LA PERSISTENTE UTOPÍA TRIQUI: EL MUNICIPIO AUTÓNOMO DE SAN JUAN COPALA.

LA PERSISTENTE UTOPÍA TRIQUI:

EL MUNICIPIO AUTÓNOMO DE SAN

JUAN COPALA

Francisco López Bárcenas


Cuando las últimas horas del día 31 de diciembre del año 2006 están partiendo para dar paso al año nuevo varias sombras cruzan las montañas que rodean la comunidad triqui de San Juan Copala y se van acercando a ella. Son las sombras que proyectan los hombres y las mujeres de distintos barrios, quienes ocultos bajo los árboles que esconden las veredas hechas camino a fuerza de tanto andarlas, caminan en completo orden y silencio. La luz de la luna alumbra su paso, cauteloso y firme, descubriendo a los hombres y mujeres que en grupos se van concentrando en ese Chuman’a, centro ceremonial y político desde tiempos remotos en que los triquis llegaron al territorio que ahora ocupan y actual capital política de la región triqui baja. Van a la ceremonia de instalación del municipio autónomo de San Juan Copala.

Conforme el tiempo va pasando los triquis –hombres y mujeres, ancianos jóvenes y niños- se van concentrando en el edificio que un día antes albergó la Agencia Municipal subordinada al municipio de San Juxtlahuaca y a partir de esa fecha, son las instalaciones del municipio autónomo de San Juan Copala. En una ceremonia indígena donde, a decir de los organizadores, participan cerca de 20 comunidades, el señor Emiliano Celestino López, mayordomo de los pocos que conservan la tradición, entrega el bastón de mando al Presidente municipal autónomo, José Ramírez Flores, un campesino de 32 años de edad con estudios hasta sexto año de primaria, originario del barrio de Guadalupe Tilapa, al tiempo que lo aconseja:

-Tendrán que gobernar con los principios triquis y escuchar al pueblo para poder mantenerse en el cargo… no deberán ser corruptos y buscarán la paz para toda la región triqui.1

El exhorto, aunque dicho de forma sencilla no lo resulta tanto. Lo saben las autoridades autónomas, a quienes se dirige, pues una de las razones principales que los llevó a tomar esa decisión fue detener la violencia de la región, generada por el enfrentamiento entre organizaciones políticas rivales, aumentada por la indolencia gubernamental. Al lado del Presidente municipal autónomo escuchan el consejo del mayordomo los otros miembros del cabildo municipal electo entre los barrios que se sienten parte de San Juan Copala: Leonardo Merino, suplente del presidente municipal; Severo Sánchez, alcalde; y Macario Merino, secretario. Es un cabildo singular, producto de las negociaciones entre el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui-Independiente (MULT-I), y una fracción de la Unión de Bienestar Social de la Región Triqui (UBISORT): el Presidente municipal, vecino de San Juan Copala, es miembro de UBISORT, el Alcalde, originario de Yosoyuxi, es apoyado por el MULT-I, igual que el suplente y el Secretario, originarios de la comunidad de Agua Fría. En el escenario se encuentran los habitantes de los barrios que estas dos organizaciones aglutinan, sobresalen San Juan Copala, que hasta antes de la escisión del MULT se dividía entre el MULT y el UBISORT;

Yosoyuxi, Agua Fría, Paraje Pérez y Santa Cruz Tilapa, que militan en el MULT-I; y Guadalupe

Tilapa, que fue centro del UBISORT.

¿Cómo llegaron las comunidades triquis que decidieron formar el municipio autónomo a esa determinación? El transcurso del tiempo va develando el misterio, que tomó a todos por sorpresa.

El proceso lo explican los propios protagonistas.

-Los que veníamos del MULT-I nos pusimos a pensar qué hacer después de nuestra participación en la APPO. Hablamos con los disidentes de la UBISORT con la intención de hacer otra organización y después lo hablamos con los ancianos. Fue ahí donde surgió la idea del municipio autónomo, -dice Edilberto Hernández, de la comunidad de San Miguel Copala. Ellos nos explicaron cómo hace años no había organización política y no había problemas, que tampoco había profesionistas pero se vivía mejor. ‘¿Para que queremos otra organización?’2, nos cuestionaron.

Eso caló bastante, al grado que se fue tejiendo un acuerdo: desaparecer las organizaciones y recuperar las formas de organización tradicionales. Para eso se creo el municipio autónomo. Su testimonio coincide con el líder de otro barrio.

-Tuvimos varias asambleas internas y decidimos que ya no existieran organizaciones y que volviéramos a nuestras raíces, para construir un gobierno triqui, con un presidente triqui, y tener un municipio libre, autónomo e indígena. Pensamos que de esa forma ya no habrá más violencia. Ya no queremos organizaciones, porque seguir con organizaciones es seguir divididos, como de por sí estábamos en MULTI, UBISORT y MULT. Con la creación del municipio autónomo lo que queremos es trabajar por la paz.3

Las mujeres triquis del Distrito Federal exponen otro ángulo del proceso.

