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Victor M. Toledo: Ciencia traicionada.

Más que embustero, engañoso, tramposo o falso, el que miente se define mejor como aquel que falta a la verdad. Una mujer u hombre de ciencia es un miembro de la sociedad que se ha formado y especializado en el uso del pensamiento objetivo, la aplicación impecable de la razón, la artesanía de la lógica. Su calidad se mide por su capacidad para dejar fuera de sus observaciones y análisis los valores subjetivos. Esta premisa opera como fantasma vigilante sobre las acciones y actitudes de todo investigador. A los científicos suele acusárseles de racionalistas, cuando llevan al extremo su mirada racional, y es una rareza afirmar que un científico miente. Y sin embargo, este panorama idealizado del quehacer científico se ve frecuentemente negado por la realidad. Más aún cuando el aparato científico y tecnológico se ve cooptado, dominado y conducido por los intereses estrictamente mercantiles de las empresas y las corporaciones, es decir, cuando el conocimiento se privatiza y deja de ser social y público.

En México, estas rarezas existen y persisten. Un ejemplo notable es el de los académicos dedicados a investigar y producir organismos genéticamente modificados (OGM). Esta rama de la biotecnología se encuentra impulsada y dominada por gigantescas corporaciones, como Monsanto, Bayer, Syngenta, Pioneer y Dow. Algunos, quizás muchos, de los investigadores dedicados al tema poseen acciones en una o más de una de esas compañías, generando lo que se denomina un conflicto de interés. A manera de ejemplo hacemos un breve recuento de afirmaciones realizadas reiteradamente por el prestigiado investigador Francisco Bolívar Zapata, tomadas de varias conferencias como las ofrecidas el 26 de abril de 2013 en la Facultad de Química de la UNAM, y el 20 de septiembre pasado en la Judicatura Federal.

“Gracias a los transgénicos, ahora se podrán combatir todas las plagas de las siembras (…) ahora tenemos la oportunidad de producir alimentos que no necesitarán esas sustancias plaguicidas, porque ya está probado que las siembras de transgénicos, no utilizan ninguna forma de plaguicida” (…) Además, está probado, que los OGM no afectan la biodiversidad” (…)Está probado que la alimentación con transgénicos es totalmente sana. No existen pruebas sólidas de problemas de salud” (…) Se habla mucho de un estudio que hicieron en Francia, por un tal Seralini” que no tiene ningún valor científico, porque usó ratas que de por sí se producen cáncer” (…) Existen las compañías que producen plaguicidas, y como los transgénicos ya no los necesitan, están desesperadas por volver a tomar el mercado (Por ello) esos grupos que están queriendo detener los transgénicos (…) son grupos pagados por las compañías productoras de plaguicidas.”

Veamos qué dice la evidencia científica*. Tanto el maíz como la soya genéticamente modificados requieren de un herbicida al que son tolerantes y que es producido por las mismas compañías: el glifosato. Dado que es común la aparición de malezas resistentes a ese herbicida, los cultivos transgénicos requieren de más pesticidas como el paraquat (prohibido en Europa), la atrazina y el 2,4 D. En el caso de Sudamérica, donde la soya transgénica se ha expandido explosivamente, existe una correlación directa con el incremento de los pesticidas. En 2010, casi la mitad de las ventas de pesticidas de Brasil fueron para los cultivos de soya, y en Argentina, Bolivia y Uruguay la cantidad de glifosato utilizado rebasó los 225 millones de litros. Las aplicaciones se realizan con avionetas fumigadoras y con grandes maquinarias que rocían los campos.

Muchas de las áreas cultivadas se encuentran literalmente pegadas a pueblos o bordes de ciudades, por lo que los agroquímicos son dispersados sobre casas, escuelas u hospitales. En Argentina, el primer Encuentro Nacional de Médicos de Pueblos Fumigados (2010) denunció que se han incrementado las enfermedades graves vinculadas a los agroquímicos.

La expansión de los OGM ha devastado la biodiversidad, especialmente en las regiones tropicales. Piense el lector lo que significa desaparecer toda la variedad de especies vegetales y animales en una superficie de 43 millones de hectáreas, casi la cuarta parte de México, que es la superficie sembrada en Sudamérica con una sola y solitaria especie: ¡soya transgénica! No existe antecedente en la historia natural del planeta de alguna monotonía biológica semejante. Además, el monocultivo soyero ha sido la causa de enormes superficies deforestadas en la amazonía brasileña, Argentina (seis provincias) y Bolivia (cuatro tipos de bosques), así como de la supresión de cultivos dirigidos a la alimentación humana (arroz, maíz, trigo, leche y carne).

En el caso del maíz transgénico su posible siembra comercial resulta una amenaza para la diversidad genética de las 60 variedades originales, resultado de un proceso de domesticación que tomó 7 mil años, las cuales serían contaminadas por el flujo génico. Hoy se investigan otros posibles efectos sobre polinizadores e insectos, como la emblemática mariposa monarca.

Afirmar que los cultivos transgénicos son alimentos sanos resulta temerario. La evidencia del estudio publicado por un grupo francés encabezado por Gilles-Eric Séralini en 2012, que alimentó ratas durante toda su vida con granos de maíz de Monsanto MON NK603 llama al menos a ser precavidos. Las ratas del laboratorio generaron tumores de mama (hembras) y sufrieron daños severos al hígado y al riñón (machos) que les provocaron la muerte.

Monsanto pretende introducir el mismo grano en el norte de México (Sinaloa, Chihuahua, Durango y Tamaulipas) en un país cuyos ciudadanos consumen cada año 12 millones de toneladas de maíz. Finalmente nadie, y menos un académico, puede ignorar a los más de 2 millones de ciudadanos que salieron a las calles de 436 ciudades de 52 países para protestar contra Monsanto y los alimentos transgénicos el 24 de mayo de este año, acto a escala global que se repitió el pasado 12 de octubre. ¿O acaso tendrán las compañías productoras de plaguicidas capacidad de compra sobre esos millones?

Además de haber sido creador y fundador del Instituto de Biotecnología de la UNAM, el científico Bolívar Zapata ha sido miembro de la Junta Directiva de la UAM, la UNAM y el Conacyt. En 1994 ingresó como miembro de El Colegio Nacional y fue presidente de la Academia Mexicana de Ciencias. Sus innumerables distinciones lo convierten en el científico mexicano más premiado de toda la historia. Destacan dos premios nacionales, el Premio Príncipe de Asturias de España y el premio de The Third World Academy of Sciences. Apenas el pasado 2 de abril, el Presidente de México lo nombró coordinador de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Presidencia. Su trayectoria es impecable y más que brillante. ¿Entonces? Lo único que sabemos es que su caso no es único. Ahí están los premios Nobel William Schockley y James Watson, el descubridor del ADN, denostados por sus declaraciones racistas. Hoy la única garantía es una ciencia con ética y científicos comprometidos con la sociedad y con la naturaleza. Ni más… ni menos.

http://www.jornada.unam.mx/2013/10/21/opinion/020a2pol

Suspensión a siembra de maíz transgénico en México pero, ¡La lucha sigue!

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El pasado 10 de octubre empezamos el día con la noticia de que el Juzgado Federal 12º en Materia Civil del DF emitió la suspensión de permisos a empresas semilleras transnacionales como Monsanto, Dupont, Pioneer para sembrar maíz modificado genéticamente (maíz transgénico) en México.

Aunque lo hemos hecho en ocasiones anteriores, expliquemos nuevamente qué es el maíz transgénico.

El maíz transgénico es uno al que se ha insertado en su genoma una o más secuencias de información genética provenientes de otros organismos (bacterias, virus, otras especies de plantas) para otorgarle propiedades que naturalmente no tenía ese maíz anteriormente. Estas inserciones o modificaciones se hacen en laboratorios biotecnológicos (muchas de las veces, extranjeros) y forman parte de paquetes tecnológicos que generalmente se venden a agricultores de países del Sur global (México, Honduras, La India, Paraguay, Argentina, Chile, Brasil, etc.) aunque también se comercializan en Estados Unidos y hasta hace poco tiempo en algunos países de Europa.

Desde hace varios años se vienen publicando investigaciones científicas muy serias y críticas que han analizado el efecto de los transgénicos (muchas de estas se han enfocado a estudiar los efectos del maíz transgénico en la salud humana y de los ecosistemas) y han arrojado resultados que todos debemos conocer para tener una opinión sólida sobre las implicaciones de que se permita la siembra de maíz transgénico o no en nuestro país.

México es el centro de origen y diversidad del maíz. Esto significa que fue en diversos lugares de nuestro país donde se originaron las variedades de maíz tal y como lo conocemos hoy. Cada vez que nos alimentamos con un producto hecho con maíz nativo (tortillas, pozole, tamales, tlayudas, tlacoyos, etc.) nos llevamos a la boca aproximadamente 10 mil años de una historia de acompañamiento mutuo entre las poblaciones mexicanas antiguas y el maíz mexicano. El origen mismo de la agricultura.

¿Qué significado tiene que se siembre maíz transgénico de manera masiva en México?

Debemos mencionar que las corporaciones a las cuales ahora se les ha negado el permiso para sembrar maíz transgénico a nivel experimental no están en México desde hace poco tiempo. Estas empresas llegaron al país como una de las consecuencias devastadoras de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México. Como mencionamos al principio, las agroindustrias ofrecen paquetes tecnológicos (que incluyen a las semillas transgénicas) argumentando que los rendimientos en la cosecha aumentarían, que se utilizarían menos fertilizantes, que las plantas serían resistentes a agroquímicos, a algunas plagas, a la sequía, etc.

La realidad es que a lo largo del tiempo esas promesas han demostrado ser falsas: se ha comprobado que deben utilizarse más fertilizantes en los campos transgénicos, han surgido ‘malezas’ que son resistentes a los agroquímicos, incluso se ha mostrado de manera científica que los fertilizantes asociados a las plantas transgénicas potencialmente pueden provocar daños renales o hepáticos. En Sudamérica se han reportado aumentos en el número de diferentes tipos casos de cáncer en la población expuesta a agroquímicos usados en campos transgénicos.

Un dato que debe alertarnos a todos: Desde 2012 se reportó que ratas que fueron alimentadas con maíz transgénico tuvieron mayores índices de cáncer y de enfermedades hepáticas y renales en comparación con las ratas control. (¡LAS RATAS FUERON ALIMENTADAS CON UNA DE LAS VARIEDADES DE MAÍZ QUE UNA DE LAS CORPORACIONES PRETENDE SEMBRAR MASIVAMENTE EN MÉXICO, Y NUESTRO PAÍS OCUPA EL SEGUNDO LUGAR EN EL MUNDO EN CONSUMO DE MAÍZ POR HABITANTE!)

El hecho de que el país sea centro de origen del maíz indica que las variedades de maíz que se conocen hoy en día son capaces de crecer en las muy diferentes condiciones climáticas y geográficas que hay en México: algunas están adaptadas a condiciones de muy poca humedad, otras a crecer a altitud de más de 2000 metros sobre el nivel del mar, algunas crecen en zonas costeras, etcétera. Debe considerarse que tal variedad de maíces permitiría potencialmente adaptar las más convenientes a las condiciones climáticas cambiantes debido al calentamiento del planeta. Sería un crimen que se perdieran esa riqueza al contaminarse los maíces con transgenes.

Otro dato importantísimo para México: Recientemente se ha dado a conocer que en el mundo aproximadamente el 70% de los alimentos son producidos por campesinos o comunidades rurales o indígenas. Algunos de los efectos de la siembra masiva de maíz transgénico en México serían la desaparición completa de la vida en el campo, la condena al hambre de comunidades rurales que subsisten de la producción de granos para autoconsumo y la pérdida definitiva de la soberanía alimentaria.

El hecho de que por ahora legalmente se haya declarado la suspensión en los permisos para la siembra de maíz transgénico en México no debe entenderse como un triunfo definitivo, sino como un tiempo valiosísimo que debe utilizarse para acercar información veraz a la población, generar debates abiertos en los que se escuche a las partes afectadas (quienes paradójicamente hasta ahora no han tenido voz en las decisiones definitivas): campesinos, indígenas, consumidores.

Debe considerarse también que si bien se ha suspendido temporalmente el otorgamiento de permisos para sembrar transgénicos en el país, actualmente hay parcelas en las que se están evaluando cultivos transgénicos cuyos permisos fueron otorgados previamente y sin evaluar las evidencias de riesgos potenciales que hemos señalado previamente y dichas siembras no se han suspendido, por lo que no estamos libres de peligro.

La población debe estar atentísima al proceso jurídico que ahora inicia, no sería sorprendente que las corporaciones semilleras intenten corromper los procesos que se están abriendo, esto con el fin de continuar sus negocios a costa de nuestra salud. Ha pasado en otros países.

Sería un retroceso muy grave que se proclamen líderes o dirigentes de una lucha que es de todas y todos, ya que todos comemos maíz; además de que será un proceso de larga duración y se antoja muy desgastante. Este tiempo de suspensión de la siembra de transgénicos debe ser aprovechado por los colectivos, redes y organizaciones que defienden el maíz para coincidir, llevar información a la población, coordinar acciones, compartir foros y debates… en defensa del maíz nativo mexicano.

http://pagina3.mx/aqui-entre-nos/11680-suspension-a-la-siembra-de-maiz-transgenico-en-mexico-pero-ila-lucha-sigue.html

Red por una América Latina Libre de Transgénicos frente a casi 20 años de cultivos transgénicos.

