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No hay consenso científico sobre la seguridad de los OGMs.

Como científicos, médicos, académicos y expertos en disciplinas relevantes para la evaluación de los aspectos científicos, legales, sociales y de seguridad de los organismos genéticamente modificados (OGMs), rechazamos enérgicamente las afirmaciones hechas por aquellos que desarrollan las semillas GM y algunos científicos, comentaristas y periodistas quienes concluyen la existencia de un “consenso científico” sobre la seguridad de los OGMs1 2 3, y que el debate entorno a esta cuestión está “cerrado” 4.

Consideramos que es apremiante desmentir dichas afirmaciones porque el pretendido consenso sobre la seguridad de los OGMs no existe. Afirmar lo contrario es engañoso y no representa de forma adecuada ni la evidencia científica actual ni la amplia diversidad de opiniones entre los científicos sobre esta materia. Además, estas declaraciones fomentan un clima de complacencia que puede llevar a una falta de rigor y de la cautela necesaria en el ámbito regulatorio y científico, potencialmente poniendo en peligro la salud de las personas, animales y el medio ambiente. La ciencia y la sociedad no avanzan sobre la base de un consenso construido, dado que el conocimiento está siempre abierto a desafíos y discrepancias bien fundamentados. Apoyamos la necesidad de seguir llevando a cabo investigación científica independiente, así como discusiones públicas e informadas sobre la seguridad de los productos GM, y exhortamos a los defensores de esta tecnología a hacer lo mismo. Algunas de nuestras objecciones a la afirmación de que existe un consenso científico se detallan a continuación:

1. No existe consenso sobre la seguridad de los alimentos GM

En relación a la seguridad de los cultivos y alimentos GM para la salud, un estudio que comprende y analiza distintas investigaciones sobre la alimentación animal con OGMs encontró “un equilibrio entre el número de grupos de investigación que sugieren que, basándose en sus estudios, una serie de cultivos GM (principalmente maíz y soya) son tan seguros y nutricionales como las respectivas plantas convencionales no-GM, y consideran que hay aún cuestiones preocupantes sin resolver”.  La revisión también encontró que la mayoría de estudios a favor de la seguridad alimentaria de los productos GM, afirmando que son tan sanos y nutricionales como aquellos obtenidos por reproducción convencional, fueron “hechos por compañías biotecnológicas o por grupos asociados a ellas, los cuales son también los responsables de la comercialización de dichas plantas GM”5. Otra revisión de estudios de alimentación, que es citada frecuentemente para señalar que los alimentos GM son seguros, incluyó investigaciones que hallan diferencias significativas en los animales alimentados con OGMs. A pesar de que los autores de la misma desestimaron estos hallazgos como no significativos biológicamente6, la interpretación de estas diferencias sigue estando sujeta al debate científico 7   8   9  10, y no existe consenso sobre la cuestión.

Los estudios rigurosos para investigar la seguridad de los cultivos y alimentos GM normalmente deberían incluir experimentos en los que un grupo de animales sean alimentados con OGMs mientras que un segundo grupo consumiera una dieta equivalente no-GM. Las investigaciones independientes de este tipo son escasas pero, cuando son llevadas a cabo, algunas de ellas han revelado efectos tóxicos o signos de toxicidad en los animales alimentados con OGMs11 12 13 14 15 16. Hasta ahora, las inquietudes generadas por estos estudios no han sido confirmadas o desmentidas por esfuerzos de investigación que se dediquen a analizar los resultados iniciales.

La falta de consenso científico sobre la seguridad de los alimentos y cultivos GM ha quedado subrayada con las recientes solicitudes de propuestas de investigación hechas por la Unión Europea y el gobierno francés para investigar los efectos a largo plazo del consumo de alimentos GM, a raíz de las incertidumbres arrojadas por estudios de alimentación animal  17  18.

Estas solicitudes de propuestas de investigación implican un reconocimiento de la deficiencia de los protocolos de investigación científicos existentes y cuestionan la afirmación de que los estudios actuales puedan juzgarse como concluyentes de que el debate científico ha finalizado.

2. No existen estudios epidemiológicos que investiguen los efectos potenciales del consumo de alimentos GM sobre la salud humana 

A menudo se afirma que “trillones de comidas GM” han sido consumidas en los Estados Unidos sin que se hayan observado efectos negativos para la salud. Sin embargo, no se han llevado a cabo estudios epidemiológicos que permitan establecer si hay algún efecto sobre la salud asociado al consumo de alimentos GM. Como este tipo de alimentos no están etiquetados en América del Norte, donde se encuentran los principales productores y consumidores de cultivos GM, es imposible trazar o investigar de forma científica los patrones de consumo y sus impactos. Por lo tanto, afirmar que los OGMs son seguros para la salud humana basándose en la experiencia de Estados Unidos no ofrece ninguna base científica.

3. Las declaraciones que afirman que las organizaciones científicos y gubernamentales respaldan la seguridad de los OGMs son exageradas o imprecisas

Las declaraciones que afirman que existe un consenso entre los cuerpos científicos y gubernamentales en cuanto a la seguridad de los alimentos GM o a que no implican un riesgo mayor a los alimentos no-GM19 20, son falsas. Por ejemplo, un panel de expertos de la Royal Society of Canada (Real Academia de Canadá) publicó un informe muy crítico contra el sistema regulatorio de los alimentos y cultivos GM en dicho país. El texto declara que es “científicamente injustificable” asumir que los alimentos GM son seguros sin pruebas científicas rigurosas y que la “hipótesis de partida” para todos los alimentos GM debería ser que la introducción de un nuevo gen causará “cambios no anticipados” en la expresión de otros, en el patrón de producción de proteínas o en la actividad metabólica. Entre los posibles resultados de estos cambios, el informe identifica la presencia de nuevos o inesperados alergénos 21. Otro informe de la British Medical Association (Asociación Médica Británica) concluyó, respecto a los efectos sobre la salud humana y el medio ambiente a largo término, que “muchas preguntas continúan sin respuesta” y que “las preocupaciones sobre la seguridad no pueden, como se ha hecho hasta ahora, dejarse de lado basándose en la información disponible”. El informe pide, además, que la investigación siga enfocado especialmente en los impactos potenciales a la salud humana y el medio ambiente 22. Además, las posiciones tomadas por otras organizaciones han sido frecuentemente  restringidas, reconociendo vacíos en los datos y los riesgos potenciales, así como también en los beneficios potenciales, de esta biotecnología agrícola. Por ejemplo, una declaración de la Comisión de Ciencia y Salud Pública de la American Medical Association (Asociación Médica Americana) reconoce “un pequeño riesgo de que se produzcan eventos adversos […] principalmente debido a la transferencia genética horizontal, alergenicidad y toxicidad”, y recomienda que el proceso voluntario de notificación que se lleva a cabo actualmente en Estados Unidos antes de la comercialización de los cultivos MG pase a ser obligatorio23. Debe señalarse que incluso “un pequeño riesgo de que se produzcan efectos adversos” puede pasar a ser significativo si se tiene en cuenta la exposición generalizada de las poblaciones humanas y animales a los cultivos GM.

Una declaración hecha por la junta directiva de la American Association for the Advancement of Science (AAAS; Asociación Americana para el Avance la Ciencia) que afirma la seguridad de los cultivos GM y se opone a su etiquetado24, no puede tomarse como opinión representativa del conjunto de los miembros de la AAAS, tal y como se puso de manifiesto en la carta abierta de oposición que publicó un grupo de 21 científicos, incluyendo muchos miembros con una larga trayectoria de pertenencia a la AAAS25. Este episodio enfatizó la falta de consenso entre los científicos sobre la seguridad de los OGMs.

4. El proyecto europeo de investigación no produce evidencias fiables sobre la seguridad de los alimentos GM

Se ha citado internacionalmente a un proyecto europeo de investigación26 que concluye la existencia de evidencias sobre la seguridad de los cultivos y alimentos GM. Sin embargo, el informe resultante de este proyecto, “Una Década de Investigación sobre OGMs financiada por la Unión Europea”, no presenta datos de estudios de alimentación hechos en animales que respalden dicha evidencia.

De hecho, el proyecto no fue diseñado para probar la seguridad de un alimento GM en concreto, sino que se centraba en “el desarrollo de perspectivas de evaluación de seguridad”27. En la sección SAFOTEST de dicho informe, dedicada a la seguridad de los alimentos GM, tan sólo se citan cinco estudios de alimentación animal28. Ninguno de estos evaluó un alimento GM comercializado ni los efectos a largo plazo más allá del periodo subcrónico de 90 días; todos encontraron diferencias en los animales alimentados con OGMs, que en algunos casos eran estadísticamente significativos; y ninguno aportó conclusiones sobre la seguridad de los alimentos estudiados, aún menos sobre la seguridad de los alimentos GM en general.

Por lo tanto, el proyecto de investigación europeo no provee de evidencias que permitan concluir sobre la seguridad de ningún alimento GM en concreto o de los cultivos GM en general.

5. Un listado de cientos de estudios que no demuestran la seguridad de los alimentos GM

Un página web altamente citada afirma que existen varios cientos de estudios que “documentan la seguridad general y lo nutricionalmente sanos que son los alimentos GM”29, afirmación que lleva a una confusión. El examen de los estudios listados revela que muchos de ellos no aportan evidencias de la seguridad de los alimentos GM y, de hecho, algunos concluyen que existe una falta de la misma. Por ejemplo:

– Muchos de los estudios citados no son estudios toxicológicos de alimentación que puedan proveer de información útil sobre los efectos en la salud derivados del consumo de comida GM. La lista incluye estudios de producción animal que examinan parámetros de interés para la industria alimentaria y agrícola, como son el rendimiento lácteo y el aumento de peso30 31, estudios sobre los impactos ambientales de los OGMs y estudios analíticos de la composición o de la estructura genética del cultivo.

– Entre los estudios de alimentación animal y la revisión de dichos estudios que se encuentran en la lista, un número sustancial encuentra efectos tóxicos y signos de toxicidad en los animales alimentados con OGMs en comparación con los controles 32 33 34 35 36 37. Las inquietudes puestas de manifiesto por dichos estudios no han sido tenidas en cuenta de forma satisfactoria, y la afirmación de que la literatura científica muestra consenso sobre la seguridad de los cultivos y alimentos GM es falsa e irresponsable.

– Muchos de los estudios fueron llevados a cabo durante cortos períodos de tiempo. Si tomamos en cuenta la esperanza media de vida de los animales utilizados para la investigación, no ha sido posible detectar efectos en la salud a largo plazo 38 39. Concluimos que estos estudios, tomados en su totalidad, están tergiversados en la página web anteriormente citada, ya que no “documentan la seguridad general y lo nutricionalmente sanos que son los alimentos GM”. Por el contrario, algunos de los estudios reflejan importantes motivos de preocupación, los cuales deberían ser estudiados con más detalle y durante un período de tiempo más extenso.

6. No existe consenso sobre los riesgos ambientales de los cultivos GM

Los riesgos ambientales de la biotecnología agrícola no solo incluye a los efectos directos de los cultivos GM, sino también las consecuencias ocasionadas por los insecticidas Bt en organismos no-objetivo, así como los efectos de los herbicidas usados en conjunción con los cultivos GM tolerantes a herbicidas.

