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Abril 17. Día mundial de la lucha campesina.

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Nueva revolución tecnológica con campesinos y sin transgénicos.

 

Víctor Suárez Director ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC) victor.suarez@anec.org.mx

La dependencia alimentaria de nuestro país es insoportable. Ahora, todos o casi todos coinciden en ello, excepto Estados Unidos (EU) y las corporaciones agroindustriales. Las importaciones agroalimentarias pasaron de 24 a 46 por ciento en la cobertura de la demanda nacional en las dos décadas recientes, como resultado ineludible de la era del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y de la soberanía de los mercados, misma que nos ha sido impuesta desde 1982.

De continuar así, y de acuerdo con estimaciones del Departamento de Agricultura de EU, hacia el 2030 México importaría el 80 por ciento de sus alimentos, comprometiendo de forma irreversible los derechos de campesinos, comunidades rurales y pueblos indios; la seguridad alimentaria del país, el derecho a la alimentación de la población; la cohesión social; la estabilidad política, e incluso la soberanía nacional y la integridad territorial.

Para documentar nuestro optimismo, algunas cifras: a) En 1991, antes del TLCAN, importamos 1.5 millones de toneladas de maíz con valor de 180 millones de dólares; en 2011 fueron 9.5 millones de toneladas por tres mil millones de dólares. b) Entre 1991 y 2011 se importaron 111 millones de toneladas de maíz con valor de 18 mil 460 millones de dólares, siendo que el país puede producir todo el maíz que consume. c) En ese periodo, las importaciones de granos y oleaginosas (maíz, frijol, trigo, sorgo, arroz, cebada y soya) ascendieron a 316 millones de toneladas con valor de 64 mil 484 millones de dólares. d) En 1991, las importaciones de arroz cubrían 25 por ciento del consumo nacional; dos décadas después, este porcentaje subió a 85. e) En 17 de 18 años del TLCAN, el saldo de la balanza comercial agroalimentaria ha sido negativo. f) De 1991 a 2011, el PIB agropecuario, silvícola y pesquero ha “crecido” a una tasa promedio anual del 1.8 por ciento, pero si se descuenta el crecimiento poblacional, el sector ha permanecido estancado. No así el tamaño, las utilidades y el poder económico y político de las corporaciones agroalimentarias multinacionales.

Y lo peor está por venir, de continuar el modelo fracasado de dependencia alimentaria. En el lustro reciente se ha consolidado un nuevo paradigma en los mercados agrícolas internacionales caracterizado por una nueva era de precios altos y volatilidad sin precedentes, en que la única certidumbre es la incertidumbre. Esto pulveriza las ilusiones de importaciones agroalimentarias a bajo precio y coloca a los países dependientes en situación de extrema vulnerabilidad alimentaria, social, económica y política.

El nuevo paradigma supone el tránsito de una agricultura para la producción de alimentos de consumo humano directo a una agricultura para forrajes y de ésta a una para la producción de combustibles (food cropsfeed cropsfuel crops).

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Este cambio ha sido impulsado por dos nuevos fenómenos denominados la energetización y la financiarización de la agricultura. Esto es, la formación de los precios ya no se determina por los “fundamentales” del mercado agrícola (oferta, demanda, reservas), sino por factores extrasectoriales.

La escasez internacional de alimentos provocada por este nuevo paradigma impulsa tendencialmente los precios al alza e imprime una enorme volatilidad en los mercados sin precedentes. Si a este hecho agregamos los impactos negativos en la producción, reservas y disponibilidad de alimentos producidos por el cambio climático planetario, la especulación internacional, la inestabilidad económica global, el creciente poder de las corporaciones en los mercados y la exacerbación de las luchas entre los países por la hegemonía y el control de los recursos, queda claro que es urgente el cambio en México y a escala internacional del modelo de dependencia alimentaria y de soberanía de las corporaciones que controlan los mercados.

La urgencia de la autosuficiencia alimentaria. Después de tres décadas de neoliberalismo en la agricultura mexicana, de la insoportable dependencia y del reconocimiento de los enormes riesgos y costos de continuar dicho modelo fracasado, hoy todo mundo –o casi– afirma y sostiene en México y en el mundo la necesidad de que los países transiten hacia la autosuficiencia alimentaria.

El debate ahora es ¿cuál es la vía para la autosuficiencia alimentaria en México? Veamos dos vías principales: a) la vía de las falsas y peligrosas soluciones promovidas por aquellos que sostienen la idea de una “nueva revolución verde con transgénicos en la agricultura comercial” asociada a una “nueva revolución verde para los pobres: el MasAgro”; o b) la vía de las soluciones verdaderas, lo que nosotros llamamos un nueva revolución tecnológica en la agricultura, con campesinos, sintransgénicos y con base en la síntesis de la sabiduría campesina y los conocimientos científicos y avances tecnológicos de punta.

He aquí un análisis de las dos vías:

“Nueva revolución verde con transgénicos”. Las trasnacionales de la biotecnología y sus voceros en México –Agrobio, Consejo Nacional Agropecuario (CNA), Confederación Nacional Campesina (CNC) y Confederación Nacional de Productores de Maíz (CNPAM)– plantean que la semillas transgénicas son una solución milagrosa al problema de la autosuficiencia alimentaria; ofrecen aumento de rendimientos, menor uso de agroquímicos, más rentabilidad, además que, dicen, los organismos genéticamente transformados (OGTs) “producen más proteínas y almidones; son resistentes a la sequía, a los calores extremos, a las heladas, a la ausencia de suelo y trabajo (…)”.