A casi dos décadas de la introducción de transgénicos en el ambiente, América Latina se ha convertido en maquila de las transnacionales que producen granos para animales de otras transnacionales, contaminando el ambiente y la biodiversidad. Pero sigue siendo un espacio de biodiversidad donde florece la vida y las comunidades campesinas.

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A 17 años de haberse liberado los cultivos transgénicos en el ambiente, 30 organizaciones de América Latina de 12 países de la región, convocadas por la Red por una América Latina Libre de Transgénicos en la ciudad de Bogotá, Colombia, del 23 al 27 de mayo del 2013, analizamos el panorama de nuestro continente, y hacemos pública nuestra preocupación por los graves impactos que estos cultivos tienen en la región.

Rechazamos tajantemente la liberación comercial masiva de maíz transgénico que quiere hacer la industria en más de tres millones de hectáreas en México, un hecho sin precedente en la historia de la agricultura, pues sería la primera vez que ocurriera una devastación de tal magnitud en uno de los centros de origen y para un cultivo que alimenta a la humanidad en su conjunto.

A lo largo de este periodo, los cultivos transgénicos han sembrado desolación y muerte en América Latina, donde han alcanzado altos niveles de expansión, ocupando el segundo lugar en área cultivada con transgénicos en el mundo.

Las empresas productoras de semillas, agrotóxicos y comercializadoras de alimentos transgénicos, junto con las élites locales y en complicidad con los gobiernos en turno, han convertido a América Latina en maquila de los cultivos transgénicos del mundo.

No existen cultivos transgénicos sin plaguicidas. A pesar de que los promotores de los cultivos transgénicos dijeron que éstos iban a disminuir el uso de plaguicidas, la realidad es lo opuesto. Ha habido un aumento exponencial en el uso de agrotóxicos en los países que han adoptado esta tecnología, y su aplicación está relacionada especialmente con los cultivos resistentes a herbicidas, lo que significa el sometimiento de la población a una condición sanitaria cercana al genocidio. En el Cono Sur, la soja [soya] resistente a glifosato cubre un área de 475 mil 700 km2; toda esta área es fumigada con un cóctel de agrotóxicos que incluye el glifosato, afectando a cerca 10 millones de personas que viven en la zona de influencia de las fumigaciones asociadas a los cultivos transgénicos.

Brasil ocupa el primer lugar a nivel mundial en el consumo de agrotóxicos desde 2010, siendo el principal productor de soja resistente a glifosato en la región.

Esta avalancha tóxica ha provocado un aumento exponencial de enfermedades relacionadas con plaguicidas, como malformaciones genéticas, incremento de leucemia, linfomas, enfermedades autoinmunes, y daños irreparables en los ecosistemas.

Estos problemas se agudizarían con la adopción de nuevos transgénicos resistentes a herbicidas más fuertes como son el 2,4D y Dicamba, el glufosinato de amonio, que ya han sido aprobados o están en proceso de aprobación en nuestros países, por lo que repudiamos cualquier intento de liberarlos al ambiente.

A esto se suma la contaminación genética de la agrobiodiversidad y la destrucción de ecosistemas naturales, que son la base de sustento de las comunidades locales.

Los problemas generados por los transgénicos derivan en violaciones a los derechos humanos. Los impactos descritos son tan graves, que ya no son problemas que puedan resolverse a través de técnicas como la evaluación y manejo de riesgo. Se han convertido en causal de violación a los derechos humanos de poblaciones enteras, por lo que su discusión debe salir de convenios internacionales —como el Protocolo de Cartagena que se limita a ver los impactos de la modificación genética en la biodiversidad— para tratarse por los organismos de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos.

Los cultivos transgénicos no nos alimentan. Las vastas zonas dedicadas a la siembra de cultivos transgénicos en América Latina, antes dedicadas a satisfacer el derecho humano a la alimentación, hoy son territorios donde se produce soja y maíz transgénico para forraje, destinados a la cría intensiva y confinada de animales, que en la mayoría de casos son criados en otros continentes, privando a la población nativa del acceso a alimentos sanos y culturalmente adecuados. En los países donde se cultivan soja y maíz transgénico los animales son criados en condiciones sanitarias muy pobres y de gran violencia, lo que repercute en la calidad de la carne, lo que conlleva enormes impactos en los patrones de alimentación y en la salud humana y de los animales. Los transgénicos son un negocio de transnacionales para transnacionales, no para consumidores ni para agricultores. Los transgénicos son comida para comederos, no de comedores; e incluso han desplazado la cría tradicional de animales en países donde esto era costumbre, empeorando la salud, el ambiente y las economías de pequeños criadores.

Las nuevas leyes de semillas son un impulso a la expansión de los transgénicos y una amenaza a las semillas nativas. En la región se están impulsando nuevas leyes de semillas, donde se plantea la penalización de la circulación de las semillas nativas que son la base de la agricultura campesina y familiar. Esto es una clara violación a los derechos de los agricultores, claramente reconocidos en el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura. Estas leyes además buscan reforzar el control de mercado por parte de las empresas de semillas transnacionales, y la adopción de las semillas transgénicas en nuestros campos, poniendo en peligro los recursos fitogenéticos de la región.

Las organizaciones reunidas en Bogotá queremos llamar la atención sobre las siguientes problemáticas específicas en América Latina:

Paraguay. Repudiamos el golpe de Estado parlamentario ocurrido el 22 de junio de 2012, dado al presidente Fernando Lugo, electo el 20 de abril de 2008 en elecciones democráticas para el periodo 2008-2013. Consideramos, que dicho golpe estuvo muy relacionado con la expansión de los agronegocios y la liberación ilegal de nuevos cultivos genéticamente modificados por ejemplo: 2 eventos de Algodón transgénico, un evento de soja transgénica y 4 eventos de maíz transgénico.

Nos preocupa además el fuerte proceso de extranjerización de la tierra y la expulsión de comunidades campesinas e indígenas y la violación de las leyes ambientales vigentes en ese país, para dar paso a la expansión de los cultivos transgénicos, como por ejemplo la soja RR que desde la década de los 90 viene causando graves conflictos socioambientales violando derechos fundamentales.

Hacemos un llamado al Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas para que inicie una investigación sobre los atropellos a los derechos humanos suscitados en Paraguay relacionados con la expansión de los agronegocios; la persecución y criminalización que sufren los/as líderes defensores de la naturaleza, y convocamos a la sociedad internacional para que esté vigilante de los acontecimientos en este país.

México. Apoyamos y nos solidarizamos con el proceso del Tribunal Permanente de los Pueblos capítulo México, y estaremos especialmente atentos a las sesiones de la audiencia temática “Violencia contra el maíz, la soberanía alimentaria y los derechos de los pueblos”, donde se está presentado una gran cantidad de casos y testimonios de pueblos, científicos y activistas sobre la contaminación transgénica y otras violaciones ejercidas por las transnacionales, con apoyo oficial, contra el maíz y los pueblos del maíz.

Nos adherimos a la demanda de las y los ciudadanos mexicanos de evitar la siembra comercial y experimental de organismos genéticamente modificados en especial del maíz transgénico, siendo México uno de los países centros de origen del maíz.

Respaldamos los argumentos y elementos de peso científico, socioeconómico, cultural y daño irreversible de los transgénicos, que expone en la red, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) y otras organizaciones científicas y sociales, sumándonos a la petición para que no se autorice la siembra comercial de maíz transgénico en México y se declare una moratoria indispensable en este cultivo. Apoyamos también que se retiren las autorizaciones de siembra comercial de soya transgénica en Yucatán, ante el impacto negativo para los miles de apicultores que sufren afectación por la limitación de venta de miel a la Comunidad Europea, por contaminación transgénica.

Argentina. Rechazamos el avance de la frontera agrícola en el Norte del país, lo que ha conllevado a un agresivo proceso de desplazamiento y criminalización de poblaciones originarias que debe parar.

Rechazamos la aprobación y liberación de nuevos eventos transgénicos que incorporan genes de resistencia a nuevos herbicidas apilados, así como nuevas toxinas Bt. Apoyamos la petición de las organizaciones ambientalistas, grupos auto-convocados de vecinos afectados por los agrotóxicos y movimientos sociales argentinos para que con urgencia se implementen zonas de resguardo libres de fumigaciones de mil metros como mínimo, alrededor de pueblos, escuelas rurales y humedales; se prohíban las fumigaciones aéreas, y se implementen estudios epidemiológicos y biológicos para determinar el impacto en la salud humana y ambiental, por el uso masivo de agroquímicos; que con base a los resultados encontrados, se inicie un proceso de restauración integral de las víctimas.

Repudiamos el acuerdo hecho por la presidenta argentina con Monsanto para instaurar nueva infraestructura en el país, como la planta de acondicionamiento de semillas planificada en la Localidad Malvinas Argentinas-Córdoba, y otras.

Honduras. Tenemos conocimiento de la campaña “sembremos país con más maíz”, para sembrar 100 mil hectáreas de maíz transgénico el año 2020, impulsada por Monsanto Agrícola de Honduras, Bayer, Fenorza y el gobierno central, con la que se pretende afianzar el posicionamiento de la semilla transgénica en territorio hondureño, y extender un paquete tecnológico que incluye agrotóxicos, que impulsa una agricultura sin agricultores, sin importar los graves impactos que este tipo de agricultura ocasiona a la salud y el ambiente y que aumentará la inseguridad alimentaria del pueblo hondureño, por lo que pedimos al gobierno de Honduras parar tan nefasta iniciativa, y que se ponga un alto definitivo a los transgénicos en Honduras.

Queremos cuestionar además el rol que juega La Escuela Agrícola Panamericana, más conocida como El Zamorano, que sirve de punta de lanza para la promoción de los transgénicos en las regiones tropicales de América Latina. En su sede se forman técnicos y se desarrollan las tecnologías que están al servicio del agronegocio.

Costa Rica. Apoyamos a las organizaciones sociales de Costa Rica quienes han optado por un modelo de desarrollo agrícola libre de transgénicos y propiedad intelectual y basado en la agroecología y las semillas ancestrales y criollas; y a todos los 57 cantones (de 81) que se han declarado libres de transgénicos. Rechazamos el intento de empresas transnacionales por sembrar maíz transgénico en ese país, y apoyamos el llamado a moratoria de 30 años a la liberación de cultivos transgénicos y demás cultivos manipulados con técnicas de la ingeniería genética en el territorio nacional, pedida por las organizaciones sociales.

Panamá. Nos preocupa que Panamá se convierte en campo de experimentación de nuevos transgénico, lo que se está haciendo a espaldas de la sociedad. En Panamá se encuentra la planta para producir mosquitos transgénicos de la empresa Oxitec que opera en las instalaciones del Instituto Georgas.

En ese país también se planea criar el salmón transgénico desarrollado por la AquaBounty Technologies, y sería el primer animal transgénico que entraría en nuestra alimentación. El salmón GM sería producido en la Isla Prince Edward, Canadá, y los huevos serían enviados a tierras altas de Panamá, donde se haría también el procesamiento del animal. Este pez transgénico tiene genes que expresan una hormona de crecimiento que sólo se activa en climas cálidos, por eso se escogió a Panamá para su cría.

Colombia. Luego de diez años de ser liberado comercialmente el algodón transgénico de Monsanto, los algodoneros han fracasado usando esta tecnología y han tenido millonarias pérdidas. Y aunque la mayoría de los agricultores ya no quieren saber de esta tecnología, Monsanto ha retirado del mercado las semillas de algodón no transgénicas. Desde 2007 se han liberado comercialmente diez eventos de maíz transgénico, lo que es muy crítico, puesto que por ser Colombia un centro de diversidad de maíz, los maíces transgénicos generan un enorme impacto sobre la diversidad de maíces criollos, los sistemas productivos locales y la soberanía alimentaria en el país. Apoyamos las iniciativas de la sociedad civil colombiana que busca que se prohíban los cultivos aprobados y que se declare el país libre de transgénicos.

Ecuador. Saludamos al pueblo ecuatoriano por haber incorporado en su Constitución una prohibición expresa a los cultivos y semillas transgénicas, por el reconocimiento de los derechos de la naturaleza y el buen vivir como el camino que debe relacionar a la sociedad con su medio. Nos preocupa sin embargo que en un futuro próximo se intente de cambiar la Constitución, para que el país deje de ser libre de cultivos y semillas transgénicas. Los estudios hechos dan cuenta de la rica agrobiodiversidad existente, que no está contaminada genéticamente, por lo que el Ecuador mantiene su condición de país libre de transgénicos. Exhortamos a la Asamblea Nacional que mantenga al Ecuador libre de Transgénicos.

Perú. Recibimos con beneplácito la moratoria decretada en Perú a los transgénicos en ese país, y hacemos votos porque esa moratoria se convierta en una prohibición definitiva, que permita potenciar la rica agrobiodiversidad peruana. La moratoria es el resultado del trabajo desplegado por una amplia alianza que incluye al campesinado, a consumidores y al sector de la gastronomía conscientes de la necesidad de proteger su patrimonio genético y su biodiversidad.

