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Ana de Ita: Los transgénicos son la nueva colonización de las semillas.

MéxicoAnte la inminente liberación del cultivo comercial del maíz transgénico en México, la investigadora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano e integrante de la Red en Defensa del Maíz, Ana de Ita, explica a Desinformémonos los riesgos que implica esta liberación para la biodiversidad, la soberanía alimentaria y los conocimientos tradicionales.

La especialista señala que las semillas son un patrimonio de la humanidad y advierte que quien las controla, controla la cadena alimentaria.

La biodiversidad en riesgo

México es centro de origen y diversificación del maíz. Tenemos entre 59 y 61 razas antiguas mexicanas, y cientos o miles de variedades porque el maíz es un cultivo de polinización abierta o cruzada, donde los genes de una planta fecundan a las plantas vecinas. Por ejemplo, todos los granos de una mazorca son diferentes entre sí, con parte de la misma madre pero no del mismo padre. México, al ser un reservorio genético como centro de origen, inspira a biólogos, genetistas, mejoradores y campesinos para mantener y buscar condiciones deseables para el maíz.

Por los efectos en la biodiversidad, se veía como muy problemático que aceptaran la siembra de maíz transgénico. Es muy fácil que los transgénicos se inserten en este sistema abierto, y la contaminación los maíces nativos es una realidad comprobada desde el 2001 con los estudios de Chapela y Quist. Como decían los científicos en este momento, es muy fácil ingresar estos genes transgénicos al sistema pero es muy difícil o imposible erradicarlos.

Esos genes, en un escenario horrible pero no imposible, contaminarían a la gran mayoría de razas y variedades locales. En estos momentos de cambio climático en los que se necesita encontrar maíces resistentes a sequía, heladas, etcétera, si todo el maíz de México está contaminado por transgénicos, va a ser realmente una catástrofe. Ya no se va a tener maíz natural para adaptar las semillas a los desafíos actuales.

México es también un país megadiverso, con un gran número de animales. Hay 2 mil especies de mariposas, por ejemplo, y lo que provocarán los transgenes en esos insectos es muy distinto a lo que provocarían en un lugar sin esta megadiversidad.

Los estudios de la Universidad de Cornell mostraron que las mariposas monarca, símbolo de un ecosistema trinacional, se mueren al comer polen de maíz transgénico; eso ocurre en un país megadiverso con muchas especies endémicas. Es un atentado contra un gran número de especies y diversidad biológica la existencia de transgénicos, no sólo en el maíz sino en la soya, la canola, el algodón o en cualquier cosa.

Un peligro para la soberanía alimentaria

Los transgénicos van contra los derechos campesinos y la soberanía alimentaria porque si la progenie de una semilla ya no se puede sembrar, deja de ser la esencia misma de lo que son las semillas, que es la forma de reproducción para que las plantas se multipliquen y haya alimentos para todos. Por eso es que la Vía Campesina dice que las semillas son un patrimonio colectivo de los pueblos que debe estar al servicio de la humanidad; en las semillas se condensa todo el conocimiento de los pueblos de diez mil años de agricultura.

Los transgénicos vuelven a los campesinos dependientes de una semilla que ya no les pertenece porque incluye un conocimiento de fuera y patentado como propiedad de una multinacional, por el cual deben pagar una licencia. Esto ha provocado que haya juicios contra los campesinos porque sus semillas se contaminaron con un gen extraño y patentado. En lugar de hablar de invasiones de propiedad privada, las compañías demandan al agricultor diciendo que utiliza una tecnología sin pagar la licencia.

Los transgénicos vuelven ilegal el quehacer campesino normal, que es mejorar las semillas, resembrarlas, intercambiarlas, regalarlas o venderlas. Cuando compran un transgénico, los campesinos tienen que firmar un contrato donde dice que esa semilla no puede ser vendida, regalada ni intercambiada, que solamente se usará como semilla una vez y que lo demás lo van a vender como cosecha. Ya no las pueden guardar, como lo han hecho por siglos.

Las multinacionales nunca pagaron nada por el conocimiento colectivo que se encuentra presente en las semillas sobre las que ellos pusieron sus supuestos mejoramientos, un conocimiento que es milenario y se ha ido mejorando de generación en generación.

