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Suspensión a siembra de maíz transgénico en México pero, ¡La lucha sigue!

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El pasado 10 de octubre empezamos el día con la noticia de que el Juzgado Federal 12º en Materia Civil del DF emitió la suspensión de permisos a empresas semilleras transnacionales como Monsanto, Dupont, Pioneer para sembrar maíz modificado genéticamente (maíz transgénico) en México.

Aunque lo hemos hecho en ocasiones anteriores, expliquemos nuevamente qué es el maíz transgénico.

El maíz transgénico es uno al que se ha insertado en su genoma una o más secuencias de información genética provenientes de otros organismos (bacterias, virus, otras especies de plantas) para otorgarle propiedades que naturalmente no tenía ese maíz anteriormente. Estas inserciones o modificaciones se hacen en laboratorios biotecnológicos (muchas de las veces, extranjeros) y forman parte de paquetes tecnológicos que generalmente se venden a agricultores de países del Sur global (México, Honduras, La India, Paraguay, Argentina, Chile, Brasil, etc.) aunque también se comercializan en Estados Unidos y hasta hace poco tiempo en algunos países de Europa.

Desde hace varios años se vienen publicando investigaciones científicas muy serias y críticas que han analizado el efecto de los transgénicos (muchas de estas se han enfocado a estudiar los efectos del maíz transgénico en la salud humana y de los ecosistemas) y han arrojado resultados que todos debemos conocer para tener una opinión sólida sobre las implicaciones de que se permita la siembra de maíz transgénico o no en nuestro país.

México es el centro de origen y diversidad del maíz. Esto significa que fue en diversos lugares de nuestro país donde se originaron las variedades de maíz tal y como lo conocemos hoy. Cada vez que nos alimentamos con un producto hecho con maíz nativo (tortillas, pozole, tamales, tlayudas, tlacoyos, etc.) nos llevamos a la boca aproximadamente 10 mil años de una historia de acompañamiento mutuo entre las poblaciones mexicanas antiguas y el maíz mexicano. El origen mismo de la agricultura.

¿Qué significado tiene que se siembre maíz transgénico de manera masiva en México?

Debemos mencionar que las corporaciones a las cuales ahora se les ha negado el permiso para sembrar maíz transgénico a nivel experimental no están en México desde hace poco tiempo. Estas empresas llegaron al país como una de las consecuencias devastadoras de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México. Como mencionamos al principio, las agroindustrias ofrecen paquetes tecnológicos (que incluyen a las semillas transgénicas) argumentando que los rendimientos en la cosecha aumentarían, que se utilizarían menos fertilizantes, que las plantas serían resistentes a agroquímicos, a algunas plagas, a la sequía, etc.

La realidad es que a lo largo del tiempo esas promesas han demostrado ser falsas: se ha comprobado que deben utilizarse más fertilizantes en los campos transgénicos, han surgido ‘malezas’ que son resistentes a los agroquímicos, incluso se ha mostrado de manera científica que los fertilizantes asociados a las plantas transgénicas potencialmente pueden provocar daños renales o hepáticos. En Sudamérica se han reportado aumentos en el número de diferentes tipos casos de cáncer en la población expuesta a agroquímicos usados en campos transgénicos.

Un dato que debe alertarnos a todos: Desde 2012 se reportó que ratas que fueron alimentadas con maíz transgénico tuvieron mayores índices de cáncer y de enfermedades hepáticas y renales en comparación con las ratas control. (¡LAS RATAS FUERON ALIMENTADAS CON UNA DE LAS VARIEDADES DE MAÍZ QUE UNA DE LAS CORPORACIONES PRETENDE SEMBRAR MASIVAMENTE EN MÉXICO, Y NUESTRO PAÍS OCUPA EL SEGUNDO LUGAR EN EL MUNDO EN CONSUMO DE MAÍZ POR HABITANTE!)

El hecho de que el país sea centro de origen del maíz indica que las variedades de maíz que se conocen hoy en día son capaces de crecer en las muy diferentes condiciones climáticas y geográficas que hay en México: algunas están adaptadas a condiciones de muy poca humedad, otras a crecer a altitud de más de 2000 metros sobre el nivel del mar, algunas crecen en zonas costeras, etcétera. Debe considerarse que tal variedad de maíces permitiría potencialmente adaptar las más convenientes a las condiciones climáticas cambiantes debido al calentamiento del planeta. Sería un crimen que se perdieran esa riqueza al contaminarse los maíces con transgenes.

Otro dato importantísimo para México: Recientemente se ha dado a conocer que en el mundo aproximadamente el 70% de los alimentos son producidos por campesinos o comunidades rurales o indígenas. Algunos de los efectos de la siembra masiva de maíz transgénico en México serían la desaparición completa de la vida en el campo, la condena al hambre de comunidades rurales que subsisten de la producción de granos para autoconsumo y la pérdida definitiva de la soberanía alimentaria.

El hecho de que por ahora legalmente se haya declarado la suspensión en los permisos para la siembra de maíz transgénico en México no debe entenderse como un triunfo definitivo, sino como un tiempo valiosísimo que debe utilizarse para acercar información veraz a la población, generar debates abiertos en los que se escuche a las partes afectadas (quienes paradójicamente hasta ahora no han tenido voz en las decisiones definitivas): campesinos, indígenas, consumidores.

Debe considerarse también que si bien se ha suspendido temporalmente el otorgamiento de permisos para sembrar transgénicos en el país, actualmente hay parcelas en las que se están evaluando cultivos transgénicos cuyos permisos fueron otorgados previamente y sin evaluar las evidencias de riesgos potenciales que hemos señalado previamente y dichas siembras no se han suspendido, por lo que no estamos libres de peligro.

La población debe estar atentísima al proceso jurídico que ahora inicia, no sería sorprendente que las corporaciones semilleras intenten corromper los procesos que se están abriendo, esto con el fin de continuar sus negocios a costa de nuestra salud. Ha pasado en otros países.

Sería un retroceso muy grave que se proclamen líderes o dirigentes de una lucha que es de todas y todos, ya que todos comemos maíz; además de que será un proceso de larga duración y se antoja muy desgastante. Este tiempo de suspensión de la siembra de transgénicos debe ser aprovechado por los colectivos, redes y organizaciones que defienden el maíz para coincidir, llevar información a la población, coordinar acciones, compartir foros y debates… en defensa del maíz nativo mexicano.

http://pagina3.mx/aqui-entre-nos/11680-suspension-a-la-siembra-de-maiz-transgenico-en-mexico-pero-ila-lucha-sigue.html

El premio Nobel de la Paz, Barack Obama firma una ley que protege a corporaciones multinacionales que atentan contra la humanidad.

 

Una vez más, las corporaciones multinacionales han pasado por encima de los derechos de los ciudadanos, de los gobiernos y de la democracia que supuestamente existe en los Estados Unidos y este abuso de poder tendrá efectos perjudiciales en México.