-Ha sido un proceso muy largo y muy difícil, porque antes éramos del MULT, pero luego nos separamos. Por ahí de marzo o abril nos separamos. Entonces surgió el MULT-I. Elaboramos un documento para decir que nos íbamos a separar totalmente porque no estábamos de acuerdo con ellos, y entonces vinieron muchos problemas, los dos pueblos que iniciaron esto fueron Yosoyuxi y Paraje Pérez, ya después Agua Fría se integró. Fue decisión de todos, tanto en el pueblo como aquí en el Distrito Federal, lo platicamos … que se hiciera un municipio sin que hubiera grupos políticos, sin que se metieran partidos políticos como el PRI, PAN, PRD. Somos conscientes de lo que hacemos. Antes nos decían lo que teníamos que hacer. Lo hacíamos pensando que era lo mejor. Que el MULT era lo máximo y que no se debía hablar mal de la organización. Ya después cuando vas conociendo, abres los ojos y dices: ¿qué está pasando? ¿cómo nuestras propias gentes nos atropellan? ¿cómo nuestras propias gentes, con ayuda del gobierno, nos amenazan, nos matan? Mujeres y hombres se quedan sin casas, niños que se quedan sin padres.4

Pasando el tiempo ellos mismos afirmarían.

-Nuestro principal objetivo es buscar la paz y la unidad entre todos los triquis, defender nuestros derechos y construir nuestro futuro como pueblos originarios. Los triquis han sido siempre las comunidades más reprimidas y marginadas de Oaxaca, y la autonomía es una manera pacífica de los triquis de alcanzar la paz en nuestro territorio.

Y expresaría lo que es más importante para los triquis.

-No queremos que nos malinterpreten: no queremos marginarnos de la sociedad, ni queremos hacer otro municipio más; tampoco queremos perder los recursos económicos que por ley no corresponden. Queremos, sí, gobernarnos a nosotros mismos, mediante la tradición de usos y costumbres, y creando nuestros propios proyectos de desarrollo en convivencia, salud, educación, cultura.5

El escenario y los actores

Esas eran sus motivaciones pero la determinación de construir el municipio autónomo de San Juan Copala también estaba marcada por la realidad de división y sometimiento al poder regional, y exclusión étnica en que viven la generalidad de los pueblos indígenas del Estado. El pueblo triqui es uno de los dieciséis pueblos indígenas originarios de los que habitan Oaxaca. Su territorio ocupa alrededor de 517.6 km2 y comparte límites con comunidades mixtecas por tres puntos cardinales; Chayuco, Agua Fría, Santa María Teposlantongo y Santa María Cuquila, al norte; San Antonio Acatlán, el Coyul, San Juan Piñas y Yosocañú, al poniente; Santa Cruz Nundaco, San Miguel Progreso, Mexicalcingo y Llano de San Vicente, por el Oriente y, finalmente; las villas mestizas de Putla de Guerrero y Constancia del Rosario y los mixtecos de Pueblo Nuevo, la Luz, Putla, Santa Ana y Concepción Guerrero, por el Sur.6

Geográfica y culturalmente, el territorio triqui se divide en dos partes: la triqui alta, que tiene como Chuman´a, centro ceremonial histórico, la comunidad de San Andrés Chicahuaxtla, aunque en las últimas décadas también ha adquirido importancia la comunidad de Santo Domingo del Estado y San Martín Itunyoso, está última siendo bastante pequeña en relación con Chicahuaxtla, tiene la categoría de municipio libre, del cual carecen las otras dos. En la región la triqui baja, el Chuman’ a es San Juan Copala. En cada uno de estos centros ceremoniales aglutinan diversos barrios y parajes, en los que los triquis viven dispersos. A través de ellos también los mestizos y mixtecos han intervenido en la economía regional, vendiendo productos que no existen en la región o comprando su producción, en los mercados que cada semana realizan. Es a través de esos centros que los triquis se organizan y las personas ajenas a ellos se apropian de su trabajo.

Pero la organización propia de los triquis no es reconocida ni por la administración política estatal, ni por la legislación agraria federal, que han montado sobre ella otra diferente, burocrática, que además de resultarles ajena en lugar de unificarlos los fracciona. Después de la Guerra de Independencia, en la región triqui se crearon tres municipios: uno en San Juan Copala,

otros en San Andrés Chicahuaxtla y uno más en San Martín Intunyoso. Con estas medidas la región baja fue reconocida toda como municipio libre mientras a la alta se le partió en dos.

Después de la Revolución Mexicana, una vez que la correlación de fuerzas había cambiado, se suprimieron los dos municipios más importantes y se mantuvo solo el de San Martín Itunyoso.

En la actualidad, de acuerdo con los criterios estatales, la población triqui se agrupa en un municipio libre, nueve agencias municipales, y treinta y cinco barrios, quedando 16 de ellos sin ningún reconocimiento legal. El municipio libre de toda la región es San Martín Itunyoso y se encuentra en la región triqui alta, mismo que no corresponde a lo que los triquis reconocen como su centro político y cultural porque se formó para dividirlos y controlarlos. Las Agencias Municipales se dividen entre los municipios mestizos de Tlaxiaco, Putla Constancia del Rosario y Juxtlahuaca, siendo este último al cual pertenece el mayor número de ellos. Que el fraccionamiento de la organización triqui tenía como propósito desestructurados lo muestra el hecho de que Chicahuaxtla y sus barrios, siendo el centro ceremonial de la triqui alta, pertenezca al distrito de Putla que se encuentra bastante alejada de ella y no a Tlaxiaco, con quien se encuentran más cercanos. De la misma manera San Miguel Copala y Santa Cruz Río Venado, que se adscriben al Chuman’a de San Juan Copala pertenecen al municipio de Putla y Constancia del Rosario, respectivamente, mientras aquella forma parte del municipio de Santiago Juxtlahuaca.

