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Maíz transgénico en México: científicos críticos chocan contra trasnacionales.

                  Diez años atrás Ignacio Chapela, ecólogo y microbiólogo de la Universidad de California en Berkeley, y uno de sus discípulos, David Quist, hicieron un descubrimiento que desmentía uno de los principales supuestos de la biotecnología genética del maíz. Como él dice, “le levantamos la sotana” a esa industria, dominada por un puñado de corporaciones trasnacionales. En diciembre de 2001 la revista científica internacional Nature divulgó ese estudio, que demostraba la presencia de transgenes en cultivos de la sierra norte de Oaxaca, uno de los centros de origen en territorio nacional, muy lejos de los sitios donde se experimentaba con esos productos.

A Chapela le ocurrió lo que a muchos otros expertos que han encendido las alarmas sobre los peligros de la biotecnología. Él y Quist fueron víctimas de una virulenta campaña de desprestigio dentro y fuera de los campus universitarios. Hoy, Chapela reconoce en entrevista: “Fue algo dañino para mi carrera, eso hay que aceptarlo. Al mismo tiempo fue muy educativo y permitió ver el trasfondo de la situación”.

Esa controversia es reflejo de cómo en la última década la investigación sobre los impactos del maíz transgénico en las razas criollas y la discusión sobre la mejor forma de regular la explotación de esos productos se han convertido en pugna que enfrenta al conocimiento científico contra el afán de lucro. Es una arena en la que los conflictos de intereses no son ajenos a las decisiones políticas, debate que en ocasiones origina disputas que repercuten en las publicaciones científicas más prestigiadas del mundo.

En esta industria la necesidad de financiar investigaciones precisas sobre efectos a largo plazo suele chocar con las presiones de empresas que entienden esos procesos como “pérdida de tiempo” y, por tanto, de dinero.

Aquel artículo de Nature, que en años recientes ha sido refrendado con nuevas investigaciones que confirman el contagio de transgenes en cultivos de maíz, fue impactante porque, según explica Elena Álvarez Buylla, del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “las compañías siempre argumentaron que los organismo genéticamente modificados eran una tecnología precisa y controlable”. La revelación cuestionó uno de los preceptos fundamentales de la industria y demostró que la tecnología no se podía contener.

Desde entonces el debate en torno a si esa contaminación efectivamente se da y puede provocar daños a la biodiversidad del grano ha sido constante entre los expertos. Pero no para las industrias, que lo descartan de entrada.

Para sostener la inexistencia del contagio, Alejandro Monteagudo, director de Agro Bio (asociación que integra a las trasnacionales productoras de transgénicos), se apoya en otro estudio realizado en 2005 por investigadores del Instituto Nacional de Ecología (INE) y de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, dependientes de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). Éste se divulgó en la revista PNAS, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, el cual contradecía el hallazgo inicial del propio INE y descartó el riesgo de contaminación.

En 40 años de biotecnología, promesas incumplidas

A 10 años de distancia, Chapela, quien aún se desempeña como investigador en Berkeley, recuerda: “En ese momento tuvimos la oportunidad de levantar la sotana a la religión de la biotecnología. Probamos que lo que prometían no estaba ahí, sobre todo el control. Nos dimos cuenta de la influencia de fuerzas corruptas que nada tienen que ver con la ciencia ni con la economía. Ésa fue la gran revelación”.

Dice en entrevista: “Hoy vemos las consecuencias. Estamos cumpliendo 40 años de biotecnología y vemos que no ha dejado nada. Aun así, siguen empujando sus productos con artimañas”.

–El acoso que sufrió en aquel momento, ¿cómo lo recuerda?

–Fue impresionante ver el nivel de coordinación e influencia de las empresas no sólo en México, sino en Estados Unidos y en el mundo angloparlante.

En esos años el periodista inglés Jonathan Matthews siguió el rastro de los correos electrónicos que difamaban a Chapela y descubrió que los dos supuestos investigadores que comenzaron la campaña, Mary Murphy y Andura Smetecek, eran publirrelacionistas al servicio de la trasnacional Monsanto.

Agrega: “Los autores de las cartas en mi contra publicadas en Nature tienen conflicto de intereses directo. Están relacionados con otro escándalo en Berkeley en 1998, en el que Novartis (otra de las grandes de la biotecnología) invirtió 25 millones de dólares en investigaciones. Con ello buscó comprar al profesorado entero”, denunció Chapela en La Jornada en 2002. Por ello el ecólogo fue despedido de su cátedra, que posteriormente recuperó.

Estudios contradictorios

Una vez que se publicaron en México los estudios que corroboraron la presencia de transgénicos en los cultivos tradicionales de maíz, el INE y la Conabio pidieron a Álvarez Buylla y a Rafael Rivera, actual director del Centro de Investigaciones Avanzadas de Irapuato, corroborar la información.

Sin embargo, Sol Ortiz y Exequiel Ezcurra, entonces adscritos al INE, y Jorge Soberón, secretario ejecutivo de la Conabio en aquel momento, “con quienes trabajábamos, decidieron separarse de la investigación, asignar recursos independientes a un proyecto paralelo. En 2005 la revista PNAS publicó su reporte sobre la inexistencia de transgenes en la misma zona donde Chapela y Quist los detectaron”, afirma Álvarez Buylla.