Las agroindustriales transnacionales como Monsanto, Dupont y Dow Chemical han manejado el poder que detentan para que Barack Obama -premiado con el Nobel de la Paz en 2009, aunque de manera cuestionada-  firmara una propuesta de Ley sobre el financiamiento de agencias gubernamentales.

En dicha propuesta se incluye la sección 735, confusamente nombrada ‘Aseguramiento de la provisión para los agricultores’. Sin embargo, activistas, organizaciones no gubernamentales, agricultores responsables, asociaciones de consumidores y la sociedad civil, han manifestado que esta sección -a la que han llamado ‘Ley de Protección a Monsanto’- beneficiaría a las corporaciones semilleras ante la ley.

Entremos más a fondo en este asunto.

El debate sobre los organismos genéticamente modificados (OGMs) no es nuevo en Estados Unidos: el verano pasado se votó en California una iniciativa de ley que obligaría a las compañías alimentarias a etiquetar los alimentos que incluyeran OGMs entre sus ingredientes (maíz, canola o soya, principalmente).  Se descubrió que Monsanto realizó una campaña de boicot a la propuesta de Ley invirtiendo más de 8 millones de dólares en publicidad y trabajo con políticos (lobbying) para que la iniciativa de ley fuera rechazada.  En efecto, la ley no pasó. Los alimentos con transgénicos no están etiquetados.

Por otro lado, la multinacional semillera Monsanto ha demandado y llevado a juicio a 410 granjeros y 56 pequeños negocios agrícolas por supuesta violación de las patentes sobre semillas, y solamente en 72 de estos juicios ha ganado la cantidad de 24 millones de dólares. Se estima que aproximadamente 4500 granjeros que no pueden permitirse representación legal, han llegado a acuerdos fuera de la corte con Monsanto, y han tenido que pagar a la corporación entre 85 y 160 millones de dólares.

En el discurso y como toda la clase política mundial, Obama es un demócrata y vigilante de los derechos de las personas y el ambiente. En 2007, durante la campaña presidencial en Iowa, Obama prometió que habría una ley de etiquetado de alimentos transgénicos: ‘’Lo que haré como presidente…es que nuestros amigos sepan si sus alimentos han sido modificados genéticamente porque los americanos deberían saber lo que están consumiendo’’.

En este caso (como en varios otros), Obama ha traicionado a sus votantes al firmar la Ley de Protección a Monsanto. Desmenuzando el lenguaje político se puede entender que esta ley prohíbe a las cortes federales el detener inmediatamente la siembra y el comercio de semillas modificadas genéticamente sin cuestionar a la multinacional por los efectos en el ambiente y en la salud humana que han causado alerta a nivel mundial, especialmente en México, en torno a la siembra de maíz transgénico y la contaminación de variedades nativas y únicas.

Dado que Monsanto contribuyó a financiar las campañas electorales pasadas en Estados Unidos, literalmente compró el derecho a redactar leyes: se filtró a la opinión pública que Roy Blunt,  senador republicano por el estado de Missouri (curiosamente, lugar en donde se encuentran las oficinas centrales de Monsanto), colaboró con la compañía en la redacción de la propuesta de ley que beneficia a la corporación.

La corrupción llega hasta los platos de la población.

La aprobación de esta ley es un golpe durísimo a la población de Estados Unidos pero también a nivel mundial, ya que cierra la posibilidad de demandar ante la justicia estadounidense a las multinacionales que están contaminando los alimentos y envenenando los campos agrícolas con agrotóxicos y erosionando la biodiversidad a costa de ganancias multimillonarias protegidas por patentes, y ahora también por la legislación.

Como mencionamos anteriormente, El hecho de que Monsanto tenga vía libre para sembrar y comercializar OGMs perjudica especialmente a México, que es centro de origen y biodiversidad de muchas especies, particularmente el maíz; ya que nuestro país se encuentra ante un cambio en la legislación que permitiría la siembra de maíz transgénico en grandes extensiones agrícolas en los estados de Sinaloa y Tamaulipas.

Por experiencia, adivinamos que los políticos no tienen la sensibilidad ni el interés de comprender el enorme riesgo que implica aprobar la siembra masiva de transgénicos, pero lanzo un par de datos que espero lleguen hasta los oídos de los políticos: a) la población mexicana es la que más consume maíz a nivel mundial b) Se ha demostrado que el maíz transgénico que se pretende sembrar en el norte del país provocó tumores y daños en el hígado y riñones de ratas alimentadas con este grano modificado genéticamente.

Más información:

http://redendefensadelmaiz.net/

http://pagina3.mx/al-grano/8585-el-premio-nobel-de-la-paz-barack-obama-firma-una-ley-que-protege-a-corporaciones-multinacionales-que-atentan-contra-la-humanidad.html

La Jornada: Plan de Monsanto para sembrar maíz transgénico en México.

El 3 de septiembre, Eduardo Camacho publicó en El Universal una entrevista con el señor José Manuel Madero, director de Monsanto en México, efectuada recientemente en Boone, Iowa, en Estados Unidos.

El director de Monsanto-México describe los planes corporativos de la empresa para salvar a México de sus déficit de maíz y algodón y transformarlo en exportador neto, mediante su tecnología de transgénicos. Por razón de espacio, me referiré solamente al caso del maíz. Se argumenta que el plan Monsanto se apoya en los resultados de las fases experimental y piloto, ya cubiertos en los estados de Sinaloa, Sonora, Coahuila, y Tamaulipas. Los pilares del plan son: 1) la siembra de un millón de hectáreas de maíz transgénico a corto plazo en el norte del país, donde no se siembra actualmente debido a las plagas y falta de agua; esta nueva superficie se sumará a 2 millones de hectáreas en maíz ya tecnificadas con híbridos; 2) sembrar maíces transgénicos con resistencia a plagas del suelo y tolerantes a herbicidas, incorporando posteriormente el gen contra la sequía; 3) infraestructura a largo plazo para el manejo del agua de riego, así como infraestructura de transporte en preparación para la exportación de granos; 4) proteger los centros de origen del maíz, aunque no en todo el país, sino sólo aquellos lugaresque fueran centros de origen y de diversidad.

El gobierno mexicano ha permitido que la información técnica de las fases experimental y piloto a que se refiere el director de Monsanto-México sea manejada como secreto corporativo. Los resultados experimentales y piloto no han sido expuestos al cotejo científico independiente, mientras el acceso a las parcelas experimentales y piloto fue ampliamente restringido en su momento. La comunidad científica independiente tampoco tuvo oportunidad de opinar sobre la suficiencia de resultados que justificaran el paso expreso de la fase experimental a la piloto y ahora a la comercial. La pregunta al gobierno mexicano sería si el manejo oculto de la información era necesario para los intereses de la nación o, ¿para quién lo era?