Control transgénico sobre la investigación

La falta de consenso científico sobre los transgénicos proviene de los aparatos de publicidad y mercadotecnia de las compañías y de sus tentáculos de control en las universidades, con centros de investigación y con las autoridades, que son las que dan o no los permisos. Por eso están tan silenciados los riesgos a la salud existentes, y a quien lo diga se lo tratan de acabar.

Cuando Quist hizo público el descubrimiento del maíz contaminado en México en la revista Nature, lo tuvieron que sacar de la revista porque la comunidad científica pro-transgénica hizo una labor de boicot negro en base a puras mentiras, diciendo que el estudio estaba mal hecho, pero hasta el gobierno mexicano reconoció que había contaminación transgénica. Como los pro-transgénicos tienen todo el dinero del mundo, se han vuelto financiadores de las universidades y los centros de investigación.

¿Cómo pueden ser juez y parte? Es una tontería porque los estudios que dicen que los maíces de Monsanto no hacen daño son los propios estudios de Monsanto. Además, son tan cortos que no se pueden comprobar los riesgos que ocurren cuando la alimentación de las ratas permanece más tiempo. Los otros científicos no pueden negar la contaminación transgénica, porque es un hecho que el maíz tiene una polinización abierta. ¿Cómo lo van a controlar?

Es un riesgo enorme que el gobierno mexicano permita que se siembre maíz transgénico para la alimentación de las personas sin haber utilizado el principio de precaución y sin haber hecho estudios específicos antes de dejar que la gente, por hambre y por falta de otra cosa, tenga que comer esto.

En México, los estudios que usa la Secretaría de Salud para validar su parte de seguridad sanitaria están basados en estudios hechos en Estados Unidos por científicos de Monsanto. No se fijan en las distintas condiciones de México. Por ejemplo, en Estados Unidos el maíz transgénico se utiliza para los puercos, las vacas y los pollos, muchos de ellos industrializados, que sólo están esperando a que cumplan su ciclo de vida y los matan. No se utiliza para la alimentación humana. La Comisión de Cooperación Ambiental, en sus recomendaciones, dijo que en México se necesitan estudios específicos si se considera el volumen anual de ingestión de maíz, que se calcula que en 115 kilogramos en promedio -y todavía más en el medio rural- antes de liberar los transgénicos.

La nueva conquista a través de la privatización de las semillas

Lo que parece es que hay una nueva conquista sobre las semillas nativas; las compañías tratan de despojar a los campesinos del conocimiento colectivo cristalizado en ellas. Vandana Shiva dice que, al igual que el Papa cuando mandó a los conquistadores a colonizar estas tierras que “no eran de nadie” (llamadas tierras nullusen la bula papal), ahora las empresas dicen que las semillas nativas no eran de nadie y van a colonizarlas, a ponerles sus genes, su marca y patente porque están “salvando” a estas semillas nativas que eran “sin rendimiento”.

El que controla las semillas controla la cadena alimentaria y controla una parte muy importante del conocimiento tradicional de la humanidad, porque las semillas no estaban así en la naturaleza. Eso tuvo que ver con un proceso de civilización y por esto son tan importantes los lugares que se llaman centros de origen. México y Centroamérica son centros de origen del maíz porque hubo una civilización que se encargó de estar cruzando y cruzando este pastito que es el teocintle hasta obtener este grano, que se inventó hace 7 mil años y que los campesinos siguen inventando diariamente.

Lo que quieren expropiar es una suma de conocimientos colectivos que han creado el maíz, el arroz y la soya, que son los principales alimentos de la humanidad. El arroz es para Oriente lo que el maíz es para nosotros, y ahí las compañías están expropiando este conocimiento colectivo para ponerle su marca y su etiqueta.

Todas las leyes van hacía la privatización. Las empresas han logrado meter distintas leyes en el mundo sobre semillas que van a prohibir la siembra de semillas no sólo transgénicas, sino todas si no se sabe qué patente tiene. Los que siembran semillas nativas no tendrán subsidios y no se podrá comercializar la cosecha.