En realidad, la agricultura transgénica es una versión revisitada del modelo de revolución verde de la segunda mitad del siglo pasado. Una obsoleta y ahora más peligrosa agricultura de insumos. Insumos milagrosos, en manos extranjeras, monopólicas, que dañan suelo, agua, aire, alimentos y trabajadores agrícolas, y que reclaman insaciablemente agua, energía fósil, herbicidas químicos, subsidios públicos y pago de regalías.

Además del peligro que representan para la diversidad de los maíces nativos del país y para la salud humana y animal, y que su siembra comercial representaría una violación a convenios internacionales y leyes mexicanas, los transgénicos son absolutamente innecesarios y obsoletos en materia de incremento de la productividad y reducción de agroquímicos. Como muestra de ello, los productores de maíz de Sinaloa con híbridos convencionales tienen rendimientos promedio (12-15 y hasta 18 toneladas por hectárea) muy superiores a los transgénicos en EU (10-11).

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Los transgénicos incrementan exponencialmente el uso de herbicidas químicos de alto poder residual, los cuales, junto con los biocidas incorporados a las semillas modificadas genéticamente, están provocando el surgimiento de super plagassuper malezas que tienen que ser removidas mecánica e incluso manualmente.

Por otro lado, la agricultura transgénica como la revolución verde, estaría orientada a una exigua minoría de agricultores de riego, profundizando las desigualdades entre regiones y tipos de productores, al mismo tiempo que se agravaría la dependencia del país y de los agricultores respecto al exterior y a los monopolios. Como se observa, esta vía es una falsa solución.

“Nueva revolución verde para los pobres: el MasAgro”. La Secretaría de Agricultura (Sagarpa) presentó en 2011 el MasAgro como “solución” al problema de la productividad agrícola en las pequeñas unidades de temporal. En esta pretensión tardía y sumamente limitada, el gobierno dio la espalda a los centros públicos de investigación y universidades mexicanos, escogiendo al Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) para ofrecer la solución mexicana no solamente a la crisis alimentaria de nuestro país sino del planeta entero. Lo hizo también como parte del reconocimiento oficial e internacional de que el “milagro transgénico” no tiene que ofrecer nada –ni siquiera propagandísticamente– a los minifundistas temporaleros.

Por un lado, el MasAgro se rindió ante la evidencia y reconocIó por primera vez en más de tres décadas la importancia productiva del sector mayoritario de las pequeñas y medianas unidades de producción agrícola de temporal para resolver la crisis alimentaria en México.

Por otro lado, el MasAgro cuenta con un presupuesto muy modesto (138 millones de dólares en diez años), lo mismo que sus metas (incrementar la producción de cinco a diez millones de toneladas hacia el año 2020. La estrategia MasAgro es promover la productividad agrícola de los minifundistas temporaleros con base en semilla mejoradas, prácticas agrícolas de conservación (labranza cero), siembras de precisión y uso de paquetes de agroquímicos tradicionales. Lo anterior, mediante la capacitación y asistencia técnica tradicional: transferir a productores individuales “progresistas” unpaquete tecnológico diseñado y decidido por el CIMMYT y las empresas de maquinaria e insumos.

Si bien es loable la intención del MasAgro, su estrategia es la de la vieja revolución verde aplicada medio siglo después en el campo temporalero: se trata de nueva cuenta de una obsoleta agricultura de insumos y paquetes tecnológicos con un extensionismo tradicional y un agravante: al exigir maquinaria agrícola para la labranza, sólo tiene cierta perspectiva en suelos planos o con pendiente leve; no tiene opciones para la agricultura de laderas. En esta condición, la alternativa de los sistemas milpa y Maíz Intercalado con Frutales (Miaf) ofrecen mejores soluciones. Es entonces MasAgro otra falsa solución.

El camino verdadero hacia la autosuficiencia:nueva revolución tecnológica con campesinos y sin transgénicos. Se requiere un cambio paradigmático de modelo de agricultura en el marco de la construcción de un nuevo sistema agroalimentario y nutricional y una nueva política de Estado de largo plazo con base en los principios de la soberanía alimentaria, sustentabilidad, solidaridad con las generaciones venideras y el respeto pleno a los derechos económicos, sociales y culturales de toda la población, incluyendo los derechos individuales y colectivos de los campesinos y pueblos indios. Es preciso pasar de “una agricultura de insumos a una agricultura de conocimientos y procesos” con base en la pequeña y mediana unidad de producción rural. Se trata de una verdadera revolución tecnológica y social como la única vía para alcanzar la autosuficiencia alimentaria y una vida digna para los campesinos y las comunidades rurales del país.

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La nueva revolución agrícola integra y sintetiza las experiencias y los conocimientos de las siguientes corrientes: a) agricultura tradicional campesina, estudiada, visibilizada y valorizada magistralmente por Efraín Hernández, Xolocotzin; b) escuela mexicana de mejoramiento genético de plantas, con grandes aportaciones a la productividad y adaptación de cultivos alimentarios y con innumerables genetistas de talla mundial; c) la corriente de la agroecología y sus diferentes vertientes: agricultura orgánica, agricultura sustentable, agricultura diversificada, y que tiene en Víctor Manuel Toledo, Miguel Altieri, Jairo Restrepo, Sebastián Piñeiro, Ignacio Simón, Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras (CNOC) y Gaia, exponentes sobresalientes; d) agricultura de conocimientos científicos y avances tecnológicos de punta; ciencia aplicada a la agricultura campesina con compromisos social y nacionalista, en los campos de la microbiología, edafología, fisiología vegetal, nutrición vegetal, sistemas complejos, sistemas de información geográfica, telediagnóstico, resonancia magnética, etcétera. Entre los representantes sobresalientes de esta corriente se encuentran los doctores Juan José Valdespino, Sergio Ramírez, Gerardo Noriega, Edgar Quero y el grupo CYCASA; y e) Modelo ANEC de organización, productividad sustentable con destino y políticas agroalimentarias alternativas; centralidad de los sujetos individuales y colectivos; gobernabilidad campesina; modelo de profesionalización campesina; integración de la sabiduría campesina con los conocimientos, para favorecer la seguridad alimentaria a corto, mediano y largo plazos, así como científicos de punta; de asistencia técnica a ras de parcela bajo control de la organización local; integración de objetivos sociales, económicos, ambientales y culturales; etcétera.

