Posts Tagged 'agrofuels'

Action Aid: Imperativo frenar el uso de maíz para etanol.

La elaboración de agrocombustibles (etanol) consume ya 15 por ciento de las cosechas mundiales de maíz, y 40 por ciento en el caso particular de Estados Unidos (EU) –país fundamental en la definición de los precios del grano–. Tal situación es una de las causas principales del encarecimiento de los precios internacionales del maíz y en general de los alimentos, fenómeno iniciado en 2006-07 y vigente hoy con consecuencias fatales como el hambre y la inseguridad alimentaria.

En el caso de México, donde a diferencia de la mayor parte del mundo usamos el maíz para consumo humano directo, el efecto es evidente en la escalada de precios de la tortilla; en el malestar social derivado; en inseguridad alimentaria sobre todo en las zonas pobres del país, las rurales, y en el aumento en las erogaciones por importación de maíz, afirman Timothy A. Wise, director de Investigación y Políticas del Instituto de Desarrollo Global y del Medio Ambiente (GDAE) de la Universidad de Tufts, y Marie Brill, analista principal de políticas de Action Aid-Estados Unidos.

Ambos son autores del informe de Action Aid Agrocombustibles: fogoneros del hambre, presentado el pasado mayo con el subtítulo Cómo las políticas de Estados Unidos para el etanol de maíz aumentan el precio de los alimentos en México.

El informe tenía la intención de que siendo actual presidente del G-20 (que reúne a las economías más avanzadas y a las emergentes más importantes), México influyera en la reunión que realizó en Los Cabos, Baja California, del 18 al 20 de junio. Ello, considerando que en nuestro país hasta ahora hay un freno al uso del maíz para etanol, por la fuerza social que implica el que el grano sea nuestro básico principal y que debemos importar altos volúmenes desde Estados Unidos para cubrir nuestras necesidades. El boom del etanol afecta drásticamente la seguridad alimentaria de México.

Cabe mencionar que el secretario de Agricultura, Francisco Mayorga, reconoció el 13 de junio, durante un seminario sobre nuevos paradigmas para la agricultura, que el documento que se analizará en la cumbre “no es muy explícito ni categórico en el tema de biocombustibles”, pues el tema es “controvertido”.

Durante la presentación del informe en cuestión, Wise recordó que en 2008 los precios de la tortilla en México prácticamente se duplicaron respecto de 2006, y la tónica de encarecimiento persiste en términos generales en los alimentos, “con efectos de hambre, inseguridad alimentaria y pobreza”.

El efecto que tiene el uso de maíz para etanol sobre el precio de este grano representó costos de entre mil 500 millones y tres mil 200 millones de dólares entre 2006-11, esto es costos que hubieran sido nulos si no se utilizara el maíz para fines energéticos.

El informe detalla que en 1990 las importaciones mexicanas de alimentos desde Estados Unidos sumaban dos mil 600 millones de dólares. Para el año 2000 subieron a seis mil 400 millones y en 2011 llegaron aun récord de 18 mil 400 millones. No obstante la expansión de las exportaciones agroalimentarias, el déficit de la balanza comercial ha empeorado. De hecho en 1990 lo que se registró fue un pequeño superávit, pero en 2000 el saldo negativo fue de mil 300 millones de dólares; en medio de la crisis alimentaria global, alcanzó “una cifra desastrosa” de cuatro mil 600 millones de dólares, y en 2011 sumó dos mil 600 millones.

En los dos años recientes, dijo Wise, los gastos por importación de maíz equivalieron al déficit comercial agroalimentario total.

Y es que la dependencia de México en importaciones de maíz se ha acentuado, sobre todo desde que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), dijo Wise. El informe muestra que en 1990-92 las compras foráneas del maíz representaban siete por ciento del consumo; hoy son 35 por ciento. Y lo mismo ocurre en los otros granos. En trigo antes era 18 y ahora casi 60 por ciento; en arroz antes 60 y ahora casi 80 por ciento; en soya antes 75 y ahora casi cien por ciento.

Tim Wise señaló que la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos estima que entre 20 y 40 por ciento del encarecimiento de los precios globales de alimentos es atribuible al consumo de maíz para etanol. El análisis calcula que en 2006 el uso de maíz para etanol en el mundo y particularmente en EU representó un encarecimiento de las importaciones mexicanas de maíz de 2.5 por ciento, esto es 23 millones de dólares, pero en 2010-11 las cifras llegan a 20 por ciento y 422 millones de dólares. En todo el periodo 2006-11 el costo acumulado por esta razón fue de mil 260 millones de dólares. Y la tendencia es que se profundice la situación. “Estamos haciendo estimaciones conservadoras, porque hay otros cálculos que hablan de 20 a 40 por ciento” como efecto de encarecimiento del maíz por causa de la demanda del cereal por parte de la industria del etanol.

De acuerdo con Marie Brill, el uso del maíz para etanol ha sido impulsado en Estados Unidos por tres políticas: una protección arancelaria, subsidios y un mandato (leyes) para ordenar la mezcla del etanol con gasolinas. El objetivo de esto ha sido convertir la dependencia de combustibles fósiles a una “bioeconomía”. Otro incentivo han sido los altos precios del petróleo. De allí la “dramática” situación de que 40 por ciento de las cosechas maiceras de EU se utilicen para etanol, con los consecuentes efectos globales en los precios. Este país es el líder mundial en exportación del grano.

La especialista comentó que en el mundo ya 203 millones de hectáreas de tierra, esto es equivalente al tamaño de todo México, están siendo utilizadas con fines de producción de cultivos para agrocombustibles (sobre todo maíz, soya, otras oleaginosas y jatropha), y más de 60 por ciento de esa superficie está en el continente africano con inversiones de empresas extranjeras. En África, paradójicamente, la hambruna llega a grado extremo y afecta a un gran número de personas. Esto indica que más allá de los efectos meteorológicos, políticas públicas de países influyentes están induciendo un descontrol en la oferta alimentaria, y “esto debe cambiar; Estados Unidos debe cambiar”.

La carestía alimentaria va unida a otros fenómenos sociales de desgaste. Brill comentó, con base en experiencia propia como representante de Action Aid, que ha visto cómo en África la gente ha agotado todos sus recursos por sobrevivir: trabaja más, cuida menos su salud, y aun así, los ingresos son insuficientes para cubrir sus necesidades alimentarias.

En la presentación del informe de Action Aid participó Olga Alcaraz Andrade, directora de Agricultores Unidos Región Guayangareo, de Michoacán, miembro de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC), consideró que el maíz “es el grano más especulado del mundo”.

Explicó la situación actual con el grano en México –que es una reedición de lo que ha ocurrido en los años recientes–: corporaciones reciben apoyo gubernamental para importar maíz, mientras que las bodegas de los productores en el país están repletas del grano. Las empresas así especulan –generan la idea de escasez del grano; reciben subsidios, y a la vez presionan a los productores para que les vendan más barato su grano, pues si no lo hacen el maíz quedará en las bodegas generando costos de almacenamiento–. “Dependemos que los monopolios compren nuestras cosechas; tenemos que cambiar esto. Las grandes empresas recibieron en 2011 un total de mil 400 millones de pesos para apoyar la comercialización de granos (…) el país pierde soberanía alimentaria”.