Todas las leyes tienden a que los campesinos se vean obligados a comprar semillas y a entrar al mercado, a que las semillas sean ya no un patrimonio de la humanidad sino una mercancía que se tiene que comprar a ellos para ser legal. Lo demás lo llaman “semillas piratas”.

Un largo proceso legal para la liberación del maíz transgénico el primero de diciembre próximo

Con el Tratado de Libre Comercio de 1994 se abrió la frontera y, a partir del 1996, las importaciones de maíz de Estados Unidos crecieron de manera exponencial: llegaron hasta cinco millones de toneladas, cuando antes eran solamente 300 mil toneladas. Para México era muy difícil mantenerse libre de transgénicos porque en Estados Unidos se liberó el maíz transgénico desde 1996.

Los científicos del Comité Nacional de Bioseguridad Agrícola se vieron muy visionarios y utilizaron el principio de precaución para instaurar una moratoria sobre el cultivo transgénico. Era necesario hacerlo porque aquí también las compañías empezaron a pedir permisos para sembrar maíz transgénico. De 1996 a 1998 hubo algunos permisos de siembra experimental en México, pero gracias a la moratoria de facto no se iba a dar ni un permiso más, ni experimental ni comercial, a los transgénicos. El argumento era que teníamos una Norma Oficial Mexicana de bioseguridad para la siembra de productos que no consideraba a los transgénicos como tales porque eran una cosa nueva. Decidieron no dar permisos mientras no hubiera una regulación específica para los transgénicos.

A partir de finales de 1998, no volvieron a dar más permisos; los argumentos fueron que México es centro de origen y diversificación del maíz, que existe el teocintle y los parientes silvestres del maíz, y que hay 61 razas nativas y criollas que serían contaminadas. Con esos argumentos y contemplando que el maíz es el alimento básico de la población, establecieron la moratoria, que duró desde 1998 hasta 2009 cuando Calderón, después de una reunión con el director de Monsanto en el Foro Económico Mundial de Davos, liberó por decreto presidencial la siembra experimental y dio los pasos para llegar a la siembra comercial de maíz transgénico.

Mientras tanto, el gobierno y la industria prepararon una legislación para saltarse los requisitos de la moratoria. Como iba a tener vigencia hasta que existiera una legislación específica, se dedicaron a establecer esta legislación. En 2005 promulgaron la Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados, a la que llamamos la ley Monsanto porque es una legislación que no es de bioseguridad, sino más bien a favor de los intereses de las empresas. Solamente establece los pasos que tienen que seguir las empresas para lograr la siembra comercial de sus productos.

Les faltaba también, como requisito, definir cuáles eran los centros de origen y diversidad del maíz; lo hicieron en el 2011 para poder avanzar. La definición deja a toda la zona de riego, que es la que le interesa a las empresas, libre para que pueda ser sembrada con maíz transgénico. Es como bajar la frontera de México, porque casi es exclusivamente en el norte del país donde van a ser permitidas la siembra experimental y comercial.

Ahí, siguiendo la ley de bioseguridad y de manera legal, establecieron su siembra experimental. En esta fase, primero se establecen criterios dizque muy estrictos y muchas normas de bioseguridad (como el transporte de las semillas en envases, la trituración de la cosecha para evitar la germinación de los granos y la instalación de una zona de 200 metros de distancia entre el cultivo transgénico y cualquier otro cultivo). El problema es que el cultivo es a cielo abierto, lo que es problemático por la polinización libre del maíz.

En la siembra piloto, las extensiones crecen; no son espacios de menos de una hectárea como en la siembra experimental, sino más grandes. Sus medidas de bioseguridad consisten en poner una zona de amortiguamiento de 200 metros: el cultivo transgénico está en el centro, rodeado de 200 metros de maíz para afuera. Ese maíz de la zona de amortiguamiento obviamente se va a contaminar con el polen del transgénico. A ambos los van a levantar para comercializar donde se siempre se ha vendido el maíz para consumo.

