La pelea está servida: ellas o nosotras.

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Ellas: las corporaciones semilleras multinacionales encabezadas por Monsanto.

Nosotras, las personas comunes de todo el mundo: estudiantes, mujeres, indígenas, obreros, campesinas, mineros, oficinistas, artesanas, migrantes, todas y todos.

La pelea estaba agendada, ya ha comenzado y es por la vida.

Una vez más, Monsanto se ha salido con la suya, esta vez en su propio patio: Estados Unidos. La noticia de esta semana en el ámbito de la soberanía alimentaria es el fallo del Tribunal Supremo yanqui que da la razón a Monsanto en el juicio que la transnacional inició contra Hugh Bowman, un agricultor de 75 años de edad del estado de Indiana.

Brevemente el caso es el siguiente: Bowman primero había comprado semillas de soya modificada genéticamente (transgénica) a Monsanto, pero cambió de decisión y adquirió unas semillas más baratas en el granero local las cuales normalmente se destinan a alimentar ganado o son usadas en la industria. El punto central de la historia es que las semillas de soya transgénica en esa región fueron obtenidas a partir de plantas sembradas por Monsanto.

En 2007, la multinacional demandó a Bowman y obtuvo como compensación 85 000 dólares. Después, el agricultor  recurrió la sentencia y acudió a la Corte Suprema. El pasado 13 de Mayo, el máximo tribunal de la nación gringa falló unánimemente a favor de Monsanto.

Este acto viene a inaugurar la llamada ‘Ley de Protección a Monsanto’ que no es más que la rendición del gobierno norteamericano a la transnacional: Monsanto no puede ser demandada ni llevada a juicio ni siquiera por evidencias de daños a la salud o al medio ambiente causados por los productos que comercializa: semillas modificadas genéticamente (maíz, soya, algodón, canola) o los herbicidas altamente tóxicos, tecnológicamente asociados a las semillas modificadas.

          Por si faltara cinismo en la empresa semillera y en sus vasallos en el gobierno estadounidense, a través Wikileaks se difundió que el gobierno de Obama presiona a gobiernos extranjeros para que estos acepten y respalden a Monsanto siguiendo una estrategia diseñada desde el otro lado de la frontera:

a) promover los intereses comerciales de la industria biotecnológica,

b) relajar las regulaciones en materia de biotecnología en el extranjero,

c) proteger las exportaciones de la industria biotecnológica estadounidense y

d) fomentar que los países en desarrollo adoptaran los cultivos biotecnológicos.

        No es intención alterar al lector, aunque de hecho lo intentaré: ¡esta misma estrategia está siendo utilizada por el gobierno mexicano en el proceso de aprobación de los permisos para la siembra comercial de maíz transgénico en estados como Sinaloa, Tamaulipas, Chihuahua y Durango!

En resumen: si el maíz transgénico llega a sembrarse masivamente en México, las y los estudiantes, las mujeres, los mineros, oficinistas, las artesanas, migrantes, todas y todos, estaremos condenados a comer maíz que potencialmente nos produciría cáncer y daños mortales en hígado y riñones. A las y los indígenas y campesinos nos condenará a dejar de existir: tendremos que pagar para tener semillas y sembrar nuestra tierra. Según las ‘leyes de Monsanto’ y del gobierno seremos criminales por sembrar, guardar o intercambiar nuestras semillas, las que nos heredaron nuestros antepasados.

El rechazo a los alimentos transgénicos y todos los daños que estos implican se hace mayor cada día, tanto a nivel nacional como internacional y todas nosotras: las personas que nos preocupamos por nuestra salud y alimentación, los estudiantes, las y los campesinos e indígenas y quienes se preocupan por el medio ambiente y por la vida en el planeta, tenemos la última palabra en permitir que se siembre maíz transgénico en México.

El próximo 25 de mayo está convocada una manifestación en muchas ciudades de varios países para demostrar el rechazo de la gente, de nosotros a Monsanto (en Australia, Austria, Bélgica, Brasil, Canadá, Chile, Croacia, Ecuador, Inglaterra, Finlandia, Francia, Alemania, Guatemala, India, Irlanda, Holanda, Nueva Zelanda, Noruega, Rumania, Escocia, Portugal, Sudáfrica, Estado Español). México no puede ser excepción ante la brutalidad que se trata de imponer: la siembra de maíz transgénico en el lugar que vio nacer a este grano nativo hace diez mil años.

¡No podemos faltar! Es el llamado a la lucha que ya empezó.

Más información:

http://occupy-monsanto.com

Ensenada, Baja California

Chihuahua

Guadalajara

Distrito Federal

http://www.proyectoambulante.org/index.php/noticias/nacionales/item/1512-la-pelea-esta-servida-ellas-o-nosotras

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