La oferta de maíz transgénico a que se refiere el director Monsanto-México se limita a las tierras de mayor calidad. Es cierto que en el norte hay un millón de hectáreas que no se siembran con maíz debido a la falta de agua (que no debido a plagas). En realidad hay mucho más (Coahuila, Nuevo León, Sonora, Sinaloa), pero son tierras de temporal limitativo donde sólo las razas nativas siguen dominando. Monsanto no tiene tecnología para esas tierras. En estos términos, el primer pilar de los planes de Monsanto es falso. En cuanto a los 2 millones de hectáreas ya tecnificadas, Sinaloa es un ejemplo para la parte de riego (480 mil hectáreas de 1.5 millones), donde ya se producen en promedio 12 toneladas de maíz por hectárea con híbridos de maíz no transgénico. Es muy poco probable que esos rendimientos fueran superables con el uso de maíz transgénico. La experiencia en Estados Unidos muestra que la promesa es falsa. Consúltese la liga www.biotech-info.net/Bt_corn_FF_final.pdf

El segundo pilar de los planes es el cambio a maíz transgénico resistente a plagas del suelo (promesa de que se reduce el uso de insecticidas) y adaptado al uso de herbicidas (el herbicida glifosato patentado por Monsanto sustituye a otros herbicidas). Hay evidencias cada vez más frecuentes de plazo mediano (10 a 15 años) en conflicto con estas aseveraciones. En Sudáfrica y en el estado de Iowa aparecieron ya poblaciones de plagas resistentes a las toxinas Bt; en Argentina y Estados Unidos han aparecido poblaciones de la mala hierba conocida como Zacate Johnson resistentes al glifosato. Véase la liga:www.ucsusa.org/food_and_agriculture/science_and_impacts/impacts_genetic_engineering/eight-ways-monsanto-fails.html

El gen contra la sequía es otra promesa de Monsanto que hasta ahora ha fallado, como se puede consultar en la siguiente liga referente a Estados Unidos www.ucsusa.org/assets/documents/food_and_agriculture/high-and-dry-report.pdf

El carácter tolerancia a la sequía es de herencia cuantitativa que involucra centenares de genes. Es poco probable que el transgén de Monsanto sustituya a todos aquéllos. La pregunta es ¿cómo se comportó el evento de maíz híbrido Drought Gaurd en la actual gran sequía de Estados Unidos? ¿Qué superficie se sembró con esta supuesta maravilla?

El plan Monsanto no tiene vela en el entierro sobre desarrollo de infraestrucura para riego, que es un plan de la nación. Finalmente, bien haría el director de Monsanto-México en enterarse sobre la conclusión de Conabio de que todo México es centro de origen y diversificación del maíz. www.biodiversidad.gob.mx/genes/proyectoMaices.html

El problema al que se enfrenta el gobierno mexicano es ponderar las promesas de Monsanto y los intereses de la nación. El gobierno sabe que Monsanto busca reproducir su capital en México, más que salvarlo de su déficit alimentario, mientras los riesgos que asume la nación son cuantiosos; que no hay camino de vuelta, ni hay garantía ni fiador ante un posible y probable incumplimiento de las promesas de Monsanto.

Antonio Turrent Fernández*

*Investigador nacional emérito, presidente de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad

http://www.jornada.unam.mx/2012/10/24/opinion/024a1pol

Ana de Ita: Los transgénicos son la nueva colonización de las semillas.

MéxicoAnte la inminente liberación del cultivo comercial del maíz transgénico en México, la investigadora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano e integrante de la Red en Defensa del Maíz, Ana de Ita, explica a Desinformémonos los riesgos que implica esta liberación para la biodiversidad, la soberanía alimentaria y los conocimientos tradicionales.

La especialista señala que las semillas son un patrimonio de la humanidad y advierte que quien las controla, controla la cadena alimentaria.

La biodiversidad en riesgo

México es centro de origen y diversificación del maíz. Tenemos entre 59 y 61 razas antiguas mexicanas, y cientos o miles de variedades porque el maíz es un cultivo de polinización abierta o cruzada, donde los genes de una planta fecundan a las plantas vecinas. Por ejemplo, todos los granos de una mazorca son diferentes entre sí, con parte de la misma madre pero no del mismo padre. México, al ser un reservorio genético como centro de origen, inspira a biólogos, genetistas, mejoradores y campesinos para mantener y buscar condiciones deseables para el maíz.

Por los efectos en la biodiversidad, se veía como muy problemático que aceptaran la siembra de maíz transgénico. Es muy fácil que los transgénicos se inserten en este sistema abierto, y la contaminación los maíces nativos es una realidad comprobada desde el 2001 con los estudios de Chapela y Quist. Como decían los científicos en este momento, es muy fácil ingresar estos genes transgénicos al sistema pero es muy difícil o imposible erradicarlos.

Esos genes, en un escenario horrible pero no imposible, contaminarían a la gran mayoría de razas y variedades locales. En estos momentos de cambio climático en los que se necesita encontrar maíces resistentes a sequía, heladas, etcétera, si todo el maíz de México está contaminado por transgénicos, va a ser realmente una catástrofe. Ya no se va a tener maíz natural para adaptar las semillas a los desafíos actuales.

México es también un país megadiverso, con un gran número de animales. Hay 2 mil especies de mariposas, por ejemplo, y lo que provocarán los transgenes en esos insectos es muy distinto a lo que provocarían en un lugar sin esta megadiversidad.

Los estudios de la Universidad de Cornell mostraron que las mariposas monarca, símbolo de un ecosistema trinacional, se mueren al comer polen de maíz transgénico; eso ocurre en un país megadiverso con muchas especies endémicas. Es un atentado contra un gran número de especies y diversidad biológica la existencia de transgénicos, no sólo en el maíz sino en la soya, la canola, el algodón o en cualquier cosa.

Un peligro para la soberanía alimentaria

Los transgénicos van contra los derechos campesinos y la soberanía alimentaria porque si la progenie de una semilla ya no se puede sembrar, deja de ser la esencia misma de lo que son las semillas, que es la forma de reproducción para que las plantas se multipliquen y haya alimentos para todos. Por eso es que la Vía Campesina dice que las semillas son un patrimonio colectivo de los pueblos que debe estar al servicio de la humanidad; en las semillas se condensa todo el conocimiento de los pueblos de diez mil años de agricultura.

Los transgénicos vuelven a los campesinos dependientes de una semilla que ya no les pertenece porque incluye un conocimiento de fuera y patentado como propiedad de una multinacional, por el cual deben pagar una licencia. Esto ha provocado que haya juicios contra los campesinos porque sus semillas se contaminaron con un gen extraño y patentado. En lugar de hablar de invasiones de propiedad privada, las compañías demandan al agricultor diciendo que utiliza una tecnología sin pagar la licencia.