Por su lado, Víctor Suárez, director general de la ANEC, afirmó que el encarecimiento de los precios del maíz y demás alimentos –propiciado por la especulación financiera y por el uso de materias primas agrícolas para agrocombustibles– no se refleja en mejores ingresos para los campesinos, porque la situación genera especulación también en los precios de los insumos. Se han encarecido los procesos de producción. Entonces, los únicos beneficiarios de la carestía y la especulación alimentaria internacional son los monopolios (comercializadores, agroindustriales, productores de semillas y de fertilizantes). Y no hay lógica en las decisiones del gobierno de México, porque, en lugar de impulsar una mayor producción interna, la orden ha sido importar. Estas decisiones además han encarecido aún más los alimentos, porque, al ser anunciadas al mundo, generan especulación (máxime cuando México busca importar maíz blanco, de consumo humano y muy escaso globalmente).

Lourdes Edith Rudiño

http://www.jornada.unam.mx/2012/06/23/cam-uso.html

Stop the global land grab.

“NGOs don’t mobilise people, desperation mobilises people,” said a Cambodian land activist as he related the experience of Boeung Kak villagers who were driven off their land by their own government to make way for corporate profiteering.

Such stories were abundant from all corners of the world this week at the World Social Forum in Dakar, Senegal. The forum, which celebrated its 10th anniversary this year, attracted representatives from civil society organisations, social movements and unions from more than 123 countries. Present among them were land rights activists and small farmers, who came to relate and decry the unfettered grabbing of their land.

Land grabbing emerged as the hot topic in this year’s forum. The phenomenon is defined as taking possession of and/or controlling a scale of land for commercial or industrial agricultural production, which is disproportionate in size in comparison to the average land holding in the region. Stories from Madagascar, Democratic Republic of Congo, Mali, India, Brazil and Mozambique illustrate that the phenomenon is widespread and the consequences can be dire. Land investments from overseas to secure food supplies and biofuels, speculation and resource extraction are the major drivers of this phenomenon.

Speaking through a megaphone under a plastic tent, peasant leaders from Mali exposed the acquisition of plots in their village by the Libyan government, which built a 40-metre long canal through their community. The canal runs through their traditional pastoral grazing land, cultivated plots and even their cemetery. “Not even our dead could rest in peace,” said the representative from Afrique Verte, a local NGO monitoring the issue.

In a world where the commoditisation of resources has become the norm, it is not surprising that communities are losing their most precious assets to the highest bidder. The spectre of a hungry world is being used to push the agenda for industrial agriculture, but in reality, the majority of the land is used for producing animal feed and agrofuels, as well as land speculation, rather than food crops. A World Bank report on land acquisitions shows that only 37% of this land is used to grow food.

Land has become one of the hottest commodities in the world market, particularly in sub-Saharan Africa, where 70% of the global grabbing took place from 2006 to 2009, according to the World Bank. Buyers prefer land that is easy to acquire and fairly fertile, with access to water resources. As most governments desire foreign direct investment in the elusive pursuit of a narrowly defined “economic growth”, the optimal transaction almost always comes at the expense of small farmers. .

Small family farms are considered economically “inefficient” because their yields feed their communities and not the global market. But family farms actually have higher productivity per hectare than their larger counterparts. Nevertheless, investment in them has been reduced in the last 20 years in favour of industrial farming.

In my home country of Brazil, we have seen the disastrous effects of this large-scale agricultural development model, where half of agricultural production is going to soy and sugar cane, to feed animals and cars, not people. Brazil went from 8% to 35% of global trade in soy in the decade to 2005, but this comes at the cost of deforestation of the Amazon, displacement of traditional communities and a massive rural exodus to urban slums. Yet it is the small farmer that feeds Brazil, with 60% of the food consumed nationally coming from family farms, according to the 2006 Agricultural Census.

Inherent in this predicament is the commodification of land, which stems from the neoliberal development model that drives policymakers. The very architecture of this global governance and economic system must be challenged and reformed. The time has come to reinvest in the kind of agriculture that actually feeds people. The notion that small farmers are unproductive renders them invisible; their contributions to their communities and local development go unrecognised and with that they go on tightening their belts, one notch at a time.

Land rights activists here at the World Social Forum call for global agriculture to work for people, upholding the right to food, supporting land reform that recognises customary rights and invests in small-scale production. We demand that our governments assume their responsibility to us, their constituents. Our needs should drive their actions, not a quixotic quest for corporate investment returns that have little chance of feeding the world’s poor.

• This article was amended on 14 February 2011. In the sixth paragraph, “Africa” was corrected to “sub-Saharan Africa” and “International Food Policy Research Institute” was changed to “World Bank”, which was the source of the statistic. “The 90% increase in soy production in the last decade in Brazil comes at the cost of deforestation” in the eighth paragraph was changed to “Brazil went from 8% to 35% of global trade in soy in the decade to 2005, but this comes at the cost of deforestation”.

Gisele Henriques
Gisele Henriques is a Brazilian activist and the policy and advocacy officer on food and agriculture issues for the international alliance of Catholic development agencies CIDSE. She has worked for more than a decade in support of the rights of farmers in Timor-Leste, Cambodia, Burkina Faso, Gambia, Mexico and Brazil

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2011/feb/12/global-land-grab-farmers

Argentina: Acaparamiento de la tierra, monocultivos y exclusión social.

El modelo de agro exportación de commodities, una agricultura extractivista y minera que actualmente se ha impuesto en la Argentina, suma veinte millones de hectáreas sembradas con soja transgénica, lo cual representa más de la mitad de la superficie agrícola del país. Esta agricultura de monocultivo industrial, que ya lleva veinte años, tuvo como objetivo, en principio, proveer forrajes para las producciones de carnes en encierro tanto en Europa como en China, así como harinas y subproductos industriales de la producción de aceites. Tras dos décadas de padecer este monocultivo, las consecuencias económicas, sociales, culturales, ambientales y sanitarias para la Argentina, son devastadoras. Es un modelo de agricultura, que impone la exclusión o la marginalidad social y la pobreza. El modelo de sojización ha afectado, no solamente los agro ecosistemas mas frágiles en el norte, sino que, algunos estudios indican también, importantes pérdidas de fertilidad en la pampa húmeda. Estas tierras que históricamente han caracterizado la riqueza de la Argentina y han construido en el imaginario de nuestro pueblo y del mundo, una idea de opulencia alimentaria, ya están convirtiéndose en un mero mito, gracias a la sobre exigencia a que se encuentran sometidos sus suelos, que ayudados por las recurrentes sequías y vientos, consecuencias de la deforestación, del maltrato productivista y de los cambios climáticos, amenazan convertirse en un nuevo Dust Bowl, tormentas de tierra en sequía y por agriculturización excesiva, con desaparición de la cobertura vegetal autóctona protectora del suelo, uno de los desastres ecológicos más importantes del siglo XX.[1]

La producción de commodities se complementó con la instalación de los agronegocios como eje de poder que reconfiguró la economía. Los agronegocios son uno de los principales núcleos de poder de las corporaciones que dominan el Cono Sur. Estas corporaciones comparten el territorio con las transnacionales mineras y petroleras. Las actividades de los agronegocios y las industrias extractivas, constituyen el eje estructural y el origen de los principales conflictos sociales y ambientales en la región sudamericana. Los agronegocios son el motor que mueve la violencia y la criminalización de las comunidades campesinas e indígenas que luchan por su tierra. Ellos se extienden con estrategias que conducen a la destrucción de las mismas bases de vida de la población rural y de las generaciones venideras.