Diversas organizaciones locales y regionales de ANEC, CNOC y otras muchas dan cuenta, por medio de numerosas experiencias campesinas probadas a lo largo y ancho del país, que la nueva revolución tecnológica es una realidad y es posible, urgente y necesaria su generalización y elevación a rango de política pública de Estado.

Con la nueva revolución tecnológica es posible alcanzar múltiples resultados, entre otros: impulsar la productividad sustentable; aumentar la rentabilidad; regenerar y proteger los recursos naturales; producir alimentos sanos y nutritivos para el autoconsumo y el mercado nacional; revalorizar el trabajo campesino y los modos de vida rurales; reactivar la economía agrícola y rural; reconstruir la cohesión social a escala familiar, comunitaria y étnica; brindar oportunidades de empleo e ingreso dignos para la juventud del campo; amortiguar los impactos negativos del cambio climático, y proveer las mejores estrategias de adaptación al mismo. Y sobre todo, garantizar la autodeterminación en materia alimentaria, económica y tecnológica y la seguridad alimentaria a largo plazo del país.

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Entre los principios de la nueva revolución tecnología para alcanzar la autosuficiencia alimentaria con campesinos y sin transgénicos, se encuentran los siguientes:

1. Reconocimiento de la calidad de sujetos de derechos, sujetos productivos y portadores de conocimientos agrícolas relevantes a las y los campesinos, a las y los productores en pequeña y mediana escala, a ejidos, comunidades y pueblos indígenas. Los campesinos no deben ser considerados nunca más como “pobres” y “beneficiarios” de los programas gubernamentales ni como “aplicadores” de los “paquetes tecnológicos” impuestos por las corporaciones agroalimentarias con el apoyo de su red de distribuidores, despachos de “asistencia técnica”, fundaciones Produce, de la banca de desarrollo y de las instituciones “públicas” de investigación agrícola.

2. Reconocimiento a la organización campesina autónoma y autogestiva como sujeto colectivo de la nueva revolución tecnológica; como su motor y soporte principal de ésta. La organización campesina a nivel local (y en redes regionales, estatales y nacional) debe proveer a los productores integrantes un conjunto integral de apoyos y servicios a la producción, a la comercialización, al financiamiento, a la asistencia técnica, a la vinculación con científicos comprometidos, a la gestión de apoyos públicos, a la gobernabilidad campesina, a la rendición de cuentas, etcétera.

3. Desarrollo de sistemas de producción agrícola sustentables y diversificados con base en los conocimientos campesinos y científicos. La ciencia y la tecnología debe estar al servicio de la iniciativa campesina, de sus necesidades y las de sus comunidades, de la región y del país en su conjunto. Las instituciones públicas de investigación así como los científicos y tecnólogos deben reorientar su quehacer y establecer alianzas a largo plazo con organizaciones de productores autónomas y autogestivas con proyectos productivos integrales.

4. Los cambios y plazos de transición hacia una agricultura sustentable y diversificada, sin agroquímicos, sin transgénicos y sin dependencia de insumos externos (semillas, nutrientes del suelo y planta, plaguicidas, maquinaria y equipo, asistencia técnica, etcétera) deben ser autodeterminados por los propios campesinos.

5. La formación de los dirigentes campesinos, productores destacados, técnicos y gerentes campesinos representa el factor determinante en la nueva revolución tecnológica así como la capacitación masiva y significativa de campesinos y comunidades, a partir de las experiencias exitosas en parcelas de campesinos destacados y bajo el modelo de enseñanza-aprendizaje “de campesino a campesino” y de “campesino a científico y de científico a campesino”.

6. La nueva revolución tecnológica supone la producción local autogestiva (o en redes a nivel regional o estatal) vía la organización campesina de semillas nativas e hibridas mejoradas, humus y lixiviados, abonos verdes; harinas minerales, biofertilizantes, caldos nutritivos, ácidos orgánicos, entomopatógenos, fertilizantes foliares (sustancias húmicas, aminoácidos, hormonas de crecimiento e inductores de resistencia); análisis continuos de suelo, planta y agua; etcétera.

7. Implica una auténtica revolución de conciencias, valores y actitudes, en primer lugar de los propios productores, comunidades y organizaciones campesinas. Se requiere recuperar valores tales como la autoconfianza individual y colectiva, la cultura del trabajo y del esfuerzo individual y colectivo, la ayuda mutua y la solidaridad; la conciencia de la calidad de sujetos de derechos, de sujetos productivos y de ciudadanía, entre otros. Es imprescindible abandonar las actitudes pobristas, victimistas, peticionistas, fatalistas y pasivas. Evidentemente que también se requieren cambios radicales en los tres ordenes de gobierno, en las universidades y centros de investigación y en los científicos y técnicos en lo individual.