Cuando Science pidió a Álvarez Buylla comentar ese artículo, se dio cuenta de que era el mismo estudio para el que creía estar trabajando, pero con conclusiones contrarias a la evidencia científica que había descubierto.

Ante ello, el equipo del IE enfrentó un nuevo reto: obtener suficientes datos para confirmar la primera conclusión de la contaminación. Y lo logró: encontró evidencias de que había transgenes no sólo en las razas de maíz que habían detectado Quist y Chapela, sino también en Yucatán, Guanajuato y varias zonas de Oaxaca.

Elena Álvarez intentó publicar el nuevo aporte en PNAS. Sin embargo, a pesar de las críticas positivas, no se divulgó. Aquí, nuevamente, apareció el conflicto de intereses. En ese momento la vicepresidenta de dicha academia era Barbara Schaal, de la Universidad de Washington e integrante del comité del Centro de Ciencias de Danforth Plant, institución que se había beneficiado con una donación de 70 millones de dólares de Monsanto. Schaal vetó el artículo que contenía la evidencia científica sobre la movilidad de los transgenes de maíz de un campo de cultivo a otro. Más tarde el estudio de los universitarios se publicó en la revista Molecular Ecology.

Angélica Enciso y Blanche Petrich

http://www.jornada.unam.mx/2012/02/14/politica/002n1pol

Maíz transgénico en México, la polémica continúa.

+El grano, alimento básico y parte de la cultura de los mexicanos

+Los científicos han descubierto unas 70 razas del cereal en todo el territorio

México no sólo es el centro de origen del maíz, que junto con el trigo y el arroz alimenta a la humanidad. Para los pobladores es, además, un alimento básico. Más aún, para muchos pueblos indios es un dios o un hijo, o su carne.

Hasta hoy los científicos han detectado alrededor de 70 razas distribuidas en prácticamente todo el territorio nacional, con excepción de algunas extensiones, o demasiado áridas o muy escarpadas, de Chihuahua, Sinaloa, Durango, Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León y la península de Baja California. No porque allí no existan centros de origen, sino porque no se tiene información, indica la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).

Zapalote, olotillo, tepecintle, bolita, cacahuacintle y tuxpeño son algunas de esas razas. Hay blancas, amarillas, rojas, azules y negras. También color crema o casi anaranjado. Existen granos jaspeados, moteados, pintos.

En la cosmovisión indígena hay un vínculo especial de los seres humanos con el maíz.

Una de las primeras representaciones que recorrieron Mesoamérica fue la del dios olmeca del maíz, cuya cultura estaba fundada en su cultivo y floreció entre mil 500 y 3 mil años antes de Cristo, señala el libro Origen y diversificación del maíz, de la Conabio.

Según los escritos del Popol Vuh, las antiguas historias del Quiché, antes del tiempo, cuando no existía la faz de la tierra, el creador, los sabios y los progenitores se pusieron a pensar y resolvieron que debía aparecer el hombre. Lo hicieron con mazorcas blancas y amarillas.

Johannes Neurath, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explica que para los huicholes “el hecho de que el maíz se deje comer implica que es un ancestro que se sacrifica en beneficio de sus descendientes. Pero el grano no solamente es un ancestro; como planta de maíz es esposa del agricultor, y en forma de elote es su hijo”.

“Vivimos del maíz; somos los guardianes de conservar los cinco colores que nos heredaron nuestros antepasados. No negociamos con el maíz, lo sembramos para la subsistencia de las familias. Es la base de la alimentación fundamental”, dice Santos de la Cruz, uno de los voceros de esas comunidades.

En muchos pueblos indígenas los “espíritus” del maíz son deidades: Dhipak, Chicomexochitl, Teopilziltin y Centiopil, refiere Yolotl González, del INAH, en un artículo de la revista digital Dimensión antropológica.

La siembra del maíz va ligada con la milpa, donde se cultivan calabaza y chile. Data de tiempos prehispánicos y mantiene su vigencia. Dentro de la estrategia tradicional de muchos grupos indígenas la milpa es el principal sostén de la economía campesina y ha enriquecido la diversidad agrícola.

Del maíz se utilizan las hojas, mazorcas y granos de cientos de maneras distintas. Se cultiva en zonas a nivel del mar, áridas, regiones templadas, ambientes cálidos y húmedos, como en terrenos planos y en pronunciadas laderas, en diferentes épocas del año y bajo múltiples sistemas de manejo.

Mapa del maíz

Luego de años de investigación, ya se cuenta con un mapa oficial de ubicación del centro de origen del grano y sus parientes silvestres en México. El mapa forma parte del acuerdo que determina los centros de origen y los centros de diversidad genética del maíz en el territorio nacional enviado a la Comisión Federal de Mejora Regulatoria por las secretarías de Medio Ambiente (Semarnat) y de Agricultura.