Los transgénicos vuelven ilegal el quehacer campesino normal, que es mejorar las semillas, resembrarlas, intercambiarlas, regalarlas o venderlas. Cuando compran un transgénico, los campesinos tienen que firmar un contrato donde dice que esa semilla no puede ser vendida, regalada ni intercambiada, que solamente se usará como semilla una vez y que lo demás lo van a vender como cosecha. Ya no las pueden guardar, como lo han hecho por siglos.

Las multinacionales nunca pagaron nada por el conocimiento colectivo que se encuentra presente en las semillas sobre las que ellos pusieron sus supuestos mejoramientos, un conocimiento que es milenario y se ha ido mejorando de generación en generación.

Control transgénico sobre la investigación

La falta de consenso científico sobre los transgénicos proviene de los aparatos de publicidad y mercadotecnia de las compañías y de sus tentáculos de control en las universidades, con centros de investigación y con las autoridades, que son las que dan o no los permisos. Por eso están tan silenciados los riesgos a la salud existentes, y a quien lo diga se lo tratan de acabar.

Cuando Quist hizo público el descubrimiento del maíz contaminado en México en la revista Nature, lo tuvieron que sacar de la revista porque la comunidad científica pro-transgénica hizo una labor de boicot negro en base a puras mentiras, diciendo que el estudio estaba mal hecho, pero hasta el gobierno mexicano reconoció que había contaminación transgénica. Como los pro-transgénicos tienen todo el dinero del mundo, se han vuelto financiadores de las universidades y los centros de investigación.

¿Cómo pueden ser juez y parte? Es una tontería porque los estudios que dicen que los maíces de Monsanto no hacen daño son los propios estudios de Monsanto. Además, son tan cortos que no se pueden comprobar los riesgos que ocurren cuando la alimentación de las ratas permanece más tiempo. Los otros científicos no pueden negar la contaminación transgénica, porque es un hecho que el maíz tiene una polinización abierta. ¿Cómo lo van a controlar?

Es un riesgo enorme que el gobierno mexicano permita que se siembre maíz transgénico para la alimentación de las personas sin haber utilizado el principio de precaución y sin haber hecho estudios específicos antes de dejar que la gente, por hambre y por falta de otra cosa, tenga que comer esto.

En México, los estudios que usa la Secretaría de Salud para validar su parte de seguridad sanitaria están basados en estudios hechos en Estados Unidos por científicos de Monsanto. No se fijan en las distintas condiciones de México. Por ejemplo, en Estados Unidos el maíz transgénico se utiliza para los puercos, las vacas y los pollos, muchos de ellos industrializados, que sólo están esperando a que cumplan su ciclo de vida y los matan. No se utiliza para la alimentación humana. La Comisión de Cooperación Ambiental, en sus recomendaciones, dijo que en México se necesitan estudios específicos si se considera el volumen anual de ingestión de maíz, que se calcula que en 115 kilogramos en promedio -y todavía más en el medio rural- antes de liberar los transgénicos.

La nueva conquista a través de la privatización de las semillas

Lo que parece es que hay una nueva conquista sobre las semillas nativas; las compañías tratan de despojar a los campesinos del conocimiento colectivo cristalizado en ellas. Vandana Shiva dice que, al igual que el Papa cuando mandó a los conquistadores a colonizar estas tierras que “no eran de nadie” (llamadas tierras nullusen la bula papal), ahora las empresas dicen que las semillas nativas no eran de nadie y van a colonizarlas, a ponerles sus genes, su marca y patente porque están “salvando” a estas semillas nativas que eran “sin rendimiento”.

El que controla las semillas controla la cadena alimentaria y controla una parte muy importante del conocimiento tradicional de la humanidad, porque las semillas no estaban así en la naturaleza. Eso tuvo que ver con un proceso de civilización y por esto son tan importantes los lugares que se llaman centros de origen. México y Centroamérica son centros de origen del maíz porque hubo una civilización que se encargó de estar cruzando y cruzando este pastito que es el teocintle hasta obtener este grano, que se inventó hace 7 mil años y que los campesinos siguen inventando diariamente.

Lo que quieren expropiar es una suma de conocimientos colectivos que han creado el maíz, el arroz y la soya, que son los principales alimentos de la humanidad. El arroz es para Oriente lo que el maíz es para nosotros, y ahí las compañías están expropiando este conocimiento colectivo para ponerle su marca y su etiqueta.

Todas las leyes van hacía la privatización. Las empresas han logrado meter distintas leyes en el mundo sobre semillas que van a prohibir la siembra de semillas no sólo transgénicas, sino todas si no se sabe qué patente tiene. Los que siembran semillas nativas no tendrán subsidios y no se podrá comercializar la cosecha.

Todas las leyes tienden a que los campesinos se vean obligados a comprar semillas y a entrar al mercado, a que las semillas sean ya no un patrimonio de la humanidad sino una mercancía que se tiene que comprar a ellos para ser legal. Lo demás lo llaman “semillas piratas”.

Un largo proceso legal para la liberación del maíz transgénico el primero de diciembre próximo

Con el Tratado de Libre Comercio de 1994 se abrió la frontera y, a partir del 1996, las importaciones de maíz de Estados Unidos crecieron de manera exponencial: llegaron hasta cinco millones de toneladas, cuando antes eran solamente 300 mil toneladas. Para México era muy difícil mantenerse libre de transgénicos porque en Estados Unidos se liberó el maíz transgénico desde 1996.

Los científicos del Comité Nacional de Bioseguridad Agrícola se vieron muy visionarios y utilizaron el principio de precaución para instaurar una moratoria sobre el cultivo transgénico. Era necesario hacerlo porque aquí también las compañías empezaron a pedir permisos para sembrar maíz transgénico. De 1996 a 1998 hubo algunos permisos de siembra experimental en México, pero gracias a la moratoria de facto no se iba a dar ni un permiso más, ni experimental ni comercial, a los transgénicos. El argumento era que teníamos una Norma Oficial Mexicana de bioseguridad para la siembra de productos que no consideraba a los transgénicos como tales porque eran una cosa nueva. Decidieron no dar permisos mientras no hubiera una regulación específica para los transgénicos.

A partir de finales de 1998, no volvieron a dar más permisos; los argumentos fueron que México es centro de origen y diversificación del maíz, que existe el teocintle y los parientes silvestres del maíz, y que hay 61 razas nativas y criollas que serían contaminadas. Con esos argumentos y contemplando que el maíz es el alimento básico de la población, establecieron la moratoria, que duró desde 1998 hasta 2009 cuando Calderón, después de una reunión con el director de Monsanto en el Foro Económico Mundial de Davos, liberó por decreto presidencial la siembra experimental y dio los pasos para llegar a la siembra comercial de maíz transgénico.

