Desinformémonos: Hasta siempre Martha.

El 27 de marzo falleció Martha de los Ríos, una guerrera originaria de Chihuahua. Ex comunista, cristiana comprometida y zapatista hasta el final de sus días, Martha deja un legado de congruencia y compromiso. Su sobrina Alicia de los Ríos rehace su andar en este amoroso retrato.

En los duros inviernos de San José de Bachíniva, Chihuahua, nació  Martha De Los Ríos Merino el 21 de enero de 1945, hija primera del matrimonio de Alicia Merino y Gilberto De Los Ríos. Mientras su madre -profesora rural que estudió docencia por correspondencia- salía a organizar diferentes escuelas de la región,  los hijos, Martha, Irma, Irene, Alicia y Gilberto, quedaban a cargo del padre agricultor. La familia De Los Ríos Merino nunca fue como todas las del pueblo, recordaría siempre Martha. Alicia mamá provenía de una familia pobre, magisterial, mientras que Gilberto era hijo de un comerciante pudiente, un agricultor con extensas tierras.

–Siempre preguntaba a mi mamá por qué no tenía una fotografía vestidos de novios, recordaba Martha.

Los primeros años del matrimonio fueron duros. Alicia como profesora y directora de la escuela del pueblo de San José apoyaba al movimiento agrarista de Socorro Rivera, quien luchaba contra los latifundistas de la región de la Babícora. En algún festival que la profesora organizó, Rivera llegó como invitado. La maestra redactó, junto al agrarista, la propuesta para decretar la expropiación de tierras.

Martha y los hermanos siempre tuvieron como referente de justicia a su bisabuelo, Heliodoro Olea Arias, quien desde 1905 entró en comunicación con los hermanos Flores Magón y Juan Sarabia, para participar en el levantamiento armado contra el régimen porfirista. A “Papá Lolo”, como lo llama la familia, lo aprehendieron en Bachíniva el 7 de noviembre de 1905. Lo trasladaron primero a Chihuahua, luego a México, hasta que llegó a la cárcel de San Juan de Ulúa, Veracruz donde permaneció hasta 1908. Heliodoro, al llegar a Bachíniva declararía: “Salí cadáver, pero no gusano”, frase que hizo suya su bisnieta Martha. La oyó cientos, miles de veces de la voz quebrada, ranchera y llorosa de su padre cuando relataba la tortura de Heliodoro en la cárcel. El bisabuelo Olea no terminó sus andanzas con su liberación. Abraham González lo nombraría Capitán del Ejército Libertador durante los inicios de la Revolución Mexicana en el noroeste de Chihuahua.

En ese contexto creció Martha. “Andariega, se la pasaba de visita de casa en casa” la recordarían sus hermanas. En 1959, a los 14 años, salió rumbo a la Ciudad de Chihuahua para ingresar a la Escuela Normal del Estado. La alcanzaría su hermana Irma. Ambas llegaron a vivir con la abuela materna, también profesora. En la normal se encontrarían con cientos de casos como ellas, hijos e hijas de campesinos que por primera vez llegaban a la ciudad para continuar estudios superiores. Entre ellos estaban su propia familia, su hermana Irene llegaría un par de años después, su primo Héctor, Víctor Hugo Rascón Banda y Arturo Gámiz. Toda esa generación de alumnos recuerda el papel importantísimo para su formación del profesor Luis Urías, como un personaje que los guió hacia la educación ética y democrática.

Eran los sesenta y en Chihuahua se vivía una gran movilización en contra de los latifundistas de la serranía donde los estudiantes, la mayoría normalistas, se sumaron a las manifestaciones. Martha siempre platicaría que Arturo Gámiz fue su guía político. La irrupción del Grupo Popular Guerrillero y el posterior asalto al cuartel militar de Ciudad Madera, Chihuahua, impactó profundamente a los estudiantes normalistas, de donde provenían algunos de los guerrilleros muertos durante la acción armada. Martha mantendría la amistad profunda con el resto de la familia Gámiz García, hasta que la persecución los hizo exiliarse fuera del estado.

A mediados de la década de los sesenta el resto de la familia De Los Ríos Merino se trasladó a vivir a Chihuahua, excepto el padre, que iba y venía de San José de Bachíniva. Los amigos de la familia cuentan que esa casa de la colonia Santo Niño los recibía todos los días, tanto para comer, como para dormir. Para fiestas o para reuniones políticas.