El boom de la soja transgénica ha provocado la especialización en la producción y exportación de unos pocos productos primarios, subordinando el país a los vaivenes de la economía mundial y del capital financiero especulativo. Y aunque los commodities fueron favorecidos en los mercados, el futuro continúa siendo imprevisible. La creciente dependencia a los mercados globales ha generado una sociedad de servicio y de gran inseguridad alimentaria, en que los  planes sociales reemplazan el trabajo productivo. De haber sido un importante proveedor de carnes y cereales para Europa durante gran parte del siglo XX, y siendo autosuficiente de los alimentos que consumía su propia población, en la actualidad, la Argentina ha pasado a ser un país básicamente productor de transgénicos y exportador de forrajes. Se redujo, cuando no se eliminó por completo, la producción de otros cultivos, provocando serios deterioros en la seguridad alimentaria. Por otra parte,como consecuencia directa del poder en los mercados de las corporaciones transnacionales, la producción de alimentos ha quedado subordinada a los cultivos de transgénicos para la exportación, originando un fenómeno de dependencia del país respecto de los mercados globales, las empresas exportadoras y  otras corporaciones que, como Monsanto, no sólo proveen la semilla, sino también el paquete tecnológico, que integran fertilizantes y agrotóxicos.

Este modelo es responsable de la desaparición de la agricultura familiar y de los trabajadores rurales. Miles de ellos son expulsados violentamente de sus tierras y de sus fuentes de trabajo para imponer el paquete tecnológico de la siembra directa y las semillas GM, y son criminalizados por resistir los desalojos y el avance de la soja. Considerando la expulsión de trabajadores rurales y campesinos de los territorios donde se cultiva, el promedio de trabajadores que quedan, sumado a los del brevísimo trabajo temporario de los de los contratistas de maquinaria agrícola, no es más de un trabajador cada 500 Has. Condenados al éxodo rural, las poblaciones pasan a engrosar los cordones de pobreza de las grandes ciudades, convirtiéndose en consumidores rehenes de lo que el mercado les impone a través de las cadenas agroalimentarias y el supermercadismo a la vez que transformándose en cautivos del asistencialismo clientelar y una enmarañada red de punteros políticos, crimen organizado, trata de personas e iglesias destinadas a la contención y al control social de las periferias de pobreza extrema.

El crecimiento de la soja está íntimamente ligado al deterioro ambiental. Su expansión está ocasionando la deforestación de extensas áreas, en particular en las provincias del norte. Cada año se desforestan en la Argentina más de 200 mil hectáreas de monte nativo, debido al avance de los monocultivos que afectan grave e irremediablemente a la Biodiversidad. Muchos hábitats naturales, tales como bosques, humedales o estepas, junto con especies de plantas y animales, fueron eliminados o corren peligro de extinguirse. Otras de las consecuencias de la deforestación, son el importante aumento en la incidencia de varias enfermedades zoonóticas como consecuencia de que los vectores y patógenos quedaran sin sus hábitats naturales y han debido colonizar los poblamientos urbanos. Ahora, esas enfermedades,  afectan a las economías familiares y a los presupuestos en salud del Estado, agregando un factor de estrés y de gastos que es ignorado y permanece invisible dentro de las ecuaciones del mercado.

El empobrecimiento sistemático de nuestros suelos y la creciente desertificación, es otra de las graves secuelas que deja la soja, los otros cultivos genéticamente modificados y las zonas con forestación implantada y en escala. Pero la consecuencia más siniestra siguen siendo los modos en que este modelo de monocultivos ha impactado en la salud de cientos de miles de pobladores que viven cercanos a los campos de soja. Nuestra población está siendo afectada en forma directa por las fumigaciones de agrotóxicos produciéndose cáncer, leucemia, lupus, púrpura, alergias de todo tipo, malformaciones en recién nacidos, abortos  y demás enfermedades vinculadas a la afectación del sistema inmunológico. A esto se suma el caso de numerosas muertes producidas por intoxicaciones. Esta situación se repite a lo largo de todo el Cono Sur, los relatos acerca de envenenamientos y desalojos, amenazas y asesinatos se producen no sólo en la Argentina, también en Brasil y Paraguay.

Según ensayo “Agricultura, alimentación, biocarburantes y medio ambiente” de diversos autores, en la Revista económica ICE de Madrid: “La agricultura y la alimentación se configuran globalmente como un reto pendiente de solución: la sexta parte del mundo pasa hambre y la población mundial y el cambio en las dietas van a elevar sustancialmente la demanda de materias primas agrarias. El mundo, pese a todo, cuenta con recursos suficientes, tierra y agua, para alimentarse, pero requiere más inversión en capital y tecnología, una regulación mejor y más justa del comercio y la mitigación de las causas de la pobreza. La producción de biocarburantes comporta una nueva demanda para la agricultura, compitiendo por los mismos recursos con la producción de alimentos”.[2] Lo que con seguridad incrementará la expansión del actual modelo de agricultura industrial y semillas GM, es el cada vez mayor interés de los países ricos por cortar su petróleo con combustibles provenientes de la agricultura. Con el surgimiento del mercado de agrocombustibles, el futuro de la producción agrícola se torna todavía más pavoroso porque nos amenaza conducirnos a una catástrofe de carácter irreversible. Múltiples organizaciones sociales han expresado su preocupación por las consecuencias que puede generar este nuevo modelo de energía, donde la agricultura estará el servicio de producir alimentos para motores. En el Cono Sur de la América Latina, el sector sojero se promociona como el gran abastecedor de biodieseles para el mercado europeo. Para América Latina esta actual ola de expansión de la agricultura industrial, amenaza lo que resta de población rural y las últimas zonas de producción de alimentos. Una de las consecuencias directas de estas políticas, es que cada vez, mayores sectores de la población de menores o escasos ingresos, tienen acceso a una alimentación adecuada debido a los altos precios de  los alimentos básicos (frutas, verduras, carne, leche).

La soja no es un mero cultivo, la soja es un sistema global que condiciona e impone políticas de Estado. Lo que en un momento se denominó como agricultura sin agricultores, en realidad fue el comienzo de un arrebato masivo del territorio por parte de las corporaciones y que actualmente culmina en la desolación de un pueblo privado de sus suelos y del arraigo a la tierra, de su seguridad alimentaria y en consecuencia, de su Soberanía Alimentaria.

La tierra en América Latina: el talismán de las corporaciones

La crisis alimentaria mundial y la crisis financiera de 2008, reconfiguraron el mapa mundial de los más poderosos. Los negociantes de los mercados globales salen a buscar nuevos objetos de especulación, especialmente tierras fértiles, agua y alimentos, además del oro, metales estratégicos y cuencas hidrocarburíferas. Son capitales corporativos que no sólo buscan dar respaldo tangible a sus divisas vacías de valor, sino que, adictos a las fábulas del “crecimiento”, descubren ahora que no pueden alimentar a su propia población y buscan enclaves en propiedad o arriendo. Es el caso de China. Sus tierras agrícolas están desapareciendo ante el avance industrial y sus suministros de agua se encuentran en estado crítico. Con más de 1.8 billones de dólares de reservas en divisas, China cuenta con bastante dinero para invertir en su propia seguridad alimentaria en el extranjero. Y es lo que está haciendo, no sólo en Asia y en África. Ahora también logró instalarse en la Argentina.

La provincia de Río Negro en la Patagonia argentina, le asegurará de esa manera a China la provisión de comida durante 20 años, según lo acordó el gobernador rionegrino, Miguel Saiz, en su reciente visita a ese país, con una de las mayores empresas de alimentos, la estatal Beida Yuang. El convenio consiste en que Río Negro alquile a productores de su provincia campos para que allí Beida Yuang instale sistemas de riego que permitan la plantación de soja, trigo y colza, entre otros cultivos que la empresa se encargará de comercializar en la provincia china de Heilongjiang. En una primera etapa experimental, que comenzará de inmediato, Beida Yuang invertirá 20 millones de dólares para irrigar y producir en 3000 hectáreas de campos alquilados. Pero el proyecto consiste en llegar a una inversión de 1.450 millones en 20 años y sobre 320.000 hectáreas. Beida Yuang quiere asegurarse alimentos e insumos para producción de carnes en China por 20 años, donde sólo el 10 por ciento de las tierras son productivas y en el que cada año millones de personas se van del campo a la ciudad.