Bolivia. La situación no deja de ser preocupante. Si bien la Constitución Política del Estado establece el principio prohibitorio de transgénicos, y la Ley Marco de la Madre Tierra la eliminación paulatina de la soya transgénica (así como la prohibición tajante a los transgénicos de cultivos de los cuales el país sea centro de origen y centro de diversidad, como es el caso del maíz, de la papa, ajíes, maní), las corporaciones del agronegocio se jactan del crecimiento sostenido (que llegaría al 99% de la soya cultivada) desde que en 2005 se aprobó el primer evento resistente al glifosato. El control de la cadena productiva de la soya está en manos de empresas extranjeras —66 % principalmente menonitas, brasileños y japoneses— que amplían la frontera agrícola a un ritmo de desmonte y deforestación de 60 mil hectáreas anuales.

Uruguay. Hacemos un llamado para que se frene el acaparamiento, extranjerización y especulación de la tierra en Uruguay, proceso que viene acompañado con la expansión del monocultivo de árboles y soja transgénica, y que se haga un estudio para revertir este fenómeno. Rechazamos las investigaciones con animales transgénicos como ovejas en Uruguay.

Brasil. Los brasileños analizan los 10 años de la legalización de los cultivos transgénicos en Brasil, con 36 eventos transgénicos aprobados, millones de hectáreas cubiertas con soja, maíz y algodón transgénico, con varios otros cultivos en la lista de aprobación y ostentando el dudoso honor de ser primer consumidor de plaguicidas en el mundo.

Nos preocupa la aprobación del fréjol modificado genéticamente, desarrollado por Embrapa usando una técnica que modifica el ARN, para que sea resistente a un virus, porque este tipo de modificación genética nunca ha sido liberada de manera masiva al ambiente, y mucho menos para el consumo humano directo. Apoyamos la petición de las organizaciones brasileñas que demandan acceso a toda la información científica relacionada con la modificación genética de este fréjol, incluyendo sus impactos potenciales en la salud y el ambiente.

Creemos que el hambre tiene causas estructurales, y que Embrapa podría destinar sus esfuerzos de investigación a potenciar la agroecología y la agricultura familiar para la soberanía alimentaria, que sea respetuosa con el medio ambiente y tener en cuenta el sector social.

Apoyamos la petición de las organizaciones brasileñas, que demandan que se implemente un proceso de monitoreo y vigilancia post-liberación de los cultivos transgénicos, cuyos resultados sean disponibles para la sociedad civil organizada.

Nos oponemos rotundamente al uso de tecnologías “Terminator”, que vuelven estériles las semillas, para lograr que los agricultores se vuelvan esclavos de las empresas. Denunciamos los intentos de romper la moratoria internacional sobre Terminator, iniciados a partir de propuestas para legalizar dicha tecnología en el Congreso de Brasil.

Chile. En la división internacional del trabajo, Chile es la maquiladora de semillas transgénicas para Monsanto y las transnacionales agroquímicas, negocio que además de servir sólo a sus intereses, pone en riesgo a las semillas orgánicas y convencionales, como ya se demostró en Alemania, con la detección de maíz convencional contaminado por transgénicos procedente de Chile, así como la miel.

En la división internacional del trabajo, Chile es la maquiladora de semillas transgénicas para Monsanto y las transnacionales agroquímicas, negocio que además de servir sólo a sus intereses, pone en riesgo a las semillas orgánicas y convencionales, como ya se ha demostrado en Alemania, con la detección de maíz convencional contaminado por transgénicos procedente de Chile. Apoyamos las luchas campesinas, ambientales y sociales en curso, que buscan impedir el avance del proyecto de Ley de Obtentores Vegetales, para detener el despojo del patrimonio genético de Chile y de sus pueblos campesinos e indígenas y evitar la expansión de los cultivos transgénicos al mercado interno.

Venezuela. Saludamos los esfuerzos que se están llevando a cabo en la Asamblea Nacional de Venezuela que busca garantizar la soberanía alimentaria e impedir el uso de transgénicos en el país.

A pesar de todos estos problemas, en nuestro continente pervive una rica cultura campesina que es la que alimenta al 70% de la población. En sus territorios se conserva la más rica agrobiodiversidad del planeta que está en continuo proceso de renovación. Aquí se extienden los más grandes territorios cubiertos con bosques tropicales, así como de otros importantes ecosistemas.

Por una América Latina Libre de Transgénicos y la revitalización de la agricultura campesina y familiar

http://www.rallt.org

Monsanto se va de Europa ¿Haremos que se vaya de América?

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Aún cuando puede parecer que el poder y la influencia de las transnacionales es casi absoluto, una pequeña esperanza se abre en la lucha de los pueblos ante la corporación semillera Monsanto que a principios de esta semana ha hecho pública su decisión de no seguir promoviendo ni comercializando cultivos transgénicos en Europa.

En declaraciones a un periódico alemán, la representante de Monsanto en ese país, Ursula Lüttmer-Ouazane, mencionó: ‘Hemos llegado a la conclusión de que en este momento no hay una amplia aceptación’. Representantes de la gigante multinacional semillera indicaron también que no buscarán nuevas aprobaciones para plantas modificadas genéticamente dada la baja demanda de sus productos y ante una oposición y rechazo a la tecnología cada vez mayor del público en general: ‘No tiene sentido luchar contra molinos de viento’, fue la declaración de la portavoz de Monsanto.

Este anuncio se hizo público sólo unos días después de salir a la luz y de manera escandalosa el descubrimiento en campos agrícolas en Oregon, Estados Unidos de trigo transgénico de Monsanto (Roundup Ready) que no tenía la autorización para ser sembrado de manera comercial. Este hecho plantea nuevamente los altos riesgos de la investigación científica con intereses corporativos de fondo, la relajada legislación sobre patentes y liberación comercial de transgénicos y principalmente, los riesgos para la biodiversidad, la seguridad alimentaria  y la salud de la población mundial.

El anuncio de la salida de Monsanto de Europa debe confirmarse en los hechos, ya que es el Estado Español donde se cultiva más del 90% del maíz transgénico (Bt). La comunidad autónoma de Aragón es la que cuenta con una mayor superficie de cultivo de maíz modificado, seguida de Cataluña y Extremadura.  Sin embargo, Francia, Alemania, Austria, Hungría, Grecia, Luxemburgo, Bulgaria y Polonia han prohibido tanto la entrada como la siembra de maíz transgénico en sus territorios.

¿Saldrá Monsanto de América Latina? ¿Qué pasa en México?

Los voceros de Monsanto en Europa también mencionaron que ‘venderían semillas transgénicas únicamente en aquellos lugares en los que cuentan con amplio apoyo por parte de los agricultores así como de políticos y un sistema regulatorio funcional‘ pero, ¿cuales son esos lugares? Desde hace mucho tiempo, diversas organizaciones de indígenas, campesinos, activistas, científicos críticos de toda América Latina vienen denunciando la contaminación de sus campos agrícolas y su modo de vida por los cultivos transgénicos. Se ha alertado a la población por los daños a la salud asociados a los herbicidas que se usan en la fumigación de soya transgénica en países del cono sur; en diferentes medios de información se han mencionado casos de muerte masiva de abejas, o la disminución en la población de mariposas monarca debido posiblemente pesticidas o quizá a las mismas plantas transgénicas; se han vaticinado los incalculables daños a la biodiversidad y a la cultura milenaria por la siembra comercial y consumo masivo de maíz transgénico.

Los lugares a los que se refieren los voceros de Monsanto son nuestras comunidades y países: Argentina, Brasil, Costa Rica, Chile, Guatemala, Honduras, México, Paraguay, Uruguay, etc., en resumen casi toda América, y que como refieren de manera maliciosa los agentes de Monsanto, son lugares en los que hay apoyo y complicidad de políticos que modifican las leyes para que la semillera aterrice y haga negocios.

Hace unos pocos días se demostró a nivel mundial el rechazo a Monsanto a través de masivas manifestaciones, se empiezan a recoger las primeras victorias con el anuncio de la salida de la corporación de Europa, y debe mencionarse que ese pequeño pero significativo triunfo se dio en gran parte a organizaciones de consumidores críticos, que desde el principio rechazaron que los transgénicos estuvieran en su mesa. Lamentablemente en México no hay asociaciones sólidas de consumo crítico, debemos fortalecer ese aspecto y hermanarlo a organizaciones campesinas e indígenas, que son quienes producen el maíz que alimenta a nuestros países.

Depende de nosotros mismos y de manera organizada y horizontal hacer que Monsanto se vaya de América, que se vaya a la quiebra en todo el mundo.

http://pagina3.mx/al-grano.html

Pronunciamiento: Red en Defensa del Maíz enero de 2013.

Pronunciamiento

Red en Defensa del Maíz

enero de 2013

 

*Reunidos en nuestra primera asamblea de 2013, nosotras, las comunidades organizaciones y personas que nos reconocemos en la Red en Defensa del Maíz desde hace once años, elevamos nuestra voz para repetir una vez más que rechazamos tajantemente la introducción, el trasiego, la comercialización, intercambio, experimentación, almacenaje y la siembra de cualquier cultivo transgénico.

* En particular rechazamos todo lo relacionado con el maíz transgénico por atentar directamente contra más de diez mil años de cuidado del maíz nativo, por atacar directamente las estrategias agrícolas y de subsistencia de los pueblos y las comunidades; por atentar contra la seguridad y la soberanía alimentarias de México, por atentar contra la producción libre y autónoma de alimentos con semillas nativas nacionales libre de patentes y sin modificación transgénica. Por atentar contra la salud de la población en general.

* Lo hemos dicho antes ya, pero es necesario repetirlo también: México y toda Mesoamérica (y más) es centro de origen y diversificación del maíz. Por tanto rechazamos el empeño del gobierno por imponernos unos supuestos centros de origen que presuponen que hay otros muchos sitios donde se puede plantar cultivos transgénicos. Exigimos la integridad política, biológica y territorial de México como país CENTRO DE ORIGEN y Diversidad Continua, encarnado en la vigencia de los pueblos indígenas.

* Hoy, a nuestros reclamos de once años de resistencia —desde que se descubrió la contaminación a trasmano que intentó el gobierno en Oaxaca, lo que dio pie a la formación de nuestra Red—, tenemos que sumar nuestra palabra a todas aquellas voces que ya sonaron la alarma ante la mera posibilidad de que se aprueben los permisos solicitados para sembrar transgénicos comercialmente en más de 2 millones 400 mil hectáreas, en los estados de Sinaloa y Tamaulipas. Siendo estas entidades sitios que siembran enormes cantidades para consumo humano en las grandes ciudades del país, se las inundaría con un maíz contaminado que en otros países ha sido objeto de estudio y han hallado que es nocivo para la salud. Lo mismo que hemos venido diciendo desde nuestras comunidades y organizaciones durante estos once años.

* Saludamos entonces los trabajos del doctor Seralini que con gran valentía ha estado enfrentando los intereses de las agroindustrias. Seralini y su equipo siguen sin callarse ante lo que consideran un gran daño potencial a la salud humana con posibilidades de ocasionar cáncer en su ingestión repetida, lo que desmiente las afirmaciones de Monsanto de que los transgénicos son inocuos.

* Nos preocupa la situación en que se encuentran los agricultores de Sinaloa y Tamaulipas (y en general del norte del país). Suponemos que probablemente las empresas semilleras los presionan con ofrecerles sólo semillas transgénicas, por parte de Monsanto, Pioneer y Dow para que siembren las variedades transgénicas que les están ofreciendo y casi que forzando a utilizar, y les decimos a todas esas personas, sean agricultores privados, ejidatarios u organizaciones de productores, que consideren el enorme daño que estos cultivos van a ocasionar a la biodiversidad del maíz (por la enorme erosión a las variedades del maíz nativo), a las estrategias independientes de producción agrícola, al futuro de las familias productoras, a la seguridad alimentaria y la salud de la población mexicana. A fin de cuentas promoverá una dependencia brutal hacia unas cuantas voraces corporaciones.

Sabemos que las presiones son muchas, y que en las condiciones de crisis en México y en el mundo es difícil zafarse de ellas, pero desde acá, cariñosamente, les hacemos un llamado a dialogar con la Red en Defensa del Maíz, para que juntos entendamos el momento que vivimos, en algún sitio y tiempo que podamos acordar; para que discutamos los graves riesgos que tenemos por delante y las maneras más dignas que podemos todavía emprender (junto con muchas personas) para salvar al maíz, uno de los cuatro cultivos más importantes en la historia del mundo.

* Saludamos a todas las comunidades y organizaciones que desde el nivel local y regional han logrado establecer acuerdos, estatutos o reglamentos —como un freno real a la entrada de los transgénicos a sus lugares y enclaves mediante una actitud de atención, alerta y cuidado; desechando o frenando todas las semillas extrañas, las semillas híbridas o ajenas que los programas de gobierno o las empresas quieren imponerle a las comunidades a cambio de otros programas o proyectos.