Francisca Acevedo, coordinadora de análisis de riesgo y bioseguridad de la Conabio, organismo científico de la Semarnat, explica que, según la ley, en cualquier sitio donde se detectaron maíces criollos, y sus parientes silvestres, el teocintle y el tripsacum, “no se puede ni soñar en sembrar transgénicos”. La mayor parte del territorio queda cubierta por esa regulación. Solamente en las zonas que quedan fuera del centro de origen, que son básicamente los estados del norte, la autoridad puede analizar las solicitudes para liberar maíz transgénico, “aunque no está obligada a decir que sí”.

La Conabio obtuvo esta información a partir de una convocatoria para sistematizar los datos existentes en cuanto a la detección de razas de maíz. Participaron alrededor de mil proyectos y 180 investigadores, pero de sitios donde se realiza agricultura comercial, como Sinaloa, no hubo ningún investigador, y por eso de allí no se tiene documentada la presencia de razas, indica.

Elena Álvarez Buylla, coordinadora del laboratorio de genética molecular de desarrollo y evolución de plantas del Instituto de Ecología de la UNAM, considera que con un esfuerzo de colecta mayor se puede encontrar más maíz tradicional. “Las empresas (interesadas en el cultivo del grano transgénico) no están contentas con el mapa, pero les sirve para tener certidumbre legal.”

Angélica Enciso L. y Blanche Petrich

http://www.jornada.unam.mx/2012/02/13/politica/003n1pol

México. Siembra de transgénicos vulnerará derechos de campesinos.

+Se vulnerarán los derechos de campesinos, opina investigadora

+Contaminados, 65% de acervos maiceros en Estados Unidos: investigadora de la UNAM

+Autoridades descartan daños y científicos exponen argumentos

En México las autoridades responsables de la bioseguridad apoyan las siembras comerciales de maíz transgénico con el argumento de que éstas han estado al alcance de los consumidores más de 15 años sin que se hayan encontrado daños en la salud. También descartan que el flujo genético de un sembradío a otro contagie plantaciones de maíces criollos con transgenes.

El responsable de la política de bioseguridad sobre los transgénicos en México, Ariel Álvarez, expone que esos productos no son otra cosaque la continuación de un proceso de mejoramiento agrícola, pues ahora podemos identificar genes y ponerlos en las plantas sin tener que hacer cruzas.

Después de que a escala mundial se han consumido alimentos genéticamente modificados por 15 años, ¿dónde están los elementos que nos van a decir de un probable daño en cuestiones de salud?, se pregunta. Hay estudios sobre búsqueda de transgenes en materiales criollos, pero quiero ver las consecuencias en esos materiales, dice en entrevista el secretario ejecutivo de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem).

–Las alertas vienen de científicos y de organizaciones sociales.

–Cuando nos dicen que hay algún estudio, quisiera verlo para evaluar. Cuando tengamos acceso a alguno que diga que hace daño, nuestra obligación es tomarlo y enviarlo a la Secretaría de Salud, ver lo que han dicho el organismo europeo de inocuidad alimentaria y otros. Si hay certezas científicas sobre los riesgos, los permisos se pueden revocar.

Frente a argumentos científicos como los del Laboratorio de Genética Molecular del Desarrollo y Evolución de Plantas, del Instituto de Ecología de la UNAM, o de Ignacio Chapela, de la Universidad de Berkeley, Ariel Álvarez responde: Dicen que habrá flujo de genes y que esa acumulación hará que desaparezca el maíz criollo. Uno piensa y dice: ¿cuál es el mecanismo que tendría que asumir para que cuando se acumulen o haya transgenes hagan daño a un material criollo? ¿Por qué considerar que todos los criollos deciden morirse el mismo día?

Explica que para detectar la presencia de maíz genéticamente modificado se aplican encuestas a productores, por ejemplo en Oaxaca,para así conocer lo que están sembrando, si han tenido problemas, si hubo aumento o decremento de rendimientos, tamaño, color, sabor, forma. Lo que se busca, dice, no es ver si hay un transgen, sino cuáles son las consecuencias.

Sobre este método, Chapela rebate: Es falso que se pueda detectar visualmente la presencia de transgénicos. Es como preguntar si por aquí pasó un microbio.

Actualmente Chapela trata de desarrollar métodos sencillos para que campesinos y consumidores puedan detectar y hacer un mapeo de transgénicos, porque los que existen están monopolizados por la empresa Genetic ID, que tiene capturado a Cibiogem y no permite que otros actores académicos entren.

Por su parte, Elena Álvarez Buylla, del Instituto de Ecología de la UNAM, advierte que en Estados Unidos más de 65 por ciento de acervos de maíz que no debieran tener transgenes ya están contaminados. Las empresas no han podido segregar sus líneas de producción y eso es preocupante. No hay que olvidar que algunos son maíces biorreactores, que producen fármacos y sustancias industriales, que no son aptos para el consumo.

La organización que preside, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, ha expresado su preocupación, ya que los permisos de siembra experimental de maíz genéticamente modificado ya liberados en Sonora y Sinaloa son próximos a territorios indígenas –yaqui, mayo, tepehuán, pima y guarojío–, donde existen numerosas variedades nativas.

Angélica Enciso L. y Blanche Petrich

La Jornada: México ¡Algodón silvestre mexicano con transgenes!