La jugada de China se ajusta a una época de Globalización en la que los precios de los alimentos son altos y los de la tierra son bajos. El negocio sería el de tener control sobre muchas de las mejores tierras cercanas a suministros de agua. La tierra será la nueva fuente de lucro y, el objetivo: controlar la producción de alimentos e insumos alimentarios para la producción de carnes en su territorio. Es en este punto donde el sector privado juega un rol esencial. No serán pocas las transnacionales y corporaciones que se lancen a la caza de tierras fértiles para la producción de lo que el mercado global les demande, ya sean alimentos o Agrocombustibles. Según nos informa Infobae del 14 de Octubre de este año, otro tanto estaría haciendo Qatar que, está implementando conversaciones preliminares con el Gobierno argentino, para instalar proyectos agrícolas destinados a la producción de cereales  a fin de asegurarse el abastecimiento de alimentos, y está dispuesto a comprar tierras en Argentina por valor de unos 100 millones de dólares. [3]

Las semillas de Monsanto y  los  pooles de siembra: una nueva agricultura

El argentino Gustavo Grobocopatel, fundador y presidente de la compañía Los Grobo, considerado el empresario número uno y referente indiscutido a nivel mundial en el terreno de la soja, hace dos años pasó a formar parte de Sollus Capital, un grupo de inversión que tiene por finalidad adquirir tierras cultivables en el Cono Sur. Conocido como “el rey de la soja”, Grobocopatel cultiva más de 280.000 hectáreas, de las que unas 120.000 son en la Argentina y el resto en Brasil, Uruguay y Paraguay. Hoy sus ventas superan probablemente en mucho el millar de millones de dólares en cada campaña. La familia Grobocopatel, de origen ruso-judío llegó a la Argentina en 1912, proveniente de Berasabia, al sur de Rusia. Se instalaron en una colonia judía de Carlos Casares, un pueblo a 300 kilómetros de Buenos Aires.  Allí comenzaron a realizar distintas tareas como contratistas agropecuarios. En el año 1984, Gustavo Grobocopatel funda junto a su padre Los Grobo Agropecuaria. En ese entonces era tan sólo una empresa familiar, en donde trabajaban 4 personas en la administración, disponían de un camión y una oficina en un taller reformado, que cumplía funciones de depósito,  en la localidad de Carlos Casares.

En 1986 se produjeron dos hechos concurrentes y vitales para la expansión de la empresa familiar: inflación e hiperinflación y paralelamente la inundación en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires. Ambos eventos dejaron secuelas agronómicas y económicas financieras. En esos años muchos productores abandonaron la producción y muchos campos se ofrecieron en alquiler. La experiencia agronómica y de relaciones comerciales consolidada en Los Grobo Agropecuaria facilitó el desarrollo de una incipiente red de agronegocios por contratos. Esta experiencia los motivó a seguir sembrando fuera de los campos propios. Así fue que los efectos de la hiperinflación y las secuelas de las inundaciones les permitió a los Grobocopatel, realizar diversas operaciones de compra y venta de campos. Pero el verdadero salto cualitativo se produce durante los años noventa. Con la llegada a la presidencia de Carlos Menem en 1989, se inaugura lo que luego se conocería como neoliberalismo. Las privatizaciones y el desmantelamiento del Estado generan el campo propicio para la expansión de los agronegocios. El propio Gustavo Grobocopatel sintetizó así lo que significó la década del noventa para su mega empresa: “El único camino posible fue el crecimiento en escala y la eficiencia. La década de la convertibilidad originó inmensas oportunidades anticipándose a los acontecimientos. Los aumentos de precios de granos se aprovecharon porque estábamos muy posicionados en la producción. La caída de muchos competidores, primero acopios locales y la liberación de tierras de muchos productores que se retiran de la actividad, se tradujo en oportunidad para nosotros”.

Con la incorporación del sistema de siembra directa primero, y con la de las semillas transgénicas después, Gustavo Grobocopatel  comienza a ser portavoz de lo que él denomina el nuevo paradigma: “la sociedad del conocimiento”. En esos años la empresa eleva exponencialmente su producción de granos. En el año 2001 la familia Grobocopatel funda “el Grupo Los Grobo” y se consolida como uno de los principales grupos económicos de la Argentina. Los Grobo es una empresa que produce granos, los acopia, los procesa y presta servicios para la producción y la industria alimentaria en el MERCOSUR. Dentro de la cadena de valor de la actividad, la empresa está vinculada desde la investigación biotecnológica y la genética vegetal, hasta la comercialización de harinas y subproductos de la molienda. Su principal característica es que no compra tierras sino que las arrienda, es decir que usa la tierra de otros, bajo el convencimiento de que en una época de capitales líquidos no tiene sentido congelarlos en la propiedad de tierras sino dinamizarlos en el uso. De esta manera nacen los llamados pooles de siembra que rápidamente se extienden por todo el territorio de la sojización, imponiendo la escala y el abaratamiento de costos.  Pero asimismo expresa Grobocopatel en estas prácticas y desde el  principio, un claro liderazgo, una vocación de sumar a muchos a un proyecto que denomina nueva agricultura y sociedad del conocimiento. Él mismo lo explica: “…La nueva agricultura, con campesinos transformados en emprendedores, en proveedores de servicios, con hijos en las universidades o escuelas técnicas, con condiciones de trabajo calificadas, creo que es lo mejor para toda la sociedad. Hay más empleo, pero alocados en diferentes lugares, menos productores, más proveedores de servicios, más industrias. El impacto sobre la sociedad está estudiado incipientemente, pero los primeros resultados son optimistas. En un reciente trabajo encargado por Naciones Unidas se comprobó que diferentes grupos de interés vinculados con Los Grobo han ganado en autonomía, empleabilidad (que para mí es más importante que el empleo), enprendedurismo y liderazgo. Una sociedad más libre, más creativa, con más capacidad de adaptarse a los cambios, con más acceso al conocimiento. Por supuesto que esto no basta. Tenemos que tener un Estado e instituciones fuertes, robustas, que faciliten, que estimulen, que den igualdad de oportunidades.”[4]

La mejor definición del Grupo Los Grobo se encuentra descripta en su publicación en Internet denominada Visión[5], donde se destaca que la compañía es una empresa de producción y procesamiento de granos, pero fundamentalmente, de servicios. La empresa, desde la localidad de Carlos Casares en la pampa argentina: Los Grobo Agropecuaria S.A Argentina, año 1984, se ha extendido agresivamente a los EEUU y a Brasil. En el 2008,  el Grupo Los Grobo S.A. informó que los capitales del Fundo de Investimento em Participações PCP (Brasil) y PCP LP (Islas Cayman) ingresaron como accionistas del Grupo Los Grobo. “El grupo argentino Los Grobo comenzó el proceso de unificación de sus operaciones de granos en Brasil. Con presencia en ese mercado desde el año pasado, el Grupo concentrará su actividad en CEAgro, que pasará a ser su marca en el país. Fortalecido por la incorporación de dos nuevas actividades, CEAgro se propone facturar unos u$s 360 millones en 2010. Con la reestructuración y una inversión no revelada, considerada “poco significativa” para el grupo, Los Grobo Brasil se convirtió en el principal accionista de CEAgro. La cuota inicial del 35%, adquirió a mediados del año pasado, se amplió a 59,5%. El paranaense, Alberto Paulo Fachin, que fundó la CEAgro en 1994, obtiene el otro 40,5%, y sigue como presidente de la compañía. El 66,6% de las acciones de Los Grobo Brasil están en manos de Grupo Los Grobo, en el que la participación de la familia Grobocopatel es mayoritaria con un 76,64%. Vinci Partners, a través del fondo PCP, dos ex socios del Banco Pactual, tienen el 21,56% del Holding y el 33,3% de Los Grobo Brasil”.[6]