Mientras tanto, el gobierno y la industria prepararon una legislación para saltarse los requisitos de la moratoria. Como iba a tener vigencia hasta que existiera una legislación específica, se dedicaron a establecer esta legislación. En 2005 promulgaron la Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados, a la que llamamos la ley Monsanto porque es una legislación que no es de bioseguridad, sino más bien a favor de los intereses de las empresas. Solamente establece los pasos que tienen que seguir las empresas para lograr la siembra comercial de sus productos.

Les faltaba también, como requisito, definir cuáles eran los centros de origen y diversidad del maíz; lo hicieron en el 2011 para poder avanzar. La definición deja a toda la zona de riego, que es la que le interesa a las empresas, libre para que pueda ser sembrada con maíz transgénico. Es como bajar la frontera de México, porque casi es exclusivamente en el norte del país donde van a ser permitidas la siembra experimental y comercial.

Ahí, siguiendo la ley de bioseguridad y de manera legal, establecieron su siembra experimental. En esta fase, primero se establecen criterios dizque muy estrictos y muchas normas de bioseguridad (como el transporte de las semillas en envases, la trituración de la cosecha para evitar la germinación de los granos y la instalación de una zona de 200 metros de distancia entre el cultivo transgénico y cualquier otro cultivo). El problema es que el cultivo es a cielo abierto, lo que es problemático por la polinización libre del maíz.

En la siembra piloto, las extensiones crecen; no son espacios de menos de una hectárea como en la siembra experimental, sino más grandes. Sus medidas de bioseguridad consisten en poner una zona de amortiguamiento de 200 metros: el cultivo transgénico está en el centro, rodeado de 200 metros de maíz para afuera. Ese maíz de la zona de amortiguamiento obviamente se va a contaminar con el polen del transgénico. A ambos los van a levantar para comercializar donde se siempre se ha vendido el maíz para consumo.

En la etapa comercial ya no habrá ninguna medida de “bioseguridad”, sino que el maíz será plantado en cualquier lugar dentro del polígono donde les den el permiso y lo venderán donde tradicionalmente se vende. Lo más preocupante ahora es que estamos en la fase de solicitud de los cinco primeros permisos de siembra comercial, dos de ellos en Sinaloa, por 700 mil hectáreas cada uno. El polígono de liberación en el estado mide un millón 100 mil hectáreas, pero Sinaloa tiene 750 mil hectáreas de riego en total; entonces, suponemos que los permisos se refieren a la misma zona. Van a sembrar con cualquiera de los dos permisos las 750 mil hectáreas, en el mejor de los casos. De maíz sólo se sembrarán 300 mil hectáreas y lo demás se sembrará con otras cosas, como jitomate o frijol. Ellos se cubren las espaldas diciendo que sembrarán todo lo que los agricultores quieran. Por eso piden un polígono más grande: si alguien siembra transgénicos en este polígono, estará dentro de la legalidad.

La producción de maíz en Sinaloa se va a todas las ciudades del país porque es el principal estado productor de México, el que abastece a todos los centros urbanos. Piden este permiso para el primero de diciembre, a tiempo para la siembra otoño-invierno; la cosecha se recogería en junio-julio. Básicamente, la cosecha está comprada por transnacionales como Cargill, Maseca, Minsa o Archers Daniels Midland. Ellos lo distribuirán a todas las zonas urbanas, a Maseca y Minsa como harina, a Cargill como grano, a los molinos de tortillería. Calculamos que, en julio, todos los urbanos comeremos tortillas transgénicas, sin ningún tipo de etiquetado que diga “Comer tortillas transgénicas mata”.

Los permisos de siembra comercial están en consulta pública hasta el 15 de noviembre, pero la pregunta es ¿cómo toman las decisiones dentro del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria, que es el encargado de dar los permisos? Se ignora cuáles son sus criterios para negar o aceptar los permisos; en algunas ocasiones han negado permisos que al otro año aceptan. El primer permiso piloto que habían pedido para Sinaloa lo negaron y aceptaron el de Tamaulipas, pero al año siguiente aceptaron el de Sinaloa.

Lo cierto es que los argumentos que se someten a la consulta pública nunca son tomados en cuenta porque mandan un machote que dice: “Recibimos su consulta pública y sus argumentos serán tomados en cuenta”. Se puede mandar lo que sea, mandarán el mismo machote y los argumentos no serán tomados en cuenta porque los permisos siguen avanzando, a pesar de las consultas entregadas. Nosotros, como Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (CECCAM), pusimos argumentos tanto científicos como políticos, pero la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad puso argumentos científicos muy soportados y no cambió nada.

Creemos que es solamente un requisito y una farsa para decir que hay una ley de bioseguridad que está operando, cuando esa ley no puede por ningún motivo garantizar que el maíz transgénico no se cruzará con otro maíz, ni que no hace daño a la salud porque hay nuevos estudios que dicen que sí. Esta ley nunca consideró el principio de precaución como su fundamento; está redactada de tal forma que está a favor de las empresas y aunque que les quite el tiempo con los requisitos, finalmente lograrán su cometido.

Una vuelta más al modelo industrial de producción agrícola

Al contrario de lo que afirman, el interés de las empresas es claramente el lucro. Invirtieron mucho dinero en su tecnología y en sus inventos para supuestamente mejorar las semillas, pero después de 16 años de siembra en Estados Unidos se ha demostrado que los transgénicos no se hicieron para aumentar el rendimiento. Ahora las empresas en sus solicitudes inventan que aumentan el rendimiento, lo cual es una falacia.

Sólo hay dos desarrollos de transgénicos, que son control de malezas y control de insectos. Si no son estos, no hay nada. Se ha demostrado que no aumentan el rendimiento, que no disminuyen el uso de plaguicidas -porque si bien controlan unas plagas, las que antes eran secundarias se vuelven principales y acaban echándole otro insecticida, además del incluido en el transgénico-. La resistencia a herbicidas a lo mejor en un primer momento funciona, pero implica echar herbicidas todo el tiempo con un daño ambiental tremendo.

El insecticida es el glifosato, que Monsanto vende como Roundup Ready. En Argentina comprobaron que causa estragos terribles a la población, espina bífida, malformaciones, cáncer leucemia. Si realmente las empresas fueran honestas reconocerían que los costos sociales, ambientales y económicos que tenemos que pagar no se equiparan a los beneficios que tiene esta tecnología. El único beneficio que tiene es a lo mejor en los primeros años bajar las malezas, que luego se volverán supermalezas y habrá que controlarlas con todavía másRoundup Ready, que se venderá más y tendrán más rentabilidad, además de las semillas vendidas muy caras. Su único fin es el lucro, y es un fin que a lo mejor sería válido si su tecnología no fuera demasiado riesgosa y si resolviera los problemas que se plantea “resolver”, como el hambre.