En la etapa comercial ya no habrá ninguna medida de “bioseguridad”, sino que el maíz será plantado en cualquier lugar dentro del polígono donde les den el permiso y lo venderán donde tradicionalmente se vende. Lo más preocupante ahora es que estamos en la fase de solicitud de los cinco primeros permisos de siembra comercial, dos de ellos en Sinaloa, por 700 mil hectáreas cada uno. El polígono de liberación en el estado mide un millón 100 mil hectáreas, pero Sinaloa tiene 750 mil hectáreas de riego en total; entonces, suponemos que los permisos se refieren a la misma zona. Van a sembrar con cualquiera de los dos permisos las 750 mil hectáreas, en el mejor de los casos. De maíz sólo se sembrarán 300 mil hectáreas y lo demás se sembrará con otras cosas, como jitomate o frijol. Ellos se cubren las espaldas diciendo que sembrarán todo lo que los agricultores quieran. Por eso piden un polígono más grande: si alguien siembra transgénicos en este polígono, estará dentro de la legalidad.

La producción de maíz en Sinaloa se va a todas las ciudades del país porque es el principal estado productor de México, el que abastece a todos los centros urbanos. Piden este permiso para el primero de diciembre, a tiempo para la siembra otoño-invierno; la cosecha se recogería en junio-julio. Básicamente, la cosecha está comprada por transnacionales como Cargill, Maseca, Minsa o Archers Daniels Midland. Ellos lo distribuirán a todas las zonas urbanas, a Maseca y Minsa como harina, a Cargill como grano, a los molinos de tortillería. Calculamos que, en julio, todos los urbanos comeremos tortillas transgénicas, sin ningún tipo de etiquetado que diga “Comer tortillas transgénicas mata”.

Los permisos de siembra comercial están en consulta pública hasta el 15 de noviembre, pero la pregunta es ¿cómo toman las decisiones dentro del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria, que es el encargado de dar los permisos? Se ignora cuáles son sus criterios para negar o aceptar los permisos; en algunas ocasiones han negado permisos que al otro año aceptan. El primer permiso piloto que habían pedido para Sinaloa lo negaron y aceptaron el de Tamaulipas, pero al año siguiente aceptaron el de Sinaloa.

Lo cierto es que los argumentos que se someten a la consulta pública nunca son tomados en cuenta porque mandan un machote que dice: “Recibimos su consulta pública y sus argumentos serán tomados en cuenta”. Se puede mandar lo que sea, mandarán el mismo machote y los argumentos no serán tomados en cuenta porque los permisos siguen avanzando, a pesar de las consultas entregadas. Nosotros, como Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (CECCAM), pusimos argumentos tanto científicos como políticos, pero la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad puso argumentos científicos muy soportados y no cambió nada.

Creemos que es solamente un requisito y una farsa para decir que hay una ley de bioseguridad que está operando, cuando esa ley no puede por ningún motivo garantizar que el maíz transgénico no se cruzará con otro maíz, ni que no hace daño a la salud porque hay nuevos estudios que dicen que sí. Esta ley nunca consideró el principio de precaución como su fundamento; está redactada de tal forma que está a favor de las empresas y aunque que les quite el tiempo con los requisitos, finalmente lograrán su cometido.

Una vuelta más al modelo industrial de producción agrícola

Al contrario de lo que afirman, el interés de las empresas es claramente el lucro. Invirtieron mucho dinero en su tecnología y en sus inventos para supuestamente mejorar las semillas, pero después de 16 años de siembra en Estados Unidos se ha demostrado que los transgénicos no se hicieron para aumentar el rendimiento. Ahora las empresas en sus solicitudes inventan que aumentan el rendimiento, lo cual es una falacia.

Sólo hay dos desarrollos de transgénicos, que son control de malezas y control de insectos. Si no son estos, no hay nada. Se ha demostrado que no aumentan el rendimiento, que no disminuyen el uso de plaguicidas -porque si bien controlan unas plagas, las que antes eran secundarias se vuelven principales y acaban echándole otro insecticida, además del incluido en el transgénico-. La resistencia a herbicidas a lo mejor en un primer momento funciona, pero implica echar herbicidas todo el tiempo con un daño ambiental tremendo.