Al igual que en el caso de la seguridad de los alimentos GM, no existe un consenso científico sobre los riesgos ambientales de los cultivos GM. Una revisión de los procedimientos usados para la evaluación del riesgo ambiental de los cultivos GM identificó deficiencias en los procedimientos utilizados y encontró que no existe un consenso a nivel global sobre las metodologías que deberían aplicarse, así como tampoco sobre los procedimientos de pruebas estandarizados40. Algunas revisiones de los datos publicados sobre los cultivos Bt han encontrado que éstos pueden tener efectos adversos en organismos no-objetivo y beneficiosos41 42 43 44; efectos que no son, a menudo, tomados en cuenta en las evaluaciones con fines regulatorios ni por algunos comentaristas científicos. La resistencia a las toxinas Bt ya es una realidad en las plagas objetivo45, mientras que se han descrito problemas con plagas secundarias (no-objetivo) en, por ejemplo, cultivos de algodón Bt en China 46 47.

Los cultivos GM tolerantes a herbicidas también han resultado igual de controvertidos. Algunas revisiones y estudios individuales los han asociado con un mayor uso de estas sustancias químicas48 49, la rápida difusión de malas hierbas resistentes50, y los efectos en la salud de seres humanos y animales expuestos al RoundUp, el herbicida usado en la mayoría de los cultivos GM 51 52 53.

Al igual que con la seguridad de los alimentos GM, el desacuerdo entre los científicos sobre los riesgos ambientales de los cultivos GM puede correlacionarse con las fuentes de financiamento. Una encuesta publicada en una revista científica en la que se preguntaba a 62 científicos sobre sus puntos de vista en relación a los riesgos ambientales de los cultivos GM encontró que tanto la fuente de financiamiento como la disciplina en la que se habían formado tenían un efecto significativo en sus actitudes.

Aquellos científicos financiados por la industria o aquellos que se habían formado en biología molecular tenían, mayoritariamente, una actitud positiva hacia los cultivos GM y sostenían que no tenían ningún riesgo implícito, mientras que aquellos científicos que eran financiados por un sistema público, trabajaban de forma independiente de las compañías que desarrollan los cultivos GM o se habían formado en ecología eran más propensos a tener una actitud “moderadamente negativa” sobre la seguridad de los cultivos GM y a enfatizar la incertidumbre e ignorancia que éstos pueden acarrear. Los autores del estudio concluyen: “Los fuertes efectos producidos por el ámbito de formación y la fuente de financiación pueden justificar cambios institucionales en cuanto a la organización de la ciencia y cómo se toman las decisiones públicas cuando se evalúan nuevas tecnologías” 54.

7. Los acuerdos internacionales reflejan un amplio reconocimiento de los riesgos de los cultivos y los alimentos GM

El Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad fue negociado a lo largo de muchos años e implementado en el año 2003. Este es un acuerdo internacional reconocido por 166 países que busca proteger la diversidad biológica de los riesgos interpuestos por la tecnología GM. Incluye el Principio de Precaución, permitiendo que los países firmantes tomen medidas precautorias para protegerse contra los daños de los cultivos y alimentos GM, incluso en el caso de falta de certidumbre científica 55.

Otro organismo internacional, el Codex Alimentarius de las Naciones Unidas, trabajó con expertos científicos durante siete años para desarrollar guías para la evaluación de alimentos y cultivos GM a nivel internacional debido a las preocupaciones sobre los riesgos que conllevan. Estas guías fueron adoptadas por la Comisión del Codex Alimentarius, del que son miembros 160 países, incluyendo aquellos que son los principales productores de cultivos GM como Estados Unidos56. El Protocolo de Cartagena y el Codex comparten un enfoque precautorio sobre los cultivos y alimentos GM en tanto que reconocen que la ingeniería genética difiere de las técnicas de reproducción convencionales y que es necesario que existan evaluaciones sobre la seguridad antes de que los OGMs sean utilizados o liberados en el medio ambiente. Estos acuerdos no hubieran sido negociados, y no se hubieran implementado procesos que elaboran cómo estas evaluaciones del riesgo han de ser aplicadas, si no hubiera un reconocimiento internacional de los riesgos que los cultivos y alimentos GM conllevan y de que nos encontramos ante un estado de conocimiento científico en construcción.

Las preocupaciones sobre los riesgos están bien fundamentadas, como ha sido demostrado por algunos estudios hechos sobre los efectos adversos de los cultivos GM. Muchos de estos han contribuido, de hecho, a la negociación o implementación de los procesos del Protocolo de Cartagena y el Codex. Apoyamos la implementación del Principio de Precaución en relación a la liberación y movimiento transfronterizo de cultivos y alimentos GM.

Conclusión

En este documento tan solo podemos resaltar algunos pocos ejemplos que sirvan para ilustrar que todos los resultados científicos en el ámbito de la seguridad de los cultivos transgénicos son matizables, complejos, a menudo contradictorios o no concluyentes y sesgados por las elecciones hechas por los investigadores, sus opiniones y fuentes de financiamiento. Estos estudios, en general, han suscitado más preguntas que respuestas. Si se debe continuar y expandir la introducción de cultivos y alimentos GM en la cadena alimentaria humana y animal, y si los riesgos identificados son aceptables o no, son decisiones que involucran consideraciones socioeconómicas más allá del limitado debate científico y de la investigación de los aspectos no resueltos sobre bioseguridad.

Estas decisiones deben involucrar a la sociedad en el sentido más amplio y deben estar respaldadas por evidencia científica sólida sobre la seguridad a largo plazo de los alimentos y cultivos GM para la salud humana, animal y el medio ambiente. Este tipo de evidencia debe de ser obtenida de forma honesta, ética, rigurosa, independiente, transparente y suficientemente diversificada para compensar los posibles sesgos. Las decisiones sobre el futuro de nuestra alimentación y agricultura no deben basarse en las declaraciones falaces y tergiversadas que afirman que existe un “consenso científico” sobre la seguridad de los OGMs.

 1 Frewin, G. (2013). The new “is GM food safe?” meme. Axis Mundi, 18 Julio. http://www.axismundionline.com/blog/the-new-is-gm-food-safe-meme/ ; Wikipedia (2013).

Genetically modified food controversies. http://en.wikipedia.org/wiki/Genetically_modified_food_controversies

2 Lynas, M. (2013). GMO pigs study –  more junk science. Marklynas.org, 12 June. http://www.marklynas.org/2013/06/gmo-pigs-study-more-junk-science/

3 Kloor, K. (2013). Greens on the run in debate over genetically modified food. Bloomberg, 7 January. http://www.bloomberg.com/news/2013-01-07/green-activist-reverses-stance-ongenetically-modified-food.html

4 White, M. (2013). The scientific debate about GM foods is over: They’re safe. Pacific Standard magazine, 24 Septiembre. http://www.psmag.com/health/scientific-debate-gm-foods-theyre-safe-66711/concluding that GM foods were as safe and nutritious as those obtained by conventional breeding were “per formed by biotechnology companies or associates, which are also responsible [for] commercializing these GM plants”

5 Domingo, J. L. and J. G. Bordonaba (2011). A literature review on the safety assessment of genetically modified plants. Environ Int 37: 734– 742.

6 Snell, C., et al. (2012). Assessment of the health impact of GM plant diets in long-term and multigenerational animal feeding trials: A literature review. Food and Chemical Toxicology 50 (3–4): 1134-1148.

7 Séralini, G. E., et al. (2011). Genetically modified crops safety assessments: Present limits and possible improvements. Environmental Sciences Europe 23(10).

8 Dona, A. and I. S. Arvanitoyannis (2009). Health risks of genetically modified foods. Crit Rev Food Sci Nutr 49(2): 164– 175.

9 Domingo, J. L. and J. G. Bordonaba (2011). Ibid.

10 Diels, J., et al. (2011). Association of financial or professional conflict of interest to research outcomes on health risks or nutritional assessment studies of genetically modified products. Food Policy 36: 197– 203.

11 Domingo, J. L. and J. G. Bordonaba (2011). Ibid.

12 Diels, J., et al. (2011). Ibid.

13 Dona, A. and I. S. Arvanitoyannis (2009). Ibid.

14 Séralini, G. E., et al. (2012). Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize. Food and Chemical Toxicology 50(11): 4221-4231.

15 Séralini, G. E., et al. (2013). Answers to critics: Why there is a long term toxicity due to NK603 Roundup-tolerant genetically modified maize and to a Roundup herbicide. Food and Chemical Toxicology 53: 461-468.

16 Carman, J. A., et al. (2013). A long-term toxicology study on pigs fed a combined genetically modified (GM) soy and GM maize diet. Journal of Organic Systems 8(1): 38– 54.

17 EU Food Policy (2012). Commission and EFSA agree need for two-year GMO feeding studies.

17 December.

18 Ministerio francés de Ecología, Desarrollo Sostenible y Energía (2013). Programme National de Recherche: Risques environnementaux et sanitaires liés aux OGM (Risk’OGM). 12 July.

http://www.developpement-durable.gouv.fr/IMG/pdf/APR__Risk_OGM_rel_pbch_pbj_rs2.pdf

19 Wikipedia (2013). Genetically modified food controversies. http://en.wikipedia.org/wiki/Genetically_modified_food_controversies

20 Masip, G. (2013). Opinion: Don’t fear GM crops, Europe! The Scientist, 28 de Mayo. http://www.thescientist.com/?articles.view/articleNo/35578/title/Opinion–Don-t-Fear-GM-Crops–Europe-/

21 Royal Society of Canada (2001). Elements of precaution: Recommendations for the regulation of Food Biotechnology in Canada; An Expert Panel Report on the Future of Food Biotechnology.

January. http://www.rsc.ca//files/publications/expert_panels/foodbiotechnology/GMreportEN.pdf

22 British Medical Association Board of Science and Education (2004). Genetically modified food and health: A second interim statement. March. http://bit.ly/19QAHSI

23 American Medical Association House of Delegates (2012). Labeling of bioengineered foods.

Council on Science and Public Health Report 2. http://www.ama-assn.org/resources/doc/csaph/a12-csaph2-

bioengineeredfoods.pdf

24 AAAS (2012). Statement by the AAAS Board of Directors on labeling of genetically modified

foods. 20 October. http://www.aaas.org/news/releases/2012/media/AAAS_GM_statement.pdf

25 Hunt, P., et al. (2012). Yes: Food labels would let consumers make informed choices. Environmental Health News. http://www.environmentalhealthnews.org/ehs/news/2012/yes-labels-on-gmfoods

26 Comisión Europea (2010). A decade of EU-funded GMO research (2001– 2010).

27 Comisión Europea (2010): 128.

28 Comisión Europea (2010): 157.

29 Tribe, D. (sin fecha disponible). 600+ published safety assessments. GMOPundit blog. http://gmopundit.blogspot.co.uk/p/450-published-safety-assessments.html

30 Brouk, M., et al. (2008). Performance of lactating dairy cows fed corn as whole plant silage and

grain produced from a genetically modified event DAS-59122-7 or a nontransgenic, near isoline control. J Anim. Sci, (Sectional Meeting Abstracts) 86(e-Suppl. 3):89 Abstract 276.

