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CNI: SOBRE LA OLA REPRESIVA EN CONTRA DE LOS PUEBLOS.

POSICIONAMIENTO DEL CNI SOBRE LA OLA REPRESIVA  EN CONTRA DE LOS PUEBLOS

A los pueblos originarios de México y el Mundo

A la Sexta Nacional e Internacional

Al Ejército Zapatista de Liberación Nacional

A la memoria de Don Félix Serdán Nájera,

Hermano principal.

Reunidos en la comunidad de Amatlán de Quetzalzoatl, municipio de Tepoztlán, Morelos, los pueblos naciones y tribus que conformamos el Congreso Nacional Indígena analizamos la ola represiva de los capitalistas narco gobernantes que pretenden apoderarse de nuestra patria.

El embate en nuestra contra no tiene que ver con los colores de los partidos que arriba gobiernan, ni en la forma y modo como sean elegidos o impuestos,  pues todos y cada uno de ellos tienen como fin administrar el despojo que de más arriba imponen, no tiene que ver con la mentira electorera a la que llaman democracia y que no es más que un reflejo de la descomposición que entraña el sangriento capitalismo neoliberal y que engendra eso que llaman “reformas estructurales”, que son, por la supervivencia de los pueblos dolidos en el campo y la ciudad; impuestas a costa del dolor, de la libertad y la vida de nuestra gente.

La represión que los malos gobiernos han ejercido en contra de nuestros pueblos es en respuesta a nuestra decisión de no parar nuestra resistencia para no dejar de existir por obra de la cruenta guerra de exterminio. No tiene que ver solo con una persecución política, sino que es una reacción de los que arriba diseñan el despojo para consolidar sus intereses asentados sobre la explotación, el despojo, la represión y el desprecio que pueden tomar diferentes rostros y reflejos:

  • Hoy nos siguen haciendo falta 46 compañeros de la escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, asesinados y desaparecidos por los tres órdenes de los malos gobiernos, por todos los partidos políticos que hacen del terror un negocio y una forma de gobernar. Mientras el Estado criminal apuesta al olvido los pueblos apostamos a reconstruir, a no olvidar y a no perdonar, pues lo que está en juego es el futuro, que al igual que la historia, nos pertenecen.
  • La comunidad Tzeltal de San Sebastián Bachajón, en el municipio de Chilón Chiapas, ha enfrentado las fuerzas represivas del mal gobierno que pretenden despojarla de las cascadas de Agua Azul para ser entregadas los intereses capitalistas. Apenas el 21 de marzo del presente año más de 600 integrantes de las fuerzas de seguridad gubernamentales incendiaron la sede regional San Sebastián de nuestros hermanos y los medios libres que se han solidarizado con su lucha han sido agredidos por las fuerzas de seguridad pública mientras la policía estatal y el ejército mexicano han escalado la ocupación de su territorio en respaldo de los grupos paramilitares.
  • La comunidad Nahua de Santa María Ostula, en la costa de Michoacán ha enfrentado desde el año 2009, el asecho de supuestos grupos  de la delincuencia organizada, coludidos con todos niveles del  mal gobierno ha costado la desaparición de 5 comuneros y el asesinato de 32 mas. El pasado 16 de marzo la Marina Armada intentó desalojar y desarmar  a la policía comunitaria que mantiene un reten sobre la carretera costera a la altura del poblado de Xayakalan, territorio recuperado en el año de 2009, acción a la que la comunidad respondió cerrando la carretera costera, pues permitir el desarme de los comunitarios significa quedar en manos de los narco paramilitares y de esa manera consolidar el despojo contra la comunidad para los megaproyectos de muerte como es el narcotráfico, el turismo trasnacional y la explotación minera. Todo protegido y auspiciado por los malos gobiernos.
  • Siguen presos los compañeros Mario Luna y Fernando Jiménez, voceros de la tribu Yaqui, en Sonora, sobre la base de haberles fabricado delitos graves basados en el no reconocimiento de las formas ancestrales de organización de los pueblos y la jurisdicción del gobierno tradicional Yaqui. A la fecha persiste la orden de aprehensión contra el compañero Tomás Rojo, pretendiendo usar la división y la traición como mecanismo de guerra. Asimismo las amenazas de muerte e intentos de homicidio en contra de Lauro Baumea a quien quemaron su vehículo afuera de su domicilio, además de amenazar con atentar contra la vida de su familia. Todo esto para concretar el robo del agua del río Yaqui.
  • Siguen presos los compañeros loxichas en el estado de Oaxaca quienes llevan 18 años secuestrados por los malos gobiernos como parte de su política contrainsurgente y terrorista en medio de grandes proyectos mineros trasnacionales, al igual que los hermanos Nahuas de San Pedro Tlanixco en el Estado de México, quienes llevan 12 años presos por defender el agua en contra de que les fuera robada para campos agroindustriales.
  • El despojo a comunidades y ejidos en los estados de Morelos, Puebla y Tlaxcala a través del llamado Proyecto Integral Morelos está siendo acompañada de una persecución contra los pueblos del volcán Pocatepetl que se oponen a entregar su territorio, su seguridad y su agua a trasnacionales para la imposición de carreteras, acueductos, gaseoductos y termoeléctricas custodiadas por todos los órdenes represivos del mal gobierno. Actualmente existen numerosas órdenes de aprehensión en contra de quienes han alzado la voz contra esta destrucción acompañada de policías y militares que acompañan la maquinaria, misma que en los últimos días se ha expresado en los trabajos de entubamiento del río Cuautla para favorecer a la Termoeléctrica de Huexca en detrimento de los ejidos del municipio de Ayala.
  • La comunidad de San Francisco Xochicuautla, en el Estado de México, mantiene una lucha en contra del despojo de su territorio por la construcción de una autopista privada, e incluso los comuneros han perdido la libertad para platicar en sus asambleas comunales que han sido tomadas por decenas de granaderos que buscan consolidar el despojo agrario.
  • Mientras resistimos al despojo en nuestras comunidades, miles de compañeros deben migrar para buscar alternativas para su sustento, muchos de ellos llegan a campos de concentración donde son explotados y esclavizados, como es el caso de San Quintín, en Baja California Sur, donde los malos gobiernos reprimen las movilizaciones que buscan mejores condiciones de trabajo para miles de jornaleros agrícolas. La mayoría de ellos de origen indígena.

Estamos convencidos que para parar esta guerra no bastan las consignas; tampoco será volteando a ver los calendarios, geografías y formas de los de arriba, sino que necesitamos hacer un nuevo país, un nuevo mundo.

Lo saben también los poderosos que han agudizado el hostigamiento militar en los caracoles zapatistas de La Realidad y Oventik y agresiones paramilitares por grupos promovidos, financiados y entrenados por los malos gobiernos, como Pojcol, CIOAC Histórica y ORCAO, que  ejercen una violencia sistemática en contra las comunidades bases de apoyo zapatistas, quienes con su organización autónoma hacen brillar el horizonte que es una esperanza civilizatoria y que tiene sus raíces antiguas en nuestras culturas como pueblos originarios.

Por todo lo anterior declaramos:

  1. Que no pararemos en la lucha por reconstruir lo y reconstituirnos como pueblos originarios, pues nuestra lucha es por la vida y seguir existiendo.
  2. Que intensificaremos la lucha por la libertad de los presos políticos, la presentación de los desaparecidos y la justicia para los asesinados.
  3. Que la ola represiva es en respuesta a esa resistencia contra el despojo que no conoce fin pues su origen está en el origen mismo del mundo y por lo tanto no es negociable.
  4. Que seguiremos tejiendo desde abajo y a la izquierda un nuevo mundo posible y necesario, pues solo así podrá brillar la paz para nuestros pueblos y el fin de la represión.
  5. Saludamos la realización del homenaje a los compañeros Luis Villoro Toranzo y al maestro zapatista Galeano que tendrán lugar en el caracol de Oventik, Chiapas el 2 de mayo de 2015.