El insecticida es el glifosato, que Monsanto vende como Roundup Ready. En Argentina comprobaron que causa estragos terribles a la población, espina bífida, malformaciones, cáncer leucemia. Si realmente las empresas fueran honestas reconocerían que los costos sociales, ambientales y económicos que tenemos que pagar no se equiparan a los beneficios que tiene esta tecnología. El único beneficio que tiene es a lo mejor en los primeros años bajar las malezas, que luego se volverán supermalezas y habrá que controlarlas con todavía másRoundup Ready, que se venderá más y tendrán más rentabilidad, además de las semillas vendidas muy caras. Su único fin es el lucro, y es un fin que a lo mejor sería válido si su tecnología no fuera demasiado riesgosa y si resolviera los problemas que se plantea “resolver”, como el hambre.

Lo que se hace es crear una cadena en la que las empresas tengan mayor participación en las ganancias, cuando habría otras alternativas para aumentar los rendimientos, y además considerando los costos ambientales.

Los transgénicos son la segunda o tercera vuelta de la revolución verde. A 30 años de la Revolución Verde se empezaron a ver las consecuencias en cuanto a reducción de fertilidad, salinización de suelos, alto empleo de insecticidas, herbicidas, plaguicidas, fertilizantes químicos. Este modelo llegó a un tope, sobre todo ahora con la crisis del petróleo, porque todo el modelo está basado en él.

Además, al no haber avanzado en otras alternativas -como la fertilidad orgánica de los suelos u otras alternativas orgánicas de control biológico-, estamos en un momento en el que muchos gobiernos piensan que para darle de comer a la gente hay que seguir este modelo. Lo otro, que son soluciones de largo plazo, no se fomentaron. No se empujó el mejoramiento campesino de las semillas, el mejoramiento de los suelos u otra alternativa al modelo industrial de producción agrícola, del cual los transgénicos son sólo otra vuelta.

De lo que sabemos, los nuevos desarrollos de transgénicos llevarán genes apilados de hasta ocho características. ¡Quién sabe lo que pueden provocar en el maíz! Ellos dicen que no pasará nada porque recogerán esta planta, pero en un sistema como el mexicano, en el que esas semillas se van a mezclar con otras, no podemos saber. Se han observado malformaciones en las comunidades, si bien es muy difícil demostrar que son consecuencia de los transgénicos. Lo que sí se puede demostrar es que hay mayor incidencia de malformaciones en transgénicos que en plantas normales, como lo constató una investigadora del CECCAM.

Al nivel internacional, Vandana Shiva, investigadora y activista india anti-OGM (Organismos Genéticamente Modificados), empujó una quincena de acciones por la libertad de las semillas y contra su colonización por las compañías. Eso va a ser entre el 2 de octubre -que es el aniversario de Gandhi-, y el 16, que es el día mundial de la alimentación.

La defensa comunitaria ante los transgénicos

En la Red en Defensa del Maíz hemos planteado como centro de la resistencia a las acciones en las que las comunidades indígenas y campesinas pudieran crear una defensa territorial. A partir del 2003, cuando se descubrió que eran muchas más las comunidades en las que había contaminación transgénica, las comunidades plantearon no sembrar semillas de fuera, no intercambiar semillas cuya origen se desconocía, no sembrar semillas de Diconsa -tiendas rurales del gobierno-, no aceptar los programas gubernamentales que tienen semillas híbridas y no sembrar semillas híbridas porque pueden estar contaminadas con transgénicos. Además, revisan más las milpas y si ven plantas malformadas, les quitan la espiga para evitar que se reproduzcan y que se pase el polen a otras.

Esa fue la primera defensa desde la comunidad. Ahora, todavía más las comunidades tratan de hacer acuerdos de asamblea. Los ejidos y las comunidades en México tienen la mitad del territorio del país, entonces lo que nosotros como Red empujamos es que los ejidatarios y comuneros decidan autónomamente no sembrar semillas híbridas o transgénicas en su territorio. Es tratar, como lo han hecho las regiones libres de transgénicos en Europa, de construir comunidades y ejidos sin transgénicos a partir de acuerdos de asamblea, en algunos casos establecidos en los estatutos comunitarios y reglamentos ejidales, en otros casos en actas de asambleas, y a veces solamente con un acuerdo verbal. Sabemos que hay varias experiencias en las que ya se avanza en ese terreno.