8. Se requiere de una nueva política de Estado de largo plazo para construir otro sistema agroalimentario y nutricional. Asimismo, es ineludible el rompimiento de la subordinación del Ejecutivo federal y el Congreso de la Unión a las trasnacionales agroalimentarias y el establecimiento de una nueva alianza con los sectores productivos del campo,

¿Será verdad que la autosuficiencia alimentaria es la nueva política de la actual administración pública federal o es solamente un recurso demagógico para encubrir la continuidad del modelo neoliberal agroalimentario? Si es verdad que se asume la necesidad urgente de la autosuficiencia alimentaria, la pregunta es si se recurrirá a falsas y peligrosas soluciones para mantener y profundizar el modelo fallido o podremos ser capaces como sociedad y Estado de abrir una vía verdadera y factible a la autosuficiencia alimentaria por medio de una nuevas revolución tecnológica con campesinos y sin transgénicos.

http://www.jornada.unam.mx/2013/02/16/cam-nueva.html

Maíz: el futuro de la alimentación mexicana, en riesgo hoy.

La salud de la población mexicana se encuentra ante un riesgo inminente. Las corporaciones semilleras transnacionales Monsanto y Pioneer Hi-Bred International solicitaron permisos al gobierno mexicano para sembrar de manera comercial maíz modificado genéticamente (transgénico) en grandes extensiones agrícolas de Sinaloa y Tamaulipas (se ha mencionado que el área solicitada para la siembra de maíz transgénico es mayor a la superficie de los estados de Aguascalientes, el Distrito Federal, Colima, y Tlaxcala juntos).

Sinaloa es el estado que produce la mayor cantidad de maíz consumida en México, por lo que de aprobarse los permisos para la siembra del transgénico, en un periodo de entre aproximadamente 6-8 meses muchas ciudades del país estarían recibiendo la primera cosecha de maíz transgénico destinada al consumo humano a través de tortillas, harinas, complementos alimentarios, etc.

El maíz que se pretende sembrar en estos estados del norte del país ha sido evaluado por diferentes grupos de científicos en diversos países. Un grupo de científicos franceses ha publicado recientemente las conclusiones de su estudio en el que ratas de laboratorio fueron alimentadas con el agrotóxico que vende la Monsanto, conocido como Roundup y con el maíz MON603 (el mismo que se solicitó sembrar de manera comercial en México).

Algunos de los efectos reportados por el equipo científico francés en las ratas alimentadas con maíz transgénico MON603 fueron la emergencia de tumores, daños en el hígado y riñones y muerte prematura de los roedores.

Los resultados de éste y otros estudios realizados, así como la falta de evidencia sólida sobre la inocuidad de los transgénicos, han encendido las alarmas a nivel mundial, a tal grado que países tales como Polonia, Alemania, Austria, Hungría, Luxemburgo, Francia, Grecia, Italia, y Bulgaria, prohibieron la siembra de maíz transgénico en sus territorios.

Paralelamente a la situación de riesgo para la salud de la población, la siembra comercial de maíz transgénico en México implica graves peligros a la biodiversidad. Se ha demostrado claramente que México es centro de origen y diversificación del maíz, en otras palabras, podemos decir que México es la cuna de este cultivo. Los datos lo confirman, se han identificado más de 60 razas y miles de variedades de maíces nativos. Desde hace varios años se viene evidenciado y denunciando la contaminación de zonas campesinas e indígenas con maíz transgénico en estados como Oaxaca, Puebla, Chiapas. La siembra masiva de maíz transgénico terminaría por contaminar las regiones en las que tanto el cultivo milenario como las culturas mesoamericanas se han acompañado mutuamente.

Por otro lado, la siembra y comercialización de maíz transgénico de las compañías transnacionales semilleras es un atentado directo a la vida campesina, es la sentencia de muerte a la ya precaria soberanía alimentaria en México; además de que potenciaría en gran medida el acaparamiento de tierras y criminaliza el cuidado e intercambio de semillas nativas, actividades que han realizado las y los campesinos desde hace siglos.

Estos hechos deben ser una llamada de la alerta a la población mexicana ante el inminente otorgamiento por el gobierno mexicano de los permisos para la siembra de maíz transgénico por parte de las agro corporaciones.

Ante este oscuro panorama, resultan esperanzadoras las iniciativas de la sociedad civil para defender a los maíces nativos mexicanos y reclamar al gobierno mexicano que cumpla con su obligación de garantizar la salud de la población, de preservar los recursos biólogicos y formas de vida y organización de las comunidades rurales, indígenas y campesinas.

Dichas iniciativas civiles tales como la Red en Defensa del Maíz, llaman a la población a informarse y cuidar su alimentación, a promover y fortalecer la economía local al consumir en la medida de lo posible productos traídos directamente del campo. Esta Red, integrada principalmente por organizaciones y comunidades indígenas y campesinas tiene la certeza de que la major manera de defender el maíz nativo mexicano, es continuar sembrándolo.

Más información:

http://redendefensadelmaiz.net/

http://www.ceccam.org/

Originalmente publicado en:

http://pagina3.mx/la-pluma-invitada/7338-maiz-el-futuro-de-la-alimentacion-mexicana-en-riesgo-hoy.html

Seeds of Freedom.

 

http://seedsoffreedom.info/

Adolfo Pérez Esquivel: Desmontar el monocultivo de las mentes.

“Los jóvenes de hoy son más críticos que los de los setenta”, afirma Adolfo Pérez Esquivel a contracorriente de lo que piensa la mayor parte de su generación. Galardonado con el Nobel de la Paz en 1980, en plena dictadura militar argentina donde ya trabajaba con Madres de Plaza de Mayo, se formó como arquitecto y escultor. Pero la actividad a la que más tiempo dedicó fue la enseñanza en escuelas primarias, secundarias y en la Universidad.

