TARAHUMARA

Raramuri

Después de poco más de una semana de viaje -poco tiempo para ver todo, pero bastante para ver la realidad- por la Sierra Tarahumara, en el estado de Chihuahua, México, confirmo algo de lo que pasa en el país, que como se dice: es muchos Méxicos.

Chihuahua, el estado más grande en extensión y de los mayores en recursos de la República, estado fronterizo, es a mi parecer, uno de los mismos en los que la desigualdad social es también de las más grandes y en donde las y los de abajo tienen cada vez menos espacio para vivir, no, matizo, para sobrevivir.

Por una parte, en la Ciudad de Chihuahua y Ciudad Juárez están las maquiladoras fronterizas y sus “altos ejecutivos”, que cabe decirlo: las primeras cada vez son menos por que los elevados costos de mantenimiento de la “competitividad multinacional” obligan a cerrar, echando a la gente -principalmente mujeres- a la calle que, como es de suponerse por la situación actual de las instituciones del Estado: no tienen seguridad social, seguro por desempleo, ni nada más que su fuerza de trabajo y la esperanza de encontrar un nuevo puesto pronto.

Sobre el caso de las mujeres desaparecidas y asesinadas en Ciudad Juárez, mi percepción en la Ciudad de Chihuahua, fue que el gobierno local únicamente se encuentra con un incómodo montaje artístico a la entrada del palacio de gobierno que representa el: “ni una más!”, pero alguna acción o sentimiento de co-responsabilidad, además de la incomodidad de ver la original y transgresora obra frente a la puerta del edificio, no.

Por otro lado está la situación de tensión contínua por la presencia cada vez más impertinente de “la guerra contra el narcotrafico” en el que hay más de dos bandos: los narcotraficantes, el ejército federal, la crisis, la situación desesperada de la gente chihuahuense que muchas veces ya no ve a los narcos como “los malos de la película”  sino a quien en teoría debería ser su antípoda.

Además, la primera parte de “Parque Jurásico” con el regreso del PRI y la segunda parte anunciada para julio de 2012 y todo lo que eso implica para el país y en lo local: cacicazgos, continuidad del narcotráfico, preservación de multinacionales tanto industriales, manufactureras,  y las mineras, que explotan recursos naturales y a la población abandonada por el Estado.

Es indiscutible que la mayor parte de la sociedad, no solo la chihuahuense, pero la de todo el país está abducida por las televisoras: telenovelas, partidos de futbol tanto de la selección mexicana como equipos locales, programas de concurso para hacerse “famoso y millonario”; en los noticiarios se anuncia la vida y milagro.

Hablemos de la sierra, y las y los tarahumaras,  uno de los 4 grupos indígenas que sobreviven actualmente de los entre 70 y 90 pueblos indígenas que habitaron  el territorio que durante el dominio español se llamó Nueva Vizcaya y comprendía los actuales estados de Chihuhua y Durango.

Los últimos datos dicen que hay entre 45000 y 50000 tarahumaras viviendo en Chihuahua, básicamente en la SierraTarahumara.

Algo que observé y que se ha convertido en la imágen cotidiana de las comunidades a nivel nacional es la presencia mayoritaria de mujeres: los hombres tarahumaras  se han visto obligados a viajar para trabajar, la mayoría se ha ido a Sinaloa a trabajar los campos agrícolas y ésto contrasta con la tendencia a nivel nacional que hasta hace poco tiempo marcaba la migración hacia Estados Unidos: los tarahumaras conocen las dificultades que atraviesan los migrantes que intentan pasar al otro lado.

Escuché que algunas veces los indígenas tarahumaras de la sierra acogían por alguna noche y daban algún alimento a campesinos migrantes de otros lugares de la República y Centroamérica en su paso hacia la frontera.

Es verano en México, temperaturas cercanas a los 45 grados centígrados en la Ciudad de Chihuahua y más de 30 en la Sierra, sin embargo, todos los niños y niñas que vi en la Sierra parecían estar resfriados, con la nariz húmeda y algunos con los ojos llorosos, no fue agradable imaginar su situación durante la temporada invernal, aunado a que por comentarios del guía, aparentemente está aumentando el número de niños y bebés que mueren prematuramente, ya sea por enfermedades respiratorias o gastrointestinales, sin que nadie -aparte de los padres y la comunidad tarahumara- se preocupe de éste hecho.

Al tener el privilegio de visitar y convivir por algunas horas con habitantes de cuevas en la Sierra Tarahumara, escuché expresiones de caridad, de condolencias, de lástima por parte de algunos de los visitantes, me llené de coraje y lo que pude alcanzar a decir fue: ¡mi total respeto y saludos al pueblo Tarahumara y los pueblos indígenas de México que han resistido más de 500 años al aniquilamiento permitido y hasta promovido por todos nosotros!

Esperemos que pase algo importante en México, ¡pronto!

Raramuri

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