Martha debió  terminar sus estudios normalistas en 1965, pero por un año salió de la escuela para pensar qué sería de su vida. Egresó junto a su hermana Irma en 1966. Militante de la Juventud Comunista del Partido Comunista de México, no buscó plaza de maestra, sino que en agosto de ese año viajó a la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas para estudiar en la escuela de cuadros de la Unión de Juventudes Comunistas Leninistas de la Unión Soviética. En la misma delegación estaban  Raúl Jardón, Rosa Rojas y Martha Maldonado, entre otros.  Martha permaneció allá hasta los primeros meses  de 1967.

Al regreso Martha formó parte del ala disidente de la Juventud Comunista, junto a Raúl Ramos Zavala.  Su postura crítica se debió al atraso teórico en la formación de cuadros y a la crítica de los grupos burocráticos en el poder del Partido Comunista Mexicano. Los dirigentes entonces se plantearon desaparecer la Juventud como brazo del Partido. Raúl, Martha y otros, resolvieron desprenderse visibilizando la constitución de organizaciones armadas tendientes al socialismo. Aún dentro de la disidencia, esos y esas jóvenes, entre los que estaban las hermanas De Los Ríos, acudían junto al Frente Inquilinario de los hermanos Güereca a desmontar los terrenos al norte de la ciudad que luego serían ocupados por el Comité de Defensa Popular.

Martha tomó una plaza de maestra en el Valle de Juárez, en la localidad de Guadalupe Distrito Bravos, sector rural cercano a Juárez. Ahí se relacionó tanto con las personas originarias o avecindadas, como con los movimientos sociales que actuaban en Ciudad Juárez. Atea y marxista, Martha siempre tuvo relación con sacerdotes y monjas practicantes de la teoría de la liberación. Acudía regularmente a la Iglesia del Carmen en Juárez, donde el Padre Rogelio Macías daba pláticas de marxismo y organización a empleadas de la maquila.

A principios de los setenta,  en sus idas y venidas por la Juventud Comunista, relacionó a Raúl Ramos con jóvenes juarenses que se encontraban en huelga en el Tecnológico Regional de Ciudad Juárez. Martha tenía cercanía con ellos ya que su hermana menor, Alicia, era estudiante del Tecnológico de Chihuahua y también participaba en las diferentes movilizaciones de los planteles.  En esa época se estaba gestando “La Partidaria”, la cual intentaba unificar a los diversos grupos armados que se crearon a partir de 1969 en México. Martha fue el contacto en Ciudad Juárez de esos jóvenes de Monterrey o Baja California. Por ello, la relación más fuerte que vivió Martha con la guerrilla fue en los albores de lo que después sería la Liga Comunista 23 de Septiembre al lado de Ramos Zavala y Alberto Sánchez Hirales. Tras la muerte de estos, continuó la relación con Ignacio Salas Obregón, Salvador y Luis Miguel Corral García, los hermanos Domínguez Rodríguez, entre otros.

Cuentan sobrevivientes de esa organización armada, que en semana santa de 1973 se fundó el comité regional de la Liga en Ciudad Juárez, hasta donde llegaron Alicia y Martha De Los Ríos, junto con otros muchachos, la mayoría estudiantes del Tecnológico. Sin embargo, Martha era una mujer reconocida dentro de la lucha social regional, por lo que se le consideraba “quemada” y era difícil y riesgoso su paso a la clandestinidad.

Cuando su hermana Alicia, en febrero de 1974, abandonó la casa materna para irse a la clandestinidad, Martha regresó a la ciudad de Chihuahua. Empezó a trabajar en la misma escuela que su hermana Irma, ubicada en la Dale, colonia  marginal a las orillas de la ciudad. Con la ausencia de la hermana que se fue a la guerrilla, Martha acudía regularmente a visitar a los guerrilleros presos que estaban recluidos en la penitenciaría del estado. En marzo de 1977, Martha vio por última vez a Alicia en la ciudad de México. Ella avisó que ya había nacido su hija y que necesitaba que fueran por ella. Diez meses después, se recibieron noticias nuevas de la hermana guerrillera: había sido detenida durante un enfrentamiento por el Politécnico Nacional  en el Distrito Federal. Alicia pudo comunicarse por teléfono desde una vivienda a donde se metió en la fuga huyendo de sus captores y habló a la casa familiar en Chihuahua diciendo: Me van a detener, búsquenme.