31Calsamiglia, S., et al. (2007). Effects of corn silage derived from a genetically modified variety containing two transgenes on feed intake, milk production, and composition, and the absence of detectable transgenic deoxyribonucleic acid in milk in Holstein dairy cows. J Dairy Sci 90: 4718- 4723.

32 De Vendômois, J.S., et al. (2010). A comparison of the effects of three GM corn varieties on mammalian health. Int J Biol Sci. ;5(7):706-26.

33 Ewen, S.W.B. and A. Pusztai (1999). Effect of diets containing genetically modified potatoes expressing Galanthus nivalis lectin on rat small intestine. Lancet 354:1353-1354.

34 Fares, N.H., and A. K. El-Sayed (1998). Fine structural changes in the ileum of mice fed on

delta-endotoxin-treated potatoes and transgenic potatoes. Nat Toxins. 6:219-33.

35 Kilic, A. and M. T. Akay (2008). A three generation study with genetically modified Bt corn in rats: Biochemical and histopathological investigation. Food Chem Toxicol 46(3): 1164– 1170.

36 Malatesta, M., et al. (2002). Ultrastructural morphometrical and immunocytochemical analyses of hepatocyte nuclei from mice fed on genetically modified soybean. Cell Structure and Function 27:173-180.

37 Malatesta, M., et al. (2003). Fine structural analyses of pancreatic acinar cell nuclei from mice fed on genetically modified soybean. European Journal of Histochemistry 47:385-388

38 Hammond, B., et al. (2004). Results of a 13 week safety assurance study with rats fed grain from glyphosate tolerant corn. Food Chem Toxicol 42(6): 1003-1014.

39 Hammond, B. G., et al. (2006). Results of a 90-day safety assurance study with rats fed grain from corn borer-protected corn. Food Chem Toxicol 44(7): 1092-1099.

40 Hilbeck, A., et al. (2011). Environmental risk assessment of genetically modified plants – concepts and controversies. Environmental Sciences Europe 23(13).

41 Hilbeck, A. y J. E. U. Schmidt (2006). Another view on Bt proteins –  How specific are they and what else might they do? Biopesti Int 2(1): 1– 50.

42 Székács, A. y B. Darvas (2012). Comparative aspects of Cry toxin usage in insect control.

Advanced Technologies for Managing Insect Pests. I. Ishaaya, S. R. Palli y A. R. Horowitz. Dordrecht, Países Bajos, Springer: 195– 230.

43 Marvier, M., et al. (2007). A meta-analysis of effects of Bt cotton and maize on nontarget invertebrates. Science 316(5830): 1475-1477.

44 Lang, A. y E. Vojtech (2006). The effects of pollen consumption of transgenic Bt maize on the common swallowtail, Papilio machaon  L. (Lepidoptera, Papilionidae). Basic and Applied Ecology 7: 296– 306.

45 Gassmann, A. J., et al. (2011). Field-evolved resistance to Bt maize by Western corn rootworm. PLoS ONE 6(7): e22629.

46 Zhao, J. H., et al. (2010). Benefits of Bt cotton counterbalanced by secondary pests? Perceptions of ecological change in China. Environ Monit Assess 173(1-4): 985-994.

47 Lu, Y., et al. (2010). Mirid bug outbreaks in multiple crops correlated with wide-scale adoption of Bt cotton in China. Science 328(5982): 1151-1154.

48 Benbrook, C. (2012). Impacts of genetically engineered crops on pesticide use in the US –  The first sixteen years. Environmental Sciences Europe 24(24).

49Heinemann, J. A., et al. (2013). Sustainability and innovation in staple crop production in the US Midwest. International Journal of Agricultural Sustainability: 1– 18.

50 Powles, S. B. (2008). Evolved glyphosate-resistant weeds around the world: Lessons to be learnt. Pest Manag Sci 64: 360– 365.

51 Székács, A. and B. Darvas (2012). Forty years with glyphosate. Herbicides – Properties,  Synthesis and Control of Weeds. M. N. Hasaneen, InTech.

52 Benedetti, D., et al. (2013). Genetic damage in soybean workers exposed to pesticides: evaluation with the comet and buccal micronucleus cytome assays. Mutat Res 752(1-2): 28-33.

53 López, S. L., et al. (2012). Pesticides used in South American GMO-based agriculture: A review of their effects on humans and animal models. Advances in Molecular Toxicology. J. C. Fishbein and J. M. Heilman. New York, Elsevier. 6: 41– 75. 54 Kvakkestad, V., et al. (2007). Scientists perspectives on the deliberate release of GM crops. Environmental Values 16(1): 79– 104.

55 Secretariado de la Convención de Diversidad Biológica (2000). Protocolo de Cartagena de Bioseguridad de la Convención de Diversidad Biológica. http://bch.cbd.int/protocol/text/

56 Codex Alimentarius (2009). Foods derived from modern biotechnology. 2d ed. World Health Organization/Food and Agriculture Organization of the United Nations. ftp://ftp.fao.org/an codex/Publications/Booklets/Biotech/Biotech_2009e.pdf

http://www.ensser.org/increasing-public-information/no-scientific-consensus-on-gmo-safety/

Red por una América Latina Libre de Transgénicos frente a casi 20 años de cultivos transgénicos.

A casi dos décadas de la introducción de transgénicos en el ambiente, América Latina se ha convertido en maquila de las transnacionales que producen granos para animales de otras transnacionales, contaminando el ambiente y la biodiversidad. Pero sigue siendo un espacio de biodiversidad donde florece la vida y las comunidades campesinas.

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A 17 años de haberse liberado los cultivos transgénicos en el ambiente, 30 organizaciones de América Latina de 12 países de la región, convocadas por la Red por una América Latina Libre de Transgénicos en la ciudad de Bogotá, Colombia, del 23 al 27 de mayo del 2013, analizamos el panorama de nuestro continente, y hacemos pública nuestra preocupación por los graves impactos que estos cultivos tienen en la región.

Rechazamos tajantemente la liberación comercial masiva de maíz transgénico que quiere hacer la industria en más de tres millones de hectáreas en México, un hecho sin precedente en la historia de la agricultura, pues sería la primera vez que ocurriera una devastación de tal magnitud en uno de los centros de origen y para un cultivo que alimenta a la humanidad en su conjunto.

A lo largo de este periodo, los cultivos transgénicos han sembrado desolación y muerte en América Latina, donde han alcanzado altos niveles de expansión, ocupando el segundo lugar en área cultivada con transgénicos en el mundo.

Las empresas productoras de semillas, agrotóxicos y comercializadoras de alimentos transgénicos, junto con las élites locales y en complicidad con los gobiernos en turno, han convertido a América Latina en maquila de los cultivos transgénicos del mundo.

No existen cultivos transgénicos sin plaguicidas. A pesar de que los promotores de los cultivos transgénicos dijeron que éstos iban a disminuir el uso de plaguicidas, la realidad es lo opuesto. Ha habido un aumento exponencial en el uso de agrotóxicos en los países que han adoptado esta tecnología, y su aplicación está relacionada especialmente con los cultivos resistentes a herbicidas, lo que significa el sometimiento de la población a una condición sanitaria cercana al genocidio. En el Cono Sur, la soja [soya] resistente a glifosato cubre un área de 475 mil 700 km2; toda esta área es fumigada con un cóctel de agrotóxicos que incluye el glifosato, afectando a cerca 10 millones de personas que viven en la zona de influencia de las fumigaciones asociadas a los cultivos transgénicos.

Brasil ocupa el primer lugar a nivel mundial en el consumo de agrotóxicos desde 2010, siendo el principal productor de soja resistente a glifosato en la región.

Esta avalancha tóxica ha provocado un aumento exponencial de enfermedades relacionadas con plaguicidas, como malformaciones genéticas, incremento de leucemia, linfomas, enfermedades autoinmunes, y daños irreparables en los ecosistemas.

Estos problemas se agudizarían con la adopción de nuevos transgénicos resistentes a herbicidas más fuertes como son el 2,4D y Dicamba, el glufosinato de amonio, que ya han sido aprobados o están en proceso de aprobación en nuestros países, por lo que repudiamos cualquier intento de liberarlos al ambiente.

A esto se suma la contaminación genética de la agrobiodiversidad y la destrucción de ecosistemas naturales, que son la base de sustento de las comunidades locales.

Los problemas generados por los transgénicos derivan en violaciones a los derechos humanos. Los impactos descritos son tan graves, que ya no son problemas que puedan resolverse a través de técnicas como la evaluación y manejo de riesgo. Se han convertido en causal de violación a los derechos humanos de poblaciones enteras, por lo que su discusión debe salir de convenios internacionales —como el Protocolo de Cartagena que se limita a ver los impactos de la modificación genética en la biodiversidad— para tratarse por los organismos de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos.

Los cultivos transgénicos no nos alimentan. Las vastas zonas dedicadas a la siembra de cultivos transgénicos en América Latina, antes dedicadas a satisfacer el derecho humano a la alimentación, hoy son territorios donde se produce soja y maíz transgénico para forraje, destinados a la cría intensiva y confinada de animales, que en la mayoría de casos son criados en otros continentes, privando a la población nativa del acceso a alimentos sanos y culturalmente adecuados. En los países donde se cultivan soja y maíz transgénico los animales son criados en condiciones sanitarias muy pobres y de gran violencia, lo que repercute en la calidad de la carne, lo que conlleva enormes impactos en los patrones de alimentación y en la salud humana y de los animales. Los transgénicos son un negocio de transnacionales para transnacionales, no para consumidores ni para agricultores. Los transgénicos son comida para comederos, no de comedores; e incluso han desplazado la cría tradicional de animales en países donde esto era costumbre, empeorando la salud, el ambiente y las economías de pequeños criadores.

Las nuevas leyes de semillas son un impulso a la expansión de los transgénicos y una amenaza a las semillas nativas. En la región se están impulsando nuevas leyes de semillas, donde se plantea la penalización de la circulación de las semillas nativas que son la base de la agricultura campesina y familiar. Esto es una clara violación a los derechos de los agricultores, claramente reconocidos en el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura. Estas leyes además buscan reforzar el control de mercado por parte de las empresas de semillas transnacionales, y la adopción de las semillas transgénicas en nuestros campos, poniendo en peligro los recursos fitogenéticos de la región.

Las organizaciones reunidas en Bogotá queremos llamar la atención sobre las siguientes problemáticas específicas en América Latina:

Paraguay. Repudiamos el golpe de Estado parlamentario ocurrido el 22 de junio de 2012, dado al presidente Fernando Lugo, electo el 20 de abril de 2008 en elecciones democráticas para el periodo 2008-2013. Consideramos, que dicho golpe estuvo muy relacionado con la expansión de los agronegocios y la liberación ilegal de nuevos cultivos genéticamente modificados por ejemplo: 2 eventos de Algodón transgénico, un evento de soja transgénica y 4 eventos de maíz transgénico.