Algodón mexicano contaminado: en un artículo reciente de Molecular Ecology reportamos presencia de transgenes de algodón genéticamente modificado (GM) en poblaciones silvestres de este cultivo en México. Dicho flujo genético ocurrió a pesar de que las poblaciones silvestres se encuentran a miles de kilómetros de los sitios en los cuales se sembró algodón transgénico.

México es centro de origen y diversidad de la especie de algodón más cultivada en el mundo: Gossypium hirsutum, y de muchas otras (chile, cacao, calabacitas, frijoles, chía, maíz, jitomate, etcétera), por lo que es considerado una de las cunas de la agricultura. Desde que se liberaron los primeros transgénicos, los científicos alertamos sobre los riesgos de escape de los transgenes a zonas no previstas, y los riesgos adicionales para los centros de origen. Pero el algodón GM fue liberado a escala experimental en el norte del país desde 1996 y hoy cubre miles de hectáreas.

El citado artículo es particularmente importante y preocupante porque:

1) Demuestra que los genes y transgenes de algodón pueden moverse de una población a otra a miles de kilómetros de distancia. Esto sugiere que el movimiento de transgenes se da vía las semillas una vez que se les quita la fibra.

2) Las poblaciones de algodón silvestre mexicano en que se están acumulando transgenes rápidamente están evolucionando y con ello aumentan las posibilidades de efectos no deseados e impredecibles. Ya encontramos algodones silvestres con combinaciones novedosas de transgenes que están ausentes en los algodones GM.

¿Por qué estos resultados son tan relevantes y preocupantes? Este caso constituye el tercero a escala mundial en el que transgenes de cultivos GM se han escapado y se han establecido en poblaciones naturales, y es el primer caso en un país en desarrollo. Demuestra la importancia de la dispersión de semillas en el movimiento de transgenes a muy largas distancias, una vía que ha sido poco considerada en las discusiones en torno a flujo de transgenes que se centran en controlar el movimiento del polen.

Lecciones para el maíz: estos resultados, aunados a los datos de flujo de transgenes de maíz GM, demuestran que la restricción a la siembra de transgénicos en ciertas regiones o estados del país no es una medida que evite la dispersión, acumulación y recombinación de transgenes en las variedades cultivadas nativas o parientes silvestres.

En constraste, el intercambio y movilidad de semillas son inevitables e imprescindibles para la supervivencia a largo plazo de la diversidad genética de los cultivos en sus centros de origen y diversidad, por lo que la aprobación de maíz transgénico en cualquier parte de México implicará el flujo de transgenes hacia los maíces nativos cultivados en sitios distantes, así como a sus parientes silvestres, los teocintles. Estos transgenes se acumularán y recombinarán, produciendo eventualmente efectos no deseados.

Bioseguridad con base científica: el caso del algodón demuestra que el gobierno mexicano ha sido incapaz de garantizar la bioseguridad de uno de los cultivos originados y diversificados en México. La bioseguridad del maíz implica retos aún mayores por ser de polinización cruzada: los transgenes en este cultivo se mueven tanto en el polen como en las semillas.

Si bien se han encontrado transgenes en poblaciones de maíz nativo, están presentes en lugares muy restringidos y en bajas cantidades, por lo que es urgente y aun posible revertir el proceso de acumulación de transgenes en estas poblaciones. El flujo transgénico viola el derecho de los agricultores de guardar su propia semilla libre de transgénicos, y los pondrá a expensas de las corporaciones dueñas de las patentes de los transgenes. Esto amenaza la soberanía alimentaria, y los modos de reproducción de la agricultura indígena y campesina imprescindibles para garantizar la diversidad de las semillas que sustentan nuestra autosuficiencia alimentaria y producción sustentable de alimentos.

En contraste, se han documentado múltiples riesgos a la salud, ambiente y a los sistemas agroalimentarios, así como insuficiencias tecnológicas (v. gr., no aumentan rendimientos) inherentes al uso de maíz transgénico (UCSS). Dichos riesgos tendrán implicaciones aún más preocupantes en un país en el que el maíz se consume en grandes cantidades y casi sin procesar.

Para garantizar la bioseguridad de cualquier cultivo para el cual México es centro de origen y/o diversificación, se debe prohibir la liberación de estos cultivos transgénicos en todo el territorio nacional. Los datos de Conabio demuestran además que, para el maíz, la totalidad del territorio mexicano es centro de origen/diversidad: ¡urge establecer este acuerdo legalmente! También urgen medidas eficaces para evitar la infiltración por nuestras fronteras de semillas de maíces transgénicos viables, o de granos transgénicos en acervos de híbridos comerciales etiquetados como no transgénicos.

Elena Álvarez-Buylla Roces y Alma Piñeyro*

*Programa de Agricultura y Alimentación, Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad.

http://www.jornada.unam.mx/2011/10/11/opinion/020a1pol

Mexican trial of genetically modified maize stirs debate.

Mexico has authorised a field trial of genetically modified (GM) maize that could lead to commercialisation of the crop, sparking debate about the effects on the country’s unique maize biodiversity.

Although Mexico already commercially grows some GM crops, such as cotton, GM maize is controversial because the country is home to thousands of the world’s maize varieties that originated there.