Otro tanto sucede en materia agraria. Cuando la Secretaría de la Reforma Agraria les tituló sus tierras no tomó en cuenta su condición de pueblo indígenas ni su unidad cultural o su organización propia; fue titulando según las comunidades lo fueron solicitando y las condiciones

en que lo hacían. Por esa razón, el territorio triqui en la actualidad se divide en cinco núcleos agrarios independientes, cuatro en la región alta y uno en la baja, cuyas extensiones, independientemente de la población que los formen son las siguientes: San Andrés Chicahuaxtla,

5, 005.20 hectáreas7; Santo Domingo del Estado, 3, 849.80 hectáreas8; San Juan Copala, 13, 705 hectáreas9; San Martín Itunyoso, 1, 420.60 hectáreas10; San José Xochixtlán, 1,797 hectáreas11.

Podría pensarse que el núcleo agrario de San Juan Copala propicia la unidad pero no es así porque los barrios de San Miguel Copala y Santa Cruz Río Venado siguen realizando sus trámites administrativos en los municipios de Putla y Constancia del Rosario, respectivamente. No hay que perder de vista que el único municipio de los triquis fue fraccionado en su territorio al reconocer a una de sus Agencias, San José Xochixtlán, como núcleo agrario. La estrategia de dividirlos no es inocente, obedece a una lógica de dominación sobre ellos, que a su vez ha generado una lógica de resistencia que, igual que aquella, tiene sus raíces en tiempo remotos y se extiende hasta la fecha.

Las razones históricas

A las razones coyunturales para la construcción del municipio autónomo en San Juan Copala, único en el estado de Oaxaca, se unían otras de carácter histórico, cuyas raíces alcanzaban tiempos tan remotos como la colonización y el trato que les dio el nuevo estado. En el siglo XV el imperio Azteca logró dominar a los mixtecos y la cercanía de los triquis con ellos hizo que corrieran la misma suerte, siendo obligados a pagar tributo a los vencedores. Sin embargo, la explotación se agudizó a la llegada de los españoles a tierras americanas. La fecha exacta de cuándo fueron despojados de sus tierras no se conoce, pero se sabe que en el siglo XVII un español de nombre Martín José de Villagómez ya reclamaba como suyas las tierras de Copala argumentando que sus antecesores, que las conservaban desde el año de 1537, se las habían heredado.12

Por esas mismas fechas otro grupo de indígenas fue despojado de sus tierras formándose el cacicazgo de Chicahuaxtla, que esta vez se adjudica el Sr. Domingo de la Cruz Guzmán. En el año de 1735 este señor invadió las tierras de los indígenas de Chicahuaxtla y Tlaxiaco. En diciembre de ese mismo año la Real Audiencia de la Nueva España falló a su favor ordenando a las autoridades no se le molestara ni perjudicara, ni se indujera a “los naturales” para que se opusieran a él. Por el año de 1739, los de Copala habían tenido que ceder las tierras de Nuyuchi, Nuchitaa, Nuhuquixi, Yucunduchi, Loma Prieta, Majada del Toro…La justicia española legitimaba despojos equivalentes a la tercera parte del territorio triqui: 20 000 hectáreas perdidas.13

Al morir Domingo de la Cruz y Guzmán siete pueblos de Chicahuaxtla formularon una solicitud, el 16 de julio de 1778, para que se suprimiera el cacicazgo ya que no había dejado heredero; pero sabedor de esta situación, Martín Villagómez movió sus influencias para apoderarse de esas tierras. Al día siguiente de formulada la solicitud, los señores presidente, regente y oidores de la Real Audiencia declararon haber cedido los derechos de dicho cacicazgo a Martín de Villagómez y Pimentel, además de los pueblos de Tonalán y Chayuco que poseía el Sr. Juan de la Cruz Guzmán, hijo de Domingo de la Cruz Guzmán, y ordenaron entrara en posesión de ellos y disfrutara de sus rentas, frutos y demás aprovechamientos desde el día del fallecimiento de De la Cruz Guzmán.14

No conforme con esto, el nuevo cacique solicitó en el año de 1806 a las autoridades de la Nueva

España le restituyeran las tierras que unos indígenas de Tlaxiaco le habían ganado anteriormente.

La Real Audiencia ordenó a las autoridades para que ese deseo se ejecutara inmediatamente. Pero ya no fue posible porque en 1810 comenzó la guerra de Independencia y los triquis se fueron a la lucha creyendo que las promesas de devolverles su libertad y sus tierras les serían cumplidas.