Nos preocupa además el fuerte proceso de extranjerización de la tierra y la expulsión de comunidades campesinas e indígenas y la violación de las leyes ambientales vigentes en ese país, para dar paso a la expansión de los cultivos transgénicos, como por ejemplo la soja RR que desde la década de los 90 viene causando graves conflictos socioambientales violando derechos fundamentales.

Hacemos un llamado al Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas para que inicie una investigación sobre los atropellos a los derechos humanos suscitados en Paraguay relacionados con la expansión de los agronegocios; la persecución y criminalización que sufren los/as líderes defensores de la naturaleza, y convocamos a la sociedad internacional para que esté vigilante de los acontecimientos en este país.

México. Apoyamos y nos solidarizamos con el proceso del Tribunal Permanente de los Pueblos capítulo México, y estaremos especialmente atentos a las sesiones de la audiencia temática “Violencia contra el maíz, la soberanía alimentaria y los derechos de los pueblos”, donde se está presentado una gran cantidad de casos y testimonios de pueblos, científicos y activistas sobre la contaminación transgénica y otras violaciones ejercidas por las transnacionales, con apoyo oficial, contra el maíz y los pueblos del maíz.

Nos adherimos a la demanda de las y los ciudadanos mexicanos de evitar la siembra comercial y experimental de organismos genéticamente modificados en especial del maíz transgénico, siendo México uno de los países centros de origen del maíz.

Respaldamos los argumentos y elementos de peso científico, socioeconómico, cultural y daño irreversible de los transgénicos, que expone en la red, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) y otras organizaciones científicas y sociales, sumándonos a la petición para que no se autorice la siembra comercial de maíz transgénico en México y se declare una moratoria indispensable en este cultivo. Apoyamos también que se retiren las autorizaciones de siembra comercial de soya transgénica en Yucatán, ante el impacto negativo para los miles de apicultores que sufren afectación por la limitación de venta de miel a la Comunidad Europea, por contaminación transgénica.

Argentina. Rechazamos el avance de la frontera agrícola en el Norte del país, lo que ha conllevado a un agresivo proceso de desplazamiento y criminalización de poblaciones originarias que debe parar.

Rechazamos la aprobación y liberación de nuevos eventos transgénicos que incorporan genes de resistencia a nuevos herbicidas apilados, así como nuevas toxinas Bt. Apoyamos la petición de las organizaciones ambientalistas, grupos auto-convocados de vecinos afectados por los agrotóxicos y movimientos sociales argentinos para que con urgencia se implementen zonas de resguardo libres de fumigaciones de mil metros como mínimo, alrededor de pueblos, escuelas rurales y humedales; se prohíban las fumigaciones aéreas, y se implementen estudios epidemiológicos y biológicos para determinar el impacto en la salud humana y ambiental, por el uso masivo de agroquímicos; que con base a los resultados encontrados, se inicie un proceso de restauración integral de las víctimas.

Repudiamos el acuerdo hecho por la presidenta argentina con Monsanto para instaurar nueva infraestructura en el país, como la planta de acondicionamiento de semillas planificada en la Localidad Malvinas Argentinas-Córdoba, y otras.

Honduras. Tenemos conocimiento de la campaña “sembremos país con más maíz”, para sembrar 100 mil hectáreas de maíz transgénico el año 2020, impulsada por Monsanto Agrícola de Honduras, Bayer, Fenorza y el gobierno central, con la que se pretende afianzar el posicionamiento de la semilla transgénica en territorio hondureño, y extender un paquete tecnológico que incluye agrotóxicos, que impulsa una agricultura sin agricultores, sin importar los graves impactos que este tipo de agricultura ocasiona a la salud y el ambiente y que aumentará la inseguridad alimentaria del pueblo hondureño, por lo que pedimos al gobierno de Honduras parar tan nefasta iniciativa, y que se ponga un alto definitivo a los transgénicos en Honduras.

Queremos cuestionar además el rol que juega La Escuela Agrícola Panamericana, más conocida como El Zamorano, que sirve de punta de lanza para la promoción de los transgénicos en las regiones tropicales de América Latina. En su sede se forman técnicos y se desarrollan las tecnologías que están al servicio del agronegocio.

Costa Rica. Apoyamos a las organizaciones sociales de Costa Rica quienes han optado por un modelo de desarrollo agrícola libre de transgénicos y propiedad intelectual y basado en la agroecología y las semillas ancestrales y criollas; y a todos los 57 cantones (de 81) que se han declarado libres de transgénicos. Rechazamos el intento de empresas transnacionales por sembrar maíz transgénico en ese país, y apoyamos el llamado a moratoria de 30 años a la liberación de cultivos transgénicos y demás cultivos manipulados con técnicas de la ingeniería genética en el territorio nacional, pedida por las organizaciones sociales.

Panamá. Nos preocupa que Panamá se convierte en campo de experimentación de nuevos transgénico, lo que se está haciendo a espaldas de la sociedad. En Panamá se encuentra la planta para producir mosquitos transgénicos de la empresa Oxitec que opera en las instalaciones del Instituto Georgas.

En ese país también se planea criar el salmón transgénico desarrollado por la AquaBounty Technologies, y sería el primer animal transgénico que entraría en nuestra alimentación. El salmón GM sería producido en la Isla Prince Edward, Canadá, y los huevos serían enviados a tierras altas de Panamá, donde se haría también el procesamiento del animal. Este pez transgénico tiene genes que expresan una hormona de crecimiento que sólo se activa en climas cálidos, por eso se escogió a Panamá para su cría.

Colombia. Luego de diez años de ser liberado comercialmente el algodón transgénico de Monsanto, los algodoneros han fracasado usando esta tecnología y han tenido millonarias pérdidas. Y aunque la mayoría de los agricultores ya no quieren saber de esta tecnología, Monsanto ha retirado del mercado las semillas de algodón no transgénicas. Desde 2007 se han liberado comercialmente diez eventos de maíz transgénico, lo que es muy crítico, puesto que por ser Colombia un centro de diversidad de maíz, los maíces transgénicos generan un enorme impacto sobre la diversidad de maíces criollos, los sistemas productivos locales y la soberanía alimentaria en el país. Apoyamos las iniciativas de la sociedad civil colombiana que busca que se prohíban los cultivos aprobados y que se declare el país libre de transgénicos.

Ecuador. Saludamos al pueblo ecuatoriano por haber incorporado en su Constitución una prohibición expresa a los cultivos y semillas transgénicas, por el reconocimiento de los derechos de la naturaleza y el buen vivir como el camino que debe relacionar a la sociedad con su medio. Nos preocupa sin embargo que en un futuro próximo se intente de cambiar la Constitución, para que el país deje de ser libre de cultivos y semillas transgénicas. Los estudios hechos dan cuenta de la rica agrobiodiversidad existente, que no está contaminada genéticamente, por lo que el Ecuador mantiene su condición de país libre de transgénicos. Exhortamos a la Asamblea Nacional que mantenga al Ecuador libre de Transgénicos.

Perú. Recibimos con beneplácito la moratoria decretada en Perú a los transgénicos en ese país, y hacemos votos porque esa moratoria se convierta en una prohibición definitiva, que permita potenciar la rica agrobiodiversidad peruana. La moratoria es el resultado del trabajo desplegado por una amplia alianza que incluye al campesinado, a consumidores y al sector de la gastronomía conscientes de la necesidad de proteger su patrimonio genético y su biodiversidad.

Bolivia. La situación no deja de ser preocupante. Si bien la Constitución Política del Estado establece el principio prohibitorio de transgénicos, y la Ley Marco de la Madre Tierra la eliminación paulatina de la soya transgénica (así como la prohibición tajante a los transgénicos de cultivos de los cuales el país sea centro de origen y centro de diversidad, como es el caso del maíz, de la papa, ajíes, maní), las corporaciones del agronegocio se jactan del crecimiento sostenido (que llegaría al 99% de la soya cultivada) desde que en 2005 se aprobó el primer evento resistente al glifosato. El control de la cadena productiva de la soya está en manos de empresas extranjeras —66 % principalmente menonitas, brasileños y japoneses— que amplían la frontera agrícola a un ritmo de desmonte y deforestación de 60 mil hectáreas anuales.

Uruguay. Hacemos un llamado para que se frene el acaparamiento, extranjerización y especulación de la tierra en Uruguay, proceso que viene acompañado con la expansión del monocultivo de árboles y soja transgénica, y que se haga un estudio para revertir este fenómeno. Rechazamos las investigaciones con animales transgénicos como ovejas en Uruguay.

Brasil. Los brasileños analizan los 10 años de la legalización de los cultivos transgénicos en Brasil, con 36 eventos transgénicos aprobados, millones de hectáreas cubiertas con soja, maíz y algodón transgénico, con varios otros cultivos en la lista de aprobación y ostentando el dudoso honor de ser primer consumidor de plaguicidas en el mundo.

Nos preocupa la aprobación del fréjol modificado genéticamente, desarrollado por Embrapa usando una técnica que modifica el ARN, para que sea resistente a un virus, porque este tipo de modificación genética nunca ha sido liberada de manera masiva al ambiente, y mucho menos para el consumo humano directo. Apoyamos la petición de las organizaciones brasileñas que demandan acceso a toda la información científica relacionada con la modificación genética de este fréjol, incluyendo sus impactos potenciales en la salud y el ambiente.

Creemos que el hambre tiene causas estructurales, y que Embrapa podría destinar sus esfuerzos de investigación a potenciar la agroecología y la agricultura familiar para la soberanía alimentaria, que sea respetuosa con el medio ambiente y tener en cuenta el sector social.

Apoyamos la petición de las organizaciones brasileñas, que demandan que se implemente un proceso de monitoreo y vigilancia post-liberación de los cultivos transgénicos, cuyos resultados sean disponibles para la sociedad civil organizada.

Nos oponemos rotundamente al uso de tecnologías “Terminator”, que vuelven estériles las semillas, para lograr que los agricultores se vuelvan esclavos de las empresas. Denunciamos los intentos de romper la moratoria internacional sobre Terminator, iniciados a partir de propuestas para legalizar dicha tecnología en el Congreso de Brasil.

Chile. En la división internacional del trabajo, Chile es la maquiladora de semillas transgénicas para Monsanto y las transnacionales agroquímicas, negocio que además de servir sólo a sus intereses, pone en riesgo a las semillas orgánicas y convencionales, como ya se demostró en Alemania, con la detección de maíz convencional contaminado por transgénicos procedente de Chile, así como la miel.

En la división internacional del trabajo, Chile es la maquiladora de semillas transgénicas para Monsanto y las transnacionales agroquímicas, negocio que además de servir sólo a sus intereses, pone en riesgo a las semillas orgánicas y convencionales, como ya se ha demostrado en Alemania, con la detección de maíz convencional contaminado por transgénicos procedente de Chile. Apoyamos las luchas campesinas, ambientales y sociales en curso, que buscan impedir el avance del proyecto de Ley de Obtentores Vegetales, para detener el despojo del patrimonio genético de Chile y de sus pueblos campesinos e indígenas y evitar la expansión de los cultivos transgénicos al mercado interno.