La expansión sobre el Cono Sur de los grandes grupos sojeros argentinos ligados a las empresas agroexportadoras como Cargill y Bunge, se produce durante la llamada Crisis del Campo, en el transcurso del segundo semestre del año 2008[7]. En su libro sobre la mafia Judía, Fabián Spollansky nos dice sobre el grupo Elsztain lo mismo que podría afirmarse sobre otros grandes grupos y pooles sojeros: “La gran masa de productores en negro, aquellos a los que el propio fisco no incorpora deliberadamente, se ve obligada a realizar operaciones a pérdida que para intermediarios, acopiadores y cerealistas exportadores son ganancia redonda. Eso motivó el larguísimo paro granario en rechazo a la política fiscal del gobierno, que a los cerealistas no les significó absolutamente ningún riesgo ni mucho menos, costo adicional. Encabezados por la mafia Elsztain, trajeron 4 millones de toneladas de saja del Paraguay que llegaron a Rosario en convoyes de balsas por la Hidrovía del Paraná. La larga huelga agraria produjo desabastecimiento y, a la vez, un tremendo desprestigio del gobierno, pero los grandes cerealistas silenciosamente, siguieron ganando dinero y consolidaron su expansión en todo el MERCOSUR. La mafia Elsztain avanza rápidamente en el territorio sojizado. Lo obtenido como ganancia extraordinaria con la crisis lo utilizará para extender sus latifundios en Goiás y en el Matto Grosso. Pero así como se sirve del fisco para extorsionar a los más débiles del circuito productivo, pasa por sobre este cuando se trata de lavado de dinero. El domingo 22 de junio del 2008 se conocieron detalles del lavado de divisas de la Argentina, realizado por grandes capitalistas, noticia que fue difundida por el diario Crítica, en una nota del director de ese medio, Jorge Lanata, que reproducimos íntegra en el apéndice. Uno de los principales lavadores de dinero es Marcos Marcelo Mindlin, socio y amigo de Elsztain. Operaba por medio de JP Morgan, y uno de los ejecutivos de esta banca, Hernán Arbizu, denunció las maniobras en Estados Unidos y en la Argentina.[8]

Los Grobo: posicionándose en las nuevas tecnologías

Asimismo el Grupo los Grobo ha generado una empresa líder en el área de Biotecnología y clonación de animales que se denomina Bioceres, una sociedad inversora en la que agrupa y lidera a más de doscientos emprendedores agropecuarios. Asimismo, mediante Bioceres y más precisamente mediante INDEAR, un instituto de agro biotecnología dependiente de Bioceres, ha concertado importantes acuerdos con las instituciones científicas del Estado Argentino para determinar las políticas oficiales en el área de investigación y desarrollo, a la vez que capitalizar esos avances científicos para el sistema de agronegocios biotecnológicos que lidera.

Grobocopatel se ha definido públicamente a sí mismo como un “sin tierra” ya que sólo es dueño del veinte por ciento del total de las tierras que cultiva, el resto son arrendadas. Con respecto al éxodo rural al que se ven arrastrados miles de campesinos como consecuencia del avance de los agronegocios, el llamado “rey de la soja” sostuvo que “La agricultura sin campesinos es parte de un nuevo paradigma vinculado con trasformaciones en la sociedad. Es un proceso que observamos desde la década del ’40, no está asociado a una ideología y no afecta sólo al campo; también hay muchas industrias con menos obreros. Por supuesto que las políticas aceleran o retrasan el proceso y lo pueden hacer más o menos equitativo, pero es inevitable y, desde mi punto de vista, positivo más allá de los temores que despierte”.

Hoy Los Grobo se han posicionado como el cuarto grupo molinero del país detrás de Cargill, Navilli y Lagomarsino y el tercer grupo exportador a Brasil. A partir del año 2008, con la incorporación de socios extranjeros, se transformó en una verdadera transnacional. En Febrero del 2008 el holding de Los Grobo incorporó, a través de un aumento de capital por 100 millones de dólares, al fondo de inversión Fundo de Investimento em Participações PCP,  ex propiedad del banco suizo UBS, y actualmente perteneciente al grupo financiero brasileño Pactual Capital Partners, ahora denominado Vinci Partners. En mayo del 2008 el Grupo Los Grobo, junto a PCP y a Touradji Capital Management se unieron para formar parte del grupo de inversión Sollus Capital. Touradji Capital Management es una administradora de hedge funds (Fondos de Cobertura, fondos de inversión especulativos de algo riesgo que buscan elevadas rentabilidades) con sede en Nueva York y especialista en investigación fundamental e inversiones activas en commodities y valores vinculados a ellos. Actualmente, la empresa administra activos de más de US$ 3,5 mil millones.  La página web oficial de Sollus Capital define así esta sociedad: “La alianza entre PCP, Touradji y el Grupo Los Grobo es una combinación poderosa con una posición única para capitalizar la atractiva dinámica de tierras agrícolas en América del Sur”.

Y más adelante señala lo que se puede considerar un resumen del principal objetivo de esta alianza: “Sollus Capital está estructurada para capitalizar la valorización potencial de tierras de cultivo en Brasil, Argentina, Uruguay y  Paraguay. Sollus pretende identificar y adquirir tierras a través de una completa red de agentes de campo de los recursos propios de Los Grobo y Sollus. La empresa pretende adquirir tierras subdesarrolladas, comenzar su desarrollo y dejar que Los Grobo aumenten su valor con la implementación o mejora  del “ecosistema” regional de agronegocios. Este “ecosistema” incluye servicios de consultoría, tecnología, infraestructura utilizada para el almacenamiento y distribución de insumos, financiamiento y servicios de hedging (cobertura), y apoyo logístico ofrecido a agricultores de las regiones aledañas. Después de mejorar el ecosistema de agronegocios y de que el valor creado sea reconocido en los precios de las tierras, la empresa pretende venderlas y lucrar con su valoración”.

Los Grobo no están solos… siguen sumando aliados

Según el diario La Nación del 31 de Octubre de 2010: “El buen momento que viven las commodities agrícolas despertó el interés de los inversores internacionales por el campo argentino. Una semana después de que la empresa Los Grobo sumara un socio minoritario brasileño, Cresud, la compañía agropecuaria del grupo IRSA, anunció una ampliación de su capital con la que busca captar 300 millones de dólares. Ayer, Eduardo Elsztain, el número uno del grupo IRSA, y su hermano Alejandro, presidente de Cresud, encabezaron la presentación formal de la oferta pública, tras obtener la aprobación de la Comisión Nacional de Valores y la Securities and Exchange Commission (SEC), el organismo regulador de los mercados de capitales en los Estados Unidos. Durante la presentación, los Elsztain adelantaron que los fondos obtenidos con la ampliación de capital serán destinados a financiar el plan de expansión de Cresud en el mercado argentino y a potenciar su presencia en el exterior. Hasta el momento, la división de negocios agropecuarios del grupo sólo está presente en Brasil y su objetivo es extender sus operaciones a otros países de la región, como Uruguay, Paraguay y Bolivia”.