En 1974 renunció a la docencia para coordinar una red de comunidades latinoamericanas para promover la liberación de los pobres a través de la no-violencia. Ese año fundó el Serpaj y en 1977 fue arrestado por la Policía Federal, torturado y retenido sin juicio durante 14 meses. En la conferencia pronunciada en Montevideo el martes 13 señaló que se violan los derechos humanos cuando la población no tiene acceso a un medio ambiente sano y a la seguridad alimentaria porque se privilegia la “economía especulativa” de los monocultivos y la minería por sobre la “economía de producción”. A continuación un resumen de la conversación que mantuvimos.

Raúl Zibechi– Se habla de los cambios habidos bajo los gobiernos progresistas, pero se habla poco de las continuidades respecto al período anterior.

Adolfo Pérez Esquivel– Las políticas neoliberales siguen en pie, o sea las políticas económicas impuestas por las dictaduras y continuadas durante el Consenso de Washington permanecen hasta el día de hoy y además se han profundizado. Hubo cambios importantes en cuanto a las leyes de impunidad que veníamos reclamando desde hace muchos años y se necesitó la voluntad política de Néstor Kirchner para que el parlamento anularan las leyes de impunidad. Lo que debe rescatarse es que Argentina es el único país en el mundo que ha logrado a través de la justicia ordinario procesar a quienes cometieron crímenes de lesa humanidad. Los juicios de Nuremberg y de Tokio fueron tribunales ad hoc para juzgar esos crímenes. Por otro lado, rechazamos que se pasen a la justicia militar. Por tanto digo que hubo avances considerables aunque seguimos trabajando sobre para profundizarlos. La otra cuestión es desde dónde abordamos los derechos humanos porque hay un reduccionismo ideológico vinculado a lo que llamo los olvidos intencionados. Se habla de derechos humanos en relación a la dictadura pero no se hace ninguna referencia al período anterior ni al posterior. Este reduccionismo supone no sólo superar la impunidad jurídica sino ir más allá.

– ¿Cuáles serían hoy en América Latina las principales violaciones a los derechos humanos?

– Por ejemplo las cuestiones ambientales, todo lo relacionado con la megaminería, los monocultivos de eucaliptos, de soja, que afectan a los campesinos y a los indígenas, y además la pobreza y el hambre. La FAO dice en un informe reciente que mueren 35 mil niños por día de hambre en el mundo. La pérdida de recursos que generan la minería y los monocultivos, como el agua y la biodiversidad, están muy relacionados con el hambre y la desnutrición. Pienso que los agrotóxicos, la contaminación por cianuro y mercurio, por poner dos ejemplos, son violaciones a los derechos humanos.

En esta visión reduccionista pocas veces se enfoca el derecho de los pueblos, no sólo personas individuales sino comunidades, campesinas, indígenas, de pobladores de una ciudad, cuando deben asumir los impactos de la contaminación de lo que beben, comen y respiran. Los gobiernos en general privilegian el capital financiero sobre la vida de los pueblos no diferenciando entre una economía productiva y una economía especulativa y virtual. ¿Cómo puede ser que en el mercado de valores todo gire en torno a la subida o bajada de precios? Esa economía no es real porque ahí no hay trabajo ni producción. A esa economía no le interesan los daños porque no depende ni de lo que se produce ni de lo que se consume. Yo no estoy en contra de la minería sino de cualquier actividad destructiva. Oscar Wilde decía que hay quienes saben el precio de todas las cosas y el valor de ninguna. Precio y valor no son lo mismo. Y lo que nos está faltando es que se le dé valor a ciertas cosas.

– Le dirán que nada de esto tiene que ver con los derechos humanos sino con la política y la economía.

– Estuve en la conferencia mundial de Naciones Unidas en Viena en 1993. Una de las propuestas que fue asumida por la Asamblea General se refería a la tercera generación de derechos humanos. O sea, medio ambiente, desarrollo, autodeterminación de los pueblos, entre los más destacados. Esto vino a completar el abanico de las políticas de derechos humanos para nuestra sociedad.

– Más allá de algunas resoluciones como el artículo 169 de la OIT, esto no se está respetando en ninguna parte del mundo.

– No sólo no se respeta sino que se hace lo contrario, se destruyen montes nativos para plantar soja o eucaliptus, por poner un par de ejemplos, y esto lleva a la desertificación del planeta, sacan oro y dejan pasivos ambientales con nacientes contaminadas. Millones de litros de agua con mercurio y cianuro, o sea una contaminación que durará generaciones. Esto supone cambiar el concepto de desarrollo, que no puede ser sinónimo de explotación de la naturaleza ni de las personas. Si todos queremos vivir como los países centrales estamos en un callejón sin salida.

– El movimiento de derechos humanos en América Latina fue exitoso en la condena y el castigo a los que torturaron, desaparecieron y cometieron crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, no está siendo exitoso en lo relacionado con esta tercera generación de derechos.

– Muchas organizaciones de derechos humanos se han concentrado en la época de las dictaduras, tal vez porque son familiares directos de las víctimas, pero se han quedado en ese objetivo. Los respeto mucho y no los critico, pero cuando uno ve las consecuencias de la devastación y del empobrecimiento de millones en el mundo para robarles las riquezas naturales, entonces hay que pensar un poco más. Estamos sufriendo un genocidio económico para obtener oro, diamantes, petróleo, justo cuando hay condiciones técnicas para resolver el hambre. El caso de Haití es un buen ejemplo. He viajado muchas veces a la isla, y uno ve situaciones de miseria atroz, la pobreza extrema en la mayor parte de la población, ya no hay bosques, se ha destruido la naturaleza. Pero tienen miles de soldados que no resuelven nada.