Venezuela. Saludamos los esfuerzos que se están llevando a cabo en la Asamblea Nacional de Venezuela que busca garantizar la soberanía alimentaria e impedir el uso de transgénicos en el país.

A pesar de todos estos problemas, en nuestro continente pervive una rica cultura campesina que es la que alimenta al 70% de la población. En sus territorios se conserva la más rica agrobiodiversidad del planeta que está en continuo proceso de renovación. Aquí se extienden los más grandes territorios cubiertos con bosques tropicales, así como de otros importantes ecosistemas.

Por una América Latina Libre de Transgénicos y la revitalización de la agricultura campesina y familiar

http://www.rallt.org

From Food Security to Food Sovereignty.

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It’s an exciting time for the good food movement. Sometimes it can feel as though the efforts to make agriculture more sustainable are the most visible and active component of the broader environmental movement. This shouldn’t be surprising. Our relationship to food is visceral, emotional, and continues daily.

If you’ve seen Food, Inc. or read any Eric SchlosserMichael Pollan, or Rachel Carson, you know that the sustainable food movement is trying to address the social and environmental problems created by an industrial farming system in which convenience  and profit trump everything else.

The responses to industrial farming have included critiques like Silent Spring, the back-to-the-land and organic farming sparks of the late 1960s, the family farm movement that resisted bankruptcy and corporate consolidation in the 1980s, and now the urban farming movement that has burgeoned in the past 10 years.

Many elements of the sustainable food movement have been organized by (or for) the two most obvious sectors of the food system: Eaters and producers. In parts of the world where populations are still largely agrarian, eaters and producers are often the same people, but here in the United States (where the farming population hovers around one percent) consumers have been the dominant focus of food policy, at least for the past 40 years.

In the global North, much of the past 20 years of activism has framed the concept of “food security” as the right of all people to have enough food to avoid hunger and malnutrition. A new effort underway to deepen food activism focuses on a more radical idea: The concept of food sovereignty. The global food sovereignty movement is making the case that reform of the food system will be insufficient if it does not democratize and make more transparent the means of food production. We’ll never be able to resolve the environmental and social abuses of industrial agriculture without changing who controls the food system.

As Katherine Zavala, program manager of grassroots alliances at International Development Exchange (IDEX), a San Francisco-based organization that supports food justice in the Global South, explains it: “Food security might focus on hunger as a human rights issue, but it fails to consider many other facets of food like the ways it is produced, the social relationships it relies on, or the cultural importance it holds to communities.”

Having enough to eat is important, certainly, but what about the quality of that food? What about the way that people are treated in the process of producing that food? What about the cultural traditions of food that are left aside in a purely calorie-counting concept of “food security”? Zavala says that perhaps the biggest inadequacy of the food security concept is that it fails to address “who decides what the food system is. It doesn’t address who is driving or controlling the global food system or the lack of decision-making power among people to decide what food system they want.”

These deeper questions illustrate why the term “food sovereignty”–pioneered by the international peasant alliance La Via Campesina–is increasingly being adopted food movement activists across the globe. Ashoka Finley, who works for the Richmond, California urban farming organization Urban Tilth and has been closely involved in the Occupy the Farm effort at the University of California’s Gill Tract, considers himself a food sovereignty activist.

He says: “Food sovereignty, like food security, is about rights. But because food sovereignty as a concept argues that food systems are determined by political and economic conditions, it’s about the rights we as eaters, citizens, and communities should have to take part in effecting those conditions. It is also about how we can use food-based activism to transform the political and economic system we live in.”

That “taking part” is what distinguishes food security from food sovereignty, and what makes food sovereignty such a compelling and important idea. Yes, of course, providing food for people in need is essential, but a soup kitchen a food bank or a Supplemental Nutrition Assistance Program (SNAP) card is not enough to create food sovereignty. Even planting gardens in urban areas (full disclosure: my area of employment!) doesn’t amount to food sovereignty.

Direct action approaches like Occupy the Farm may not be enough, because, Zavala reminds us, “Those that are in positions of government and economic power are restricting these alternative food system models. They’re not thinking about feeding people; they’re mostly thinking about the bottom line. And if we all created our own food systems, how would they profit?”

The entrenched corporate opposition to food systems change has pushed food sovereignty activists beyond the direct action approach to address the institutions of power. After a long period of focusing effort outside the political system, activists are now looking to the government for change. In the mid-2000s, for example, the federal Farm Bill finally became a top priority for many sustainable agriculture advocates. Long after the law was the main target of efforts to ensure food security (through SNAP). But, it has remained close to impossible to use the Farm Bill as a tool to promote food sovereignty.

“The current political climate is an extreme difficult one, the legislative process is complex, and that process can often be quite corrupt, as we have seen numerous times,” Finley says. “However, if we want food sovereignty, we can’t shy away from tough political battles, because there are certain political issues that underpin or undermine food sovereignty, like land ownership or agribusiness subsidies.”

Recent lobbying over the Farm Bill provides a clear example of the complexity and difficulty transitioning from a food security movement to a food sovereignty movement. Food security activists (often representing low income urban constituents) have been pitted against farm sustainability activists (more often rural-minded) over the funding that the bill controls. In an era of austerity, this can lead to Sophie’s-choice like dilemmas: Either cut food stamp funding or cut programs that provide support to farmers transitioning to organic methods of production.

Luckily, there’s an alternative to this false choice. That choice is to develop democratic spaces at the local and state level to craft collaborative solutions that benefit both consumers and producers. Across the country, Food Policy Councils(FPCs) are bringing together diverse constituencies to determine how local policy can be leveraged to achieve positive food system change. These local groups identify problems as a community and then seek to solve them through a process of consensus-building and pressuring local governments. Food Policy Councils have worked on things like institutional food procurement, the use of urban open space for agriculture, nutrition education and funding for food banks. More recently, FPCs are scaling up, coming together to affect policy on the state and federal levels.

The food movement’s shift from security to sovereignty can be instructive for the broader movements for environmental sanity and democratic governance. By asking the simple question, “Who’s in charge here?” food sovereignty elevates the importance that power has in our food systems. The concept expands our critical capacity beyond consumer choice to consider that we are all “co-producers” of the food system. “Sovereignty” is a frame that can be used to think about process in relation to natural resources, not just outcomes, and it can help encourage solidarity and cohesion amongst myriad movements and sectors within the food movement and outside of it.

Social movements focused on sovereignty can help build a more democratic and accountable political system. This, in turn, would allow for a more sustainable approach to natural resources, and a more egalitarian economic system. By talking “sovereignty” from the start, change-makers can pursue a mutual end goal from any number of individual struggles. When Paul Hawken described “the largest movement on Earth” in his book Blessed Unrest, he was clear that the millions of individual and NGO efforts to help were a movement, but just didn’t act like one.

Sovereignty, whether of food or fiber or healthcare, may the concept needed for these many struggles to become the movement that it could be.

San Francisco native Antonio Roman-Alcalá has been irrationally dedicated to urban sustainability since he decided that there wasn’t enough “land” for all dropouts to go “back to”. Since graduating from UC Berkeley, Antonio has been pursuing a life of meaningful enjoyment: teaching farming and permaculture at Alemany Farm and Texas Street Farm; playing drums and guitar in the band Future Twin; writing about the sustainable food movement as a perpetually critical insider; sharing his film In Search of Good Food; organizing the urban farm movement via the San Francisco Urban Agriculture Alliance, and writing an ambitious treatise on human nature, environmental sustainability, and social transformation.

http://www.grassrootsonline.org/news/articles/food-security-food-sovereignty

Abril 17. Día mundial de la lucha campesina.

VIA CAMPESINA 2

Nueva revolución tecnológica con campesinos y sin transgénicos.

 

Víctor Suárez Director ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC) victor.suarez@anec.org.mx

La dependencia alimentaria de nuestro país es insoportable. Ahora, todos o casi todos coinciden en ello, excepto Estados Unidos (EU) y las corporaciones agroindustriales. Las importaciones agroalimentarias pasaron de 24 a 46 por ciento en la cobertura de la demanda nacional en las dos décadas recientes, como resultado ineludible de la era del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y de la soberanía de los mercados, misma que nos ha sido impuesta desde 1982.

De continuar así, y de acuerdo con estimaciones del Departamento de Agricultura de EU, hacia el 2030 México importaría el 80 por ciento de sus alimentos, comprometiendo de forma irreversible los derechos de campesinos, comunidades rurales y pueblos indios; la seguridad alimentaria del país, el derecho a la alimentación de la población; la cohesión social; la estabilidad política, e incluso la soberanía nacional y la integridad territorial.

Para documentar nuestro optimismo, algunas cifras: a) En 1991, antes del TLCAN, importamos 1.5 millones de toneladas de maíz con valor de 180 millones de dólares; en 2011 fueron 9.5 millones de toneladas por tres mil millones de dólares. b) Entre 1991 y 2011 se importaron 111 millones de toneladas de maíz con valor de 18 mil 460 millones de dólares, siendo que el país puede producir todo el maíz que consume. c) En ese periodo, las importaciones de granos y oleaginosas (maíz, frijol, trigo, sorgo, arroz, cebada y soya) ascendieron a 316 millones de toneladas con valor de 64 mil 484 millones de dólares. d) En 1991, las importaciones de arroz cubrían 25 por ciento del consumo nacional; dos décadas después, este porcentaje subió a 85. e) En 17 de 18 años del TLCAN, el saldo de la balanza comercial agroalimentaria ha sido negativo. f) De 1991 a 2011, el PIB agropecuario, silvícola y pesquero ha “crecido” a una tasa promedio anual del 1.8 por ciento, pero si se descuenta el crecimiento poblacional, el sector ha permanecido estancado. No así el tamaño, las utilidades y el poder económico y político de las corporaciones agroalimentarias multinacionales.

Y lo peor está por venir, de continuar el modelo fracasado de dependencia alimentaria. En el lustro reciente se ha consolidado un nuevo paradigma en los mercados agrícolas internacionales caracterizado por una nueva era de precios altos y volatilidad sin precedentes, en que la única certidumbre es la incertidumbre. Esto pulveriza las ilusiones de importaciones agroalimentarias a bajo precio y coloca a los países dependientes en situación de extrema vulnerabilidad alimentaria, social, económica y política.

El nuevo paradigma supone el tránsito de una agricultura para la producción de alimentos de consumo humano directo a una agricultura para forrajes y de ésta a una para la producción de combustibles (food cropsfeed cropsfuel crops).

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Este cambio ha sido impulsado por dos nuevos fenómenos denominados la energetización y la financiarización de la agricultura. Esto es, la formación de los precios ya no se determina por los “fundamentales” del mercado agrícola (oferta, demanda, reservas), sino por factores extrasectoriales.

La escasez internacional de alimentos provocada por este nuevo paradigma impulsa tendencialmente los precios al alza e imprime una enorme volatilidad en los mercados sin precedentes. Si a este hecho agregamos los impactos negativos en la producción, reservas y disponibilidad de alimentos producidos por el cambio climático planetario, la especulación internacional, la inestabilidad económica global, el creciente poder de las corporaciones en los mercados y la exacerbación de las luchas entre los países por la hegemonía y el control de los recursos, queda claro que es urgente el cambio en México y a escala internacional del modelo de dependencia alimentaria y de soberanía de las corporaciones que controlan los mercados.