Desgraciadamente no fue así; el nuevo estado que surgió de ella se construyó sin tomar en cuenta a los indígenas y bajo las ideas de propiedad e igualdad se les arrebataron sus tierras comunales, al tiempo que les negaba el derecho de nombrar por ellos mismos a sus autoridades y la Iglesia empezó a cobrarles por cualquier servicio. Lo peor fue que estos actos de despojo no los hicieron los españoles, como antes de la independencia, sino las autoridades que habían consumado la independencia, es decir, sus antiguos compañeros de armas: Antonio de León, el flamante gobernador del estado ordenó que sus tierras pasaran a poder de su padre para que pastara sus cabras, una actividad muy lucrativa en ese tiempo.15

Fue hasta que los triquis protestaron y amenazaron con levantarse en armas cuando aminoraron las agresiones en su contra y se les hicieron ciertas concesiones. El 15 de marzo de 1825 se reconoció a San Andrés Chicahuaxtla, la categoría de municipio: un año después, el 6 de mayo de 1826, se hizo lo mismo con San Juan Copala. Pero los triquis no se conformaron con ello y el gobierno ya no cedió, entonces cumplieron sus amenazas. En el año de 1832 se rebelaron, lidereados por Hilario Alonso Medina, Hilarión, y su hermano Jacobo y así se mantuvieron hasta el año de 1839, cuando los soldados capturaron a Hilarión, lo condujeron maniatado a Juxtlahuaca y de ahí a Oaxaca, en donde lo acusaron de treinta y cinco delitos, a lo cual, el rebelde respondió:

-Debo solo uno, de los otros son responsables los jueces del gobierno.16

La Corte que conoció de su caso lo declaró culpable y lo condenó a la decapitación. Sus compañeros siguieron en la lucha pero pasado un tiempo se desarticularon. Con ello la paz volvió por un tiempo a la región, misma que no tardó en ser rota por las actitudes de la nueva clase

política contra los triquis.

En el año de 1843 los triquis se volvieron a levantar en armas, lidereados por Dionicio Arriaga y Domingo Santiago. La razón de esta nueva rebelión fue una sentencia del juez de Juxtlahuaca ordenando se embargaran las tierras comunales de San Juan Copala para que la iglesia católica pudiera cobrar los diezmos que el pueblo se negaba a pagar. Otra causa que también motivó la rebelión fue un despojo de tierras que hicieron los mestizos de la localidad para adjudicárselas como propiedad privada. Esta segunda rebelión triqui, por los ideales que defendía y lo justo de sus reclamos, pronto encontró eco en otros pueblos y comunidades de la región Mixteca de Oaxaca y Guerrero. Al grupo original de rebeldes se les unieron los pueblos mixtecos de Nundaco, Atatlahuca y Tlapa, comandados por José Abarca, Manuel Salvador de Abarca, Juan Santiago, Francisco Razón

y Villalba. Posteriormente hicieron lo mismo Mariano Velázquez Rincón y José Cecilio Hernández, quienes con toda su gente dieron al movimiento armado un carácter de rebelión regional. Al año siguiente era tal la extensión y peligrosidad que para el gobierno había alcanzado la lucha que no se hablaba de una insurrección triqui sino de ‘la rebelión de la montaña’. Los efectos expansivos de la rebelión y su influencia entre los pueblos mixtecos de la región mostró a la clase dominante la necesidad de afianzar su control político sobre los insurrectos y la forma que encontraron fue dividirlos. Para lograrlo, el 18 de noviembre de 1844, en plena guerra, el Congreso del Estado elevó a San Martín Itunyoso, que hasta entonces había pertenecido al de Chicahuaxtla, a la categoría de municipio. De esa manera se buscaba desestructurar el Chuman’a de la región triqui alta.

La estrategia de división se extendió de lo político a lo militar, mediante el ofrecimiento de indulto a los rebeldes y condiciones para que volvieran a sus comunidades. En 1845 la rebelión todavía era muy fuerte pero dos años después los rebeldes se dividieron. Una fracción encabezada por Anselmo Santiago decidió acogerse al indulto que el gobierno les ofrecía, se rindió y regresó a sus tropas con sus familias, llevando como única garantía la promesa del gobierno contra el que pelearon de crearles condiciones para emprender una nueva vida. Otros, en cambio, siguieron levantando la bandera de la rebelión, en defensa de sus propiedades comunales, su derecho a nombrar a sus autoridades y que los mestizos no les cobraran tantos impuestos. En ese mismo año fue capturado Domingo Santiago, el otro gran líder del movimiento. El gobierno lo acusó de varios crímenes de orden común y fue juzgado por una Corte que lo condenó a la pena de muerte, siendo pasado por las armas y decapitado.17

La última rebelión importante de esa época estuvo encabezada por Eugenio Brígido, quien se pronunció contra el gobierno y se mantuvo en las montañas durante cuatro años, con la ayuda y protección de muchas comunidades aledañas a la región triqui. Su caso fue diferente a todos los anteriores, puede decirse que esta rebelión la consintió el gobierno para valerse de ella y controlar el descontento del pueblo, pues el principal dirigente mantuvo varios contactos con sectores políticos del Partido Liberal, del cual este se consideraba parte, quienes lo utilizaron para sus propios fines.

En el año de 1851 estos rebeldes ‘obtuvieron un triunfo’ y se dirigieron a la capital, en donde les ofrecieron puestos públicos que ninguno quiso aceptar y finalmente regresaron a sus comunidades a seguir sufriendo la política de mestizos y ladinos en contra de ellos.