Amatlán de Quetzalcoatl, Tepoztlán, Morelos

A 22 de marzo de 2015

Por la Reconstitución Integral de Nuestros Pueblos

Nunca Más un México Sin Nosotros

Congreso Nacional Indígena.

Comunidades autónomas. Miles de indígenas se encargan de su defensa y seguridad.

Cherán y Ostula, Mich., y San Luis Acatlán, Gro. Cansados de los asaltos, robos y violaciones en La Montaña y la Costa Chica de Guerrero, de la tala de los bosques y de la delincuencia organizada en Cherán, así como de la invasión a su territorio en Ostula, miles de indígenas de estos pueblos decidieron valerse por sí mismos y organizar su autodefensa.

Imagen de Cherán, Michoacán, donde luego de 16 años de haberse formado la policía comunitaria, por primera vez una mujer se sumó a las labores de vigilancia de la comunidadFoto Notimex

Pobladores de Cherán reforestan el cerro de San Miguel, el cual fue devastado por los talamontes, apoyados por el crimen organizadoFoto Notimex

Con historias y dinámicas distintas, los comuneros de Cherán, en la meseta purépecha; los nahuas de Ostula, en el litoral del Pacífico michoacano, y los mixtecos, nahuas y mestizos de La Montaña y Costa Chica de Guerrero, reivindican sus sistemas de seguridad tradicionales y tienen en sus manos la vigilancia de sus comunidades.

Mientras en Ostula y Cherán los pueblos –al margen del gobierno– se hacen cargo de la vigilancia local, en Guerrero 65 comunidades tienen, además de los cuerpos de seguridad, un sistema de impartición de justicia propio basado en la reducación.

Representantes entrevistados en sus respectivas sedes coinciden en que ninguna de estas experiencias corresponde a grupos armados contra el gobierno, pero sí reflejan la falta de justicia y de seguridad en sus zonas. En una palabra, existimos porque el gobierno no hace su trabajo, afirma Pablo Guzmán, uno de los nueve coordinadores de la policía comunitaria de Guerrero.

No es casual que los tres casos se lleven a cabo en comunidades indígenas. Son los pueblos indios de México los que están ofreciendo una alternativa para el país, señalan pobladores de Cherán entrevistados en la casa comunal, en el mismo inmueble que anteriormente albergó la presidencia municipal, hoy recuperada por los pobladores.

El reto actual, además de la seguridad interna, son los megaproyectos que intentan despojarlos de su territorio. La amenaza en Ostula –explica el jefe de Tenencia– es la construcción de la supercarretera Coahuayana-Lázaro Cárdenas y el Plan Regional para el Desarrollo Turístico Integral de la costa de Michoacán. Un puerto, hoteles y demás planes inmobiliarios están contemplados para esta región; mientras en Cherán es la riqueza de sus bosques la que está en juego, donde los talamontes son los que se han beneficiado. En La Montaña de Guerrero, por su parte, la amenaza actual al territorio viene de los proyectos mineros de origen inglés y canadiense.

Las recientes intimidaciones, los levantones y homicidios de que han sido víctimas los comuneros de Ostula y Cherán los obligan a permanecer en el anonimato. Acceden a las entrevistas y acompañan el recorrido por sus poblados pero piden no dar sus nombres. Los de la policía comunitaria de Guerrero sí se identifican, pues aunque tienen órdenes de aprehensión en su contra, su situación actual es distinta.

Ostula: De aquí nadie nos saca

El 29 de junio de 2009, los nahuas de Ostula recuperaron más de mil hectáreas de tierras, montes y playas que durante más de 40 años estuvieron en manos de pequeños propietarios de La Placita. Desde ese momento esas tierras llevan el nombre de Xayakalan.