A su vez Brasil Agro[9], había anticipado hace pocas semanas la intención de la empresa CRESUD, propiedad del hombre más rico de la Argentina, Eduardo Elsztain[10], a su vez tesorero del Consejo Judío Mundial, de sumarse como empresa a las actividades que desarrollan Los Grobo y Sollus Capital. La noticia dice lo siguiente: “…Cresud construye un puente entre BrasilAgro y Sollus. A argentina Cresud está plantando a semente de uma operação que poderá dar origem à maior controladora de propriedades agrícolas do país. O cultivo começou a ser feito há dois meses, com o aumento da sua participação no capital da BrasilAgro. Após comprar as ações em poder da Tarpon Investimentos e se tornar o maior sócio individual da companhia, com 40% das ordinárias, o grupo portenho caminha agora na direção do conterrâneo Gustavo Grobocopatel, um dos principais nomes do agronegócio na Argentina. O objetivo da Cresud é costurar a associação entre a BrasilAgro e a Sollus, controlada por Grobocopatel, pelo fundo Pactual Capital Partners (PCP) e pelo private equity norte-americano Touradji. Um dos caminhos para a fusão entre as duas empresas seria um cruzamento societário entre os atuais acionistas, sem a necessidade de aporte financeiro. Do lado da BrasilAgro, além da própria Cresud, outro personagem importante neste enredo é o empresário Elie Horn, dono da Cyrela e um dos principais acionistas da empresa. Seu imprimatur seria decisivo para a negociação. Horn, um dos fundadores da BrasilAgro, tem forte ascendência sobre a miríade de fundos de investimento que integram o capital da empresa. Procuradas pelo RR – Negócios & Finanças, a BrasilAgro e a Sollus negaram a associação.

A fusão entre BrasilAgro e Sollus resultaria em uma empresa com mais de 240 mil hectares de terras no país. Levando-se em consideração o plano de expansão já em curso nas duas companhias, esta nova holding poderia chegar ao fim do ano com uma carteira de mais de 340 mil hectares em propriedades rurais, superando a atual líder do setor, a Tiba Agro. A empresa teria ainda terras na Argentina, com o carry over dos ativos da Los Grobo e dos irmãos Alejandro e Eduardo Elsztajn, donos da Cresud. A eventual associação é um reflexo do poder que a Cresud ganhou ao aumentar sua participação no capital da BrasilAgro. Além da aproximação com Gustavo Grobocopatel, o grupo argentino é também um dos idealizadores da emissão de ADRs programada pela companhia. Independentemente da operação com a Sollus, dentro da própria BrasilAgro a expectativa é que a maior ingerência da Cresud vai se refletir na gestão da companhia, inclusive com a possível troca de executivos indicados pela Tarpon Investimentos (Relatório Reservado, 6/7/2010).

La sumatoria y la articulación entre las fuerzas de Eduardo Elsztain, Gustavo Grobocopatel y sus respectivas empresas en la Argentina y en el Cono Sur, pueden ser trágicas para el  porvenir de nuestros países y sumamente difíciles de contrarrestar, en especial debido al respaldo que estas Corporaciones suelen contar por parte de los diversos gobiernos progresistas de la América Latina.

Especulación con los alimentos y avalancha del acaparamiento de tierras

Con el acaparamiento de tierras por parte de las corporaciones, los agricultores y las comunidades locales inevitablemente perderán el acceso a la tierra para la producción local de alimentos. Se está entregando la base misma sobre la cual construir la Soberanía Alimentaria. En marzo de 2010 el GRAIN difundió un documento en el que afirma que: “Se dice como excusa que en muchos casos las tierras no se venden sino que se rentan, pero qué propicia más la devastación sin miramientos de las tierras: ¿que se vendan, o que se renten por… noventa y nueve años? Al final de tales contratos, los “inquilinos” regresarán a una tierra agotada, erosionada, contaminada, a la cual será muy difícil recuperarle su fertilidad, y ellos simplemente se mudan a nuevas tierras “disponibles”.

Este proceso que hemos descripto amenaza convertirse en una verdadera catástrofe para nuestros pueblos, en la medida en que las corporaciones transnacionales  redireccionan el flujo de capitales  financieros errantes desde la crisis de los mercados inmobiliarios, hacia las zonas de agricultura  en América del Sur y en África. La consecuencia será la devastación de los ecosistemas naturales sometidos a procesos productivos que agotan rápidamente los frágiles equilibrios en zonas como la Patagonia y el Norte argentino. Otra consecuencia importante será la pérdida de la soberanía nacional sobre vastos espacios que funcionarán como enclaves extra territoriales a la vez que, como bolsones de producción sometidos a las demandas de intereses externos, en detrimento de los Estados nacionales y de sus responsabilidades de mantener la integridad y la soberanía de sus propios espacios. La decisión sobre la vida y los bienes comunes quedarán en ese caso, en manos de quienes concentran el manejo de las producciones, constituyéndose gobiernos paralelos, a la vez que mutilándose el cuerpo de la Nación.

Con estas nuevas formas de apropiación se acentúa la tendencia  al despojo de las poblaciones criollas, campesinas e indígenas que por  decenas de años han estado  arraigadas en esos territorios y que las obligará a migrar a las periferias de los centros urbanos. Las fronteras nacionales se desdibujarán como consecuencia del acaparamiento de las tierras agrícolas, tornando inaplicables las leyes y reglamentaciones que protegen nuestros espacios, desertizando vastos territorios y  agotando las escasas fuentes de agua. En el documento de las FAO: Perspectivas para el medio ambiente, podemos leer: “… parece probable que el calentamiento global beneficie a la agricultura de países desarrollados situados en zonas templadas y que tenga efectos adversos sobre la producción de muchos países en desarrollo situados en zonas tropicales y subtropicales. Por tanto, el cambio climático podría aumentar la dependencia de los países en desarrollo de las importaciones y acentuar las diferencias existentes entre el norte y el sur en cuanto a seguridad alimentaria”.[11]

Este sombrío panorama constituye una realidad en marcha. Los mega emprendimientos  agroindustriales  se unen y consolidan avanzando sobre los territorios y sobre nuestras vidas, mientras las burguesías y los gobiernos operan como meros facilitadores  del despojo, obnubilados por las ganancias  inmediatas y sin considerar las graves consecuencias que soportarán las generaciones de argentinos aún no nacidas. El acaparamiento de tierras es en definitiva, la nueva etapa de un proceso de neocolonización que en su momento nos obligó a producir forrajes y aceites de soja, más tarde a producir agrocombustibles para los automotores de Europa, y que ahora se manifiesta y profundiza sobre los amplios territorios despoblados por el modelo anterior, con la constitución de enclaves agro productivos, por parte de ciertos países necesitados de solucionar su crisis alimentaria, en este caso a costa del hambre, del desarraigo de nuestras propias poblaciones y en detrimento de nuestra Soberanía Nacional.

 

GRR Grupo de Reflexión Rural

Octubre – Noviembre de 2010

 


October 16th: International day of Action vs agribusiness and Monsanto.

On the occasion of the meeting of the United Nations Convention on Biodiversity (CBD) in Nagoya, Japan, and to mark World Food Day on October 16, 2010, La Via Campesina calls for actions around the world to denounce the role of agribusinesses such as Monsanto and their destruction and corporatization of biodiversity and life.

Even though the UN declared 2010 the International year of Biodiversity, the CBD is meeting at a time of unprecedented biodiversity destruction. As well as animals, insects and birds, the world is also seeing the disappearance of thousands of plant varieties as agribusiness destroys, contaminates and privatizes the World Heritage stored inside the seeds and plants nurtured by generations of farmers over thousands of years of agriculture on Earth. Since 1900, approximately 90% of the genetic diversity of agricultural crops has been lost from farmer’s fields. Biodiversity is also endangered by land-grabbing and the displacement of communities who are actually protecting biodiversity.