El nuevo estado y las nuevas formas de dominio

La derrota de las rebeliones triquis y mixtecas infundió un desánimo entre los pueblos, situación que aprovechó la burguesía regional para continuar despojándolos de su patrimonio, principalmente su territorio, amparados en las leyes de reforma. El 6 de septiembre de 1869 la señora Petra Ajá de Lara, cacica de los pueblos triquis, solicitó ‘determinar los verdaderos límites de los terrenos de que se trata, para evitar en lo sucesivo diferencias que puedan ocasionar disputas judiciales que causan graves perjuicios a los pueblos y particulares, por los gastos que sean consiguientes’. Las autoridades atendieron su solicitud y durante los meses de septiembre y octubre se practicó el apeo y deslinde solicitados, amojonando los parajes colindantes, mientras la demandante pasaba placenteramente su vida en Puebla de los Ángeles. Una vez realizado el deslinde, la cacica negoció con la empresa ‘García Veyran y Compañía’, de la misma ciudad de Puebla, para que éstos renunciaran a sus pretendidos derechos sobre el territorio triqui. La transacción se realizó el 27 de diciembre de ese mismo año y a cambio de la renuncia de derechos los ‘García Veyrán y Compañía’ recibieron $9,000.00 dando en garantía los mismos terrenos. De esa manera se recuperó parte del territorio triqui. Pero el problema subsistió y aumentó con el paso del tiempo.18

Conforme el estado mexicano se consolidaba, las rebeliones de los pueblos indígenas iban sucumbiendo y la calma volvía a las regiones donde se desarrollaban. Los mecanismos de dominación de la clase en el poder se imponían. Así pasó con los triquis. Los que sobrevivieron a las rebeliones fueron adaptándose a los nuevos tiempos que corrían. Y así sería por mucho tiempo, hasta que la revolución volvió a tocar sus puertas y los puso nuevamente en movimiento.

Comenzando el siglo XX el reloj nacional no sintonizaba con el reloj triqui, por eso la revolución tardó en pasar por la región. Lo hizo cuando ya las batallas decisivas se habían dado en el país, lo que no impidió que modificara la situación económica, política y social en que vivían sus habitantes. Solo que a diferencia de la guerra de independencia y las rebeliones que protagonizaron durante el siglo XIX, la participación de los pueblos triquis de San Juan Copala

fue tangencial; si se afiliaron a los grupos carrancistas y zapatistas no fue porque compartieran sus ideales sino para hacerse fuertes ellos internamente. Tampoco participaron con sus dirigentes y defendiendo sus propios intereses, sino obedeciendo a otros jefes militares y defendiendo causas ajenas, muchas veces forzados por la leva. Cuando la revolución terminó los triquis de uno u otro bando se mantuvieron armados y con las armas hicieron valer su poder. Lo sorprendente era que no lo hacían contra mestizos sino contra sus propios hermanos.

Los mestizos se dieron cuenta de esto y lo aprovecharon para su beneficio. Comenzaron por venderles aguardiente y armas, para que se embrutecieran y mataran entre ellos y de esa forma dominarlos. Esta situación se acentúo en los años cuarenta, cuando se introdujo en la región el café, un cultivo comercial que desplazó al maíz y dislocó la economía doméstica, arrojándolos a una economía de mercado para la cual no estaban preparados. De esa manera, los beneficios del café no fueron para ellos sino para los acaparadores y coyotes de Putla y Juxtlahuaca. El círculo se completó quitándoles el carácter de municipio a sus dos principales centros políticos, San Andrés Chicahuaxtla en 1940 y San Juan Copala en 1948. Se desconoce el argumento que se usó para el primer caso pero para el segundo resultan elocuentes de la discriminación que se ejercía contra ellos: el diputado que impulsó la supresión del municipio dijo que “viven como animales, no contribuyen económicamente al desarrollo del Estado”.19

El asunto no quedó en eso. Como los triquis persistieran en su resistencia a la integración forzosa se echó a andar la maquinaria política, judicial y militar del Estado para someterlos, la primera para hacerlo de manera pacífica, la segunda para hacerlo por la fuerza. Una forma no desplazaba a la otra, era una combinación de ambas la que daba forma al colonialismo mestizo sobre ellos.

Muchos líderes y gente común de los triquis fueron a dar a la cárcel y solo vieron la libertad después de pagar altas multas que iban a parar a los bolsillos de los jueces y sus secretarios o a la de los Presidentes Municipales de Juxtlahuaca y Putla.20 El extremo fue el bombardeo militar que en el año de 1956 el ejército hizo sobre el barrio de Cruz Chiquita, cuando los triquis ajusticiaron a un militar que los extorsionaba.21

En la década de los setenta hubo cambios profundos en la región. En los primeros años de esa década hubo una invasión de instituciones federales hicieron su parición por esos lugares para promover el desarrollo según la visión estatal de la época, mas preocupados porque la guerrilla del Estado de Guerrero contagiara a la región, o porque el descontento popular que galopaba todo el estado de Oaxaca, ante la falta de condiciones para una vida digna y el autoritarismo estatal, dando lugar al surgimiento de importantes organizaciones populares, estudiantiles y campesinas.

La institución gubernamental más notoria fue la Comisión del Río Balsas, pero no fue la única; con ellas llegaron también los representantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI), la Iglesia Católica y el Instituto Lingüístico de Verano (ILV). Esto, mas que el movimiento popular en el Estado fue lo que favoreció la disminución de la violencia al generar otras vías de participación política.

