La disponibilidad de agua: Una cuestión de poder, patriarcado y capitalismo.

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El 22 de marzo de cada año se celebra el día internacional del agua, sin embargo, hay poco que celebrar. Hay muchas cifras y estadísticas que nos secarán la boca. De acuerdo a lo referido por la UNESCO, el 85% de la población vive en las regiones más áridas del planeta. 783 millones de personas no tienen acceso a agua potable, mientras que 2500 millones (aproximadamente un tercio de la población mundial) no cuentan con servicios sanitarios adecuados.

La UNESCO publica que cada día mueren aproximadamente dos mil niños y niñas por enfermedades diarreicas relacionadas con problemas de acceso al agua limpia, la mitad de esas muertes se producen en países de África y de Asia (India, Nigeria, República Democrática del Congo (RDC), Pakistán y China).

En el mundo se utilizan 3542 billones de litros de agua anualmente y como probablemente era de esperarse, Estados Unidos es el país que más agua utiliza per cápita por año: 1730 metros cúbicos (1 metro cúbico=1000 litros). México se encuentra en el 8º lugar entre los países que más agua consumen con 730 metros cúbicos per cápita/año. En la República Democrática del Congo se utilizan 11.5 metros cúbicos per cápita por año, dato que explica directamente el elevado número de muertes infantiles por falta de acceso al agua. Estas cifras encubren un problema con trasfondo político y cultural. En los países capitalistas industrializados, los números sobre la utilización del agua ofrecen una visión del bienestar totalmente diferente, como ejemplo: en el proceso de producción de una hamburguesa se utilizan 2400 litros de agua, si la hamburguesa tiene queso, el consumo de agua aumenta a casi 5000 litros.

Vamos de nuevo a la cruda y seca realidad. En muchos países, principalmente africanos, la tarea de la recolección de agua es realizada principalmente por mujeres y niñas. Ellas invierten más tiempo en la recolección y el transporte del agua que en cualquier otra actividad durante el día, y son ellas y sus hijos quienes frecuentemente pueden hacer menor uso del recurso, pero que son expuestas a la violencia derivada de daños físicos por la ardua tarea, y a agresiones sexuales durante las largas distancias recorridas para colectar agua. El tiempo invertido anualmente en esta labor es mayor al tiempo laboral de toda la población en Francia, en flagrante violación a los derechos a sus derechos laborales e incluso al derecho a la salud maternal.

Volviendo al mundo occidental, está claro que las corporaciones de la industria agro alimentaria no conciben la idea de que el acceso al agua es un problema que involucra y afecta a las mujeres y a las sociedades menos favorecidas. Tal es el caso de la multinacional Nestlé. La corporación lidera la venta de agua embotellada a nivel mundial, y en varias ocasiones directivos de esta empresa han declarado que el agua es un bien que puede ser privatizado y que el acceso al recurso debe tener un costo. En el concepto capitalista de que el agua es un insumo para la producción de alimentos, ésta puede ser producto mercantil. Rematan el discurso llamando a la ‘conciencia’ de que si el agua tuviera un costo monetario, no se desperdiciaría tanto del vital líquido, pero no comentan que el agua embotellada encarece el precio del recurso entre 300 y 1000 veces en comparación con el agua de grifo. Es evidente que la creación de la necesidad artificial y la mercantilización de un bien público puede ser cubierta por las sociedades pudientes del planeta, pero inaccesible a la población de los países del sur.

Otro problema concerniente a la privatización del agua como recurso es la afectación ecológica. En varias regiones del mundo, por ejemplo Brasil y Estados Unidos, Nestlé ha obtenido concesiones para explotar manantiales a precio de regalo. México no es la excepción. Una nota del periódico La Jornada denunció la apropiación por parte de Nestlé-Waters de manantiales que se encuentran en el eje neovolcánico transversal. Estas regiones actúan como ‘fábricas de agua’ para los ecosistemas cercanos y las comunidades que ahí habitan, sin embargo, Nestlé extrae el agua de los manantiales que se encuentran en los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl para embotellarla y venderla. Un agravio a un bien de todas y todos los mexicanos.

En 2010, la resolución 64/292 de la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció el derecho humano al agua y señaló que el acceso al agua potable y servicios sanitarios adecuados son esenciales para la realización del resto de derechos humanos.  Es importante recordar esta resolución de la ONU en los contextos del aumento de los conflictos sociales derivados por la escasez de agua,  el calentamiento global que produce la desertificación de grandes áreas en el mundo y  en la voracidad de las empresas transnacionales por obtener ganancias aún a costa de la vida de las personas en todo el mundo.

Más información:

Nota de ‘La Jornada’ sobre la apropiación del agua del Iztaccíhuatl por parte de Nestlé.

http://www.jornada.unam.mx/2011/01/15/agricultura.html

photo

http://pagina3.mx/al-grano/8497-la-disponibilidad-de-agua-una-cuestion-de-poder-patriarcado-y-capitalismo.html

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