Como otra parte de la defensa se trata de difundir en la opinión pública y de hacer presión para construir una opinión en contra de los transgénicos. Creemos que la defensa territorial puede ser muy importante aprovechando las estructuras autónomas que todavía existen.

http://desinformemonos.org

Maíz transgénico en México, la polémica continúa.

+El grano, alimento básico y parte de la cultura de los mexicanos

+Los científicos han descubierto unas 70 razas del cereal en todo el territorio

México no sólo es el centro de origen del maíz, que junto con el trigo y el arroz alimenta a la humanidad. Para los pobladores es, además, un alimento básico. Más aún, para muchos pueblos indios es un dios o un hijo, o su carne.

Hasta hoy los científicos han detectado alrededor de 70 razas distribuidas en prácticamente todo el territorio nacional, con excepción de algunas extensiones, o demasiado áridas o muy escarpadas, de Chihuahua, Sinaloa, Durango, Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León y la península de Baja California. No porque allí no existan centros de origen, sino porque no se tiene información, indica la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).

Zapalote, olotillo, tepecintle, bolita, cacahuacintle y tuxpeño son algunas de esas razas. Hay blancas, amarillas, rojas, azules y negras. También color crema o casi anaranjado. Existen granos jaspeados, moteados, pintos.

En la cosmovisión indígena hay un vínculo especial de los seres humanos con el maíz.

Una de las primeras representaciones que recorrieron Mesoamérica fue la del dios olmeca del maíz, cuya cultura estaba fundada en su cultivo y floreció entre mil 500 y 3 mil años antes de Cristo, señala el libro Origen y diversificación del maíz, de la Conabio.

Según los escritos del Popol Vuh, las antiguas historias del Quiché, antes del tiempo, cuando no existía la faz de la tierra, el creador, los sabios y los progenitores se pusieron a pensar y resolvieron que debía aparecer el hombre. Lo hicieron con mazorcas blancas y amarillas.

Johannes Neurath, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explica que para los huicholes “el hecho de que el maíz se deje comer implica que es un ancestro que se sacrifica en beneficio de sus descendientes. Pero el grano no solamente es un ancestro; como planta de maíz es esposa del agricultor, y en forma de elote es su hijo”.

“Vivimos del maíz; somos los guardianes de conservar los cinco colores que nos heredaron nuestros antepasados. No negociamos con el maíz, lo sembramos para la subsistencia de las familias. Es la base de la alimentación fundamental”, dice Santos de la Cruz, uno de los voceros de esas comunidades.

En muchos pueblos indígenas los “espíritus” del maíz son deidades: Dhipak, Chicomexochitl, Teopilziltin y Centiopil, refiere Yolotl González, del INAH, en un artículo de la revista digital Dimensión antropológica.

La siembra del maíz va ligada con la milpa, donde se cultivan calabaza y chile. Data de tiempos prehispánicos y mantiene su vigencia. Dentro de la estrategia tradicional de muchos grupos indígenas la milpa es el principal sostén de la economía campesina y ha enriquecido la diversidad agrícola.

Del maíz se utilizan las hojas, mazorcas y granos de cientos de maneras distintas. Se cultiva en zonas a nivel del mar, áridas, regiones templadas, ambientes cálidos y húmedos, como en terrenos planos y en pronunciadas laderas, en diferentes épocas del año y bajo múltiples sistemas de manejo.

Mapa del maíz

Luego de años de investigación, ya se cuenta con un mapa oficial de ubicación del centro de origen del grano y sus parientes silvestres en México. El mapa forma parte del acuerdo que determina los centros de origen y los centros de diversidad genética del maíz en el territorio nacional enviado a la Comisión Federal de Mejora Regulatoria por las secretarías de Medio Ambiente (Semarnat) y de Agricultura.

Francisca Acevedo, coordinadora de análisis de riesgo y bioseguridad de la Conabio, organismo científico de la Semarnat, explica que, según la ley, en cualquier sitio donde se detectaron maíces criollos, y sus parientes silvestres, el teocintle y el tripsacum, “no se puede ni soñar en sembrar transgénicos”. La mayor parte del territorio queda cubierta por esa regulación. Solamente en las zonas que quedan fuera del centro de origen, que son básicamente los estados del norte, la autoridad puede analizar las solicitudes para liberar maíz transgénico, “aunque no está obligada a decir que sí”.

