilla se debe a la injusticia que veía por todas partes; yo tenía convicciones religiosas católicas y, en particular, cristianas, me refiero al Jesucristo revolucionario, entonces todo eso se combinó para que yo decidiera entrar porque me parecía una causa justa, aunque se me hacía demasiado alto matar a alguien, era un trauma para mí eso”.

Su entrada a la clandestinidad se acelera debido a que en 1975 se balea con policías, es identificado y tiene que huir hacia el Distrito Federal, donde La Liga tenía uno de sus centros más importantes. “Aquí duré dos años en la guerrilla; en aquel entonces era mucho, normalmente durabas unos meses porque la policía andaba sobre nosotros y cualquier falla o cualquier error nos costaba la vida. Después del secuestro de Garza Sada, si sabían que eras dirigente te mataban; si eras brigadista te llevaban a la cárcel y te torturaban, todavía no había la consigna de exterminar a la guerrilla”, aclara.
LA DETENCIÓN

Finalmente, el 11 de abril de 1977 es detenido en la colonia Casas Alemán con su esposa. Un comando le esperaba en su hogar con las luces apagadas. “Mi esposa era guerrillera de la brigada roja, estaba embarazada, tenía nueve meses, mi hijo nació a los 15 días de que nos agarraron. Pero nos salvamos porque no nos detuvo La Brigada Blanca, la cual te llevaba al campo militar donde te torturaba, te sacaba información para después matarte. Yo llegué al Reclusorio Norte, mi esposa a Santa Martha, nos echaron 40 años, apelamos y nos bajaron dos, pero nada más pasamos cinco, del 77 al 82, y salimos por la amnistía que se nos otorgó”.

En la actualidad Esparza trabaja en el Centro Escolar del Reclusorio Sur, tuvo dos hijos más y vive haciendo política en el bazar de Coyoacán.
SM: ¿Qué piensas de Ciudad Juárez?

JLE: Es terrible, mi hermana me cuenta lo que pasa, a cada rato balacean niños, señoras, jóvenes. Aparte del negocio de la droga, no hay proyecto político, no sé qué proyectos tenga la derecha porque le están haciendo el trabajo sucio a Estados Unidos. Para evitar que pase la gente ponen las ciudades muy violentas, es un fenómeno muy complejo; es el control social, el narcotráfico, el taponear migrantes.

SM: ¿Crees que las condiciones estén dadas para una guerrilla?

JLE: Hay un problema a nivel nacional y mundial, el capitalismo impuso el neoliberalismo y aplastó ideológicamente a la izquierda. Económica, política y socialmente se impuso, la gente no ve otra perspectiva más que el capitalismo. Algunos que otros locos y desviados todavía creen en el socialismo, ¡creemos!, pero no estamos en la época del auge estudiantil, no hay un sujeto que impulse un proyecto hacía el socialismo, prácticamente estamos en una crisis muy profunda. El gran problema es que no hay conciencia, no hay organización y a las masas las van aplastar, las están aplastando, las están triturando, están destruyendo a la gente, a las fuerzas productivas, a la ecología, es una crisis multifactorial. Y a la izquierda se la comió el propio sistema; dejó morir las bases, abandonó la educación y organización, de ello deriva esta crisis.

SM: ¿Qué piensas de estas fechas bicentenarias?

JLE: El mejor homenaje sería otra Revolución, sería el mejor festejo, pero una cosa es lo que uno quiere y otra la que se puede. En la actualidad, ¿qué perspectiva tiene una guerrilla de triunfar? Primero crearse, segundo triunfar; es muy difícil, hay que avocarse a educar y organizar, la gente esta completamente apática, se cree los discursos oficiales; hay mucho descontento pero no hay conciencia; tampoco organización.

SM:¿Qué piensan tus hijos, saben que su papá fue guerrillero?

JLE: El primero sacó lo luchón; los demás saben pero no se meten mucho.
SM:¿Qué crees que hay que recordar en estas fechas?

JLE: A los que han hecho que el país se transforme

SM:¿En qué héroes de la independencia te reconoces?

JLE: En Morelos, Hidalgo y Guerrero.

SM:¿Y de la Revolución?

JLE: Zapata, Villa, los Flores Magón.

SM:¿Y de los nuevos líderes de los movimientos de los cincuenta?

JLE: Arturo Gámiz, Lucio Cabañas, Genaro Vázquez.

Samuel Mesinas

http://www.milenio.com/node/529477


@twewwter

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