* Esa moratoria real, se ha mantenido estos once años y México sigue siendo un país donde todavía no nos vencen los transgénicos. Por eso es importante ahora, ante una emergencia tan grave como la que vivimos, redoblar esfuerzos, atención, cuidados, para mantener y reforzar las semillas nativas y los canales de confianza que hacen posible su intercambio seguro y la diversidad que es su corazón, al tiempo de desterrar toda semilla ajena, sobre todo si son semillas que nos promueve el gobierno y las empresas.

* Por supuesto, ahora ya no sólo es un problema de siembra atenta, cultivo cuidadoso o intercambio de semillas por los canales de confianza. Ahora también debemos prestar atención a la procedencia de todo el maíz que consumamos, sabedores de que hay ahora infinidad de productos que lo contienen. Entonces debemos redoblar la atención para desechar los productos procesados que contienen algún ingrediente basado en maíz industrial, pues seguramente éste será transgénico.

* Queremos ahora invitar a muchas organizaciones que han dado muestras de estar genuinamente preocupadas por la inminente invasión transgénica a que sumemos esfuerzos para trabajar: a veces juntos, a veces cada quien en sus esfuerzos propios, para erradicar totalmente a los OGM de México y del mundo. No siempre coincidiremos en todas las acciones, pero seguramente nos acompañaremos en algunas de ellas. Saludamos especialmente al Yo soy 132 ambiental, a los Jóvenes ante la Emergencia Nacional, a las organizaciones de Movimiento Urbano Popular (en particular a la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata-UPREZ), y a los científicos comprometidos, a los científicos éticos, como la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), por haber hecho sonar la alarma en esta coyuntura y haber sumado sus fuerzas para exigir que NO se otorguen los permisos de siembra comercial que se pretendían aprobar desde el gobierno de Felipe Calderón.

* Así consideramos un triunfo ser parte del esfuerzo nacional de haber podido esgrimir argumentos, exigir a las autoridades y alzar nuestra voz, para frenar los permisos durante el gobierno anterior, pero no consideramos que el peligro pasó. Sabemos muy bien que en cualquier momento pueden recomenzar los esfuerzos por que se aprueben los permisos. Por ahora, debemos aprovechar el tiempo para convocar más respaldos internacionales y toda la resistencia nacional posible. En ese contexto internacional saludamos las manifestaciones que desde Berlín coincidieron con muchas organizaciones mexicanas para hacer patente nuestro agravio por la posible aprobación de los permisos de siembra comercial de los transgénicos, y a la organización Avaaz, que juntaron más de 40 mil firmas en una campaña de solidaridad con la lucha en México.

*Saludamos también la digna lucha que se libra contra la invasión de transgénicos o contra las privatizadoras leyes de semillas como UPOV o de variedades vegetales en todo el continente: en Paraguay, donde incluso hubo un golpe de Estado para favorecer a la agroindustria; en Honduras, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay. Allá, como en México la gente está en resistencia. Sepan que reconocemos que nuestra lucha por las semillas nativas y una agricultura independiente es la misma.

* Una parte crucial de ese esfuerzo de defensa del maíz es sin duda el Tribunal Permanente de los Pueblos, al que reconocemos su esfuerzo por abrir un espacio para que la sociedad mexicana exprese sus agravios y plantee sus exigencias —ante personas de reconocida autoridad moral, a nivel internacional, que darán fe de que nuestros agravios son reales y de que nuestros señalamientos de responsabilidad y están planteados con objetividad y documentación suficiente para configurar casos jurídicos con pruebas suficientes. Reivindicamos entonces ser parte del Capítulo México del Tribunal Permanente de los Pueblos ante el cual presentamos ya un borrador de demanda que se irá refinando conforme más casos y argumentaciones se presenten en las diversas preaudiencias que vamos planificando a lo largo de este año.

* Por todo lo anterior, y haciendo eco con la resistencia que surge de todo el país, nos sumamos a la propuesta de las comunidades y organizaciones de Oaxaca, de declarar 2013 como año de resistencia contra el maíz transgénico y en defensa del maíz nativo y de la vida y autonomía de los pueblos del maíz.

* Por último, queremos salir al paso de ciertas informaciones que señalan que estamos en contra de los permisos de siembra porque no hay las condiciones de bioseguridad suficientes, según nota de Matilde Pérez, en La Jornada del día 16 de enero. Queremos enfatizar que si bien estamos contra los permisos de siembra comercial como es público y sabido, para nosotros es crucial señalar que NO HAY BIOSEGURIDAD ALGUNA QUE PUEDA SERVIR CONTRA LOS TRANSGÉNICOS.

 

Nosotros no planteamos mejores medidas de bioseguridad u otras medidas de bioseguridad.

En cambio…

Rechazamos cualquier siembra o comercialización, almacenamiento, trasiego, experimentación, siembra comercial de maíz transgénico en cualquier parte del territorio nacional.

No a los organismos genéticamente modificados,

No al maíz transgénico.

Moratoria y prohibición definitiva a los transgénicos.

Queremos un mundo libre de transgénicos.

 

Red en Defensa del Maíz:

Comunidades Indígenas campesinas: Hopelchén, Suctuc, Xcalot Akal, X kix, Bolonchen, Xbilinkok, Ebula, Crucero San Luis de la región de Los Chenes del estado de Campeche; Maní, Vicente Guerrero del Sur del Estado de  Yucatán; Comunidades del Municipio de Las Margaritas de a zona de la Frailesca del Estado de  Chiapas; Salto de Agua, Arroyo Largo, El Coyol, Ángel R. Cabada de Los Tuxtla, Huayacocotla del Estado de Veracruz; Santa Cruz de la Montaña Centro del Estado de Guerrero; Yayalag; Lachixila, La Selva, de Camotlan; Guelatao; Analco Ixtlán de Juárez Sierra Norte, Alotepec Mixe, El Porvenir, Maguey Largo Valles Centrales,  Comunidades de la Sierra Sur, San Miguel Chongos de la Chontal, San Miguel Tenango, Comunidades del Istmo de Tehuantepec, del Estado de Oaxaca; Bienvenido Hermenegildo Galeana Sierra Norte del Estado de Puebla; Huejutla, Oxeloco, Atlaco, Atlajco de la Huasteca Hidalguense; Zacatepec del Estado de Tlaxcala, Comunidades Rarámuris de la Sierra Tarahumara del Estado de Chihuahua; Palos Altos, El Grullo, Ixtlahuacan, San Sebastián Teponahuaxtlán,  del Estado de Jalisco; Comunidades de los Municipios de Dolores Hidalgo, San Miguel del norte del Estado de Guanajuato; La Magdalena Contreras de Distrito Federal; Lerma Estado de México.

Organizaciones Indígenas y civiles de las regiones: Ka Kuxtal Much Meyaj A.C.; T’oojil Xíimbal SC, Misioneros, Escuela de Agroecología, Misión de Guadalupe, Tequio Jurídico AC, UNOSJO, Ser Mije, Uken Ke Uken, Colectivo Oaxaqueño por la Defensa del Territorio,  ORAB AC, UNISUR, GEA AC, CONTEC AC, SINE AC, CREO AC, OMSA, CEDESA AC, CODECIN, UCANG, comunidades Campesinas en Camino, CACID AC.

Organizaciones Civiles: Ceccam AC, Ccasifop AC, Colectivo por la Autonomia, Grupo ETC, Cenami AC, GRAIN, Jóvenes ante la Emergencia Nacional, 132 Ambiental, Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata UPREZ, Movimiento Urbano Popular, Via CAMPESINA, Asamblea Nacional de Afectados Ambientales

 

Documental: Cuando los árboles matan.

“La mayor parte de las personas ve a las plantaciones forestales como algo esencialmente bueno. Ellas evocan el paisaje perdido de los antepasados. A menudo escuchamos que promueven el desarrollo y generan trabajo. Los árboles cultivados alimentarán la industria, harán crecer al país, y producirán los bienes que la sociedad necesita. Los árboles, además, son vistos como un elemento que mejora los ambientes. Es casi inevitable entonces que se apoye la expansión (de la industria) forestal.”

Las plantaciones de pinos, eucaliptos o de cualquier otra especie de árbol sea nativa o exótica, no son bosques. Son sistemas artificiales creados y sostenidos por el hombre, destinados a producir sólo una parte de sí mismos: el tronco de los árboles de una de estas especies.

Los árboles también son miembros fundamentales de un bosque natural; sin embargo, sólo son una pequeña fracción de toda la estructura que se necesita para su funcionamiento: muchas otras plantas y animales, hongos, microorganismos, suelo, agua y clima. La función de un bosque natural no es producir árboles, sino sostenerse en conjunto y auto-regularse.

Los bosques, además, forman parte del paisaje natural de una determinada región, en el cual coexisten con otros ambientes naturales – pastizales, esteros, lagunas – y también con gente adaptada a vivir en este paisaje, cuya identidad, tradiciones y posibilidades de desarrollo económico dependen de la existencia de este paisaje natural sano y diverso.

Las plantaciones de árboles reemplazan totalmente este rico paisaje natural y expulsan a los pobladores locales a las ciudades o a regiones vecinas. Las culturas y tradiciones locales se van perdiendo dentro de una nueva sociedad dominada por personas foráneas – los administradores, técnicos e ingenieros de la industria forestal – que tienen valores y costumbres diferentes. Estas plantaciones ni siquiera se instalan para abastecer de madera a las comunidades locales ni de la región. Los habitantes de las regiones afectadas por estas plantaciones tienen todo esto muy claro y a partir de su propia experiencia las describen como “desiertos verdes”, “árboles venenosos”, o “jaulas de pinos”.

“Desde que los árboles son plantados hasta que se procesa la madera o la celulosa, el modelo forestal tiene muchos atributos. Destruye ecosistemas y biodiversidad, degrada suelos y fuentes de agua, envenena la tierra y los arroyos, expulsa a pobladores, convierte pueblos pujantes en sitios miserables, y puede contribuir al calentamiento global y el cambio climático. Además genera trabajo precario y quebranta la salud pública. Y hace todo esto habiendo prometido el desarrollo regional. Es cierto que la industrialización genera un beneficio económico a corto plazo. Pero este lucro se obtiene sacrificando la esperanza de una economía sustentable, una economía fundada sobre la dignidad de los que aún no nacieron.”

Lo único que tienen en común las plantaciones forestales y los bosques es que en ambos predominan los árboles. En base a esta única coincidencia es que mucha gente cree que si los bosques son social y ambientalmente beneficiosos, entonces las plantaciones de árboles también lo son.

Pensar que el principal problema del modelo forestal es la contaminación que produce una pastera, es una ingenuidad que oculta el ciclo completo de su destrucción.

Algunas personas piensan que las fábricas humeantes son feas, pero ven las forestaciones como algo lindo. Pero son sólo partes de un proceso mayor. Todo aquel que encuentra belleza en millones de pinos alineados debe observar lo que queda luego de una tala rasa. Allí se expresa el modelo forestal en su cruel dimensión: el paisaje devastado y sin vida. Un cementerio de ramas y troncos. Es la finalidad del cultivo, la imagen que persigue la industria, la primera etapa de una línea de producción que genera ganancias a costa de la sociedad y el ambiente. Todo cultivo forestal es el paso previo a una tala rasa. Y ésta es el paso previo a una industria contaminante. Y ésta es el paso previo a toneladas diarias de papel y cartón echadas a la basura a miles de kilómetros.

Sobre ecosistemas destruidos y sociedades quebradas crecen las cuentas bancarias de las empresas y el poder de algunos gobernantes. Mientras tanto, en los congresos forestales, la industria y sus organizaciones amigas sostienen cínicamente que el modelo forestal es sustentable.

Este documental fue grabado entre 2009 y 2011 en las provincias argentinas de Misiones y Corrientes, uno de los polos forestales más pujantes de Latinoamérica, con el fin de mostrar que cuando hablamos de plantaciones forestales, los árboles matan.

http://www.arbolesquematan.com.ar/

Adolfo Pérez Esquivel: Dismantling the monoculture mentality.

“Young people today are more critical than they were in the seventies,” Adolfo Pérez Esquivel observes, much to the contrary of what the majority of his generation thinks. He was honored with the Nobel Peace Prize in 1980 during the middle of the Argentine military dictatorship. He was working with the Madres de la Plaza de Mayo and was educated as an architect and a sculptor. But he dedicated most of this time to teaching—he taught in primary and secondary schools and also in colleges.

In 1974 he gave up teaching to coordinate a network of Latin American communities for the liberation of the poor through nonviolence. That same year he founded El Servicio Paz y Justicia (The Peace and Justice Service, or Serpaj) and in 1977 he was arrested by the Federal Police, tortured and detained without trial for 14 months. In the conference he gave in Montevideo on the 13th of March, he explained that human rights are violated when people don’t have access to a healthy environment and secure food sources because a “speculative economy” of monoculture farming and mining is privileged over an “economy of production.” What follows is a summary of the conversation we had.


Raúl Zibechi– People talk about the changes seen under progressive governments, but we hear less about the continuities that exist from earlier periods.