Agribusiness corporations are attempting to monopolize seeds through the use of hybrid seeds, patents and laws that make farmers’ seeds illegal. Intellectual property rights systems that are upheld or enforced by institutions such as WTO or TRIPS are putting nature into private hands. Monsanto has become a true giant – the company owns almost a quarter of the patented seed market worldwide, and keeps taking over seeds companies particularly in Europe. The top ten biggest companies control almost 70% of the world’s seeds. The company is now entering the “aid business”, selling its seeds in Africa with the Bill Gates Foundation through the “Alliance for a Green Revolution in Africa (AGRA)”.

Not only do the TNCs sell seeds, they also provide toxic chemicals with devastating effects. Huge monocultures treated with cocktails of agrochemicals will further destroy the world’s biodiversity as well as peasant communities. In the world of Monsanto, Syngenta, Bayer and others, there is no space for biodiversity, just uniformity, biotechnology and profit.

Within the decision making spaces on climate change, agribusiness promotes aggressively technologies that destroy biodiversity such as transgenic trees plantations or GM seeds, solutions which are fasly presented as better adapted to the new climate.

La Via Campesina knows that the future of our planet depends on our ability to protect, nurture and promote agro biodiversity. We, peasant men and women propose to develop the richness and diversity of our farms, plant varieties, cultures and traditions. Seeds are part of the World Heritage and should remain into public and community-based use, not private ownership.

It is the model of peasant agriculture in its diversity that will allow us to adapt to the demographic and climatic changes which are already upon us.

As we confront the agribusinesses in our fields through promoting our alternatives, we refuse to recognize their “rights” as owners of the planet’s biodiversity and we will also confront them through political actions in the coming weeks, at the FAO, the CBD and the UN Climate Talks (UNFCCC).

We call for Actions worldwide around October 16th to protect biodiversity and confront transnational corporations such as Monsanto.

La Via Campesina invites you to coordinate your actions with the call of the network “Climate Justice Action!” in order to organise direct actions worldwide for climate justice on October 12th, 2010. (/www.climate-justice-action.org/)

 

Declaración “FORO REGIONAL EN DEFENSA DE NUESTRO MAÍZ NATIVO”.

Tapachula, Xoconochco, Chiapas
Marzo 17 y 18 de 2010

Los abajo firmantes, organizaciones sociales, organismos civiles,
campesinos(as), estudiantes y académicos (as), participantes en el Foro
Regional en Defensa de Nuestro Maíz Nativo, después de dos días de
compartirnos información, experiencias y
reflexiones, acordamos emitir la siguiente DECLARACIÓN

Considerando:
– Que nuestro país es centro de origen, diversidad y domesticación del
maíz desde hace más de siete mil años;
– Que de acuerdo a la cosmogonía de nuestros antepasados indígenas
mesoamericanos, los hombres y mujeres fuimos creados con maíz:
– Que el maíz es pilar fundamental de la economía, de la cultura y de la
vida del pueblo mexicano;
– Que como producto de un milenario manejo de parte de indígenas y
campesinos mexicanos, existen hoy 59 razas y más de 200 variedades
nativas de maíz;
– Que el maíz es parte central de un sistema de producción integral y
diversificada,
conocida popularmente como la milpa;
– Que la milpa es la vida de las familias y comunidades indígenas y
campesinas de nuestro país y de nuestro estado, siendo base fundamental
para su autosuficiencia, autonomía y soberanía alimentaria;
– Que la milpa, el maíz nativo y con ellos, la soberanía alimentaria y
la vida de comunidades indígenas y campesinos y del propio pueblo
mexicano, se encuentran en grave riesgo, debido a la propagación de
diferentes cultivos transgénicos – incluido recientemente, el propio
maíz- y a la expansión de plantaciones de agrocombustibles como la palma
africana y el piñón;
– Que esta propagación y expansión de transgénicos y agrocombustibles la
realizan los propios gobiernos, federal y estatal, para beneficio de
grandes corporaciones multinacionales como Monsanto, Pioneer, Syngenta,
Bayer, Dupont, Dow AgroScienses, etc.;
– Que recientemente la Organización Mundial para la Agricultura y
Alimentación (FAO) intentó legitimar en Guadalajara, México, la
expansión de cultivos transgénicos, como supuesta solución para los
problemas del hambre de México y el mundo  y como un aporte a la lucha
contra el cambio climático, agrediendo con ello a nuestros pueblos;
– Que contraria a esta afirmación, sabemos que las técnicas
agroecológicas son la única alternativa realmente sustentable para el
incremento gradual y sostenido de la producción y productividad de
granos básicos, -y por tanto, la verdadera solución al hambre del mundo-
haciendo esto en armonía con la Madre Naturaleza;
– Que la mayoría de estas técnicas agroecológicas -que incluyen a las
propias semillas nativas- forman parte de los saberes tradicionales de
comunidades indígenas y campesinas mesoamericanas, mismos que han sido
tradicionalmente ignorados y discriminados por los gobiernos;
– Que todas esta amenazas se reflejan de manera particular en Chiapas y
más puntualmente, en esta región del Xoconochco, zona de altísima
biodiversidad natural y centro de origen histórico de la domesticación
del maíz, realizada ésta por la primer cultura mesoamericana: los
Mokayas, los Hombres de Maíz (ancestros de la cultura Olmeca)- donde
milpas y maíces nativos están siendo desplazados tanto por la acelerada
expansión de cultivos exóticos (particularmente soya, presumiblemente de
origen transgénico) como por el agresivo programa oficial denominado
Reconversión Productiva, que expande plantaciones monoespecíficas con
fines agrocombustibles, como la palma africana y el piñón, mismas que,
además de ser altamente contaminantes del suelo y del agua, propician la
pérdida de la diversidad biológica, de la soberanía alimentaria, del
conocimiento profundo de la agricultura tradicional, y de la identidad y
del arraigo de comunidades descendientes directas del Pueblo del Maíz.

En base a lo anterior:

DECLARAMOS
1º. Nuestra firme convicción de defender las milpas y maíces nativos,
tanto de la región del Xoconochco, como del estado de Chiapas y del país.

2º. Nuestro compromiso de difundir, por todos los medios a nuestro
alcance, la grave amenaza que existe sobre nuestras milpas y maíces
nativos, y consecuentemente, sobre nuestras comunidades y sobre el
propio pueblo mexicano, con la expansión de cultivos transgénicos y plantaciones agrocombustibles.

3º. Nuestro rechazo a los recientes sistemas de transporte público-privado inaugurados en Chiapas, basados supuestamente en agrocombustible ?tales como los llamados ?conejo bus? de Tuxtla Gutiérrez y “huacalero bus” de esta ciudad de Tapachula- por ser una falsa y demagógica alternativa a los problemas de
emisiones contaminantes y del calentamiento global.