The multinational corporation Monsanto will test a variety of maize resistant to the herbicide glyphosate on less than a hectare of land in north Mexico before it can commercialise the GM crop. Unlike experimental trials, such pilot projects do not require containment measures to prevent the spread of the GM crop.

Mexico’s agriculture ministry said the project, approved last month (8 March), will occur “under the strictest biosecurity measures to guarantee the prevention of involuntary dispersion of the GM maize’s pollen”.

But Elena Álvarez-Buylla, head of the Union of Scientists Committed to Society (UCCS), said: “This opens up the door to contamination of native species in the most important centre of origin [of maize] in the entire world.”

The UCCS stated last month (25 March) that the coexistence of GM and non-GM varieties in fields — which may happen if commercial approval is given — could contaminate the unique non-GM varieties.

“There are alternative technologies to address the non-GM maize shortage and loss of crops due to climate events. GM [crops] are not more resistant to droughts and plagues, and they threaten our food sovereignty,” its statement says, referring to multinational companies owning GM technologies.

Transgenic crops were banned in Mexico until 2005, but the government has since granted 67 permits for GM maize to be grown experimentally on over 70 hectares. This would be the first trial that could lead to commercialisation if it is successful.

At the third Mexican Congress of Ecology this month (3–7 April) in Veracruz, scientists were cautious about growing GM maize.

Andrew Stephenson, an ecology professor at Pennsylvania University, United States, said the indirect effects of mixing GM and non-GM varieties are largely unknown, especially under Mexico’s complex environmental conditions.

And Mauricio Quesada of the National Autonomous University’s Centre for Ecosystems Research said Mexico should prioritise research on the natural diversity of local crops instead of “jumping” into GM.

But Luis Herrera-Estrella, chief of the National Laboratory of Genomics for Biodiversity at the Research and Advanced Studies Center of the National Polytechnic Institute of Mexico, said the country’s legal biosafety framework should be trusted.

Cecilia Rosen

http://www.scidev.net

Monsanto, food crisis and transgenic corn in Mexico.

Monsanto has turned the drop in international corn reserves and the havoc wreaked on Mexican corn production by an unexpected cold snap into an argument for speeding up commercial planting of its genetically modified (GM) corn in Mexico. The transnational is claiming that its modified seeds are the only solution to scarcity and rising grain prices.

At a press conference, the transnational’s Latin American President José Manuel Maduro went even further by blaming restrictions on GM corn production in the country for the high level of post-NAFTA imports of the staple. “Mexico’s decisión to not move forward [on transgenics] has led to the importation of 10 million tons of corn, a situation that demands a swift response.”

That Monsanto would use the boogeyman of food dependency to scare Mexico into accepting GM corn shows the company’s immense cynicism. Now according to Monsanto, the reasons that Mexico lost corn self-sufficiency and start importing millions of tons annually had nothing to do with agricultural policies that support transnationals, or an unjust free trade model that favors imports and has abandoned the majority of national producers. Instead, it’s because the country has not embraced the commercial use of transgenic corn.

As the food crisis looms, the real danger – for the nourishment, health and culture of the country – is in choosing the Monsanto agenda over strengthening national agriculture. The cultivation of transgenics will accelerate the loss of Mexico’s food sovereignty and contaminate vital native strains of corn.

Pressure Campaign

Monsanto’s diligent PR hard work is paying off. After originally denying authorization for a pilot program to cultivate its GM corn in Sinaloa last year, the Ministry of Agriculture, Livestock, Development, Fisheries and Food (SAGARPA) just gave the company the green light to plant genetically modified yellow corn resistant to the herbicide glyphosate as a part of a pilot program in Tamaulipas’ current agricultural cycle.

According to the National Commission for the Use and Understanding of Biodiversity (CONABIO), Tamaulipas is home to 16 of the 59 remaining strains of native corn. A recent study by the CONABIO concluded that releases of transgenic corn should be handled “only by public institutions adequately trained in security, and carried out in low-risk areas.”  The study was financed by SAGARPA and was announced at the same time as the permit for the Tamaulipas pilot project, going against its own recommendations. Tamaulipas, like the rest of the northern region and all of Mexico, is a center of origin for corn.

There is an intense PR campaign to open the door to transgenics in Mexico: industrial farmers in the north are pushing the government to ease the establishment of commercial transgenic corn operations and the national press is not short on people willing to echo Monsanto’s sound bites.

This year’s International Book Fair in Mexico City was invaded by the campaign’s propaganda, cloaked in scientific jargon. The fair, sponsored by the National Autonomous University of Mexico, included a series of conferences designed to convince the public about the benefits of GMOs, led by all-star biotech cheerleader, Luis Herrera-Estrella. The Mexican scientist, hailed as a co-inventor of transgenics, has become a defender of Monsanto’s efforts in spite of the fact that, as he tells it, the company commandeered his patent for the technology.