Lo que se hace es crear una cadena en la que las empresas tengan mayor participación en las ganancias, cuando habría otras alternativas para aumentar los rendimientos, y además considerando los costos ambientales.

Los transgénicos son la segunda o tercera vuelta de la revolución verde. A 30 años de la Revolución Verde se empezaron a ver las consecuencias en cuanto a reducción de fertilidad, salinización de suelos, alto empleo de insecticidas, herbicidas, plaguicidas, fertilizantes químicos. Este modelo llegó a un tope, sobre todo ahora con la crisis del petróleo, porque todo el modelo está basado en él.

Además, al no haber avanzado en otras alternativas -como la fertilidad orgánica de los suelos u otras alternativas orgánicas de control biológico-, estamos en un momento en el que muchos gobiernos piensan que para darle de comer a la gente hay que seguir este modelo. Lo otro, que son soluciones de largo plazo, no se fomentaron. No se empujó el mejoramiento campesino de las semillas, el mejoramiento de los suelos u otra alternativa al modelo industrial de producción agrícola, del cual los transgénicos son sólo otra vuelta.

De lo que sabemos, los nuevos desarrollos de transgénicos llevarán genes apilados de hasta ocho características. ¡Quién sabe lo que pueden provocar en el maíz! Ellos dicen que no pasará nada porque recogerán esta planta, pero en un sistema como el mexicano, en el que esas semillas se van a mezclar con otras, no podemos saber. Se han observado malformaciones en las comunidades, si bien es muy difícil demostrar que son consecuencia de los transgénicos. Lo que sí se puede demostrar es que hay mayor incidencia de malformaciones en transgénicos que en plantas normales, como lo constató una investigadora del CECCAM.

Al nivel internacional, Vandana Shiva, investigadora y activista india anti-OGM (Organismos Genéticamente Modificados), empujó una quincena de acciones por la libertad de las semillas y contra su colonización por las compañías. Eso va a ser entre el 2 de octubre -que es el aniversario de Gandhi-, y el 16, que es el día mundial de la alimentación.

La defensa comunitaria ante los transgénicos

En la Red en Defensa del Maíz hemos planteado como centro de la resistencia a las acciones en las que las comunidades indígenas y campesinas pudieran crear una defensa territorial. A partir del 2003, cuando se descubrió que eran muchas más las comunidades en las que había contaminación transgénica, las comunidades plantearon no sembrar semillas de fuera, no intercambiar semillas cuya origen se desconocía, no sembrar semillas de Diconsa -tiendas rurales del gobierno-, no aceptar los programas gubernamentales que tienen semillas híbridas y no sembrar semillas híbridas porque pueden estar contaminadas con transgénicos. Además, revisan más las milpas y si ven plantas malformadas, les quitan la espiga para evitar que se reproduzcan y que se pase el polen a otras.

Esa fue la primera defensa desde la comunidad. Ahora, todavía más las comunidades tratan de hacer acuerdos de asamblea. Los ejidos y las comunidades en México tienen la mitad del territorio del país, entonces lo que nosotros como Red empujamos es que los ejidatarios y comuneros decidan autónomamente no sembrar semillas híbridas o transgénicas en su territorio. Es tratar, como lo han hecho las regiones libres de transgénicos en Europa, de construir comunidades y ejidos sin transgénicos a partir de acuerdos de asamblea, en algunos casos establecidos en los estatutos comunitarios y reglamentos ejidales, en otros casos en actas de asambleas, y a veces solamente con un acuerdo verbal. Sabemos que hay varias experiencias en las que ya se avanza en ese terreno.

Como otra parte de la defensa se trata de difundir en la opinión pública y de hacer presión para construir una opinión en contra de los transgénicos. Creemos que la defensa territorial puede ser muy importante aprovechando las estructuras autónomas que todavía existen.

http://desinformemonos.org

Migrantes centroamericanos: miles suben a la bestia.

El día 17 partió de Arriaga el tren La Bestia con mil 500 migrantes indocumentados sobre 40 vagones, rumbo a Ixtepec, Oaxaca. El recorrido de 300 kilómetros se realiza en 12 horas, en esta ocasión durante el día con temperaturas de 40 grados. Cientos de indocumentados no abordaron ese tren por precaución al ver abarrotados los vagones que cuentan con una rejilla a la que es más fácil asirse o amarrarse por la cintura para no caer si los vence el sueño. Ante el temor de sufrir una caída de seis metros de un tren en movimiento, cientos de posibles viajeros se quedaron por dos días en distintos lugares para esperar al próximo tren. Algunos esperan en la Casa del migrante “Hogar de la misericordia” que dirige el presbítero Heyman Vázquez Medina, otros más en las vías y cercanías del ferrocarril, expuestos a asaltos, y otra buena cantidad en posadas económicas, incluso pernoctan entre las tumbas y criptas del panteón municipal.

Mientras esperan a que venga de regreso el tren de Ixtepec, que se descarriló sin consecuencias graves en su última ruta, los migrantes buscan trabajo informal en Arriaga para conseguir pesos mexicanos y llamar a casa, comprar agua, comida y con suerte una linterna. Ante las altas temperaturas, otros se dan un baño en el diminuto caudal del río Lagarteros.

De Ecuador, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Hombres y mujeres, incluso embarazadas y algunos niños. Pretenden llegar al centro y norte de México y a Estados Unidos, “para encontrar trabajo”, a decir de Josefa, salvadoreña de 26 años que espera el tren en la casa hogar junto con su hijo de cuatro años.

“Los maras no dejan trabajar, quieren jalar a los niños y maridos, si no se les unen los matan, en mi colonia mataron a tres niñas por ir a la escuela en un barrio distinto al suyo, hace pocos días a un niño lo quisieron matar por lo mismo. Yo quiero que mi hijo estudie porque yo no pude. En mi tierra si la gente sale de noche, desaparece y luego aparecen muertos sin cabeza, vivimos con miedo y desesperación. Aquí en México hay gente linda, los negocios están abiertos hasta la noche. Vengo con mi esposo y suegro, si no, no me hubiera atrevido”.

Josefa cuenta: “Salí de El Salvador hace ocho días, llegué aquí en cuatro usando combi y caminando, tardamos mucho porque el niño se cansa de caminar y lo tenemos que cargar, tengo miedo de una violación pero quiero seguir, aquí la gente regala cosas de vez en cuando para mi hijo. El otro día en el tren iban más de mil personas y viendo a los mutilados no me quise arriesgar”.