La urgencia de la autosuficiencia alimentaria. Después de tres décadas de neoliberalismo en la agricultura mexicana, de la insoportable dependencia y del reconocimiento de los enormes riesgos y costos de continuar dicho modelo fracasado, hoy todo mundo –o casi– afirma y sostiene en México y en el mundo la necesidad de que los países transiten hacia la autosuficiencia alimentaria.

El debate ahora es ¿cuál es la vía para la autosuficiencia alimentaria en México? Veamos dos vías principales: a) la vía de las falsas y peligrosas soluciones promovidas por aquellos que sostienen la idea de una “nueva revolución verde con transgénicos en la agricultura comercial” asociada a una “nueva revolución verde para los pobres: el MasAgro”; o b) la vía de las soluciones verdaderas, lo que nosotros llamamos un nueva revolución tecnológica en la agricultura, con campesinos, sintransgénicos y con base en la síntesis de la sabiduría campesina y los conocimientos científicos y avances tecnológicos de punta.

He aquí un análisis de las dos vías:

“Nueva revolución verde con transgénicos”. Las trasnacionales de la biotecnología y sus voceros en México –Agrobio, Consejo Nacional Agropecuario (CNA), Confederación Nacional Campesina (CNC) y Confederación Nacional de Productores de Maíz (CNPAM)– plantean que la semillas transgénicas son una solución milagrosa al problema de la autosuficiencia alimentaria; ofrecen aumento de rendimientos, menor uso de agroquímicos, más rentabilidad, además que, dicen, los organismos genéticamente transformados (OGTs) “producen más proteínas y almidones; son resistentes a la sequía, a los calores extremos, a las heladas, a la ausencia de suelo y trabajo (…)”.

En realidad, la agricultura transgénica es una versión revisitada del modelo de revolución verde de la segunda mitad del siglo pasado. Una obsoleta y ahora más peligrosa agricultura de insumos. Insumos milagrosos, en manos extranjeras, monopólicas, que dañan suelo, agua, aire, alimentos y trabajadores agrícolas, y que reclaman insaciablemente agua, energía fósil, herbicidas químicos, subsidios públicos y pago de regalías.

Además del peligro que representan para la diversidad de los maíces nativos del país y para la salud humana y animal, y que su siembra comercial representaría una violación a convenios internacionales y leyes mexicanas, los transgénicos son absolutamente innecesarios y obsoletos en materia de incremento de la productividad y reducción de agroquímicos. Como muestra de ello, los productores de maíz de Sinaloa con híbridos convencionales tienen rendimientos promedio (12-15 y hasta 18 toneladas por hectárea) muy superiores a los transgénicos en EU (10-11).

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Los transgénicos incrementan exponencialmente el uso de herbicidas químicos de alto poder residual, los cuales, junto con los biocidas incorporados a las semillas modificadas genéticamente, están provocando el surgimiento de super plagassuper malezas que tienen que ser removidas mecánica e incluso manualmente.

Por otro lado, la agricultura transgénica como la revolución verde, estaría orientada a una exigua minoría de agricultores de riego, profundizando las desigualdades entre regiones y tipos de productores, al mismo tiempo que se agravaría la dependencia del país y de los agricultores respecto al exterior y a los monopolios. Como se observa, esta vía es una falsa solución.

“Nueva revolución verde para los pobres: el MasAgro”. La Secretaría de Agricultura (Sagarpa) presentó en 2011 el MasAgro como “solución” al problema de la productividad agrícola en las pequeñas unidades de temporal. En esta pretensión tardía y sumamente limitada, el gobierno dio la espalda a los centros públicos de investigación y universidades mexicanos, escogiendo al Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) para ofrecer la solución mexicana no solamente a la crisis alimentaria de nuestro país sino del planeta entero. Lo hizo también como parte del reconocimiento oficial e internacional de que el “milagro transgénico” no tiene que ofrecer nada –ni siquiera propagandísticamente– a los minifundistas temporaleros.

Por un lado, el MasAgro se rindió ante la evidencia y reconocIó por primera vez en más de tres décadas la importancia productiva del sector mayoritario de las pequeñas y medianas unidades de producción agrícola de temporal para resolver la crisis alimentaria en México.

Por otro lado, el MasAgro cuenta con un presupuesto muy modesto (138 millones de dólares en diez años), lo mismo que sus metas (incrementar la producción de cinco a diez millones de toneladas hacia el año 2020. La estrategia MasAgro es promover la productividad agrícola de los minifundistas temporaleros con base en semilla mejoradas, prácticas agrícolas de conservación (labranza cero), siembras de precisión y uso de paquetes de agroquímicos tradicionales. Lo anterior, mediante la capacitación y asistencia técnica tradicional: transferir a productores individuales “progresistas” unpaquete tecnológico diseñado y decidido por el CIMMYT y las empresas de maquinaria e insumos.

Si bien es loable la intención del MasAgro, su estrategia es la de la vieja revolución verde aplicada medio siglo después en el campo temporalero: se trata de nueva cuenta de una obsoleta agricultura de insumos y paquetes tecnológicos con un extensionismo tradicional y un agravante: al exigir maquinaria agrícola para la labranza, sólo tiene cierta perspectiva en suelos planos o con pendiente leve; no tiene opciones para la agricultura de laderas. En esta condición, la alternativa de los sistemas milpa y Maíz Intercalado con Frutales (Miaf) ofrecen mejores soluciones. Es entonces MasAgro otra falsa solución.

El camino verdadero hacia la autosuficiencia:nueva revolución tecnológica con campesinos y sin transgénicos. Se requiere un cambio paradigmático de modelo de agricultura en el marco de la construcción de un nuevo sistema agroalimentario y nutricional y una nueva política de Estado de largo plazo con base en los principios de la soberanía alimentaria, sustentabilidad, solidaridad con las generaciones venideras y el respeto pleno a los derechos económicos, sociales y culturales de toda la población, incluyendo los derechos individuales y colectivos de los campesinos y pueblos indios. Es preciso pasar de “una agricultura de insumos a una agricultura de conocimientos y procesos” con base en la pequeña y mediana unidad de producción rural. Se trata de una verdadera revolución tecnológica y social como la única vía para alcanzar la autosuficiencia alimentaria y una vida digna para los campesinos y las comunidades rurales del país.

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La nueva revolución agrícola integra y sintetiza las experiencias y los conocimientos de las siguientes corrientes: a) agricultura tradicional campesina, estudiada, visibilizada y valorizada magistralmente por Efraín Hernández, Xolocotzin; b) escuela mexicana de mejoramiento genético de plantas, con grandes aportaciones a la productividad y adaptación de cultivos alimentarios y con innumerables genetistas de talla mundial; c) la corriente de la agroecología y sus diferentes vertientes: agricultura orgánica, agricultura sustentable, agricultura diversificada, y que tiene en Víctor Manuel Toledo, Miguel Altieri, Jairo Restrepo, Sebastián Piñeiro, Ignacio Simón, Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras (CNOC) y Gaia, exponentes sobresalientes; d) agricultura de conocimientos científicos y avances tecnológicos de punta; ciencia aplicada a la agricultura campesina con compromisos social y nacionalista, en los campos de la microbiología, edafología, fisiología vegetal, nutrición vegetal, sistemas complejos, sistemas de información geográfica, telediagnóstico, resonancia magnética, etcétera. Entre los representantes sobresalientes de esta corriente se encuentran los doctores Juan José Valdespino, Sergio Ramírez, Gerardo Noriega, Edgar Quero y el grupo CYCASA; y e) Modelo ANEC de organización, productividad sustentable con destino y políticas agroalimentarias alternativas; centralidad de los sujetos individuales y colectivos; gobernabilidad campesina; modelo de profesionalización campesina; integración de la sabiduría campesina con los conocimientos, para favorecer la seguridad alimentaria a corto, mediano y largo plazos, así como científicos de punta; de asistencia técnica a ras de parcela bajo control de la organización local; integración de objetivos sociales, económicos, ambientales y culturales; etcétera.

Diversas organizaciones locales y regionales de ANEC, CNOC y otras muchas dan cuenta, por medio de numerosas experiencias campesinas probadas a lo largo y ancho del país, que la nueva revolución tecnológica es una realidad y es posible, urgente y necesaria su generalización y elevación a rango de política pública de Estado.

Con la nueva revolución tecnológica es posible alcanzar múltiples resultados, entre otros: impulsar la productividad sustentable; aumentar la rentabilidad; regenerar y proteger los recursos naturales; producir alimentos sanos y nutritivos para el autoconsumo y el mercado nacional; revalorizar el trabajo campesino y los modos de vida rurales; reactivar la economía agrícola y rural; reconstruir la cohesión social a escala familiar, comunitaria y étnica; brindar oportunidades de empleo e ingreso dignos para la juventud del campo; amortiguar los impactos negativos del cambio climático, y proveer las mejores estrategias de adaptación al mismo. Y sobre todo, garantizar la autodeterminación en materia alimentaria, económica y tecnológica y la seguridad alimentaria a largo plazo del país.

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Entre los principios de la nueva revolución tecnología para alcanzar la autosuficiencia alimentaria con campesinos y sin transgénicos, se encuentran los siguientes:

1. Reconocimiento de la calidad de sujetos de derechos, sujetos productivos y portadores de conocimientos agrícolas relevantes a las y los campesinos, a las y los productores en pequeña y mediana escala, a ejidos, comunidades y pueblos indígenas. Los campesinos no deben ser considerados nunca más como “pobres” y “beneficiarios” de los programas gubernamentales ni como “aplicadores” de los “paquetes tecnológicos” impuestos por las corporaciones agroalimentarias con el apoyo de su red de distribuidores, despachos de “asistencia técnica”, fundaciones Produce, de la banca de desarrollo y de las instituciones “públicas” de investigación agrícola.

2. Reconocimiento a la organización campesina autónoma y autogestiva como sujeto colectivo de la nueva revolución tecnológica; como su motor y soporte principal de ésta. La organización campesina a nivel local (y en redes regionales, estatales y nacional) debe proveer a los productores integrantes un conjunto integral de apoyos y servicios a la producción, a la comercialización, al financiamiento, a la asistencia técnica, a la vinculación con científicos comprometidos, a la gestión de apoyos públicos, a la gobernabilidad campesina, a la rendición de cuentas, etcétera.

3. Desarrollo de sistemas de producción agrícola sustentables y diversificados con base en los conocimientos campesinos y científicos. La ciencia y la tecnología debe estar al servicio de la iniciativa campesina, de sus necesidades y las de sus comunidades, de la región y del país en su conjunto. Las instituciones públicas de investigación así como los científicos y tecnólogos deben reorientar su quehacer y establecer alianzas a largo plazo con organizaciones de productores autónomas y autogestivas con proyectos productivos integrales.