Herrera-Estrella has been accused of doing Monsanto’s dirty work. The relationship between CINVESTAV, where the researcher works, and the transnational is public knowledge. After Berkeley Professor Ignacio Chapela revealed GM contamination in corn crops in Calpulapan, Oaxaca in the fall of 2001, Monsanto launched a smear campaign against him. After years of persecution and when two international Berkeley reviewers had recommended tenure, Chapela’s contract was suspended after the university received a letter against him from an expert. The author was Luis Herrera-Estrella.

The conferences at the book fair only presented a favorable view of transgenics, leading to complaints from some members of the public. The president of the Union of Socially Concerned Scientists Elena Álvarez-Buylla presented a brief critical perspective on transgenic biotechnology, including information about a French scientist recognized for his independent research into the risks of GMOs, who recently won a suit against biotech groups that carried out a smear campaign to discredit him. Álvarez-Buylla was cut off by Herrera-Estrella, who was clearly annoyed by the criticisms and insisted that as the conference organizer he should be the sole presenter. Another attendee challenged the failure to mention the proven health risks posed by glyphosate, a Monsanto herbicide associated with one of its transgenic corn strains.

The aggressive PR operation to promote the introduction of GM corn in Mexico comes after the company reported declining profits last year and a drop in its share price due to shrinking sales of Roundup and GM soy and corn seeds in South America and Europe.

The Mexican market represents potential earnings of $400 million annually for Monsanto and for some government officials that’s enough to turn a blind eye toward any risk to native corn species, the economy or Mexican health.

Meanwhile in the European Union, according to a report from Friends of the Earth International released several weeks ago, transgenic crops are plummeting at the same time that more and more countries are prohibiting them.

Seven EU member states prohibit the planting of Monsanto’s transgenic corn due to mounting evidence about environmental and economic impacts, and to apply the precautionary principle that stipulates that when impact on human health is unknown precaution is warranted. Polls show that public opposition to transgenics is as high as 61 percent.

Unexpectedly, and not without contradictions, the Mexican federal government denied Monsanto’s permit for a pilot project of 100 acres of GM corn in the northeastern state of Sinaloa. Pilot projects are the second regulatory phase, following the experimental phase and preceding commercial production, of the three phases established by the Law of Genetically Modified Organism Biosecurity.

Beginning in October of 2009, a few months after a meeting between Felipe Calderón and Monsanto President Hugh Grant, the federal government approved 29 applications for experimental transgenic corn plots, breaking a decade-long moratorium. Most of the licenses were issued to Monsanto and Dow Agro Science to test corn strains resistant to herbicides and blight on more than a dozen hectares.

Last year, after keeping the sites secret and without adequately disclosing the results of the experimental plantings in violation of the Biosecurity Law, the government accepted 20 more applications from the aforementioned transnationals, plus Syngenta. If all these permits are authorized, there would be more than 1,000 hectares planted with transgenic corn.

The contradictions and waffling in the government’s original position to at first deny permits for pilot projects in Sinaloa and then approve the quarter-hectare project in Tamaulipas are probably due to the fast-approaching electoral season – crucial for the ruling party, which will try to avoid the political costs of its decisions. The actions of peasant farmer organizations and the important work of expert groups like the UCCS have played an important role in holding back the mass cultivation of GMOs in Mexico.

Since the end of 2009, The National Union of Regional Autonomous Campesino Organizations (UNORCA) started a campaign with the slogan “No to transgenic corn! Monsanto out of Mexico!” that includes the use of forums, mass media and public spaces to inform debate on GMOs in Mexico. Public forums were held in Navojoa (a few miles from one of the centers of transgenic experimentation), Chilpancingo y Zacatecas. Last year in Guadalajara and Morelia, the forums condemned transgenic corn experimentation as a crime against humanity.

There are now many voices speaking out against the imposition of GMOs: from the UCCS to the city council of Tepoztlán in the southern state of Morelos, which filed a constitutional challenge against the planting of transgenic corn in the country.

Food Sovereignty or Food Dependency?

The national head of UNORCA, Olegario Carrillo, asserts that Mexico doesn’t need to embrace Monsanto to regain corn self-sufficiency. Giving in to the transnational’s pressure to gain control over Mexico’s agro-genetic wealth would mean deepening the debilitating food dependence brought on by NAFTA; food imports already constitute more than 40 percent of what Mexico consumes, according to data from the Chief Auditor of the Federation.

The fundamental problem is not technological, but that the Mexican government lacks policies to promote rural development or goals in domestic food production. The neoliberal regime has chosen to promote imports and support the transnationals that have been taking over the production process.

Monsanto is lying when it implies that its biotechnology can resolve Mexico’s food crisis: it is amply documented that transgenics don’t increase yields. Transgenic corn strains weren’t designed to increase yield. The vast majority of transgenic crops are designed to resist the application of herbicides also manufactured by Monsanto. They actually create more dependency due to the need to buy seed and the contamination of native varieties. They also damage the environment, the economy and human health.

On the other hand, annual corn harvests in Mexico could be doubled if agricultural policy were reformed to support small farmers and to encourage cultivation of more acres in the south and southeast where there is sufficient water. The genetic wealth of Mexican corn could raise production, with farmers saving seed and not required to pay royalties to Monsanto, because the 60 native species and thousands of varieties are adapted to local soils and climates.