La Conabio obtuvo esta información a partir de una convocatoria para sistematizar los datos existentes en cuanto a la detección de razas de maíz. Participaron alrededor de mil proyectos y 180 investigadores, pero de sitios donde se realiza agricultura comercial, como Sinaloa, no hubo ningún investigador, y por eso de allí no se tiene documentada la presencia de razas, indica.

Elena Álvarez Buylla, coordinadora del laboratorio de genética molecular de desarrollo y evolución de plantas del Instituto de Ecología de la UNAM, considera que con un esfuerzo de colecta mayor se puede encontrar más maíz tradicional. “Las empresas (interesadas en el cultivo del grano transgénico) no están contentas con el mapa, pero les sirve para tener certidumbre legal.”

Angélica Enciso L. y Blanche Petrich

http://www.jornada.unam.mx/2012/02/13/politica/003n1pol

Declaración “FORO REGIONAL EN DEFENSA DE NUESTRO MAÍZ NATIVO”.

Tapachula, Xoconochco, Chiapas
Marzo 17 y 18 de 2010

Los abajo firmantes, organizaciones sociales, organismos civiles,
campesinos(as), estudiantes y académicos (as), participantes en el Foro
Regional en Defensa de Nuestro Maíz Nativo, después de dos días de
compartirnos información, experiencias y
reflexiones, acordamos emitir la siguiente DECLARACIÓN

Considerando:
– Que nuestro país es centro de origen, diversidad y domesticación del
maíz desde hace más de siete mil años;
– Que de acuerdo a la cosmogonía de nuestros antepasados indígenas
mesoamericanos, los hombres y mujeres fuimos creados con maíz:
– Que el maíz es pilar fundamental de la economía, de la cultura y de la
vida del pueblo mexicano;
– Que como producto de un milenario manejo de parte de indígenas y
campesinos mexicanos, existen hoy 59 razas y más de 200 variedades
nativas de maíz;
– Que el maíz es parte central de un sistema de producción integral y
diversificada,
conocida popularmente como la milpa;
– Que la milpa es la vida de las familias y comunidades indígenas y
campesinas de nuestro país y de nuestro estado, siendo base fundamental
para su autosuficiencia, autonomía y soberanía alimentaria;
– Que la milpa, el maíz nativo y con ellos, la soberanía alimentaria y
la vida de comunidades indígenas y campesinos y del propio pueblo
mexicano, se encuentran en grave riesgo, debido a la propagación de
diferentes cultivos transgénicos – incluido recientemente, el propio
maíz- y a la expansión de plantaciones de agrocombustibles como la palma
africana y el piñón;
– Que esta propagación y expansión de transgénicos y agrocombustibles la
realizan los propios gobiernos, federal y estatal, para beneficio de
grandes corporaciones multinacionales como Monsanto, Pioneer, Syngenta,
Bayer, Dupont, Dow AgroScienses, etc.;
– Que recientemente la Organización Mundial para la Agricultura y
Alimentación (FAO) intentó legitimar en Guadalajara, México, la
expansión de cultivos transgénicos, como supuesta solución para los
problemas del hambre de México y el mundo  y como un aporte a la lucha
contra el cambio climático, agrediendo con ello a nuestros pueblos;
– Que contraria a esta afirmación, sabemos que las técnicas
agroecológicas son la única alternativa realmente sustentable para el
incremento gradual y sostenido de la producción y productividad de
granos básicos, -y por tanto, la verdadera solución al hambre del mundo-
haciendo esto en armonía con la Madre Naturaleza;
– Que la mayoría de estas técnicas agroecológicas -que incluyen a las
propias semillas nativas- forman parte de los saberes tradicionales de
comunidades indígenas y campesinas mesoamericanas, mismos que han sido
tradicionalmente ignorados y discriminados por los gobiernos;
– Que todas esta amenazas se reflejan de manera particular en Chiapas y
más puntualmente, en esta región del Xoconochco, zona de altísima
biodiversidad natural y centro de origen histórico de la domesticación
del maíz, realizada ésta por la primer cultura mesoamericana: los
Mokayas, los Hombres de Maíz (ancestros de la cultura Olmeca)- donde
milpas y maíces nativos están siendo desplazados tanto por la acelerada
expansión de cultivos exóticos (particularmente soya, presumiblemente de
origen transgénico) como por el agresivo programa oficial denominado
Reconversión Productiva, que expande plantaciones monoespecíficas con
fines agrocombustibles, como la palma africana y el piñón, mismas que,
además de ser altamente contaminantes del suelo y del agua, propician la
pérdida de la diversidad biológica, de la soberanía alimentaria, del
conocimiento profundo de la agricultura tradicional, y de la identidad y
del arraigo de comunidades descendientes directas del Pueblo del Maíz.