4º. Nuestras exigencias al gobierno federal y al gobierno de Chiapas, de:

a) Cancelar los 24 permisos expedidos por SAGARPA y SEMARNAT,
supuestamente para siembra experimental  de maíz transgénico, otorgados
en octubre de 2009 mediante subsidios públicos- a las corporaciones
multinacionales Monsanto, Pioneer y Dow AgroScienses.
b) Prohibir definitivamente toda siembra de maíces transgénicos, apoyando en
cambio, un régimen especial para la protección de nuestros maíces nativos,
como establece la ley en la materia, y un programa de apoyo a las milpas de
policultivo campesinas con técnicas agroecológicas, elaborado e instrumentado con plena y legítima participación de pueblos y comunidades, como base de la soberanía alimentaria local, regional y nacional, entendida ésta como el derecho soberano de los pueblos, a definir qué y cómo sembrar y producir.

c) Detener la expansión sobre el territorio mexicano y chiapaneco, de otros
cultivos transgénicos como son la soya y el algodón.

d) Obligar a la industria alimentaria y a importadores de granos, a
colocar en sus productos una etiqueta que señale claramente su origen y contenido
transgénico.
e) Detener la expansión de plantaciones monoespecíficas con fines
agrocombustibles, tales como la palma africana, el piñón y la higuerilla.
Finalmente, como parte de nuestra Declaración, y considerando que hoy 18
de marzo de 2010, se conmemora el 72º Aniversario de la expropiación petrolera,
realizada en esta misma fecha del año 1938 por el presidente Lázaro Cárdenas del Río,
retomamos el pensamiento expresado en el discurso expropiatorio, que textualmente dice:

Los recursos naturales del país deben servir para su propia
prosperidad; entregarlos a intereses extraños es traicionar a la Patria.

Tapachula, Xoconochco, Chiapas, 18 de marzo de 2010.

Firman
Kay Kab, el fruto amargo  SSS; Skoltael Lum K’inal, AC; Red Ambiental
Cahuacán;Tianguis de productos orgánicos el Huacalero; Red en Defensa del Maíz;
Centro de Estudios para el Cambio del Campo Mexicano (CECCAM); Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas; Green Peace México; UNORCA Vía Campesina; Maderas del Pueblo del Sureste, AC; Enlace, Comunicación y Capacitación, AC; Red Maíz Criollo Chiapas; XEVFS, la Voz de la Frontera Sur; Ik Balam, agencia informativa ambiental; ECOSUR; Andrés Contreras (el juglar de los caminos) (y 120 firmas individuales de campesinos, estudiantes y académicos)

La Via Campesina: It is an Act of Aggression for the FAO to Meet in Mexico to Promote GMOs.

La Via Campesina North America

Guadalajara, 1 March 2010.  La Via Campesina groups together organizations of peasants, family farmers, indigenous peoples, farm workers, women and rural youth from some 70 countries worldwide, representing about 500 million families of women and men of the land. We are those who produce the majority of the food consumed in this world, despite facing ever worse conditions for our work, while the conditions allowing for unimpeded profits by a few transnational corporations are ever more favorable, without any regard for the impacts on people or on the Mother Earth.

We take it as an act of aggression, as a profound lack of respect, and as an affront, that the Food & Agriculture Organization of the United Nations (FAO) has decided to meet in Mexico with governments and the private sector, under the false argument that “biotechnology can benefit peasants in poor countries” – as stated today in a deceptive official press release (http://www.fao.org/news/story/en/item/40390/icode/).

They use the word “biotechnology,” an intentionally vague and broad term, when we all know that the real purpose is to promote genetically modified (GM) crops, which have never benefitted farmer families, and never will.  It is an act of aggression against, and a provocation of, the Mexican people and the peasant and indigenous families of the world, to come to Mexico to promote GMOs, when it is precisely in Mexico that there is an intense struggle to stop the contamination of our ancestral maize varieties with GM pollen. This contamination puts the center of origin and center of biodiversity of a crop that is so important to our culture and to humanity, at risk.

Coming here with a pro GMO message, just when the Mexican organizations and people are trying to defend their maize from the “Monsanto Law” and the authorization of open-field experimental plantings of GM maize, makes it absolutely clear to all of society that the FAO serves the interests of Monsanto, a corporate criminal, and the interests of the bad government, rather than the interests of our peoples.  We repeat, it is an act of aggression to come here and takes sides in this conflict here in Mexico.

How is it possible that an international conference “for the benefit of peasants” has only invited and credentialed one single representative of La Via Campesina, and he only with the status of “observer”?   If the desire to benefit peasants is real, why not have met instead with peasant and indigenous peoples’ organizations, to find out from us what we want in order to be better able to carry out our role in society, which is to grow food and protect the Mother Earth?  If they did that, we would tell them in no uncertain terms that GM maize is one thing we definitely do NOT want.  But they are not interested in knowing what we think, we do not interest them, we are of no importance to them, and therefore we reject them.

The world today is in crisis, a financial, food, climate, energy, environmental, political and spiritual crisis.  The crisis is the product of the greed that is inherent in the capitalist system. In the face of this crisis, we are witnessing a worldwide conflict between two models of food and agriculture.  The “model of death,” of industrial monocultures, agrochemicals and GMOs, feeds financial speculation and feeds automobiles – via agrofuels — rather than feeding people, who face ever worsening hunger.

It is no coincidence that in recent years we have seen the confluence of record levels of hunger – despite record harvests – with record levels of corporate profits for the transnationals of death, like Monsanto, Syngenta, Cargill, ADM, Maseca and Walmart.  This model diminishes and privatizes the genetic biodiversity of our crops, just when the world needs more genetic biodiversity, and it constitutes the theft of our heritage as rural peoples, which is our seeds.

We defend the other model of food production, the model of sustainable peasant, indigenous and family farm agriculture, that conserves and augments biodiversity, and that protects the Mother Earth.  Multiple scientific studies prove that this “model of life” is more productive than industrial agriculture, and as part of food sovereignty, is more than capable of feeding the world without threatening human health or the environment.

While one model worsens the various faces of the crisis, like climate change (by releasing greenhouse gasses), and also financial speculation – which together with corporate hoarding of food stocks is a fundamental cause of the food crisis — the other models offers solutions.  Food sovereignty based on sustainable peasant and family farm agriculture takes food out of the circuits of speculation and free trade, and drastically reduces climate impacts.  We must expel transnational corporations from our food system, and put food back under the control of our peoples.
Our food, produced by peasants, family farmers and indigenous people using ancestral knowledge and the principles of agroecology, is healthy, while an ever  greater number of scientific studies demonstrate the multiple risks to human health posed by GMOs.

GMOs have no place whatsoever in our vision of agriculture.  GMO maize is NOT equivalent to native maize, in any sense, regardless of what the FAO may say.  GMOs are a way to privatize life, and they put our native varieties at risk of genomic degradation when they are contaminated by transgenes.  In our view, GMOs are a fundamental part of a global campaign against peasant, indigenous and family farm seeds.  More and more neoliberal laws prohibit the exchange of non-certified seeds, while only corporations can certify, and a range of technologies from hybrid seeds to Terminator are designed to make it impossible for us to save our own seed for future planting. The corporations, with the complicity of the FAO and governments, want to make us completely dependent upon them.

We can only conclude that, rather than feeding the hungry, they are only interested in feeding their own greed.  But as Gandhi said, “the Earth provides enough to satisfy every man’s need, but not every man’s greed.”

For us farmers, the act of planting our native maize, and defending it, is an act of resistance, and an act of rebellion against an unjust system.  But is also an act of hope.  Hope because we know that solutions to the crisis are to be found in food sovereignty and sustainable peasant, indigenous and family farm agriculture, and we know that these seeds of rebellion that we plant, are also the seeds of that other and better world we want.

We reject the promotion of GMOs by the FAO.
No to GM maize!  Monsanto Out!
Food Sovereignty Now!

1 March 2010, Guadalajara, Mexico

Delegation (Mexico, United States, Canada) of La Via Campesina, North America Region, upon the inauguration of the FAO Conference on Agricultural Biotechnologies in Developing Countries

www.viacampesinanorteamerica.org
www.viacampesina.org

For more information:
Jessica Roe: jroe@nffc.net
Jesus Andrade: +52-1-967-114-7282 (Español)
Peter Rosset: +52-1-967-118-5093 (English)


@twewwter

December 2019
S M T W T F S
« Sep    
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031  

Join 727 other followers

Archivo