Adolfo Pérez Esquivel– Neoliberal policies are still in effect. The economic policies imposed by the dictators and continued during the Washington Consensus have remained to the present day and have even become more profound. There were important changes regarding the impunity laws that we had been demanding for many years. Néstor Kirchner’s political will was necessary for parliament to annul the impunity laws. What we should take away from this is that Argentina is the only country in the world that has been able to prosecute people who committed crimes against humanity through the common justice system. The Nuremburg and the Tokyo War Crime Trials were ad hoc tribunals formed to judge these crimes. And we’ve also been able to keep these cases from passing through the military justice system. That’s why I say that there were considerable advances even though we continue to work to enhance them. The other question is about how and from where we approach human rights, because there is an ideological reduction related to what I call olvidos intencionados (intentional forgetting). Human rights are addressed as far as they relate to the dictatorship, but there is no reference made to the previous and subsequent periods. This reductionism is about more than, and goes beyond, legal impunity.


– What are the main human rights violations in Latin America today?

– For example, environmental issues, everything related to mega mining, monoculture farming of eucalyptus and soy that affect peasants and indigenous people and also impact poverty and hunger issues generally. The Food and Agriculture Organization (FAO) recently reported that 35 thousand children die of hunger each day across the world. The loss of resources like water and biodiversity caused by mining and monoculture farming is very much related to hunger and malnutrition. I think that agrochemicals, cyanide and mercury contamination, to give two examples, are violations of human rights.

In the reductionist vision it’s very uncommon to see a focus on the rights of a people, not just on individuals but on communities, peasants, indigenous people, the inhabitants of a city, when they are confronted with the impact of the contamination of what they eat, drink and breathe. Generally speaking, governments prioritize financial capital over peoples’ lives. They don’t differentiate between a productive economy and one that is speculative and virtual. How can it be that in the stock market everything revolves around the rising and falling of prices? That’s not a real economy because there’s no work or production there. That economy is not interested in damages because it doesn’t depend on what is produced or consumed. I’m not against mining, but I am against any destructive activity. Oscar Wilde said that there are those who know the price of everything and the value of nothing. Price and value aren’t the same. And what’s missing here is that certain things aren’t given a value.

– Some people would say that has to do with politics and economics, not with human rights.

– I was in the United Nations World Summit in Vienna in 1993. One of the proposals that the General Assembly took up referred to the third generation of human rights. That means things like the environment, development and self-determination. This third generation was included to complete the full range of human rights policies in our society.

– Beyond some resolutions like article 169 of the International Labor Organization (ILO), this isn’t being respected anywhere in the world.

– Not only is it not being respected, but the opposite is being done. Native land is being destroyed to plant soy or eucalyptus, to use just two examples, and this is causing the desertification of the planet. Gold is extracted, leaving environmental liabilities and contaminated water sources. Millions of liters of water are polluted with mercury and cyanide. That is contamination that will last for generations. This means we must change the concept of development, it can’t be synonymous with the exploitation of nature or of people. If the idea is to live like they do in the developed countries, we’ve been backed into a corner.


– The movement for human rights in Latin America was successful in sentencing and punishing those who tortured, disappeared and committed crimes against humanity. Nevertheless, it isn’t successful in areas related to the third generation of rights.

– Many human rights organizations have concentrated on the era of the dictatorships, maybe because they are direct family members of the victims, but they’ve remained fixated on this objective. I respect them very much, and I don’t criticize them, but when one sees the consequences of the devastation and the poverty of millions in the world in the name of robbing natural resources, then it becomes necessary to think a little more. We are suffering through an economic genocide for the sake of obtaining gold, diamonds, oil, at the very same moment when technological breakthroughs have allowed us the ability to eliminate worldwide hunger. Haiti’s situation is a good example. I’ve travelled many times to the island, and one sees a situation of total and atrocious misery, extreme poverty in the greater part of the population. There are no forests any more, nature has been destroyed. But there are thousands of soldiers there who don’t resolve anything.

– Still, nowhere in the world have people been able to put alternatives into practice that are capable of combating these tendencies. Even worse, in Europe, which was the region of the world with the least inequality, the social welfare state is being taken apart. How are we to proceed when even countries that defend the idea of Buen Vivir (living well) like Bolivia and Venezuela, are taking part in mining?

– The first thing we must do is overcome the monocultivo de las mentes (monoculture mentality) that quashes us and degrades us. If not, we will be repeating the same mechanisms because we arrive at the fact that governments like those of Evo and Correa aren’t finding alternatives for their own people. Actually, and this is the second problem, countries have lost sovereignty, and you’ll find that the most important policies are the ones imposed by big multinational corporations that have a colossal concentration of power and the capacity to impose decisions on governments. In Argentina, mega mining is taking 97 per cent of resources and leaving just three per cent for the rest of the country. Whose reaping the benefits of mining? Because in addition to the environmental damage, small and medium-sized producers are hurt because their products are going to return less profit.

– But the monoculture farming that you’re denouncing is not just focused on people in the government but on the populations that wish to consume. I mean to say that as long as we’re prisoners of a culture that measures everything via property, there are not many ways out of the dilemma you’re describing.

– There are some possibilities, there are practices like organic farming, recovered factories and a ton of experiences related to the rational use of water and energy that still haven’t acquired a political weight so as to influence the design of a new society. Yes, it’s true, we’re still far from coming up with an alternative. Universities have a great responsibility in this, but a good part of their students aspire to work for multinationals.

– You started teaching before the dictatorship and then you went back when it was over. Now you’re a social sciences professor at the University of Buenos Aires. What is your impression of the current generation if you compare it to the one you knew before the dictatorship?

– It’s very different. They question things more, they’re more critical.


– A lot of people have the opposite impression, in the sense that young people used to be more critical and committed.

– In the sixties and seventies young people had more of an ideological framework regarding processes of liberation, the class struggle, they had a very rational discourse, but there were many café table revolutionaries who would not take that with them when they left the bar. I see the youth of today as more analytical, more critical.

– What do you mean by that? Are you saying that because a good part of folks from the sixties are in the government now?

– No, not at all. I think that science and technology brought about changes in thought, in societies, in humanity in general. We can observe an acceleration of mechanical time that contradicts the natural time in which people have always lived as well as our human rhythms. It’s partly due to this acceleration that we’re living an informational impact which impedes thought or makes the process of thought, which is always reflective, more difficult. I’m talking about information saturation.

– Some neurologists posit that the mind doesn’t think with information, but rather with ideas.

– Exactly. That’s why it’s important to make time for reflection in order for critical consciousness to develop. This has led to changing perceptions of the world and this is the purpose of thought, something that is not so obvious anymore. Reflection implies certain rhythms and these rhythms have changed in a radical way. If the computer takes three seconds more than usual to open a page, that’s a big drama. Human relationships tend to be dominated by these ways of experiencing time. Consequently, reflection and contemplation don’t have the time and space they have had in the history of humanity.

– But you’ve said that the youth of today is more critical.

– While it may seem strange or contradictory, critical attitudes and dissatisfaction come about with incredible rapidity, almost immediately. Young people today, unlike the university students of the past, don’t know what’s going to happen to them tomorrow, they live with a great deal of uncertainty, they know that only a small majority among them has a future and they live in the most absolute professional and existential precariousness. It’s unclear what their place in the world is or will be. And they question their teachers in a very natural way. Sometimes they ask very serious questions. Are the dictatorships over in Latin America? Depending on the perspective that you take, the question is absolutely legitimate. With the excuse of drug trafficking, armies are on the streets again in Guatemala, Mexico, Peru, Colombia.


– What are you observing regionally in Latin American?

– The most important thing is that there aren’t static societies any more, but rapid and profound processes of change. Before, dynasties lasted for centuries, now everything is about change. It’s part of the temporal acceleration we talked about. In Latin America, there is an interesting situation, there is autonomous thought, there is the construction of regional unity that has contributed to avoiding military coups like in Ecuador. All around the world regional blocs are getting stronger and we’re doing the same thing here, because it’s the only way we can hope to eventually stop being a back patio. It’s crucial to limit multinationals. That’s very difficult and always fails, as we saw in the United States when the government wanted to limit the power of Wall Street.

– Are we coming into a new cycle of struggle, now against mining and in the defense of common goods like water?

– That’s where our lives are going, into the defense of these common goods. In years past, the dictatorship threatened our lives, but now life depends on the right of people to decide how they want to live and what they’re going to do with non-renewable resources. That’s why the first ones to react were the peasants and the indigenous people, and also women. I’m convinced that the silent struggle of women is leading them to take positions in all areas, in science, politics, in participation on any level. The women’s movement is really fascinating because besides all their potential it implies another way of thinking. Women and indigenous people are emerging in the terrain of cultural identities. They are the signs of hope that we have, because domination begins with culture and these sectors are the ones that offer a different way of looking at the world.


– You’re an optimist.

– Very much so. As I said, I believe in young people, in the enormous number of girls and boys who work and who study at night to make a way for themselves, to search for their path. They’re the force that can change this.

– You’re almost 80 and have given almost 60 to this cause. Do you ever feel hopeless when you think about all that’s left to do?

– I chose a way to live, no one chose this life for me. I’m austere, I spend little even though I travel a lot. I’m not interested in doing anything else. We’ve lived through difficult things, but I feel very satisfied to have done something so that many people can reclaim hope and the sense of their own identities, these things are part of the path to liberation. Human rights are not an aspirin to calm the pain of the other, they are a path to collective and personal freedom, because no one can be happy alone.

http://www.cipamericas.org

Adolfo Pérez Esquivel: Desmontar el monocultivo de las mentes.

“Los jóvenes de hoy son más críticos que los de los setenta”, afirma Adolfo Pérez Esquivel a contracorriente de lo que piensa la mayor parte de su generación. Galardonado con el Nobel de la Paz en 1980, en plena dictadura militar argentina donde ya trabajaba con Madres de Plaza de Mayo, se formó como arquitecto y escultor. Pero la actividad a la que más tiempo dedicó fue la enseñanza en escuelas primarias, secundarias y en la Universidad.

En 1974 renunció a la docencia para coordinar una red de comunidades latinoamericanas para promover la liberación de los pobres a través de la no-violencia. Ese año fundó el Serpaj y en 1977 fue arrestado por la Policía Federal, torturado y retenido sin juicio durante 14 meses. En la conferencia pronunciada en Montevideo el martes 13 señaló que se violan los derechos humanos cuando la población no tiene acceso a un medio ambiente sano y a la seguridad alimentaria porque se privilegia la “economía especulativa” de los monocultivos y la minería por sobre la “economía de producción”. A continuación un resumen de la conversación que mantuvimos.

Raúl Zibechi– Se habla de los cambios habidos bajo los gobiernos progresistas, pero se habla poco de las continuidades respecto al período anterior.

Adolfo Pérez Esquivel– Las políticas neoliberales siguen en pie, o sea las políticas económicas impuestas por las dictaduras y continuadas durante el Consenso de Washington permanecen hasta el día de hoy y además se han profundizado. Hubo cambios importantes en cuanto a las leyes de impunidad que veníamos reclamando desde hace muchos años y se necesitó la voluntad política de Néstor Kirchner para que el parlamento anularan las leyes de impunidad. Lo que debe rescatarse es que Argentina es el único país en el mundo que ha logrado a través de la justicia ordinario procesar a quienes cometieron crímenes de lesa humanidad. Los juicios de Nuremberg y de Tokio fueron tribunales ad hoc para juzgar esos crímenes. Por otro lado, rechazamos que se pasen a la justicia militar. Por tanto digo que hubo avances considerables aunque seguimos trabajando sobre para profundizarlos. La otra cuestión es desde dónde abordamos los derechos humanos porque hay un reduccionismo ideológico vinculado a lo que llamo los olvidos intencionados. Se habla de derechos humanos en relación a la dictadura pero no se hace ninguna referencia al período anterior ni al posterior. Este reduccionismo supone no sólo superar la impunidad jurídica sino ir más allá.

– ¿Cuáles serían hoy en América Latina las principales violaciones a los derechos humanos?

– Por ejemplo las cuestiones ambientales, todo lo relacionado con la megaminería, los monocultivos de eucaliptos, de soja, que afectan a los campesinos y a los indígenas, y además la pobreza y el hambre. La FAO dice en un informe reciente que mueren 35 mil niños por día de hambre en el mundo. La pérdida de recursos que generan la minería y los monocultivos, como el agua y la biodiversidad, están muy relacionados con el hambre y la desnutrición. Pienso que los agrotóxicos, la contaminación por cianuro y mercurio, por poner dos ejemplos, son violaciones a los derechos humanos.

En esta visión reduccionista pocas veces se enfoca el derecho de los pueblos, no sólo personas individuales sino comunidades, campesinas, indígenas, de pobladores de una ciudad, cuando deben asumir los impactos de la contaminación de lo que beben, comen y respiran. Los gobiernos en general privilegian el capital financiero sobre la vida de los pueblos no diferenciando entre una economía productiva y una economía especulativa y virtual. ¿Cómo puede ser que en el mercado de valores todo gire en torno a la subida o bajada de precios? Esa economía no es real porque ahí no hay trabajo ni producción. A esa economía no le interesan los daños porque no depende ni de lo que se produce ni de lo que se consume. Yo no estoy en contra de la minería sino de cualquier actividad destructiva. Oscar Wilde decía que hay quienes saben el precio de todas las cosas y el valor de ninguna. Precio y valor no son lo mismo. Y lo que nos está faltando es que se le dé valor a ciertas cosas.