Los movimientos políticos contemporáneos

Una de las primeras organizaciones políticas que los triquis de San Juan Copala crearon para la defensa del territorio, el autogobierno y su ejercicio de la autonomía –aunque no lo expresaran de esa manera- fue el Club. La organización se creo después de un amplio movimiento de barrios que buscaba recuperó el poder local y se lo devolvió a los mayordomos, a quienes el PRI se lo había arrebatado, trastocando las formas tradicionales de ejercicio del poder. Lo que llamaba la atención de ese movimiento era que en su mayoría quienes participaban en él eran jóvenes que habían accedido a algún tipo de educación, junto con maestros bilingües, ambos formados en las instituciones religiosas. El nombre de la organización da la idea que no tenían intención de crear ninguna organización política, solo el entusiasmo por la recuperación de sus espacios de decisión, que les permitieran promover la unidad triqui y recuperar su territorio en manos de mestizos, generando condiciones para que también recuperaran la utopía perdida. Eso era lo que pensaban pero el movimiento creció tanto que no les quedó mas alternativa que crear la organización.

El PRI respondió con sus mejores técnicas de control: primero coptó al sector de los maestros que militaban en la corriente ‘Vanguardia Revolucionaria’ y con ellos creó las bases de su organización en la región, después a los evangelistas que el Instituto Lingüístico de Verano había formado y por último hasta a un grupo de pistoleros. Los efectos de esta política fueron funestos:

se cerraron los cauces de participación política y la violencia volvió a la región. Uno de los primeros en caer fue Luis Flores García, del grupo de los fundadores del Club, pero no fue él único, pronto varios de sus compañeros siguieron su camino y los que lograron escapar tuvieron que abandonar la región. Así se terminó con la primera organización independiente.22

Cuando el Club fue aniquilado, su bandera la levantó el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT). Con el apoyo de organizaciones de derechos humanos y campesinas, entre las que sobresalían el Frente Nacional Contra la Represión (FNCR) y la Coordinadora Nacional ‘Plan de Ayala’ (CNPA). El MULT levantó la bandera del Club pero a diferencia de aquella le dio un tinte netamente político a sus demandas y de la mano de la solidaridad nacional e internacional –el primer informe de Amnistía Internacional sobre la violación de los derechos humanos en zonas rurales de México fue sobre ellos- la proyectó al plano nacional. Marchas,

plantones, encuentros nacionales de solidaridad y en contra de la represión se sucedieron unos a otros. El gobierno no cedió, al contrario, reforzó sus métodos de control, incluyendo los asesinatos, para lo cual brindó impunidad total a los asesinos.

Casi una década de lucha heroica diezmó la dirección y las bases de la organización. Cuando los fundadores fueron asesinados o emigraron para evitar la represión entraron al relevo otros, que como con el Club, eran jóvenes. Quienes los sucedieron modificaron sus demandas, primero por proyectos productivos, y después entrando a la disputa por el poder estatal mediante la formación del Partido Unidad Popular (PUP), que los acercó a los funcionarios estatales al tiempo que los alejaba de sus bases, en medio de acusaciones de prácticas antidemocráticas y corrupción.

Comenzaron a hacer lo que por tantos años combatieron en una cruenta lucha política donde decenas de sus compañeros perdieron la vida.

El PRI mantuvo dos frentes: uno por conducto de la Confederación Nacional Campesina y otro con una organización que el gobierno impulsó como forma de intervenir en la región: Unidad de Bienestar Social de la Región Triqui (UBISORT). Paradojas de la política, el gobierno tuvo muchos problemas con ésta, porque sus dirigentes sentían que favorecía más al MULT, lo cual no era de su agrado, porque los priístas eran ellos.

El municipio autónomo

Entrado el siglo XXI, la región parecía apaciguada: el gobierno mantenía el control mediante tres organizaciones que en apariencia controlaban a sus bases, pero cuando los recursos dejaron de fluir y los dirigentes se eternizaron en la dirección y se corrompieron, las comunidades comenzaron a protestar, y ante la falta de respuesta o de franca represión interna, el MULT y UBISORT se escindieron: los primeros lo hicieron en marzo del 2006 formando el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente (MULT-I) y los segundos abandonaron el PRI, tres meses después.

Las rupturas se dieron en un contexto de mucha efervescencia política en el estado de Oaxaca. El gobernador del Estado acababa de tomar el puesto y no las llevaba todas consigo: algunas corrientes políticas de su partido, el Revolucionario Institucional, agrupadas alrededor los dos exgobernadores querían seguir tomando decisiones en el estado y él no estaba dispuesto a permitirlo, situación que generó un clima de enfrentamiento que trascendió los espacios de la alta política; por otro lado varias organizaciones populares le exigían resolviera satisfactoriamente sus demandas. En ese contexto perdió los hilos del control político y en junio del 2006 reprimió un plantón magisterial, lo que provocó que este sector cambiara sus demandas de aumento salarial por la salida del gobernador. Esa fue la válvula que desató el descontento social reprimido, varias organizaciones campesinas, populares e indígenas se unieron a las demandas magisteriales y crearon la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, que por varios meses ensayó un poder comunal, hasta que en noviembre de ese mismo año fue reprimida brutalmente.