4. Los cambios y plazos de transición hacia una agricultura sustentable y diversificada, sin agroquímicos, sin transgénicos y sin dependencia de insumos externos (semillas, nutrientes del suelo y planta, plaguicidas, maquinaria y equipo, asistencia técnica, etcétera) deben ser autodeterminados por los propios campesinos.

5. La formación de los dirigentes campesinos, productores destacados, técnicos y gerentes campesinos representa el factor determinante en la nueva revolución tecnológica así como la capacitación masiva y significativa de campesinos y comunidades, a partir de las experiencias exitosas en parcelas de campesinos destacados y bajo el modelo de enseñanza-aprendizaje “de campesino a campesino” y de “campesino a científico y de científico a campesino”.

6. La nueva revolución tecnológica supone la producción local autogestiva (o en redes a nivel regional o estatal) vía la organización campesina de semillas nativas e hibridas mejoradas, humus y lixiviados, abonos verdes; harinas minerales, biofertilizantes, caldos nutritivos, ácidos orgánicos, entomopatógenos, fertilizantes foliares (sustancias húmicas, aminoácidos, hormonas de crecimiento e inductores de resistencia); análisis continuos de suelo, planta y agua; etcétera.

7. Implica una auténtica revolución de conciencias, valores y actitudes, en primer lugar de los propios productores, comunidades y organizaciones campesinas. Se requiere recuperar valores tales como la autoconfianza individual y colectiva, la cultura del trabajo y del esfuerzo individual y colectivo, la ayuda mutua y la solidaridad; la conciencia de la calidad de sujetos de derechos, de sujetos productivos y de ciudadanía, entre otros. Es imprescindible abandonar las actitudes pobristas, victimistas, peticionistas, fatalistas y pasivas. Evidentemente que también se requieren cambios radicales en los tres ordenes de gobierno, en las universidades y centros de investigación y en los científicos y técnicos en lo individual.

8. Se requiere de una nueva política de Estado de largo plazo para construir otro sistema agroalimentario y nutricional. Asimismo, es ineludible el rompimiento de la subordinación del Ejecutivo federal y el Congreso de la Unión a las trasnacionales agroalimentarias y el establecimiento de una nueva alianza con los sectores productivos del campo,

¿Será verdad que la autosuficiencia alimentaria es la nueva política de la actual administración pública federal o es solamente un recurso demagógico para encubrir la continuidad del modelo neoliberal agroalimentario? Si es verdad que se asume la necesidad urgente de la autosuficiencia alimentaria, la pregunta es si se recurrirá a falsas y peligrosas soluciones para mantener y profundizar el modelo fallido o podremos ser capaces como sociedad y Estado de abrir una vía verdadera y factible a la autosuficiencia alimentaria por medio de una nuevas revolución tecnológica con campesinos y sin transgénicos.

http://www.jornada.unam.mx/2013/02/16/cam-nueva.html

Casi la mitad de la comida producida en el mundo, en la basura.

Casi la mitad de la comida producida en el mundo, en la basura.

Un estudio recientemente publicado por el Instituto de Ingenieros Mecánicos, con sede en el Reino Unido, descubre datos escandalosos sobre el desperdicio de alimentos a nivel mundial.

                  Anualmente se producen en el planeta aproximadamente 4 mil millones de toneladas de alimentos, sin embargo, entre el 30 y 50% de la producción -es decir, aproximadamente 2 mil millones de toneladas- se pierde o desperdicia antes de su consumo.

La publicación asegura que ésta pérdida es consecuencia de diferentes factores tales como prácticas agrícolas inadecuadas o infraestructuras y sistemas de transporte de los alimentos deficientes.

De acuerdo al estudio, un factor primordial del desperdicio de alimentos es la cultura consumista occidental. Con el objetivo de satisfacer las expectativas de los clientes, frecuentemente tanto productores como los grandes almacenes desechan cosechas en buen estado y que podrían ser consumidas; se desechan porque no cumplen con los estándares impuestos por las estrategias de mercadotecnia en el mundo occidental.

                  Cálculos hechos por las Naciones Unidas indican que para el año 2075 en el planeta seremos 9500 millones de seres humanos, lo cual implica que para final de éste siglo habrán aproximadamente 3000 millones de bocas más a alimentar. Este dato, sumado al anterior sobre la cantidad de alimento desperdiciado plantea un escenario malthusiano, que postula que la población mundial sería alcanzada por el hambre, plagas y una mortalidad generalizada.

                  Por otro lado, la escandalosa cantidad de alimento desperdiciado a nivel mundial implica la pérdida de recursos finitos tales como la tierra apropiada para la agricultura, el agua y los combustibles. Analicemos brevemente la situación de cada uno de estos recursos desde la perspectiva de la producción de alimentos.

                  Se dice que actualmente se está utilizando el 50% de la superficie disponible apta para la agricultura, lo cual implica que de cara al futuro y para abastecer la necesidad de alimentación en el mundo –principalmente en los llamados países en desarrollo-, se necesitará de un aumento drástico en la superficie de cultivo. Por otro lado la tierra apta para la agricultura ha perdido su capacidad productiva desde la llamada ‘Revolución verde’, que tuvo como filosofía inundar los campos de agroquímicos y fertilizantes para aumentar los rendimientos en la producción del campo.

Existe el llamado acaparamiento de tierras, el cual consiste en que algunos gobiernos de países del norte global o corporaciones transnacionales agro alimentarias compran o alquilan terrenos agrícolas en países del sur, para producir alimentos que serán exportados a los países de origen. Esta actividad implica el uso de los recursos de los países afectados y deriva en el despojo o desplazamiento de los habitantes originales, en muchos casos comunidades de campesinos e indígenas.

Actualmente corporaciones semilleras transnacionales están invadiendo los campos de muchos países del mundo (India, Bangladesh, Costa Rica, Argentina, Bolivia, Uruguay, Honduras, Paraguay y México) con semillas transgénicas de diferentes cultivos: maíz, soya, canola, algodón. Varios de estos cultivos son resistentes a agroquímicos que matan a plantas e insectos que normalmente se encuentran en los campos agrícolas y que son considerados ‘dañinos’ para el cultivo a comerciar. Los agroquímicos terminan haciendo estéril el suelo en el que fueron esparcidos.

En cuanto al agua, el estudio comenta un dato revelador: en el último siglo, el consumo de agua dulce ha aumentado más del doble, comparando con la tasa de incremento de la población mundial.

La urbanización salvaje en muchas regiones del mundo que ha tenido lugar a partir de la década de los años 70 del siglo pasado ha requerido de un mayor suministro de agua para las ciudades en continuo crecimiento, llevando al punto del colapso a urbes tales como la ciudad de México. Paralelamente, industrias tales como la minería y la papelera entre otras, utilizan cantidades ingentes de agua. Algunas de éstas industrias liberan los residuos de sus procesos a ríos, convirtiéndolos automáticamente en agentes envenenadores de comunidades ribereñas.

Es por todos sabido que uno de los efectos del cambio climático más inmediato será una disminución del agua dulce disponible; por otro lado, se puede adivinar un aumento en la necesidad del vital líquido en el futuro; a partir de aquí se presentan un par de datos: para producir un kilogramo de carne se necesitan entre 5000 y 20000 litros de agua. El consumo de carne, principalmente en los países en desarrollo ha aumentado sustancialmente en los últimos 20 años.

En cuanto al uso de energía para la producción de alimentos, el sistema de producción occidental no podría sobrevivir sin el uso de energéticos fósiles. La cadena de uso de energéticos comienza desde la misma siembra, ya sea ésta en invernaderos o a campo abierto tecnificado para la irrigación. El sistema de almacenamiento requiere de un sistema que conserve los alimentos cosechados. Hoy comemos alimentos que han viajado hasta 5000 kilómetros desde el lugar en el que fueron producidos, lo cual requiere un gran consumo de combustibles, aparte de preservar relaciones laborales injustas y precarias entre los lugares de origen y de consumo final de insumos alimenticios.

                  El Banco Mundial y la ONU han reconocido que el precio de los alimentos ha aumentado debido a la crisis mundial y los gobiernos no prevén una disminución en los precios en el futuro.

En este tipo de declaraciones no se contempla que al día de hoy las comunidades de campesinos e indígenas siguen alimentando a la mayoría de la población del mundo. Este sistema que es antiguo, pero tan eficiente que aún continúa siendo viable está basado en la producción y consumo locales de productos de la región y está sustentado en una economía real y no especulativa como la de los mercados occidentales del norte global. Sin embargo, debe mencionarse que éstas comunidades se encuentran en peligro de desaparecer debido a varios factores: la pérdida de sus territorios y medios de producción, los desplazamientos forzados de los habitantes por diferentes circunstancias, la criminalización de la milenaria actividad de guardar e intercambiar semillas y cosechas y la contaminación de sus cultivos con organismos transgénicos, entre otros.

Más información:

http://www.imeche.org/knowledge/themes/environment/global-food?WT.mc_id=HP_130007

 —

Artículo publicado originalmente en:

http://pagina3.mx/la-pluma-invitada/7438-casi-la-mitad-de-la-comida-producida-en-el-mundo-en-la-basura.html

MASACRE DEL MAIZ EN MÉXICO.

Transnacionales preparan asalto a uno de los cultivos alimentarios más importantes del mundo

Los gigantes de los agronegocios Monsanto, DuPont y Dow, están conspirando para realizar uno de los mayores golpes de la historia contra un cultivo alimentario de importancia global. En las próximas dos semanas, el gobierno saliente de Felipe Calderón podría aprobar las solicitudes de esas empresas para plantar un área enorme de maíz transgénico en México. Este “regalo de despedida” para las empresas sería una puñalada en el corazón del centro de origen y diversidad del maíz. Las consecuencias serán graves –y globales. Ante la aprobación en ciernes, los movimientos y organizaciones de la sociedad civil exigen que se ponga un alto total al maíz transgénico en México. La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) de México, emitió una fuerte declaración demandando al gobierno revocar todos los permisos de siembra y cancelar todas las siembras experimentales de maíz transgénico en el país.[1]  El Grupo ETC se suma a estas demandas y llama a la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y al CDB (Convenio de Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica), como los organismos mandatados por la comunidad internacional para apoyar la seguridad alimentaria y proteger la diversidad biológica, a tomar acción inmediata para evitar el desastre.

La indignación y el estado de emergencia recorre la sociedad mexicana luego de conocer que las dos empresas semilleras más grandes del mundo, Monsanto y DuPont –(cuya filial mexicana se conoce como Pioneer Hi-Bred o PHI México), así como Dow Agrosciences (8ª empresa semillera en el ranking global) solicitaron al gobierno plantar cerca de 2 millones 500 mil  hectáreas de maíz transgénico en México.[2]  El área solicitada es tan grande que rebasa la superficie de países enteros: por ejemplo es más grande que todo El Salvador. Los científicos han identificado miles de variedades campesinas originadas en México, lo que lo convierte en el repositorio global de la diversidad genética del maíz. Si se aprobaran estas solicitudes de las trasnacionales, sería la primera liberación masiva y a escala comercial de transgénicos que afectará directamente un cultivo alimentario global en su centro de origen.