– Sin embargo, en ningún lugar del mundo se ha logrado levantar alternativas capaces de contrarrestar estas tendencias. Peor aún, en Europa que era la región del mundo con menor desigualdad, se está desmontando el Estado del Bienestar. ¿Cómo avanzar cuando incluso los países que defienden el Buen Vivir, como Bolivia y Venezuela, se empeñan en la minería?

– Lo primero es que hay que superar el monocultivo de las mentes que nos anula y desertiza. De lo contrario estaremos repitiendo los mismos mecanismos porque así llegamos a que gobiernos como los de Evo y Correa no encuentran alternativas para su propia gente. En realidad, y este es el segundo problema, los países han perdido soberanía y uno encuentra que las políticas más importantes las imponen las grandes empresas multinacionales que hoy concentran un poder descomunal y tienen la capacidad de imponerle decisiones a los gobiernos. En Argentina la megaminería se lleva el 97 por ciento de los recursos y deja apenas un tres por ciento al país. ¿A quién beneficia la minería? Porque además del daño ambiental se perjudican los pequeños y medianos productores cuyos productos los van a pagar menos.

-Pero ese monocultivo que usted denuncia, no sólo está focalizado en los gobernantes sino también en las poblaciones que anhelan consumir. Quiero decir que mientras seamos prisioneros de una cultura que mide todo por el tener hay pocas salidas al dilema que usted plantea.

– Hay algunas posibilidades, hay prácticas como los cultivos orgánicos, las fábricas recuperadas, y un montón de experiencias vinculadas al uso racional del agua y la energía que aún no han adquirido un peso político como para poder influir en el diseño de una nueva sociedad. Sí, es cierto, aún estamos lejos de conformar una alternativa. Las universidades tienen una gran responsabilidad pero una parte de los estudiantes aspira a trabajar para las multinacionales.

– Comenzó a dar clases antes de la dictadura y después retornó. Ahora es profesor en Ciencias Sociales de la UBA. ¿Cómo observa a la generación actual si la compara con la que conoció antes de la dictadura?

– Es muy distinta. Cuestionan más las cosas, son más críticos.

– Mucha gente tiene la percepción opuesta, en el sentido de que los jóvenes de antes eran más críticos y comprometidos.

– Los jóvenes de los 60 y los 70 tenían más fundamentos ideológicos sobre los procesos de liberación de los pueblos, la lucha de clases, tenían un discurso muy racional, pero había muchos revolucionarios de café y la revolución se les acababa cuando se levantaban del bar. Yo a los chicos de ahora los veo más analíticos, más críticos.

– ¿Cómo es eso? ¿Lo dice porque buena parte de los sesentistas están hoy en los gobiernos?

– No, para nada. Lo que pienso es que la ciencia y la técnica provocaron cambios en el pensamiento, en las sociedades, en la humanidad toda, donde constatamos una aceleración del tiempo mecánico que contradice al tiempo natural en el que vivimos siempre las personas y a los ritmos de los seres humanos. Como consecuencia y como parte de esa aceleración vivimos un impacto informativo que impide pensar o que dificulta la labor del pensamiento que es siempre reflexiva. Hay una saturación de información.

– Algunos neurobiólogos sostienen que la mente no piensa con información sino con ideas.

– Exacto. Por lo tanto es necesario un tiempo para la reflexión, para que aparezca la conciencia crítica. Esto ha llevado a cambiar la percepción del mundo y la necesidad misma del pensamiento, algo que ya no es obvio. La reflexión implica ciertos ritmos y esos ritmos han cambiado de modo radical. Si la computadora demora tres segundos más en abrir una página ya es un drama. Las relaciones humanas tienden a estar dominadas por esos tiempos. Entonces la reflexión y el pensamiento no tienen el espacio y el tiempo que tuvieron en la historia de la humanidad.

– Pero usted dice que los jóvenes de ahora son más críticos.

– Aunque parezca curioso o contradictorio, la crítica, la insatisfacción, aparecen también con enorme rapidez, casi de inmediato. Los jóvenes de hoy, a diferencia de los universitarios de ayer, no saben lo que les va a pasar mañana, viven una gran incertidumbre, saben que no tienen futuro salvo una pequeña minoría y viven en la más absoluta precariedad laboral y existencial. No está claro el lugar que ocupan. Y nos cuestionan a los docentes de forma muy natural. Ellos a veces te hacen preguntas muy fuertes. ¿Se terminó la época de las dictaduras en América Latina? Dependiendo del lugar desde el que se mire la pregunta es absolutamente pertinente. Con la excusa del narcotráfico otra vez los militares vuelven a las calles, en Guatemala, en México, en Perú, en Colombia.

– ¿Cómo observa la región latinoamericana?

– Lo más importante es que ya no hay sociedades estáticas sino procesos de cambios muy rápidos y profundos. Antes las dinastías duraban siglos, ahora todo es cambio. Es parte de la aceleración del tiempo de la que hablábamos. En América Latina hay una situación interesante, hay pensamiento propio, la construcción de la unidad regional que ha contribuido a evitar golpes de Estado como en Ecuador. En todo el mundo se están fortaleciendo bloques regionales y acá hacemos lo mismo, porque es el único modo de dejar de ser algún día un patio trasero. Para eso poner límites a las multinacionales, lo que es muy difícil y siempre fracasa como sucedió en Estados Unidos cuando el gobierno quiso limitar el poder de Wall Street.

– ¿Estamos ingresando en un nuevo ciclo de luchas, ahora contra la minería y en defensa de bienes comunes como el agua?