Pudimos recuperar nuestras tierras, señala El Trompas, uno de los responsables de la seguridad, gracias a que todos le entramos a reorganizar nuestra policía tradicional. Ahora, de aquí no nos vamos; para eso tenemos nuestra policía.

El paraje de Xayakalan está destruido. Una playa tapizada de palmeras y cocos en el piso, los techos de las palapas hechos pedazos, enormes troncos encima de lo que hasta poco fueron casitas, cientos de árboles de tamarindo arrancados desde la raíz, casas de adobe sin techo y con enormes boquetes en las paredes, un jardín de niños del que, literalmente, sólo queda un palo, dan cuenta del paso del huracánBeatriz, que en junio pasado azotó a esta comunidad de la costa michoacana.

Poco más de dos años después de haber recuperado estas tierras, El Trompas asegura: todos aquí seguimos puestos. Si el huracán no nos sacó, menos el gobierno.

Junto con otro grupo de indígenas explica que la policía comunitaria de Ostula está conformada por cerca de 500 integrantes y su funciónes resguardar el perímetro de las tierras en conflicto. No están –insisten– para enfrentar a la delincuencia organizada, para desarmar a nadie ni para intervenir en otras cosas; sólo para cuidar el territorio que nos pertenece.

Una característica común en Ostula, Cherán y los poblados de Guerrero es que ninguno de sus policías recibe sueldo ni retribución alguna. En Cherán y en Ostula no tienen uniforme ni distintivos, mientras en Guerrero cuentan hasta con credenciales y modestas camisetas y gorras con el emblema de la policía comunitaria de Guerrero, que está por cumplir 16 años de existencia; la de Ostula tiene dos años y la de Cherán sólo cuatro meses de haber sido reactivada, aunque en realidad, coinciden todos, lo que se está poniendo en práctica es una organización basada en sus sistemas normativos tradicionales. Nada nuevo.

Ostula es una de las tres comunidades nahuas del litoral del Pacífico michoacano. Las otras dos son Pómaro y Coire. Juntas poseen más de 200 mil hectáreas de territorio dentro de la costa y los montes de la Sierra Madre del Sur hasta Guerrero y Oaxaca. En las más de mil hectáreas de Xayakalan actualmente habitan unas 250 personas pertenecientes a 40 familias. Este es el territorio vigilado.

Policías comunitarios de Guerrero, luego de una asamblea de las autoridades autónomas. Imagen de 2002Foto Marco Peláez

En ocasión de su segundo aniversario, denunciaron el asesinato de 26 comuneros, cuatro desaparecidos, decenas de viudas y huérfanos y cientos de desplazados. Pero hoy, señalan, la situación está más tranquila.

El pasado 20 de julio, la asamblea general decidió no participar en las elecciones estatales de Michoacán, previstas para el próximo 13 de noviembre. Los partidos políticos, cuando andan queriendo el puesto, te platican bonito, pero después ni te conocen. Todo está por demás con ellos y aquí no entran, finalizan los entrevistados bajo una palapa semidestruida en Xayakalan.

No volvemos a entregar nuestra seguridad

En otro lado de Michoacán, en el corazón de la meseta purépecha, la cotidianidad de la comunidad de Cherán cambió radicalmente a partir del pasado 15 de abril, fecha en que decidieron reactivar la autodefensa de un pueblo asolado por los talamontes que casi terminan con sus bosques.

Han pasado casi cuatro meses desde que los pobladores decidieron prácticamente encerrarse en su comunidad. Instalaron barricadas en todos los accesos y en las noches cerca de 200 fogatas alumbran la vigilancia de un pueblo entero que se cuida a sí mismo. Al igual que en la comunidad nahua de Ostula, las armas son más simbólicas que otra cosa: machetes, palos, hachas y una que otra escopeta de cacería.