El MULT-I participó en la APPO y para ellos fue su primera escuela de participación política, más allá de su experiencia regional. Al paso de los meses se juntó con los disidentes de la UBISORT y juntos crearon el municipio autónomo de San Juan Copala, reivindicando las demandas de autogobierno pero, sobre todo, el cese a la violencia. En ese sentido, la creación del municipio autónomo de San Juan Copala representa una acción pacífica de los barrios que participan del proyecto, por encontrar espacios de participación económica y política propias, atendiendo a sus condiciones económicas, políticas y culturales particulares.

Para nadie que conozca la región es una novedad que San Juan Copala y las comunidades que se aglutinan en torno a ella han permanecido aisladas por siglos, abandonadas a su suerte por los municipios a los que formalmente pertenecen. Junto con ello persiste una brutal explotación de la mano de obra triqui y un irracional saqueo de sus recursos naturales. Por esa razón, el ejercicio de su derecho a la autonomía representaba la posibilidad de superar el sometimiento político y económico en que se encuentran, de tal manera que puedan participar de la vida política,

económica y social del estado y la nación, en igualdad con otros municipios y sin perder su especificidad sociocultural. Desde otra óptica, la creación del municipio autónomo constituye un avance sustancial en la histórica lucha de los triquis por sus derechos. Un esfuerzo por seguir alimentando la persistente utopía que han mantenido a través de los años.

En busca del horizonte

La creación del municipio autónomo en San Juan Copala tuvo sus efectos. Por principio, con él varios barrios de la región triqui baja recuperaron la utopía de que es posible crear condiciones de vida dignas para ellos y las futuras generaciones; rompieron las redes de control político del Estado y se alejaron de los cacicazgos generados en su antigua organización. Dicho de otra manera, retomaron el camino que muchas veces se han propuesto caminar pero que al paso de los años han abandonado por múltiples razones. ¿Cuánto tiempo tardarán para consolidar su proyecto? ¿O se perderán antes de encontrarlo, como muchos de sus compañeros. La pregunta se le formula a uno de los líderes, quien un tanto sorprendido, responde.

-Tenemos la experiencia de lo que ya pasó a los compañeros y vamos a evitar los errores que se cometieron. Vamos a preparar a los jóvenes para que sean ellos los que vayan empujando los cambios, para que los líderes no desvíen el camino, para que no se eternicen en el poder.

Un profesor, miembro también del municipio autónomo que escucha la respuesta anterior opina que eso no es suficiente, que se necesita tener claro hacia donde se camina para no perder el horizonte.

-Uno puede decir que es de izquierda, manejar un discurso radical, como los del MULT, y estar cerca del gobierno; o ser del PRI porque no hubo otra opción en la región, pero eso no define nada si no se tiene claro que aquí hay que luchar por el pueblo. Eso es lo importante, pero hacerlo en serio, no como las organizaciones que han usado ese discurso para su beneficio. Hay que devolverle al pueblo su capacidad de decisión.

Pero también el gobierno reaccionó, aunque tarde. La nueva geografía política de la región lo colocó ante el peligro de perder sus mecanismos de control político en la región y ensayó nuevas maneras de intervención. Primero intentó llevar a los dirigentes del nuevo movimiento político a sus espacios de confrontación y ofreció reconocerlos como un nuevo municipio dentro de los 570 que existen en el Estado, como los involucrados hicieran mutis ante tal propuesta ensayó los sobornos y como tampoco le funcionara ha profundizado la división del pueblo apuntalando los residuos de lo que fue la UBISORT, que solo existe por el apoyo gubernamental, que por lo se comporta de manera bastante beligerante, mientras con el MULT sigue su política de manga ancha en los apoyos financieros.

Esto política, tan ensayada históricamente ha traído como consecuencia que la violencia siga reinando en la región y sus laderas se sigan tiñendo de sangre. Es una situación que preocupa

también en el nonato municipio autónomo. En la segunda semana de mayo del 2008, el diario La Jornada registró el diálogo de tres miembros del Consejo de Ancianos, solemnemente sentados a la sombra de los arcos del palacio donde funciona el municipio autónomo, con los sombreros o gorras en la mano y mirando hacia el horizonte.

-¿Será que así somos los triquis, violentos, como dicen? Preguntaba uno de ellos a su compañero y sin esperar respuesta, como si estuviera reflexionado en voz alta, él mismo se contestaba.

-No, no es así. Esta violencia viene de otro lado. Es al gobierno al que le conviene, porque si hay muertos a cada rato la gente deja de organizarse, se olvida de los proyectos, tiene miedo y se divide. Y sin organización, los recursos no llegan, se quedan allá, con ellos”.

Su compañero lo secundaba, aunque también como una reflexión interna.

-Si el gobierno quisiera parar la violencia lo podría hacer. Pero no lo hace porque es parte de su política. Dice que hace justicia, pero siempre le carga la mano a una sola parte, a nosotros. Es la forma de pensar de los partidos políticos, se lo toman muy personal y terminan por pensar sólo en cómo eliminar al enemigo.

El tercero, únicamente asiente.

-¿Cómo se puede acabar con esto? –retoma la palabra el primero– Aquí no tenemos un intermediario en quien confiar. Hay que buscarlo, habrá que procurarlo.