– Le dirán que nada de esto tiene que ver con los derechos humanos sino con la política y la economía.

– Estuve en la conferencia mundial de Naciones Unidas en Viena en 1993. Una de las propuestas que fue asumida por la Asamblea General se refería a la tercera generación de derechos humanos. O sea, medio ambiente, desarrollo, autodeterminación de los pueblos, entre los más destacados. Esto vino a completar el abanico de las políticas de derechos humanos para nuestra sociedad.

– Más allá de algunas resoluciones como el artículo 169 de la OIT, esto no se está respetando en ninguna parte del mundo.

– No sólo no se respeta sino que se hace lo contrario, se destruyen montes nativos para plantar soja o eucaliptus, por poner un par de ejemplos, y esto lleva a la desertificación del planeta, sacan oro y dejan pasivos ambientales con nacientes contaminadas. Millones de litros de agua con mercurio y cianuro, o sea una contaminación que durará generaciones. Esto supone cambiar el concepto de desarrollo, que no puede ser sinónimo de explotación de la naturaleza ni de las personas. Si todos queremos vivir como los países centrales estamos en un callejón sin salida.

– El movimiento de derechos humanos en América Latina fue exitoso en la condena y el castigo a los que torturaron, desaparecieron y cometieron crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, no está siendo exitoso en lo relacionado con esta tercera generación de derechos.

– Muchas organizaciones de derechos humanos se han concentrado en la época de las dictaduras, tal vez porque son familiares directos de las víctimas, pero se han quedado en ese objetivo. Los respeto mucho y no los critico, pero cuando uno ve las consecuencias de la devastación y del empobrecimiento de millones en el mundo para robarles las riquezas naturales, entonces hay que pensar un poco más. Estamos sufriendo un genocidio económico para obtener oro, diamantes, petróleo, justo cuando hay condiciones técnicas para resolver el hambre. El caso de Haití es un buen ejemplo. He viajado muchas veces a la isla, y uno ve situaciones de miseria atroz, la pobreza extrema en la mayor parte de la población, ya no hay bosques, se ha destruido la naturaleza. Pero tienen miles de soldados que no resuelven nada.

– Sin embargo, en ningún lugar del mundo se ha logrado levantar alternativas capaces de contrarrestar estas tendencias. Peor aún, en Europa que era la región del mundo con menor desigualdad, se está desmontando el Estado del Bienestar. ¿Cómo avanzar cuando incluso los países que defienden el Buen Vivir, como Bolivia y Venezuela, se empeñan en la minería?

– Lo primero es que hay que superar el monocultivo de las mentes que nos anula y desertiza. De lo contrario estaremos repitiendo los mismos mecanismos porque así llegamos a que gobiernos como los de Evo y Correa no encuentran alternativas para su propia gente. En realidad, y este es el segundo problema, los países han perdido soberanía y uno encuentra que las políticas más importantes las imponen las grandes empresas multinacionales que hoy concentran un poder descomunal y tienen la capacidad de imponerle decisiones a los gobiernos. En Argentina la megaminería se lleva el 97 por ciento de los recursos y deja apenas un tres por ciento al país. ¿A quién beneficia la minería? Porque además del daño ambiental se perjudican los pequeños y medianos productores cuyos productos los van a pagar menos.

-Pero ese monocultivo que usted denuncia, no sólo está focalizado en los gobernantes sino también en las poblaciones que anhelan consumir. Quiero decir que mientras seamos prisioneros de una cultura que mide todo por el tener hay pocas salidas al dilema que usted plantea.

– Hay algunas posibilidades, hay prácticas como los cultivos orgánicos, las fábricas recuperadas, y un montón de experiencias vinculadas al uso racional del agua y la energía que aún no han adquirido un peso político como para poder influir en el diseño de una nueva sociedad. Sí, es cierto, aún estamos lejos de conformar una alternativa. Las universidades tienen una gran responsabilidad pero una parte de los estudiantes aspira a trabajar para las multinacionales.

– Comenzó a dar clases antes de la dictadura y después retornó. Ahora es profesor en Ciencias Sociales de la UBA. ¿Cómo observa a la generación actual si la compara con la que conoció antes de la dictadura?

– Es muy distinta. Cuestionan más las cosas, son más críticos.

– Mucha gente tiene la percepción opuesta, en el sentido de que los jóvenes de antes eran más críticos y comprometidos.

– Los jóvenes de los 60 y los 70 tenían más fundamentos ideológicos sobre los procesos de liberación de los pueblos, la lucha de clases, tenían un discurso muy racional, pero había muchos revolucionarios de café y la revolución se les acababa cuando se levantaban del bar. Yo a los chicos de ahora los veo más analíticos, más críticos.

– ¿Cómo es eso? ¿Lo dice porque buena parte de los sesentistas están hoy en los gobiernos?

– No, para nada. Lo que pienso es que la ciencia y la técnica provocaron cambios en el pensamiento, en las sociedades, en la humanidad toda, donde constatamos una aceleración del tiempo mecánico que contradice al tiempo natural en el que vivimos siempre las personas y a los ritmos de los seres humanos. Como consecuencia y como parte de esa aceleración vivimos un impacto informativo que impide pensar o que dificulta la labor del pensamiento que es siempre reflexiva. Hay una saturación de información.

– Algunos neurobiólogos sostienen que la mente no piensa con información sino con ideas.

– Exacto. Por lo tanto es necesario un tiempo para la reflexión, para que aparezca la conciencia crítica. Esto ha llevado a cambiar la percepción del mundo y la necesidad misma del pensamiento, algo que ya no es obvio. La reflexión implica ciertos ritmos y esos ritmos han cambiado de modo radical. Si la computadora demora tres segundos más en abrir una página ya es un drama. Las relaciones humanas tienden a estar dominadas por esos tiempos. Entonces la reflexión y el pensamiento no tienen el espacio y el tiempo que tuvieron en la historia de la humanidad.

– Pero usted dice que los jóvenes de ahora son más críticos.

– Aunque parezca curioso o contradictorio, la crítica, la insatisfacción, aparecen también con enorme rapidez, casi de inmediato. Los jóvenes de hoy, a diferencia de los universitarios de ayer, no saben lo que les va a pasar mañana, viven una gran incertidumbre, saben que no tienen futuro salvo una pequeña minoría y viven en la más absoluta precariedad laboral y existencial. No está claro el lugar que ocupan. Y nos cuestionan a los docentes de forma muy natural. Ellos a veces te hacen preguntas muy fuertes. ¿Se terminó la época de las dictaduras en América Latina? Dependiendo del lugar desde el que se mire la pregunta es absolutamente pertinente. Con la excusa del narcotráfico otra vez los militares vuelven a las calles, en Guatemala, en México, en Perú, en Colombia.

– ¿Cómo observa la región latinoamericana?

– Lo más importante es que ya no hay sociedades estáticas sino procesos de cambios muy rápidos y profundos. Antes las dinastías duraban siglos, ahora todo es cambio. Es parte de la aceleración del tiempo de la que hablábamos. En América Latina hay una situación interesante, hay pensamiento propio, la construcción de la unidad regional que ha contribuido a evitar golpes de Estado como en Ecuador. En todo el mundo se están fortaleciendo bloques regionales y acá hacemos lo mismo, porque es el único modo de dejar de ser algún día un patio trasero. Para eso poner límites a las multinacionales, lo que es muy difícil y siempre fracasa como sucedió en Estados Unidos cuando el gobierno quiso limitar el poder de Wall Street.

– ¿Estamos ingresando en un nuevo ciclo de luchas, ahora contra la minería y en defensa de bienes comunes como el agua?

– En la defensa de estos bienes nos va la vida. Antes lo que amenazaba la vida era la dictadura, pero ahora la vida depende del derecho de los pueblos a decidir cómo quieren vivir y qué van a hacer con recursos que no son infinitos. Por eso los primeros que reaccionaron fueron los campesinos y los indígenas, y también las mujeres. Estoy convencido que la lucha silenciosa de las mujeres las está llevando a tomar posiciones en todos los ámbitos, en la ciencia, en la política, en la participación a cualquier nivel. El movimiento de las mujeres me llama mucho la atención porque además de su potencial encarna otra forma de pensar. Mujeres e indígenas son emergentes en el terreno de las identidades culturales. Son los signos de esperanza que hoy tenemos, porque la dominación comienza por la cultura y esos sectores son portadores de un modo diferente de ver el mundo.

– Es optimista.

– Mucho. Creo como le dije en los jóvenes, en esa enorme cantidad de chicos y chicas que trabajan y estudian de noche para abrirse en un camino, para buscar su lugar. Son la fuerza que puede cambiar esto.

– Con 80 años y casi 60 dedicados a esta causa, ¿no siente desesperanza ante todo lo que falta?

– Yo elegí una forma de vida, nadie eligió esta vida por mi. Soy austero, gasto poco aunque viajo mucho. No me interesa hacer otra cosa. Hemos pasado dificultades pero me siento muy satisfecho con haber hecho algo para que mucha gente recupere la esperanza y el sentido de su propia identidad que son parte del camino de liberación. Los derechos humanos no son una aspirina para calmar el dolor de otro, son un camino de liberación colectiva y personal porque nadie puede ser feliz a solas.

Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales.

http://www.cipamericas.org

Analysis: Hidden Hegemony: Canadian Mining In Latin America.

Canada’s mining industry is the largest in the world, and in 2004 its world market share accounted for 60 percent of all mining companies. In fact, the entire Latin American region is second only to Canada in terms of the breadth of its mining exploration and development activity.[i] In what some call the “halo effect,” Canadian industries have been perceived as the more conscientious alternative to their U.S. equivalents. Since Canadian industries are understood to have socially responsible practices, especially in contrast to those of American companies, they are typically welcomed abroad.[ii] Nonetheless, recent accusations that the Canadian mining company Pacific Rim played a role in the death squad killings of anti-mining activists in El Salvador has brought this reputation into question, while further investigation into the Canadian government’s regulation reveals that the government has mandated no true restrictions on its industry’s mining practices abroad. Left to its own accord, the Canadian mining industry has no problem destroying landscapes, uprooting communities, and even resorting to violence to promote its interests; for this reason, only government regulation can affect true change. A recent move by the Peruvian government to protect citizens near the city of Puno demonstrates that Latin American governments may finally be willing and able to regulate Canadian mining companies operating within their nations.

The Evolution of Canadian Mining in Latin America

In the period from 1990 to 2001, mineral investment in Latin America increased by 400 percent, and by 2005, the region was receiving 23 percent of total worldwide exploration investments. The Canadian mining industry’s share of the Latin American market is the largest of any country, at 34 percent in 2004.[iii] However, even with a substantial flow of Canadian investment in the mining sectors of these countries, living standards have not tangibly improved for those in proximity of the mines, despite the image portrayed by the mining industry.

For a large part of the 20th century, the majority of the mineral wealth in Latin America was government property. Beginning in the 1980′s, the regional shift to neo-liberalism also saw the transfer of state property to transnational corporations. [iv] The immediate entry of the Canadian mining industry into the Latin American market corresponds with this neo-liberal shift. The Canadian government used various means to facilitate and promote the Canadian mining industry’s entry into the region including funds from the World Bank, IMF and incentives provided by Canadian foreign policy initiatives themselves. Since the 1980s, structural adjustment programs implemented in Latin America have opened the region’s markets to incentivize investment from the world’s wealthiest nations. Canada has been a particularly vocal advocate of these measures, hoping to expand its economic interests in Latin America. [v]

Canada also promotes its economic reach in Latin America through Free Trade Agreements. In addition to its leadership role in NAFTA, Canada has established Free Trade Agreements or Foreign Investment Protection Agreements with many Latin American states, and has been a principal proponent of the Free Trade Area of the Americas.[vi] Canada’s Free Trade Agreement with Peru allowed the country to become Canada’s third-largest trading partner in Latin America by 2007.[vii] This increase is largely attributed to the rising price of mineral resources, especially since, “Gold and other precious metals constituted more than 53 percent of Peruvian exports to Canada in 2007.”[viii]

The Canadian government’s most controversial means of promoting its mining interests in Latin America is through foreign aid. Under the pretext of foreign aid, the Canadian International Development Agency or CIDA awarded Peru with a CAD 9.6 million, USD 6.2 million[ix] investment to the Mineral Resource Reform Project in a move meant to promote Canadian mining interests in the nation.[x]

One Canadian Mining Company’s Response to Resistance

Canadian mining companies often resort to extreme measures to promote their interests. The Canadian government has failed to regulate its mining industry abroad, but accusations that Pacific Rim, a mining company based in Vancouver, played a role in the deaths of anti-mining reporters in El Salvador demonstrates the extent of destruction that mining can reach in the region when left unchecked. In a July 12, 2011 statement, Senator Patrick Leahy of Vermont condemned the killings of anti-mining activists in El Salvador following the June 14, 2011 discovery of Juan Francisco Duran Ayala’s body; he was last seen posting flyers critical of gold mining in the region. His death is the most recent of numerous violent attacks against anti-mining activists in the country’s Cabañas region. [xi] In 2010, three anti-mining activists in the region were gunned down, after receiving numerous death threats citing their activism regarding the El Dorado mine in El Salvador. As a result, the Inter-American Commission on Human Rights demanded that the Salvadoran government protect the rights of journalists and the media. [xii]

One radio station in El Salvador, Radio Victoria, reports receiving death threats as well as threats on family members unless they curb their anti-mining expression.[xiii] Reporters without Borders described the station’s critical role, saying, “For nearly a decade, Radio Victoria has been the mouthpiece of local communities and environmental activists opposed to the mining operations of Vancouver-based Pacific Rim Mining Corp. The station has played a key role in providing the local population with information about the dangers that the mining poses to their health and even their survival.”[xiv] Given Radio Victoria’s strong anti-mining stance, one reporter said, “We don’t trust the men who are protecting us. The mining company has connections with the local authorities. I don’t trust the local police.”[xv] The Prosecutor General’s Office is in charge of this investigation, but despite the national and international attention surrounding the events, no report was issued as of June 2011.[xvi] The failure to produce any real answers surrounding these threats and murders suggests that Pacific Rim’s influence may reach beyond local death squads to the Salvadoran government.