Monsanto denies the risk of transgenic contamination of native species, despite evidence that the coexistence of transgenics and biodiversity is impossible. Hiding the truth has been an integral part of Monsanto’s corporate strategies throughout its history, as the company seeks to protect profits at the expense of human health, the environment and general well-being.

The UCCS, based on FAO and UNESCO reports, affirms that transgenics not only do not increase yields, they have the negative impacts of raising agrochemical levels and destroying the soil. These studies also show few or no benefits to poor farmers or consumers. Additionally, GM crops contribute to the climate crisis because they reinforce an oil-dependent agricultural model. Peasant farmer organizations and committed scientists propose an alternative sustainable model, based on conservation of biodiversity, nutrient recycling, crop synergy, conservation of soil and strategic resources (such as water), and incorporating new biotechnologies compatible with sustainable systems.

Scientists have concluded that the Mexican countryside has the resources necessary to guarantee food sovereignty without adopting transgenic technology. According to researcher Antonio Turrent Fernández, small-scale producers, ejido members and communal landowners can play a key role in the production of basic foods and the management of Mexico’s diverse genetic resources. But this requires public investment in infrastructure, research, technology transfer and services – that is to say a radical change in the dominant model and budget priorities. It also requires the reinstatement of the moratorium on transgenic corn.

Alfredo Acedo is communications director and advisor to the National Union of Regional Autonomous Campesino Organizations (Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas, UNORCA) Mexico.

Editor: Laura Carlsen                          Translator: Murphy Woodhouse

http://www.cipamericas.org

Monsanto y la siembra de maíz transgénico en México.

La trasnacional Monsanto es la principal permisionaria del gobierno federal para la siembra de maíz genéticamente modificado. A dos años de la liberación de las concesiones, las agroindustrias experimentarían en más de 2 mil hectáreas de suelo mexicano. Al menos 10 especies de maíz criollo se encuentran amenazadas, pues su lugar de origen es el mismo donde ha sido autorizada la siembra experimental. Además de Monsanto, Dow AgroSciences, PHI México y Syngenta Agro acaparan los permisos para esas pruebas. Monsanto se erige como el principal permisionario para la siembra de maíz transgénico en el país. La trasnacional de capital estadunidense experimenta en más de 33 hectáreas de suelo mexicano. Además, sus patentes son distribuidas a través de otras comercializadoras extranjeras, lo que la convierte en el monopolio del transgénico, según especialistas.

Los informes Estatus de solicitudes de permiso de liberación al ambiente de maíz genéticamente modificado ingresadas, correspondientes a 2009 y 2010, indican que las semillas genéticamente modificadas de Monsanto, así como de Dow AgroSciences, PHI México y Syngenta Agro, se dispersan en tierras de Nayarit, Sinaloa, Tamaulipas, Coahuila, Durango y Sonora.

En esta última entidad es donde se concentra el mayor número de solicitudes. Ahí, también permanecen unas 10 razas o variedades de maíz originario. En tanto que el principal productor de maíz, Sinaloa, es el estado en el que más siembras se han registrado. Los documentos oficiales indican que, hasta el cierre del año pasado, las cuatro compañías han pedido al gobierno mexicano sembrar sus granos en 2 mil 171.6 hectáreas.

De acuerdo con los listados de la Dirección de Bioseguridad para Organismos Genéticamente Modificados –oficina dependiente de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa)– del 9 de marzo de 2009 al 16 de diciembre pasado, las multinacionales han realizado 110 solicitudes.

Adelita San Vicente Tello, ingeniera agrónoma por la Universidad Autónoma Metropolitana y representante de la asociación civil Semillas de Vida, dice que el incremento de solicitudes y siembras por año “es muy grave”. Estamos exigiendo que se pare toda la siembra, que se evite que se pase a la siguiente fase y se revierta la posible contaminación antes de que suceda un desastre económico de contaminación en todo el país”.

Sonora, en riesgo de contaminación

Blando de Sonora, Chapalote, Dulce Norteño, Elotes Occidentales y otras seis variedades más de maíz crecen en los valles Yaqui y Mayo, en Sonora y Sinaloa­, respectivamente. Ahí es donde las multinacionales han solicitado más espacio para esparcir sus granos experimentales.

Los documentos oficiales indican que la Sagarpa tiene solicitadas 978.62 hectáreas para experimentación transgénica en tierras sonorenses, de las que se han concedido 8.29 hectáreas. De autorizarse esta superficie, al terminar este año fiscal el estado sería el de mayor presencia de organismos genéticamente modificados (OGM).

Le siguen Coahuila y Durango, con 434.94 hectáreas en petición, sin que hasta el término de 2010 se hayan concedido los permisos. Tamaulipas es el cuarto estado más demandado, con 281.14 hectáreas pedidas, de las que se han concedido 1.53 hectáreas.

Sinaloa, el principal productor de maíz blanco en México, es el quinto estado de la República respecto del número de solicitudes: 261.42 hectáreas. Éste es el que más concesiones tiene: 26.06 hectáreas. Nayarit ocupa el último lugar de los seis estados en los que se han sembrado OGM, con 120.58 hectáreas solicitadas, de las que se han asignado 0.14 hectáreas.