Miran hacia atrás, muy atrás, cuando eran niños, y recuerdan los tiempos en que entre triquis ‘platicando se acababan los problemas’ y todos respetaban a la autoridad local. Pero eso fue antes de que llegara a la zona el modo de hacer política con los partidos. ‘Ahí fue cuando llegó el problema’, dicen.

-Eso fue muy antes. El PRI apoyaba a los caciques y éstos nos mandaban matar. Hubo tiempos muy malos, cuando llegó la partida militar. ¿Cuándo fue eso, tú?, le pregunta a su compañero.

-Muy antes. Fue muy malo eso. Hubo muchas violaciones de muchachas, de señoras casadas, robo de vacas, de cosechas, golpeados. Fue muy mala la experiencia.

-Por eso aquí lo que queremos es que se haga justicia para nuestra gente y para los rivales. Y también justicia para que podamos tener nuestra autonomía.23

Pero también es importante mirar hacia adelante. En agosto de 1999 la Comisión Ciudadana de Pacificación de la Triqui Baja, formada por intelectuales y académicos reconocidos para contribuir a llevar la paz en la región, aconsejaba a los líderes de todas las organizaciones.

Lo importante, ahora más que nunca, es mirar todos hacia la obscuridad donde se ocultan los enemigos del pueblo triqui, los falsos dirigentes, los políticos mediocres, los funcionarios impreparados. A ellos hay que sacarlos del escenario con la ley y la movilización popular. Es el momento de encontrarse entre todos ustedes y con la sabiduría de sus antepasados pensar en expresar a nuestro país un nuevo camino de espaldas a la terriblemente fácil violencia fraticida. Ustedes, más que nadie pueden redescubrir el horizonte que tanto han buscado los mejores de sus padres y hermanos. La región merece una historia, en la que los niños, las mujeres y los hombres triquis puedan revelar lo mejor de si mismos, sin temor ni duda.24

Ahí puede estar la clave para encontrar la solución a los problemas. Mirar al pasado para encontrar las causas de los problemas en la región triqui y a partir de su análisis poder trazar el horizonte hacia donde construir el camino.

Pero eso lo tienen que decidir libremente los propios triquis.


1 Rodríguez, Óscar, ‘Se independizan indígenas triquis de 3 municipios’, Milenio diario, 2 de enero del 2007.

2 Entrevista con Edilberto Hernández, febrero del 2007.

3 Rodríguez, Óscar, ‘Se independizan indígenas triquis de 3 municipios’, Milenio diario, 2 de enero del 2007.

4 ‘Una escisión propició municipio rebelde. Mujeres acusan al MULT de vender al PRI votos para que ganara Ruiz’,

Milenio diario, 4 de enero del 2007.

5 Herrera Maqueda, Bernardo, ‘Convoca a presentación de autoridades autónomas de San Juan Copala’, Noticias,

Lunes 15 de enero de 2007.

6 Nieto Ramírez, Jaime, Micro región triqui. Un programa de desarrollo rural. Tesis para optar por el grado de

Licenciado en Antropología Social, Escuela Nacional de Antropología e Historia, México, s/f, p. 5-6.

7 Resolución presidencial del 20 de abril de 1949.

8 Resolución presidencial del 27 de septiembre de 1960.

9 Resolución presidencial del 31 de agosto de 1975.

10 Resolución presidencial del 25 de agosto de 1975.

11 Resolución presidencial del 19 de agosto de 1986.

12 García Alcaraz, Agustín, Tinujei: Los triquis de Copala, México, Secretaría de Recursos Hidráulicos-Comisión del

Río Balsas, 1973, pp. 29-281.

13 Ibidem.

14 García Alcaraz, Op. cit.

15 Pastor, Rodolfo, Campesinos y Reformas: La Mixteca (1700-1856), El Colegio de México, México, 1987, p.

533-534.

16 Ibidem.

17 Pastor, Rodolfo, Op. cit.

18 Nieto Ramírez, Jaime, Op. cit., p. 21.

19 Parra Mora, León Javier y Hernández Díaz, Jorge, Violencia y cambio social en la región triqui, Universidad

Autónoma ‘Benito Juárez’, de Oaxaca-Consejo estatal de población de Oaxaca, México, 1994, pp. 111-112.

20 Tibón, Gutierre, Pinotepa nacional. Mixtecos, negros y triques. Editorial Posada, Cuarta edición, México, 1985,

pp. 139-140.

21 Tibón, Gutierre, Pinotepa nacional. Mixtecos, negros y triques. Editorial Posada, Cuarta edición, México, 1985,

pp. 138-139. También: Jacobo Montes V. Conflicto en la zona triqui, Instituto Nacional Indigenista, México, Abril de

1963, pp. 41-42. mimeografiado.

22 López Bárcenas, Francisco, Los triquis: un pueblo heroico, Lecturas campesinas, Coordinación de Extensión

Universitaria, Universidad Autónoma Chapingo, México, pp. 53-55.

23 Petrich, Blanche, ‘Esta violencia beneficia al gobierno’, La Jornada, 22 de abril del 2008.

24 Carta de la Comisión Ciudadana de Pacificación de la Triqui Baja a los líderes de las organizaciones triquis, agosto de 1999.

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