The Negative Effects of Canadian Mining Around the World

Canadian industries operating abroad have always benefitted from positive perceptions of the nation’s practices resulting from the aforementioned “halo effect.”[xvii] However, in truth, Canadian mining often has drastic consequences for local environments and communities; thus, recent activities, in reality, stand to dampen this image. Across the globe, Canadian mining companies destroy landscapes, contaminate the environment, and disturb the lives of locals. Meanwhile, the Canadian government does little, if anything, to hold these companies accountable for their exploits. In effect, environmental groups recognize that Canadian mining firms are “just as bad as the most ruthless of American companies.”[xviii]

To illustrate, one Canadian gold mining company, Goldcorp, maintains mines in the following Latin America nations: Mexico, Guatemala, the Dominican Republic, Honduras, Brazil, Chile, and Argentina. Goldcorp represents just one of the many Canadian mining companies in Latin America, yet its mines have been associated with numerous infractions, including the destruction of archaeological sites, acid mine drainage, water resource depletion in drought-prone areas, polluting water resources with copper and iron, high levels of arsenic and lead in local inhabitants, mercury poisoning, pipeline bursts, and disregarding the pleas of locals.[xix]

The Effects of Mining on the Environment

Depletion of water resources and contamination are the principal negative ramifications of mining, in addition to physical destruction. Mining companies often forcibly monopolize water resources, as many mining techniques require large amounts of water. As a result, local communities are left with a profound shortage or impaired quality of water. For example, Goldcorp’s Marlin mine in Guatemala uses approximately 2,175,984,000 liters per year compared to the 153,300 used by an average North American citizen or the average 13,505 liters used by an African citizen.[xx] The problem is exacerbated in areas that receive as little as 150 mm of rainfall per year such as northwest Argentina, where the joint venture Alumbrera mine operated by Goldcorp, Xstrata and Northern Orion depletes the already precarious water supply, leaving locals in desperation.[xxi]

Water pollution has a more detrimental and long-lasting effect on the environment than water depletion. Acid Mine Drainage (AMD), the most common form of mining contamination, occurs when sulfides housed in the rock are exposed to air during excavation, forming sulfuric acid. This acid runs off into nearby streams and lakes, polluting the surrounding watershed. The acid dissolves other heavy metals it encounters such as copper, lead, arsenic, zinc, selenium and mercury, which further pollute the surface and ground water of the region.[xxii] AMD can continue for thousands of years after the mine is closed, as illustrated by a 2,000-year-old mine in Great Britain that continues to produce AMD today. Goldcorp mines have been associated with AMD in four Latin American countries: Mexico, Honduras, Guatemala, and Argentina.[xxiii]

Cyanide, used to extract gold and silver from the surrounding rock, makes large-scale processing possible, but when released into the environment, it can have serious consequences. On average, 70 tons of waste is created in the processing of 1 ounce of gold. At Goldcorp’s San Martín mine in Honduras, an average of .78 ounces of gold is extracted from every ton of ore, and an enormous amount of rock must be moved. When chemically treated rock and ore, known as ‘mine tailings,’ spill during transport, the water supply can become contaminated with cyanide.[xxiv] Though mining companies report that cyanide is broken down by sunlight and transformed into a nontoxic form, it frequently harms, or even kills, aquatic life.[xxv] At the La Coipa mine in Chile, a former Goldcorp holding, mercury as well as cyanide was discovered in groundwater as a result of mine seepage. Blood samples taken from the local community population near Goldcorp’s San Martín mine in Honduras registered high levels of mercury, lead and arsenic.[xxvi]

False Hope and Canadian Bill C-300

The Canadian mining industry’s operations in Latin America have unquestionably harmed the surrounding environments and communities and influenced the policies of the host nations.[xxvii] Despite this, the Canadian government refuses to enforce any type of human rights regulations outside of Canadian territory; instead, the government supports the mining industry both financially and politically regardless of its practices. Several enlightened segments of the Canadian government took a stand against the government’s policy with respect to foreign mining practices, but to no avail. The parliamentary Standing Committee for Foreign Affairs and International Trade issued a report calling for reforms regarding mining in foreign countries. However, the government responded stating that no precedent for prosecuting or regulating practices outside of the Canadian territory currently exists. The government established a round-table to address the issue, viewed by many critics as an ineffective stalling tactic. [xxviii]

Canadian Bill C-300, also known as the Responsible Mining Bill, provided a glimmer of hope for increased accountability of Canadian mining industry practices in the developing world. The bill would have ensured compliance with the stringent international environmental practices the Canadian government claims to uphold, as well as reaffirmed Canada’s commitment to human rights. Additionally, the bill would have outlined environmental standards for the Canadian extractive industry, provisions for grievances to be brought before the ministers of Foreign Affairs and International Trade, and public reporting of any dismissed complaint in the Canada Gazette.[xxix] According to Bill C-300, any government funding for Canadian extractive companies abroad would be contingent upon compliance with the aforementioned standards and would require confirmation by the local Canadian embassy. C-300 was the legal apparatus to ensure acceptable practices by Canadian mining firms abroad. Although C-300 passed on the second reading in 2009, the bill ultimately failed to pass the final vote in the House of Commons on October 27, 2010.[xxx] This was an unfortunate victory for the Canadian mining industry, and was yet another sign that the current Conservative government does not support human rights and environmental health, at least not when Canada’s extractive industry could see its profit margin adversely affected in any way.

However, the government holds that it does in fact support human rights in developing nations through the controversial IMF and World Bank structural adjustments plans.[xxxi] In spite of Canada’s rather flattering reputation for high moral standards, at least in comparison to the U.S., Canada’s support for human rights appears quite dubious at times. Ottawa refused to sign the United Nations’ Draft Declaration on the Rights of Indigenous Peoples that requires consent from indigenous groups before any projects can commence on their land. Canada, along with Australia, called for revision, which significantly slowed the process and ultimately blocked its passage. [xxxii] The failure of this declaration was a certain victory for the Canadian mining industry in Latin America, which conducts its business almost exclusively on inhabited territory.

Nearly all new mine locations are located either on inhabited lands or close to established communities. Given the almost certain environmental degradation and pollution associated with mines, as well as the possible disruption in game and foul patterns, local communities tend to oppose mining. Though permission is technically required from indigenous communities before exploration or mining can begin on their lands, this is often a mere formality that does not even remotely protect the interests of the community. Because of this, mining is a persistent source of conflict in the region, pitting local and indigenous communities against large Canadian mining companies.[xxxiii]

Responses to Canadian Mining

Latin American resistance appears inevitable given the contradiction between the government’s policies and the citizens’ sentiments. Many Latin American citizens express little confidence in the private sector’s management of mineral extraction industries.[xxxiv] Local communities typically bear the brunt of mining cost, while profits are carted off to foreign headquarters of the mining company, leaving only a fractional percentage of profits within the capital or other major cities of the host nation. Since neither the Canadian government nor the respective national governments protect the rights of local community members, these communities are forced to stand up for themselves through protests and blockades.

Changing Times– One Latin American Country Turns Feisty and Stands up to Mining

Despite the efforts of Canadian mining companies to go to unacceptable lengths to ensure their interests seemingly at any cost, recent action taken by the Peruvian government may demonstrate a change in policy with regard to the Andean nation’s support of Canadian mining companies. In 2007, the Peruvian government granted a concession to the Canadian company Bear Creek Mining for rights to land near Puno, on the shore of Lake Titicaca. In early May of this year, protests broke out in the Puno region, demanding a halt to mining exploration and a revocation of the concession. Originally, protesters were relatively peaceful, blocking the Bolivian border crossing and other highways. However, in late May the protests turned violent, and participants began torching government buildings and threatening to interfere with the June 5 presidential election. The García government responded by putting a hold on all new concessions for twelve months, but this was not enough for the protesters; they later blockaded more roads and spread unrest throughout the entire Puno region, threatening other industries there as well. The government decided to revoke Bear Creek’s concession, despite outrage expressed on behalf of the company. Unfortunately, this decision was not made until the police fired on a group of protesters headed toward the Juliaca airport.[xxxv]

This decision by the Peruvian government symbolized a decisive victory for local interests and demonstrated a shift in government policy. Until recently, Peruvian government policy mechanically supported economic interests over those of its citizens. This policy shift was likely invigorated as a result of the June 5 presidential election, in which the left-leaning populist Ollanta Humala was elected. In the Puno department, Humala, a champion of rights and economic prosperity for all Peruvians, won the election decisively with 78 percent of the vote, the largest margin of all 26 of Peru’s departments.[xxxvi]

Conclusion

Canada, a country with a supposed commitment to environmental health and human rights, has the largest extractive industry presence in Latin America. Nevertheless, the Canadian government refuses to take any action when its extractive industry’s practices fail to guarantee an accord with the country’s broader allegiances to ethical practices abroad. Unchecked mining in Latin America has grievous repercussions for the environment and the populations in surrounding areas. However, given the large political and economic influence that the Canadian extractive industry wields, even at times resorting to violence, Latin American governments often neglect the best interests of their citizens and environment when they act to join forces with foreign multinationals against their own citizens. Fortunately, this trend seems to be changing, as seen with the Peruvian government’s revocation of Bear Creek Mining’s concession amidst the uproar from local communities. Sadly, this movement turned violent before the government reacted in the name of its own citizens. For this reason, it is imperative that Ottawa hold its industries accountable to some approximation of environmental and human rights standards, both at home and abroad.

References for this article can be found here.

About the author:

COHA

COHA, or Council on Hemispheric Affairs, was founded in 1975, the Council on Hemispheric Affairs (COHA), a nonprofit, tax-exempt independent research and information organization, was established to promote the common interests of the hemisphere, raise the visibility of regional affairs and increase the importance of the inter-American relationship, as well as encourage the formulation of rational and constructive U.S. policies towards Latin America.

[1][i.] Gordon, Todd and Webber, Jeffery R. ‘Imperialism and Resistance: Canadian mining companies in Latin              America’, Third World Quarterly, 29:1, 70

[1][ii.] Derek Abma, “Our halo is wearing thin amid business scandals,” Vancouver Sun, July 1, 2011, accessed July   5, 2011, http://www.vancouversun.com/story_print.html?id=5034584&sponsor=.

[1][iii.] Todd Gordon and Jeffery R. Webber, ‘Imperialism and Resistance: Canadian mining companies in Latin             America’, Third World Quarterly, 29:1, 72

[1][iv.] Todd Gordon and Jeffery R. Webber, ‘Imperialism and Resistance: Canadian mining companies in Latin            America’, Third World Quarterly, 29:1, 67-8

[1][v.] Todd Gordon and Jeffery R. Webber, ‘Imperialism and Resistance: Canadian mining companies in Latin             America’, Third World Quarterly, 29:1, 66

[1][vi.] Todd Gordon and Jeffery R. Webber, ‘Imperialism and Resistance: Canadian mining companies in Latin            America’, Third World Quarterly, 29:1,

[1][vii.] Stephen J. Randall, “Canada, the Caribbean and Latin America: Trade, Investment and Political Challenges,” Canadian International Council, accessed July 7, 2011, http://www.opencanada.org/wp-            content/uploads/2011/05/Canada-the-Caribbean-and-Latin-America_-Trade-Investment-and-      Political-Challenges-Stephen-J.-Randall.pdf.

[1][viii.] Ibid.

[1][ix.] “Historical Exchange Rates,” Accessed July 8, 2011, Oanda.com, http://www.oanda.com/currency/historical-   rates/.

[1][x.] Todd Gordon and Jeffery R. Webber, ‘Imperialism and Resistance: Canadian mining companies in Latin              America’, Third World Quarterly, 29:1, 69

[1][xi.] “Statement Of Senator Patrick Leahy On Violence Against Antimining Activists In El             Salvador,”             Accessed July 21, 2011, The Office of Senator Patrick Healy,               http://leahy.senate.gov/press/press_releases/release/?id=e29a4642-bd56-46e1-  bda8-                94799fff9e53

[1][xii.]Edgardo Ayala. ” Radio Station under Threat in Mining Region,” Accessed July, 21, 2011, Inter Press Service,                 http://ipsnews.net/news.asp?idnews=56111

[1][xiii.] Ibid.