Vicente Tello asegura que el principal problema es la contaminación del territorio mexicano como centro de origen del maíz. “Estas siembras experimentales no están cumpliendo con los lineamientos de bioseguridad. Se difunde el maíz transgénico por todo el país y después ya no hay control”.

La edición “Maíz transgénico en México, riesgos y costumbres”, de la revista Ciencias, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, indica que el país es “megadiverso, multicultural y centro de origen de domesticación y diversificación genética de 15.4 por ciento de todas las empresas que constituyen el sistema alimentario mundial. Esto se debe a la persistencia de los sistemas agrícolas tradicionales donde se cultiva el genoplasma nativo, principalmente en el territorio de los pueblos indígenas y comunidades campesinas”.

La presencia de Monsanto

Monsanto –fabricante del agente naranja (herbicida utilizado en la guerra de Vietnam para la destrucción de cosechas y vegetación) – acapara el 80 por ciento de las solicitudes de experimentación realizadas ante la Dirección de Bioseguridad para Organismos Genéticamente Modificados.

Sus “eventos” (como se les llama a los experimentos MON-89Ø34-3, MON-88Ø17-3, MON-89Ø34-3 x MON-ØØ6Ø3-6 y MON-ØØØ21-9) se dispersan a través de las otras trasnacionales que han pedido formalmente la solicitud de siembra ante la Sagarpa.

De manera formal, Monsanto es la número dos en realizar solicitudes. Con 38 peticiones, la compañía originaria de Saint Louis, Missouri, Estados Unidos, se ubica por debajo de PHI México –empresa de DuPont y subsidiaria de Pioneer Hi bred, Int­–, que ha realizado 45 trámites. Sin embargo, entre las semillas que siembran PHI y las otras trasnacionales se encuentran las de Monsanto.

Dow AgroSciences es la tercera en importancia, pues ha documentado su interés por experimentar con OGM en México a través de 18 eventos. Finalmente, Syngenta Agro lleva 10 solicitudes ante las oficinas de la Sagarpa.

Monsanto tiene presencia en 88 de los 110 trámites, según muestran a detalle los Estatus de solicitudes de permiso de liberación al ambiente de maíz genéticamente modificado ingresadas, correspondientes a 2009 y 2010. No hay empresa que no promueva el agente MON.

“El gobierno mexicano está abriéndole la puerta a un monopolio en algo tan sensible como es la semilla. Tendría esta empresa el control absoluto de las semillas en México si se está permitiendo la siembra y luego se pasa a la siguiente fase, que es la piloto. Llegar a esta fase, sería el paso previo para la etapa comercial”, dice Adelita San Vicente Tello, representante de la asociación civil Semillas de Vida.

En peligro, maíz de origen mexicano: especialistas

Desde el 11 de mayo de 2009, los investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, Antonio Turrent Fernández, Ramón Garza García y Alejandro Espinosa Calderón se dirigieron a la Dirección General de Inocuidad Agroalimentaria para advertir que las siembras experimentales de MON-00603-6 (tolerante al herbicida glifosato) corrían el riesgo de contaminar el maíz de la zona.

La misiva indica que, entre los factores que se han omitido en la siembra experimental, se encuentran “la ubicación geográfica de los parientes silvestres del maíz (teocintle y Tripsacum); la persistencia del mejoramiento genético autóctono que usa la vía ‘semilla-polen’ para sus cruzamientos y dispersión de alelos en sus poblaciones, y el valor inapreciable de la diversidad genética del maíz nativo in vivo, insustituible por su versión conservada in situ y/o ex situ”.

Exponen a las autoridades de la Sagarpa que la dispersión geográfica, con altas frecuencias de teocintle y de varias especies de Tripsacum “interferirían con el escalamiento a nivel comercial del evento MON 00603-6… Por esta vía, los transgenes de tolerancia a ciertos herbicidas pasarían al teocintle”.

Además, observan que “el teocintle, que es considerado maleza en el monocultivo de maíz del Altiplano de México, podrá transformarse en una supermaleza como resultado de su interacción genética con el maíz transgénico tolerante al glifosato o indirectamente, a través de su interacción con el maíz nativo”.

Víctor Suárez Carrera, dirigente de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras del Campo (Anec), asegura que además de las afectaciones a las siembras nativas, habrá impactos negativos en la economía de los campesinos. “El gobierno mexicano no entiende que hay que respetar la Ley de Bioseguridad sobre Organismos Genéticamente Modificados; sigue tomando decisiones en función de la presión y chantaje de Monsanto y las trasnacionales”.

El representante de la Anec expone que en caso de contaminarse el maíz blanco que se produce actualmente, “se depreciarían a maíz de uso forrajero o industrial alrededor de 30 dólares por tonelada. Hoy mismo vemos cómo el maíz blanco es un bien escaso y si no lo produce México, no hay en todo el mundo. Esto significaría una pérdida económica de alrededor de 300 millones de dólares por año, tan sólo por la depreciación de maíz en 10 millones de toneladas que entran al mercado”.

Autor: Érika Ramírez

http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2011/03/15/monsanto-a-la-cabeza-en-la-siembra-de-maiz-transgenico-en-mexico/?home


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