Walter, 25 años, músico: “En El Salvador los maras matan a jóvenes, los acusan de pandilleros, me perseguían. Tuve un altercado por ser homosexual, me intentaron violar. Ya viví un año en el Distrito Federal, tenía los papeles para sacar mi fm2 pero tardé, fui a Tapachula para sacar pasaporte pero los papeles caducaron, me pedían una carta de oferta de trabajo que no pude obtener y cerraron mi caso. En el df limpié casas, cuidé a una señora diabética y vendí en un tianguis. La gente al ver que soy centroamericano siempre me quería cobrar más y me miraban de manera extraña, también encontré gente buena, hice amigos. La primera vez fue duro porque es muy difícil ser homosexual y migrante. En Medias Aguas muchos quieren robarnos, nos golpean y violan, pero tenemos que viajar en el tren con los delincuentes armados. Paleros les dicen a los ladrones”.

Una hondureña de 35 años espera al tren: “Soy madre de familia, salí para mejorar con un amigo, un muchacho que me dejó botada aquí. Era un conocido pero tomaba mucho, cuando llegamos al albergue se puso a tomar y molestar, lo corrieron pero no me fui porque no puedo arriesgar mi vida por andar con él. Le pague diez mil lempiras y aquí me pedía veinticinco mil más, quería venir comiendo bien, comprando ropa y zapatos, prometió llevarme al DF.

“Tengo miedo de subirme al tren porque cuando lo corrieron y no me quise ir con él, me amenazó, es amigo de los zetas y tengo miedo de encontrármelo en el camino, dijo que avisaría a los zetas pa’ que me encuentren, pero Dios siempre le pone a uno gente buena en el camino. Quiero ir al df y de ahí a Monterrey pero no más arriba. Nunca me he subido al tren, me da miedo caerme.

Un empleado de Ferrocarril del Itsmo de Tehuantepec, empresa que transporta harina de Minsa, cemento de Cemex y granos de Conasupo cuenta que a pesar de ver cotidianamente desde hace cinco años a los cientos de indocumentados que trepan los vagones, se sigue sorprendiendo al ver los enormes grupos de personas que caminan por las vías cuando la máquina llega.

Al atardecer del jueves 19 por fin llega la locomotora de La Bestia, reúne los vagones de las empresas mencionadas y los transfiere de cuatro carriles a una línea principal. Tras el primer pitido, de inmediato abordan “los mejores” vagones quienes esperaron en las vías calientes y a la sombra de los escasos árboles. Los vagones óptimos son los que tienen escaleras completas para llegar al techo, dos pasillos con perforaciones dentadas para mejor agarre de los zapatos. Los migrantes usan cartones como colchonetas; los más precavidos llevan un lazo para amarrarse por la cintura en caso de quedar dormidos en algún momento de las doce horas a Ixtepec. Es necesario llevar la mayor cantidad posible de agua pues el metal se pone caliente. A veces el viaje es al sol; ésta vez será de noche, con ráfagas que tambalean a cualquiera al cruzar La Ventosa.

En los vagones “seguros” viajan mujeres, parejas y familias, algunas con niños muy pequeños; también los más precavidos y experimentados. Sentados en los primeros sitios, algunos festejan con una cerveza en lata, llaman a casa desde sus celulares para anunciar que están por partir.

En los vagones posteriores suben los “mecateros”, que se sirven de un lazo para ir escalando a falta de escalera. En el techo de esos vagones no hay una sola saliente para asirse. El tren va a tope; entre los indocumentados se infiltran los “halcones”, informantes de los traficantes o polleros. Su labor es investigar en qué condiciones viajan los centroamericanos, cuánto dinero traen o cuánto podrían conseguir con sus familiares vía telefónica para ser extorsionados en el camino.

Conforme pasan las horas y el trabajo de unión de los contenedores avanza, aparecen “de quién sabe dónde” grupos de 50 a 100 jóvenes en el lado opuesto, ocupando la vía. Cargan mochilas. Optimistas los más chicos, sonríen, vestidos a la última moda centroamericana, gorras con estampados brillantes y tenis. Dirigen señas y muecas a las cámaras de televisión y los fotógrafos que acudieron a registrar esta escena que desde 2005 no se había repetido. Un éxodo poco común dicen algunos. Sobre las vías, mujeres de Arriaga venden agua mineral a diez pesos, afocadores a treinta, tortas, comida casera. Unos misioneros mormones aprovechan para predicar un poco. Flashes. El tren se va.

Texto y fotografía: Moysés Zúñiga
Arriaga, Chiapas. 20 de abril

http://www.jornada.unam.mx/2012/05/12/oja-miles.html

17 de Abril. Día Mundial de lucha campesina.

Llamamiento para el 17 de abril:

Día Internacional de las Luchas Campesinas

¡Acabemos con el acaparamiento de tierras!

¡La tierra para quienes la trabajan!

(Jakarta, 2 de marzo de 2012) El 17 de abril es el Día Internacional de las Luchas Campesinas, que conmemora la masacre de 19 campesinas y campesinos que luchaban por tierra y justicia en Brasil en 1996. Cada año se celebra este día en todo el mundo, en defensa de las campesinas y los campesinos que luchan por sus derechos.

Durante los últimos años hemos padecido la aplicación de nuevas políticas y de un nuevo modelo de desarrollo basado en la expansión y expropiación de terrenos, conocido como acaparamiento de tierras. El acaparamiento de tierras es un fenómeno impulsado por inversores y personas con poder a escala local, nacional e internacional, con la connivencia de gobiernos y autoridades locales, para controlar los recursos más preciados del mundo.

El acaparamiento de tierras ha provocado la concentración de la tierra y recursos naturales en manos de grandes inversores, dueños de plantaciones, empresas madereras, hidroeléctricas y mineras, desarrolladres turísticos e inmobiliarios, autoridades portuarias y de infraestructuras, etc. La consecuencia ha sido el desalojo y desplazamiento de poblaciones locales —generalmente campesinos y campesinas—, la violación de derechos humanos y de la mujer, el aumento de la pobreza, la fractura social y la contaminación ambiental. El acaparamiento de tierras trasciende las estructuras imperialistas Norte-Sur: las corporaciones transnacionales involucradas están basadas en Estados Unidos, Europa, Chile, México, Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Tailandia, Malasia, Indonesia y Corea del Sur, entre otros.

Las instituciones financieras, como los bancos privados, los fondos de pensiones y otros fondos de inversión, se han convertido en agentes poderosos en el acaparamiento de tierras, mientras se siguen emprendiendo guerras para tomar el control de las riquezas naturales. El Banco Mundial y algunos bancos regionales de desarrollo están facilitando el acaparamiento de tierras y agua mediante la promoción de medidas y legislaciones que favorecen a las corporaciones, como el suministro de capital y garantías para inversores corporativos y el fomento de un modelo económico de desarrollo destructivo y extractivo. En el interín, el Banco Mundial y otras instituciones han propuesto siete principios para la Inversión Agrícola Responsable (IAR) que deberían prevenir los abusos, pero que en realidad dan legitimidad al acaparamiento de tierras por parte de inversores públicos y privados. La Via Campesina, junto con aliadas y alidos claves, ha protestado en contra de esta iniciativa durante los últimos dos años.