[1][xiv.] Ibid.

[1][xv.] Ibid.

[1][xvi.] Ibid.

[1][xvii.] Derek Abma, “Our halo is wearing thin amid business scandals,” Vancouver Sun, July 1, 2011, accessed July               5, 2011, http://www.vancouversun.com/story_print.html?id=5034584&sponsor=.

[1][xviii.] Ibid.

[1][xix.] “Investing in Conflict, Public Money, Private Gain: Goldcorp in the Americas,” Rights Action, Accessed June               22, 2011, http://www.rightsaction.org/Reports/research.pdf.

[1][xx.] Ibid.

[1][xi.] Ibid.

[1][xii.] Ibid.

[1][xiii.] Ibid.

[1][xiv.] Ibid.

[1][xv.] Ibid.

[1][xvi.] Ibid.

[1][xvii.] Todd Gordon and Jeffery R. Webber, ‘Imperialism and Resistance: Canadian mining companies in Latin          America’, Third World Quarterly, 29:1, 64

[1][xviii.] Todd Gordon and Jeffery R. Webber, ‘Imperialism and Resistance: Canadian mining companies in Latin         America’, Third World Quarterly, 29:1, 69

[1][xxix.] Joan Russow, “Canada Day 2011: 100 Reasons to Not Celebrate,” Pacific Free Press, July   1, 2011,   Accessed July 7, 2011, http://www.pacificfreepress.com/news/1-/9099-100-reasons-to-not-       celebrate-canada-day.html.

[1][xxx.] Ibid.

[1][xxxi.] Todd Gordon and Jeffery R. Webber, ‘Imperialism and Resistance: Canadian mining companies in Latin          America’, Third World Quarterly, 29:1, 70

[1][xxxii.] Ibid.

[1][xxxiii.] Todd Gordon and Jeffery R. Webber, ‘Imperialism and Resistance: Canadian mining companies in Latin        America’, Third World Quarterly, 29:1, 68

[1][xxxiv.] Todd Gordon and Jeffery R. Webber, ‘Imperialism and Resistance: Canadian mining companies in Latin       America’, Third World Quarterly, 29:1, 72

[1][xxxv.] Lucien Chauvin, ” Peru’s Airport Siege: A Bad Omen for the New President,” Time, June   27, 2011,                Accessed July 7, 2011, http://www.time.com/time/world/article          /0,8599,2079964,00.html#ixzz1RWaxRMv0.

[1][xxxvi] Ibid.

http://www.eurasiareview.com/hidden-hegemony-canadian-mining-in-latin-america-analysis-28072011/

Cárteles alimentarios anglosajones.

Las causales de la hiperinflación alimentaria son múltiples, pero su meganegocio es el mismo como es idéntica la filiación de sus cárteles oligopólicos, en su aplastantemente mayoría anglosajones (mínimamente mezclados con sus aliados holandeses, suizos y franceses).

Un abordaje simplón se centrará actualmente en las “causas” de una mayor demanda proveniente de China e India que ha superado la oferta debido al “cambio climático” (la madre de todas las coartadas) y las sequías de la pampa argentina, los incendios de bosque en Rusia y las inundaciones de Australia, para citar los más aparatosos.

Otra “causa” iatrogénica (provocada “accidentalmente” y/o “colateralmente” por los humanos) es la conversión demencial de 40 por ciento del maíz por Estados Unidos –principal productor y exportador global– al bioetanol, locura a la que se trepó el Congreso mexicano, y la especulación financierista de los itamitas del gobierno calderonista, quienes pretenden haber “blindado” la tortilla (cuando han contribuido a su alza especulativa desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte hasta la compra de sus “derivados financieros”).

Otro factor determinante de la hiperinflación alimentaria, al unísono del alza de las materias primas en general, ha sido la “facilitación cuantitativa” del gobernador de la Reserva Federal, Ben Shalom Bernanke, una sicótica y masiva impresión de papel para intentar salvar a la banca israelí-anglosajona de su insolvencia.

Sea la causal que fuere y guste, la inmutable especulación financierista, como buitres en espera de su carroña, ha sacado jugosas ganancias “apalancadas”, cuando el volumen de “futuros” en las materias primas alimentarias se incrementó 23 por ciento en 2010 en la bolsa agroalimentaria de Chicago Mercantile Exchange.

En una interpelación pública al Congreso de Estados Unidos, Joel Newman, director ejecutivo de la American Feed Industry Association, fustigó a los “bancos de Wall Street” de causar la ruina alimentaria mediante su especulación.

En mis comentarios desde 2008 (La Jornada, Bajo la Lupa; 16, 23 y 27 de abril de 2008; 4 de agosto de 2008; 4 de agosto de 2010; 8 de octubre de 2010; 16 y 19 de enero de 2011) –que van desde la hipótesis de “la guerra alimentaria” de la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña contra China e India, y explayan la especulación alimentaria fomentada por Goldman Sachs–, había señalado que la trasnacional alimentara Cargill, que exporta 25 por ciento de granos de Estados Unidos, opera con una importante rama financiera para “riesgos” en los mercados de futuros y cuenta con su propia firma de un hedge funds (“fondo de cobertura de riesgos”): Black River Asset Management, con activos por 10 mil millones de dólares.

En 2008, su alza sin precedentes había desencadenado revueltas en 30 países, en su mayoría aquellos en “vías de desarrollo”, ya que los “desarrollados” países anglosajones alardean encontrarse inmunes a su hiperinflación, debido a que su alimentación proviene de los “alimentos procesados”, por lo que solamente gastan 13 por ciento de sus ingresos en alimentos frente a los “subdesarrollados”, que procuran más del 50 por ciento en alimentos “no procesados”. Pero tal ha sido la constante en la disparidad alimentaria global y esto no es nada novedoso.

Lo novedoso consiste en que a inicios de 2011, países supuestamente “apacibles” y aliados de Estados Unidos y Francia, como Túnez, han sido derrocados por la “revolución del jazmín”, debido al desempleo universitario y a la hiperinflación alimentaria sumada del alza del petróleo.

La gráfica mensual de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (para enero) de su Índice de Precios Alimentarios exhibe un alza descomunal e ininterrumpidamente ascendente durante seis meses consecutivos, jamás alcanzada (un pico de 215 puntos: casi el doble de la puntuación de 2006) para el total de 55 materias primas alimentarias, entre quienes destacan maíz, trigo, azúcar, carne y aceite vegetal.

La trasnacional estadunidense Cargill –no olvidar que acapara el 25 por ciento de las exportaciones de granos de Estados Unidos y el 22 por ciento del mercado doméstico de carne, además de que abastece todos los huevos de los restaurantes McDonald’s en Estados Unidos y es el mayor productor de pollos en Tailandia– representa una empresa familiar, con un historial impresionante de 140 años, que no cotiza en la Bolsa de Valores.

En caso de cotizar, Cargill se encontraría entre las primeras trasnacionales de la clasificación de la revista Fortune 500.

Para el año fiscal 2009, Cargill obtuvo ingresos por 116 mil 600 millones de dólares (que la coloca en el primer lugar global en el rubro de los “alimentos”; y eso que no cotiza en la Bolsa) y cuenta con 160 mil empleados en 67 países (incluido México). Desde luego que no entraremos a la perturbadora discusión sobre sus abusos ambientales y en derechos humanos.

En forma interesante, Mosaic, Co, una subsidiaria de fertilizantes de Cargill, de la que posee las tres terceras partes de sus acciones, sí cotiza en la Bolsa (ingresos por 6 mil 700 millones de dólares en 2010) y es la principal productora de fosfato y la segunda de potasa en el mundo: ¡un oligopolio de fertilizantes dentro del oligopolio de los granos!

Otra trasnacional estadunidense –por cierto, fuertemente subsidiada por el gobierno de Estados Unidos, cuyos funcionarios y políticos han sido lubricados generosamente por sus cabilderos–, Archer Daniels Midland Company (ADM), opera los cereales y los aceites con poco miramiento al daño ambiental y cuenta con 270 plantas en el mundo con ingresos en 2009 por 69 mil 200 millones de dólares. Saturada con líos legales, ADM fue condenada por la “fijación del precio” de la lisina (cuyas hazañas fueron llevadas al cine).

El pulpo Kraft Foods, Inc, representa la mayor trasnacional de dulces, bebidas y alimentos en Estados Unidos, con más de 40 marcas en 155 países (Cadbury, Maxwell House, Nabisco, Oreo, Oscar Meyer, etcétera). Obtuvo ingresos por 40 mil 400 millones de dólares en 2009.

La anglo-holandesa Unilever, con 163 mil empleados mundialmente, obtuvo 57 mil 74 millones de dólares en 2009. Su característica es que posee más de 400 marcas, 13 de las cuales pertenecen a las “marcas multimillonarias” con ingresos mayores a 1 mil millones de dólares cada una (la más conocida es el té Lipton). En realidad, 25 del total de sus marcas constituyen el 70 por ciento de sus ventas.

Bunge Limited, extrañamente una trasnacional del paraíso fiscal británico de Las Bermudas y con sede convencional en White Plains (Estados Unidos), obtuvo ingresos por 41 mil 926 millones de dólares en 2009 y cuenta con 25 mil 945 empleados mundialmente. Es el mayor exportador de soya del mundo y tiene intereses en el mercado de alimentos procesados, así como en los granos y los fertilizantes.

La estadunidense Monsanto, con ingresos por 11 mil 740 millones en 2009, es considerada una de las trasnacionales más malignas y con una carga de juicios y protestas en los cuatro rincones del planeta. Monsanto dio el salto cuántico a la biotecnología para convertirse en líder de los polémicos alimentos genéticamente modificados (acapara el 90 por ciento) y con la “hormona bovina del crecimiento”. Detrás de la polémica Monsanto, la empresa estadunidense Pioneer Hi-Bred se ha posicionado en fechas recientes en el mundo de los alimentos genéticamente modificados.

Un grave error de juicio consiste en pretender aislar los ingresos colosales de las poderosas empresas trasnacionales de químicos y fertilizantes que han incursionado tangencialmente (y/o como integración horizontal y vertical) en el muy lucrativo negocio de los alimentos, como Dupont, BASF, Yara, JBS, etcétera.

Tampoco se debe dejar fuera del inventario a las poderosas procesadoras de todo tipo de carne roja, como las estadunidenses Smithfield Foods y Tyson Foods, con ingresos respectivamente de 14 mil 264 millones de dólares y 26 mil 700 millones de dólares en 2009, y puestas en la picota, como todo la industria carnívora (en el doble sentido de la palabra), en el célebre documental galardonado Food, Inc (puede descargarse gratuitamente por internet).

Un caso sui géneris lo constituye el diversificado conglomerado francés Louis Dreyfus Group, con intereses muy variados –desde la agricultura, pasando por los energéticos, hasta los bienes raíces– y presencia en 53 países, 35 mil empleados e ingresos por 20 mil millones de dólares.

No podemos despedirnos sin mencionar a la trasnacional suiza Nestlé (lugar 44 de la primeras 500 globales de la revista Fortune y la primera “cotizable” de todo género de alimentos sin procesar y procesables) que merece una enciclopedia especial: opera en 86 países del mundo, emplea a 283 mil personas y obtuvo unos azorantes ingresos por casi 100 mil millones de dólares en 2009.

Una de las filiales fiscales “latinoamericanas” de Nestlé fue vergonzosamente atrapada en el contrabando de “polvo blanco” en Guatemala, que no era precisamente leche en polvo de la marca Nido, y en el que no viene al caso insistir.

La clasificación de la revista Fortune 500 subdivide el negocio de los alimentos en varios rubros, que representan un supernegocio: tiendas de fármacos y alimentos, productos alimenticios de consumo, producción de alimentos y servicios de alimentos.

Como se quiera ver o clasificar, los “alimentos” –por su producción, procesamiento, servicios y consumo– son una verdadera mina de oro y representan uno de los principales meganegocios del planeta, en el que nadie alcanza a la estadunidense Cargill en el mercado de los granos, sin necesidad de cotizar en la Bolsa, ni a la suiza Nestlé en el rubro de los alimentos procesados, cuando los dos solos capturan ingresos por más de 200 mil millones de dólares al año.

Lo peor radica en su uso con fines geopolíticos –nuestra hipótesis de “guerra alimentaria”– para dominar a los pueblos y países de la Tierra que ostenta más de 1 mil millones de hambrientos.

A esta barbarie globalizada controlada por el pernicioso oligopolio de los cárteles anglosajones, todavía existen quienes se atreven a tildarla de “civilización neoliberal”.

*Catedrático de geopolítca y negocios internacionales en la Universidad Nacional Autónoma de México

Alfredo Jalife-Rahme *

*Catedrático de geopolítca y negocios internacionales en la Universidad Nacional Autónoma de México

http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2011/01/30/el-meganegocio-de-los-carteles-alimentarios-anglosajones/


@twewwter

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