El movimiento empezó cuando, cansados de la tala clandestina de sus bosques, decidieron enfrentar a quienes saquean la madera desde hace tres años. Los pobladores denuncian que los talamontes, armados hasta los dientes, hasta el momento han destruido totalmente más de 15 mil hectáreas (80 por ciento del bosque de 20 mil hectáreas).

A partir de que la seguridad está en sus manos, los delitos al interior han bajado hasta en 90 por ciento. No han logrado abatir por completo la tala, pero también la han mermado de manera considerable. Asimismo, en sólo tres meses consiguieron reducir más de 50 por ciento el alcoholismo en la comunidad.

Actualmente está prohibida la propaganda electoral. Ni los autos ni las casas pueden exhibir pancartas o calcomanías de un partido político, y si los candidatos intentan entrar lo consideramos un acto de provocación.

La ronda tradicional está a cargo de la seguridad de los más de 20 mil pobladores, pero es más interna que externa, pues no podemos competir con las armas que trae la delincuencia organizada.

La comunidad tiene ley seca desde que empezó la movilización, por lo que una de las tareas de la ronda es vigilar el orden y amonestar o detener a quienes ingieren bebidas alcohólicas: si un compañero se emborracha y es la primera vez que lo agarramos, lo exhortamos a que ya no lo haga. La segunda vez se le castiga con trabajos comunitarios, como la limpieza de las barricadas o de las fogatas. Y la tercera vez se le manda obligatoriamente a rehabilitarse en Alcohólicos Anónimos. Todo esto por decisión de la asamblea.

Independientemente de lo que ocurra en el futuro –señalan–, el proceso que iniciamos ya no tiene regreso. Nosotros ya no volvemos a entregar nuestra seguridad interna al gobierno.

Una de las experiencias autónomas más notables en cuanto a sistemas de impartición de justicia (fuera de Chiapas), la protagonizan 65 comunidades de la Costa Chica y La Montaña de Guerrero, que desde hace casi 16 años se hacen cargo de su seguridad, disminuyendo la delincuencia hasta en 90 por ciento.

Juan González Rojas, fundador de la policía comunitaria y su primer coordinador, recuerda la región azotada por innumerables delitos, con la indiferencia y/o complicidad de los gobiernos en turno. Homicidios, abigeatos, asaltos en carreteras y violaciones de mujeres eran comunes en la zona, hasta que el pueblo de Santa Cruz del Rincón se cansó y se juntó para ver qué hacía para defenderse, y así empezó la policía comunitaria.

Al gobierno –recuerda uno de los fundadores– no le gustó la idea, pero les dijimos que no íbamos a negociar, sino a informar lo que estábamos haciendo. Entonces, nos dio un ultimátum para que nos desarmáramos. Les dijimos que no éramos un grupo armado para enfrentarlos, sino para coadyuvar en la seguridad de la población.

Empezaron aproximadamente 10 comunidades, y 16 años después son 65, cada una con su propio grupo de policías. En total cuentan con alrededor de 600 policías para una población de 100 mil habitantes de 11 municipios.

Pablo Guzmán, uno de los nueve coordinadores actuales, explica:ya no se trata sólo de detener delincuentes ni sólo de impartir justicia y reducarlos, sino de ir al fondo de los problemas, pues nada resolvemos si recibimos denuncias todo el día, lo que debemos atacar es el origen de las mismas, como el alcoholismo, el desempleo, la descomposición familiar, la falta de educación, etcétera. Y en eso están.

Su relación actual con el gobierno, con todo y las órdenes de aprehensión en su contra, es de no enfrentarnos, pues no le disputamos el poder. Sólo que nos dejen trabajar en paz

Felícitas Martínez Solano fue la primera mujer dentro de la policía comunitaria. Es coordinadora regional y señala que en estos 16 años las mujeres han sido invisibles. No ha sido fácil su inclusión, pero ya no es lo mismo que antes, afirma.

Gloria Muñoz Ramírez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 7 de agosto de 2011, p. 2

http://www.jornada.unam.mx/2011/08/07/politica/002n1pol


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