– En la defensa de estos bienes nos va la vida. Antes lo que amenazaba la vida era la dictadura, pero ahora la vida depende del derecho de los pueblos a decidir cómo quieren vivir y qué van a hacer con recursos que no son infinitos. Por eso los primeros que reaccionaron fueron los campesinos y los indígenas, y también las mujeres. Estoy convencido que la lucha silenciosa de las mujeres las está llevando a tomar posiciones en todos los ámbitos, en la ciencia, en la política, en la participación a cualquier nivel. El movimiento de las mujeres me llama mucho la atención porque además de su potencial encarna otra forma de pensar. Mujeres e indígenas son emergentes en el terreno de las identidades culturales. Son los signos de esperanza que hoy tenemos, porque la dominación comienza por la cultura y esos sectores son portadores de un modo diferente de ver el mundo.

– Es optimista.

– Mucho. Creo como le dije en los jóvenes, en esa enorme cantidad de chicos y chicas que trabajan y estudian de noche para abrirse en un camino, para buscar su lugar. Son la fuerza que puede cambiar esto.

– Con 80 años y casi 60 dedicados a esta causa, ¿no siente desesperanza ante todo lo que falta?

– Yo elegí una forma de vida, nadie eligió esta vida por mi. Soy austero, gasto poco aunque viajo mucho. No me interesa hacer otra cosa. Hemos pasado dificultades pero me siento muy satisfecho con haber hecho algo para que mucha gente recupere la esperanza y el sentido de su propia identidad que son parte del camino de liberación. Los derechos humanos no son una aspirina para calmar el dolor de otro, son un camino de liberación colectiva y personal porque nadie puede ser feliz a solas.

Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales.

http://www.cipamericas.org

17 de Abril. Día Mundial de lucha campesina.

Llamamiento para el 17 de abril:

Día Internacional de las Luchas Campesinas

¡Acabemos con el acaparamiento de tierras!

¡La tierra para quienes la trabajan!

(Jakarta, 2 de marzo de 2012) El 17 de abril es el Día Internacional de las Luchas Campesinas, que conmemora la masacre de 19 campesinas y campesinos que luchaban por tierra y justicia en Brasil en 1996. Cada año se celebra este día en todo el mundo, en defensa de las campesinas y los campesinos que luchan por sus derechos.

Durante los últimos años hemos padecido la aplicación de nuevas políticas y de un nuevo modelo de desarrollo basado en la expansión y expropiación de terrenos, conocido como acaparamiento de tierras. El acaparamiento de tierras es un fenómeno impulsado por inversores y personas con poder a escala local, nacional e internacional, con la connivencia de gobiernos y autoridades locales, para controlar los recursos más preciados del mundo.

El acaparamiento de tierras ha provocado la concentración de la tierra y recursos naturales en manos de grandes inversores, dueños de plantaciones, empresas madereras, hidroeléctricas y mineras, desarrolladres turísticos e inmobiliarios, autoridades portuarias y de infraestructuras, etc. La consecuencia ha sido el desalojo y desplazamiento de poblaciones locales —generalmente campesinos y campesinas—, la violación de derechos humanos y de la mujer, el aumento de la pobreza, la fractura social y la contaminación ambiental. El acaparamiento de tierras trasciende las estructuras imperialistas Norte-Sur: las corporaciones transnacionales involucradas están basadas en Estados Unidos, Europa, Chile, México, Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Tailandia, Malasia, Indonesia y Corea del Sur, entre otros.

Las instituciones financieras, como los bancos privados, los fondos de pensiones y otros fondos de inversión, se han convertido en agentes poderosos en el acaparamiento de tierras, mientras se siguen emprendiendo guerras para tomar el control de las riquezas naturales. El Banco Mundial y algunos bancos regionales de desarrollo están facilitando el acaparamiento de tierras y agua mediante la promoción de medidas y legislaciones que favorecen a las corporaciones, como el suministro de capital y garantías para inversores corporativos y el fomento de un modelo económico de desarrollo destructivo y extractivo. En el interín, el Banco Mundial y otras instituciones han propuesto siete principios para la Inversión Agrícola Responsable (IAR) que deberían prevenir los abusos, pero que en realidad dan legitimidad al acaparamiento de tierras por parte de inversores públicos y privados. La Via Campesina, junto con aliadas y alidos claves, ha protestado en contra de esta iniciativa durante los últimos dos años.

El acaparamiento de tierras es un fenómeno global basado en la dominación corporativa de la agricultura a través del control de la tierra, el agua, las semillas y otros recursos. Muchos gobiernos y gabinetes estratégicos la justifican aduciendo que la agroindustria modernizará las prácticas agrícolas atrasadas y garantizará la seguridad alimentaria para todos. Sin embargo, por muy difundidas que sean estas aduciones, se ha demostrado que son completamente falsas en el mundo real.

Los agentes clave detrás del acaparamiento de tierras dan prioridad a las ganancias ganancias por encima del bienestar de las personas: producen agrocombustibles si ello resulta más rentable que la producción de alimentos; y exportan su producción alimentaria si ello resulta más lucrativo que venderla en el mercado local. En esta carrera por lucrar, la agro-indústra está aumentando su control de los sistemás de producción de alimentos, monopolizando recursos y dominando en los procesos de toma de decisiones. Los grupos de presión corporativos poseen una fuerte inflencia política que a menudo embarga a las instituciones democráticas. Además, actúan con la complicidad de la clase dirigente local y nacional (comerciantes, políticos y líderes de comunidades), que no protegen a su propio pueblo del saqueo.