“Si el gobierno de México permite este crimen de significado histórico, los transgénicos llegarán rápidamente a las tortillas y a la comida cotidiana de toda la población mexicana ya que el maíz de los estados solicitados provee mayoritariamente a las ciudades. Además, la contaminación genética de las variedades campesinas será inevitable. Se trata de un daño gravísimo a más de 7000 años de trabajo indígena y campesino que creó el maíz –uno de los tres cultivos más difundidos de la alimentación mundial” dijo Verónica Villa del Grupo ETC en México. “Por si fuera poco, las empresas quieren plantar el maíz tolerante a herbicidas de Monsanto [Mon603] en más de 1,400,000 hectáreas. Este es el mismo tipo de maíz que ha producido cáncer en ratas según un estudio científico revisado y publicado recientemente.”[3]

Los campesinos y población rural de América Latina, de Asia y África estarán entre los más afectados, ya que el maíz se ha convertido en una de las principales fuentes de subsistencia en muchos países, y la diversidad del grano es lo que permite adaptarlo a condiciones locales y enfrentar los desafíos del cambio climático. Además de México, los países surafricanos Lesotho, Zambia y Malawi tienen el porcentaje de consumo de maíz per cápita más alto del mundo.[4]

El gobierno mexicano insiste en que las áreas solicitadas en el Norte de México, no son parte del “centro de origen” del maíz, porque no han encontrado variedades campesinas allí. Pero esto no es verdad, se han recolectado variedades campesinas en esos estados, aunque en menor cantidad que en estados más al Sur. Varios científicos y hasta la propia Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) estima que todo el territorio mexicano debe ser considerado centro de origen del maíz.[5]    Según un informe nuevo del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (Ceccam), el mapa de centros de origen publicado recientemente por el gobierno no es científicamente  correcto y fue diseñado para justificar las plantaciones de maíz transgénico de las transnacionales.[6]

Las plantaciones a escala comercial (y las siguientes resiembras) de maíz transgénico contaminarán las variedades campesinas mucho más allá del área de plante, tanto a través del polen transgénico llevado por el viento e insectos, como por la mezcla en los silos y el escape accidental de los camiones de transporte a granel que llevan maíz a todas partes de México. Los científicos de la UCCS y otros señalan que los impactos negativos de la contaminación transgénica sobre las variedades campesinas “podrían ser irreversibles y progresivos, debido a la acumulación paulatina de transgenes en este germoplasma”, llevando a una erosión de la biodiversidad.[7]

Cientos de agrónomos y otros científicos mexicanos, así como organizaciones de campesinos, agricultores y consumidores, han expresado su oposición a la siembra de transgénicos, pero la administración de Felipe Calderón, que terminará este primero de diciembre, no tiene nada que perder en su recta final y se espera que acceda a las solicitudes de las empresas.

Si se autorizan las siembras, los agricultores del maíz podrían encontrarse “violando” las patentes sobre maíz transgénico sin saberlo, es decir, sus parcelas podrían contaminarse inadvertidamente y Monsanto podrá acusarlos de “usar genes patentados” sin pagar por ellos, obligándolos a compensar a los dueños de las patentes, como ya ha ocurrido en cientos de casos en Estados Unidos y Canadá.

“Sería una injusticia monumental para los creadores del maíz, —uno de los alimentos primordiales de la humanidad— que les obligaran a pagar regalías a corporaciones trasnacionales, que son explotadoras de ese conocimiento ancestral”, dijo Silvia Ribeiro, directora para América Latina del Grupo ETC.

En 1999, la Comisión Nacional de Bioseguridad Agrícola de México estableció una moratoria sobre las pruebas de maíz y su siembra comercial debido a la situación única de México como centro de origen y diversidad genética del maíz. El gobierno de Calderón rompió arbitrariamente la moratoria en 2009 aunque las condiciones que la motivaron prevalecen. Desde entonces la nueva comisión (CIBIOGEM) ha autorizado 177 pruebas de maíz transgénico a cuatro empresas trasnacionales (Dow Agrosciences, DuPont, Monsanto y Syngenta). Las pruebas en campo han sido criticadas por su falta de rigor en bioseguridad, pues ni siquiera cumplen con lo estipulado por la débil ley de bioseguridad de México.

Silvia Ribeiro argumenta: “Las consultas públicas han sido una farsa, puesto que las pruebas fueron autorizadas sin tomar en cuenta las críticas fundamentadas, incluso aunque representaran la mayoría de los comentarios enviados. Muchas de las críticas y comentarios las hicieron conocidos agrónomos y otros científicos. Como si no bastara, los resultados de las pruebas se han mantenido en secreto, pero se usan como justificación para permitir la siembra comercial.”

DESPUÉS de su visita oficial a México en 2011, el Relator Especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, Olivier de Schutter, recomendó al gobierno mexicano reinstalar la moratoria, tanto por su impacto sobre la biodiversidad como sobre los Derechos de los Agricultores.[8]  El gobierno mexicano ignoró la recomendación.

Ana de Ita del CECCAM señala que el área para la cual se solicitaron permisos en los estados de Sinaloa y Tamaulipas, en el norte de México, excede la superficie actualmente sembrada con maíz de riego. “Al parecer las compañías están planeando usar toda el área destinada al maíz y a otros cultivos. Esto es ofensivo, no hay razón para que México arriesgue su historia y su biodiversidad con el maíz transgénico. México produce maíz suficiente para cubrir las necesidades de todo el consumo humano, con excedentes, y podría producir mucho más si hubiera apoyo a los campesinos y productores de pequeña escala, sin entregar su soberanía alimentaria a las compañías trasnacionales.”

El maíz es central a las culturas, las economías y el sustento de la población mexicana, pues la mayoría se alimenta de maíz en diferentes formas todos los días. La cantidad que los mexicanos ingieren excede con mucho el promedio de consumo individual de la mayoría de los demás países (en México, 115 kilos por persona por año). 85% de los productores mexicanos de maíz son campesinos y agricultores en pequeña escala, con parcelas menores a 5 hectáreas. Esos productores proveen más de la mitad de la alimentación de la población, especialmente la alimentación de los pobres. Al mismo tiempo, cuidan la diversidad genética del cultivo y la enriquecen debido a la forma descentralizada en la que siembran el maíz —cultivando muchas variedades diferentes, adaptándolas a las condiciones locales y junto con varios otros cultivos y especies silvestres.

En 2009, la Red en Defensa del Maíz,[9]   junto con La Vía Campesina América del Norte enviaron una carta abierta firmada por cientos de organizaciones e individuos a la FAO y al CDB, pidiéndoles que tomaran acciones para evitar la contaminación de maíz transgénico en México, su centro de origen.[10]   Los entonces directores de ambas organizaciones internacionales soslayaron la petición, aunque ambas instituciones tienen el mandato de proteger los centros de origen y diversidad de los cultivos. [11]   Ahora, exigimos a los nuevos directores de la FAO y del CDB a tomar acciones inmediatas para proteger el centro de origen y diversidad del maíz.

Por más información:

Silvia Ribeiro, Directora para América Latina del Grupo ETC, silvia@etcgroup.org
Verónica Villa, Grupo ETC México,  veronica@etcgroup.org
Tel: (+52) 55 63 2664
Ana de Ita, CECCAM,  anadeita@ceccam.org.mx <mailto:ceccam@ceccam.org.mx>
Tel: (+52) 56 61 53 98

Pat Mooney, Director del Grupo ETC, mooney@etcgroup.org

Tel: 1-613-241-2267
Red en Defensa del Maíz: http://redendefensadelmaiz.net/
Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano, ceccam: http://www.ceccam.org/

[1]  UCCS, Llamado a la acción contra la siembra de maíz transgénico a campo abierto en México  <http://www.uccs.mx/doc/g/planting-gmo-corn_es>
[2]   La lista de las solicitudes de experimentos y liberación al ambiente de cultivos transgénicos está aquí: http://www.senasica.gob.mx/?id=4443. (PHI México es parte de DuPont)
[3]  Gilles-Eric Séralini <http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512005637>  et al., “Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize,” en Food and Chemical Toxicology <http://www.sciencedirect.com/science/journal/02786915> , Volumen 50, Número 11 <http://www.sciencedirect.com/science/journal/02786915/50/11> , Noviembre 2012, pp. 4221–4231. Ver también John Vidal, “Study linking GM maize to cancer must be taken seriously by regulators,” The Guardian, 28 septiembre 2012, disponible en línea:http://www.guardian.co.uk/environment/2012/sep/28/study-gm-maize-cancer.

En castellano: Silvia Ribeiro, “Caza de Ratas”, La Jornada, México, 6/10/12, http://www.jornada.unam.mx/2012/10/06/opinion/024a1eco

[4]  Alfred W. Crosby, revisión de James C. McCann, Maize and Grace: Africa’s Encounter with a New World Crop, 1500-2000 en Technology and Culture, Vol. 47, No. 1, Enero 2006, pp. 190-191.

[5]  A. Serratos, El origen y la diversidad del maíz en el continente Americano, 2nd edición, Septiembre 2012, Universidad Autónoma de la Ciudad de México y Greenpeace, disponible en línea: http://www.greenpeace.org/mexico/es/Footer/Descargas/reports/Agricultura-sustentable-y-transgenicos/El-origen-y-la-diversidad-del-maiz-2a-edicion/
Conabio: Proyecto Centros de Origen y Diversidad Genética. http://www.biodiversidad.gob.mx/genes/centrosOrigen/centrosOrig.html
[6]  Ceccam, La determinación de los centros de origen y diversidad genética del maíz, Mexico, 2012, available online: http://www.ceccam.org/publicaciones?page=1
[7]  UCCS, Extrañamiento al Presidente de la República Mexicana, México, 2009, disponible en línea: http://www.unionccs.net/doc/g/sciencetrmaize_es
[8] Olivier de Schutter, Informe de su Misión a México, párrafos 53, 54 y 55. Ver párrafo “g” de las Conclusiones y Recomendaciones.
http://www.srfood.org/index.php/en/country-missions (Ver Mission to Mexico, 2011)
[9]  La Red en Defensa del Maíz incluye a más de 1000 comunidades indígenas y organizaciones de la sociedad civil. Se creó en 2001, cuando se descubrió por vez primera que el maíz nativo en México se había contaminado con maíz transgénico. Desde entonces la Red ha resistido el avance del maíz transgénico. Tanto el Grupo ETC como el CECCAM son miembros de la Red (http//:endefensadelmaiz.org)
[10]  La carta puede verse en línea: http://www.etcgroup.org/es/content/carta-de-la-red-en-defensa-del-maíz-contra-la-liberación-de-maíz-transgénico-en-méxico
[11] El anterior Secretario General del CDB, Ahmed Djoghlaf no respondió a la carta abierta. El director general de la FAO tampoco lo hizo, pero Shivaji Pandey, Director de la División de Producción y Protección Vegetal sí lo hizo. Pandey, un abogado conocido por su posición a favor de los cultivos genéticamente modificados, escribió que la FAO podría ofrecer asesoramiento, pero que la bioseguridad era una cuestión de México.


@twewwter

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