Desde entonces, Martha inició el recorrido que comúnmente iniciaron los otros y otras familiares de los desaparecidos políticos, primero de manera individual caminó por oficinas y morgues  gubernamentales, acompañada de amigos o familiares solidarios en el Distrito Federal. Posteriormente encontró a esas señoras, las doñas, madres de familias de otros guerrilleros desaparecidos, de las cuáles ya no se separó. A pesar de la formación política de Martha, su experiencia fue ejemplo de que los familiares de las víctimas no están, y no tienen porque estarlo, preparados para militar de una manera preconcebida por la libertad de sus familiares.  La desaparición de su hermana ocasionó que Martha buscará consuelo en prácticas a las que había sido renuente, como la búsqueda de una fe religiosa. Así, entre oficinas y citas con funcionarios públicos, buscó consuelo junto con familiares en grupos de oración de diferentes iglesias, acudieron con videntes, sacerdotes, pastores, siempre buscando a Alicia. Justo fue el momento en el que Martha encontró a aquellos con los que caminaría el resto de su vida: las Comunidades Eclesiales de Base, la iglesia de los pobres, los jesuitas de la colonia Guerrero en la ciudad de México, los curas rojos como José Llaguno.

Martha y las doñas del Comité de Madres de Desaparecidos Políticos de Chihuahua formaron parte del Frente Nacional contra la Represión, estuvieron presentes en cada movilización de la ciudad de México, huelgas de hambre en Catedral y San Hipólito. Martha se convirtió en madre de Gilberto Sandino el año en que triunfaron los sandinistas. Años después, renunció al magisterio para dedicarse de lleno al Comité.

Los finales de los ochenta serían los momentos más álgidos para el Comité, semana tras semana salían a la plaza Hidalgo, pegaban cartelones en los muros de palacio de Gobierno, tomaban el edificio, se declararon en huelga de hambre dentro de las oficinas del Secretario de Gobernación, marchaban por las céntricas calles y triunfalmente, tomaron la carretera Panamericana que une Chihuahua con Ciudad Juárez. Allá iba Martha con las doñas tomadas del brazo a México, regresaban contentas de haber sido atendidas por Salinas de Gortari, Riviello Bazán y otros funcionarios de la recién creada Comisión Nacional de Derechos Humanos. Martha comprendió la forma de las Doñas para encarar la desaparición de sus hijos: humildes, rogaban por saber de ellos, imploraban a todos los santos encontrarlos. No eran políticas, o así lo creían, solo querían saber de sus muchachos. A partir del gobierno de Zedillo, decidieron que no intentarían volver a ver a ningún funcionario. La movilización sería en la calle, denunciando la existencia de desaparecidos en México por razones políticas.

Pero Martha también llevó la labor del Comité a otros lares. Acompañaron la campaña “Nunca Más” de la cual surgió la Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos A.C. (Cosyddhac), fueron parte del Comité Eureka, apoyaron la creación del “Frente Democrático Campesino”,  la movilización de “Mujeres por México”, iniciaron junto con los cristianos comprometidos el “Frente de Consumidores”.

A finales de enero de 1994, recién apareció el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el Comité recibió una llamada de la cárcel de Parral, Chihuahua. Se trataba de cuatro miembros del EZLN que hacían trabajo político por el norte. Habían sido aprehendidos acusados de robo y atentado contra bienes de la Nación. Martha y las doñas fueron a visitarlos un par de ocasiones mientras movilizaron a las organizaciones hermanas en Chihuahua y el 20 de febrero los compas pudieron salir bajo fianza. Martha y su entonces esposo los llevaron hasta San Cristóbal de las Casas días después. Años después recordaría el Sup por su paso en Chihuahua: “En 1994, en los primeros días del alzamiento, unos compañeros nuestros fueron detenidos aquí, en Chihuahua, cuando intentaban derribar una torre eléctrica. Fueron presos. Y ¿quiénes los sacaron, los cuidaron, los hicieron que fueran libres otra vez? Fueron las Doñas de Chihuahua. Desde entonces, nosotros les mandamos un mensaje: que queríamos adoptarlas como mamás. Siguiendo el modo del Andulio, serían nuestras mamases, porque tienen varias decenas de hijos en las montañas del sureste mexicano. Hijos e hijas.”

Desde entonces, el Comité de Madres no se separó del caminar del EZLN. Martha acudió a la Convención Nacional Democrática, en 1994. En mayo de 1997 acudió gran parte del Comité junto con otros familiares a celebrar el 10 de mayo en la Realidad. En 1999 acudió hasta La Garrucha por los y las zapatistas que vinieron a Chihuahua para la Consulta Nacional. En cada acción zapatista convocada a la sociedad civil, el Comité de Madres estuvo presente.

Posterior al 2000, el Comité de Madres de Desaparecidos Políticos decidió separarse del Comité Eureka. El principal motivo fue que las integrantes no coincidíamos con la lucha electoral a la que apostaba Rosario Ibarra. Para Martha y las doñas era muy claro que si el Comité existía era para la lucha contra la desaparición forzada.