El acaparamiento de tierras es un fenómeno global basado en la dominación corporativa de la agricultura a través del control de la tierra, el agua, las semillas y otros recursos. Muchos gobiernos y gabinetes estratégicos la justifican aduciendo que la agroindustria modernizará las prácticas agrícolas atrasadas y garantizará la seguridad alimentaria para todos. Sin embargo, por muy difundidas que sean estas aduciones, se ha demostrado que son completamente falsas en el mundo real.

Los agentes clave detrás del acaparamiento de tierras dan prioridad a las ganancias ganancias por encima del bienestar de las personas: producen agrocombustibles si ello resulta más rentable que la producción de alimentos; y exportan su producción alimentaria si ello resulta más lucrativo que venderla en el mercado local. En esta carrera por lucrar, la agro-indústra está aumentando su control de los sistemás de producción de alimentos, monopolizando recursos y dominando en los procesos de toma de decisiones. Los grupos de presión corporativos poseen una fuerte inflencia política que a menudo embarga a las instituciones democráticas. Además, actúan con la complicidad de la clase dirigente local y nacional (comerciantes, políticos y líderes de comunidades), que no protegen a su propio pueblo del saqueo.

El acaparamiento de tierras ha desposeído a campesinas y campesinos y pueblos indígenas, especialmente a mujeres y jóvenes, de sus recursos y medios de sustento. También está dañando el medio ambiente. Los pueblos indígenas y las minorías étnicas se ven expulsados de sus territorios por fuerzas armadas, lo que aumenta su vulnerabilidad y en ciertos casos ocasiona incluso la esclavitud. Las falsas soluciones al cambio climático, basadas en el mercado, como el concepto en boga de la “economía verde”, están logrando separar para siempre a las comunidades locales de sus recursos agrícolas y naturales.

Así pues, La Via Campesina realiza un llamamiento a todas y todos sus miembros y aliados, movimientos de pescadores, organizaciones de trabajadores agrícolas, grupos de estudiantes y medioambiente, movimientos a favor de la justicia social, para organizar acciones en todo el mundo el dia 17 de abril para ejercer una masiva demostración de resistencia popular al acaparamiento de tierras y destacar la lucha contra el control corporativo sobre los recursos agrícolas y naturales.

Unámonos y luchemos:

  • Para detener el acaparamiento de tierras y reclamar la tierra tomada. ¡La tierra debería estar en manos de quienes la trabajan!
  • Para aplicar una reforma agraria integral a fin de llevar justicia social a las zonas rurales.
  • Para acabar con el control de la vida de miles de millones de personas, ejercido por unos pocos inversores y empresas transnacionales.
  • Para oponernos a los principios de las “inversiones agrícolas responsables” (IAR) propuestas por el Banco Mundial, ya que nunca puede ser “responsable” el hecho de que inversores y empresas acaparen tierras agrícolas.
  • Para reforzar el sistema de producción agrícola basado en la agricultura campesina y la soberanía alimentaria.

Invitamos a organizaciones, movimientos y agrupaciones y personas a que el 17 de abril organicen una acción directa, una proyección de vídeo, un mercado campesino , una ocupación de tierras, un debate, una protesta, una exposición de arte, o cualquier otra acción que destaque el mismo objetivo.

Monsanto, transnacional beneficiada de la siembra de maíz transgénico en México.

+Beneficia a Monsanto con autorizaciones para sembrar maíz transgénico en Sinaloa

En la última década tres instituciones nacionales e internacionales recomendaron al gobierno mexicano reinstalar y fortalecer la moratoria al cultivo de maíz transgénico, que luego de 11 años de vigencia se levantó en 2009, cuando se autorizó la siembra experimental del grano con vistas a su liberación comercial.

Lejos de acatar esas recomendaciones, el último día del año pasado el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) empezó a liberar las autorizaciones para que las trasnacionales realizaran las pruebas previas a la fase comercial. En principio fue la empresa Monsanto la que se benefició con tres autorizaciones para plantaciones de maíz genéticamente modificado en Sinaloa, en extensiones que, por el momento, no pasan de 150 hectáreas.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) hizo una fuerte crítica a mediados del año pasado a las perspectivas de las autoridades agrarias del país de liberar los cultivos de maíz genéticamente modificado para su explotación comercial, y sugirió al gobierno mexicano que declarara “lo antes posible” el regreso a la moratoria.

Después de conocer y analizar los datos científicos más recientes sobre los riesgos ecológicos en México del cultivo de maíz transgénico, al culminar una visita oficial del 13 al 20 de junio de 2011, el relator especial para el Derecho a la Alimentación de la ONU, Olivier de Schutter, concluyó que los programas en curso constituyen para el país “un paso atrás en la realización del derecho a la alimentación”.

Los transgénicos, señaló, plantean “graves riesgos para la diversidad de variedades nativas del maíz” mexicano. Estimó además –contra lo que sostienen las versiones oficiales– que su utilidad es relativa, “ya que esas variedades enfrentan poco los problemas principales, como la resistencia a la sequía o la capacidad de sembrarlas en suelos pobres”.

Concluyó: “No parece haber otra razón para los ensayos de campo que la de ser el primer paso” para la comercialización a gran escala. Advirtió que la expansión de dicho grano provocaría “la desaparición gradual de las variedades locales” y “podría aumentar la dependencia de los agricultores” de una tecnología que va a transferir recursos a las empresas de semillas portadoras de patentes, industria que definió como “muy acaparada”.

En 2009, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, organismo científico de la Semarnat, en el estudio Origen y diversificación del maíz, también pidió “reinstalar y mantener la moratoria hasta definir con precisión los centros de origen y diversidad; contar con la infraestructura necesaria para el control de ese maíz; determinar el grado de contaminación de transgenes en las razas del grano en todo el país; llevar a cabo una investigación pertinente sobre el impacto de ese cereal en México y desarrollar programas nacionales de protección, conservación y mejoramiento de las razas de maíz”.

La Comisión de Cooperación Ambiental de América del Norte divulgó en agosto de 2004 los resultados del informe del secretariado, Maíz y biodiversidad, efectos del maíz transgénico en México, realizado por un grupo asesor de 16 científicos de México, Canadá y Estados Unidos. El documento señala: “Dado que la persistencia y la propagación de nuevos genes dependen en forma tan marcada de la tasa del flujo génico, el gobierno mexicano deberá fortalecer la moratoria minimizando las importaciones de países que lo cultivan comercialmente. Por ejemplo, algunas naciones han hecho frente a esta problemática al moler los granos transgénicos en el puerto de entrada”.

Con ello se evitaría que los campesinos mexicanos utilizaran los granos importados como semillas.

Angélica Enciso L. y Blanche Petrich

http://www.jornada.unam.mx/2012/02/14/politica/003n1pol


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