En base a lo anterior:

DECLARAMOS
1º. Nuestra firme convicción de defender las milpas y maíces nativos,
tanto de la región del Xoconochco, como del estado de Chiapas y del país.

2º. Nuestro compromiso de difundir, por todos los medios a nuestro
alcance, la grave amenaza que existe sobre nuestras milpas y maíces
nativos, y consecuentemente, sobre nuestras comunidades y sobre el
propio pueblo mexicano, con la expansión de cultivos transgénicos y plantaciones agrocombustibles.

3º. Nuestro rechazo a los recientes sistemas de transporte público-privado inaugurados en Chiapas, basados supuestamente en agrocombustible ?tales como los llamados ?conejo bus? de Tuxtla Gutiérrez y “huacalero bus” de esta ciudad de Tapachula- por ser una falsa y demagógica alternativa a los problemas de
emisiones contaminantes y del calentamiento global.

4º. Nuestras exigencias al gobierno federal y al gobierno de Chiapas, de:

a) Cancelar los 24 permisos expedidos por SAGARPA y SEMARNAT,
supuestamente para siembra experimental  de maíz transgénico, otorgados
en octubre de 2009 mediante subsidios públicos- a las corporaciones
multinacionales Monsanto, Pioneer y Dow AgroScienses.
b) Prohibir definitivamente toda siembra de maíces transgénicos, apoyando en
cambio, un régimen especial para la protección de nuestros maíces nativos,
como establece la ley en la materia, y un programa de apoyo a las milpas de
policultivo campesinas con técnicas agroecológicas, elaborado e instrumentado con plena y legítima participación de pueblos y comunidades, como base de la soberanía alimentaria local, regional y nacional, entendida ésta como el derecho soberano de los pueblos, a definir qué y cómo sembrar y producir.

c) Detener la expansión sobre el territorio mexicano y chiapaneco, de otros
cultivos transgénicos como son la soya y el algodón.

d) Obligar a la industria alimentaria y a importadores de granos, a
colocar en sus productos una etiqueta que señale claramente su origen y contenido
transgénico.
e) Detener la expansión de plantaciones monoespecíficas con fines
agrocombustibles, tales como la palma africana, el piñón y la higuerilla.
Finalmente, como parte de nuestra Declaración, y considerando que hoy 18
de marzo de 2010, se conmemora el 72º Aniversario de la expropiación petrolera,
realizada en esta misma fecha del año 1938 por el presidente Lázaro Cárdenas del Río,
retomamos el pensamiento expresado en el discurso expropiatorio, que textualmente dice:

Los recursos naturales del país deben servir para su propia
prosperidad; entregarlos a intereses extraños es traicionar a la Patria.

Tapachula, Xoconochco, Chiapas, 18 de marzo de 2010.

Firman
Kay Kab, el fruto amargo  SSS; Skoltael Lum K’inal, AC; Red Ambiental
Cahuacán;Tianguis de productos orgánicos el Huacalero; Red en Defensa del Maíz;
Centro de Estudios para el Cambio del Campo Mexicano (CECCAM); Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas; Green Peace México; UNORCA Vía Campesina; Maderas del Pueblo del Sureste, AC; Enlace, Comunicación y Capacitación, AC; Red Maíz Criollo Chiapas; XEVFS, la Voz de la Frontera Sur; Ik Balam, agencia informativa ambiental; ECOSUR; Andrés Contreras (el juglar de los caminos) (y 120 firmas individuales de campesinos, estudiantes y académicos)


@twewwter

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