Desde 2003 se inició una pequeña coordinación entre familiares de desaparecidos políticos de Chihuahua, Sinaloa y el Distrito Federal. Como colectivos y coordinación nos adherimos a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y por ende a la Otra Campaña. Las diferencias sobre la búsqueda de los desaparecidos fueron discutidas con el EZLN durante el recorrido de la Otra Campaña, cuando el Sup se reunió con familiares e integrantes del Comité en la casa de la señora Concepción García viuda de Corral, en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 1 de noviembre de 2006.  La pelea con los de arriba, la denuncia y organización con los de abajo, serían tarea de familiares y zapatistas, juntos. Martha leía y releía la Sexta, “la estaba esperando” le decía a quien pudiera. En la reunión con los adherentes de Chihuahua, el 30 de octubre, el entonces delegado Zero dijo: “Se supone que yo voy a explicar la Otra Campaña, pero dudo que pueda hacerlo mejor que la compañera Martha de los Ríos, a la hora que hizo su exposición.”

En el 2007, Martha junto con los otros compañeros y compañeras de Chihuahua, recibió a los Comandantes que viajaron en la segunda etapa de la Otra Campaña: Maxo, Guillermo y Yolanda. En julio y agosto del mismo año acudió a la reunión plenaria de la cual surgió la Red Contra la Represión y por la Solidaridad (RvsR), después estuvo presente en el encuentro realizado en los caracoles de Oventik, Morelia y la Realidad. Pareciera que la Otra Campaña le hubiera devuelto el ánimo de organizarse en un contexto de definiciones: ser anticapitalista y anti electoral, de abajo y a la izquierda. En octubre acudió al “Encuentro de los pueblos indígenas de América” en Vicam, Sonora y en diciembre acudió a la reunión de mujeres en La Garrucha, Chiapas.

A partir de este último viaje, a Martha se le diagnosticó una insuficiencia renal. Intransigente como siempre, consecuente con la fe que practicaba y vivía, decidió no recibir diálisis en su cuerpo. Su familia inmediata, respetuosa de la decisión de Martha, intervino como fue posible para atender los males que fue generando la afectación renal. Así, discreta, Martha se fue apartando de la calle, de las reuniones y las movilizaciones. Seguía las noticias desde su casa, vía teléfono o el mundo cibernético. Hacía lo que estaba a su alcance. Albergó en su casa a los compañeros internacionalistas de Askapena (Euskal Herria) que acuden anualmente como observadores a Ciudad Juárez y Chihuahua. En la visita de Sergio Rodríguez Lazcano a Chihuahua para presentar el libro: “La crisis del poder y nosotros”, en noviembre de 2010, Martha pidió a amigos y familiares que le ayudaran a leerlo para poder comentarlo, ya que había perdido casi por completo la vista. Así, en silla de ruedas, acompañó de Chihuahua a Ciudad Juárez la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad, en junio del 2011, junto a los familiares de esos hombres y esas mujeres que, décadas después, han sido desaparecidas bajo la lógica de una violencia irracional desatada con mayor fuerza desde 2006, con la declarada guerra de Calderón. Después de su experiencia de más de 30 años en la lucha por los desaparecidos, para Martha era claro que no se podía esperar respuesta satisfactoria de las autoridades, quería decírselos, sin juzgarlos, tal vez observándose ella misma en retrospectiva.

Martha pasó los últimos días escuchando las risas y los pasos de su pequeño nieto Ismael, rodeada de las imágenes que le significaron su andar por esta vida: retratos de la familia, una copia de la fotografía de Alicia al momento de ser detenida, para que no se le olvidara que debía luchar por su chiquita, decía.  La imagen del Sup que ella arrancó de Gato Pardo convivía con las mantas bordadas a mano de los diferentes caracoles zapatistas.   Todavía unos días antes de partir preguntó: ¿Qué sabes de los compas?

Ahora Martha regresa a San José de Bachíniva, su cuerpo convertido en cenizas reposará junto a sus padres en la capilla familiar. Ahora pienso, después de las múltiples muestras de cariño y respeto para con ella, que Martha no imaginó el valor que tenía su quehacer como cristiana comprometida y activista derecho humanista contra la desaparición forzada. Ella insistía mucho en rememorar sus pasos en esa lejana etapa de preparación de la guerrilla, sin comprender que su posterior quehacer legal, pero opositor, había logrado arrancar a decenas de personas de la prisión, la tortura y la desaparición. En ello y en su solidaridad desbordada, sin límites, se encontraba la esencia de su radicalidad.

 

http://desinformemonos.org/2012/04/hasta-siempre-martha-de-los-rios/print/

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