El acaparamiento de tierras ha desposeído a campesinas y campesinos y pueblos indígenas, especialmente a mujeres y jóvenes, de sus recursos y medios de sustento. También está dañando el medio ambiente. Los pueblos indígenas y las minorías étnicas se ven expulsados de sus territorios por fuerzas armadas, lo que aumenta su vulnerabilidad y en ciertos casos ocasiona incluso la esclavitud. Las falsas soluciones al cambio climático, basadas en el mercado, como el concepto en boga de la “economía verde”, están logrando separar para siempre a las comunidades locales de sus recursos agrícolas y naturales.

Así pues, La Via Campesina realiza un llamamiento a todas y todos sus miembros y aliados, movimientos de pescadores, organizaciones de trabajadores agrícolas, grupos de estudiantes y medioambiente, movimientos a favor de la justicia social, para organizar acciones en todo el mundo el dia 17 de abril para ejercer una masiva demostración de resistencia popular al acaparamiento de tierras y destacar la lucha contra el control corporativo sobre los recursos agrícolas y naturales.

Unámonos y luchemos:

  • Para detener el acaparamiento de tierras y reclamar la tierra tomada. ¡La tierra debería estar en manos de quienes la trabajan!
  • Para aplicar una reforma agraria integral a fin de llevar justicia social a las zonas rurales.
  • Para acabar con el control de la vida de miles de millones de personas, ejercido por unos pocos inversores y empresas transnacionales.
  • Para oponernos a los principios de las “inversiones agrícolas responsables” (IAR) propuestas por el Banco Mundial, ya que nunca puede ser “responsable” el hecho de que inversores y empresas acaparen tierras agrícolas.
  • Para reforzar el sistema de producción agrícola basado en la agricultura campesina y la soberanía alimentaria.

Invitamos a organizaciones, movimientos y agrupaciones y personas a que el 17 de abril organicen una acción directa, una proyección de vídeo, un mercado campesino , una ocupación de tierras, un debate, una protesta, una exposición de arte, o cualquier otra acción que destaque el mismo objetivo.

México. Siembra de transgénicos vulnerará derechos de campesinos.

+Se vulnerarán los derechos de campesinos, opina investigadora

+Contaminados, 65% de acervos maiceros en Estados Unidos: investigadora de la UNAM

+Autoridades descartan daños y científicos exponen argumentos

En México las autoridades responsables de la bioseguridad apoyan las siembras comerciales de maíz transgénico con el argumento de que éstas han estado al alcance de los consumidores más de 15 años sin que se hayan encontrado daños en la salud. También descartan que el flujo genético de un sembradío a otro contagie plantaciones de maíces criollos con transgenes.

El responsable de la política de bioseguridad sobre los transgénicos en México, Ariel Álvarez, expone que esos productos no son otra cosaque la continuación de un proceso de mejoramiento agrícola, pues ahora podemos identificar genes y ponerlos en las plantas sin tener que hacer cruzas.

Después de que a escala mundial se han consumido alimentos genéticamente modificados por 15 años, ¿dónde están los elementos que nos van a decir de un probable daño en cuestiones de salud?, se pregunta. Hay estudios sobre búsqueda de transgenes en materiales criollos, pero quiero ver las consecuencias en esos materiales, dice en entrevista el secretario ejecutivo de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem).

–Las alertas vienen de científicos y de organizaciones sociales.

–Cuando nos dicen que hay algún estudio, quisiera verlo para evaluar. Cuando tengamos acceso a alguno que diga que hace daño, nuestra obligación es tomarlo y enviarlo a la Secretaría de Salud, ver lo que han dicho el organismo europeo de inocuidad alimentaria y otros. Si hay certezas científicas sobre los riesgos, los permisos se pueden revocar.

Frente a argumentos científicos como los del Laboratorio de Genética Molecular del Desarrollo y Evolución de Plantas, del Instituto de Ecología de la UNAM, o de Ignacio Chapela, de la Universidad de Berkeley, Ariel Álvarez responde: Dicen que habrá flujo de genes y que esa acumulación hará que desaparezca el maíz criollo. Uno piensa y dice: ¿cuál es el mecanismo que tendría que asumir para que cuando se acumulen o haya transgenes hagan daño a un material criollo? ¿Por qué considerar que todos los criollos deciden morirse el mismo día?

Explica que para detectar la presencia de maíz genéticamente modificado se aplican encuestas a productores, por ejemplo en Oaxaca,para así conocer lo que están sembrando, si han tenido problemas, si hubo aumento o decremento de rendimientos, tamaño, color, sabor, forma. Lo que se busca, dice, no es ver si hay un transgen, sino cuáles son las consecuencias.

Sobre este método, Chapela rebate: Es falso que se pueda detectar visualmente la presencia de transgénicos. Es como preguntar si por aquí pasó un microbio.

Actualmente Chapela trata de desarrollar métodos sencillos para que campesinos y consumidores puedan detectar y hacer un mapeo de transgénicos, porque los que existen están monopolizados por la empresa Genetic ID, que tiene capturado a Cibiogem y no permite que otros actores académicos entren.

Por su parte, Elena Álvarez Buylla, del Instituto de Ecología de la UNAM, advierte que en Estados Unidos más de 65 por ciento de acervos de maíz que no debieran tener transgenes ya están contaminados. Las empresas no han podido segregar sus líneas de producción y eso es preocupante. No hay que olvidar que algunos son maíces biorreactores, que producen fármacos y sustancias industriales, que no son aptos para el consumo.

La organización que preside, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, ha expresado su preocupación, ya que los permisos de siembra experimental de maíz genéticamente modificado ya liberados en Sonora y Sinaloa son próximos a territorios indígenas –yaqui, mayo, tepehuán, pima y guarojío–, donde existen numerosas variedades nativas.

Angélica Enciso L. y Blanche Petrich


@twewwter

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