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Ojarasca: 5 tesis sobre la violencia contra el maíz.

Hubo consenso y se decidió que viniera
el maíz morado, el maíz amarillo,
el maíz rojo y el maíz blanco, y de esto se hicieron
nuestros huesos, nuestra sangre, nuestra carne.
Popol Vuh

El maíz no es una cosa, un producto; es un tramado de relaciones, es la vida de millones de campesinos cuyo centro civilizatorio milenario es la comunidad y la vida en la siembra. Siendo México centro de origen del maíz, uno de los cuatro alimentos cruciales para la humanidad, los ataques al maíz y a los pueblos que lo cultivan van contra las estrategias más antiguas y con más posibilidades de futuro de la humanidad.

El maíz es también un cultivo comercial importante para el sustento de millones de familias de agricultores. Su rentabilidad puede fortalecer la seguridad y soberanía alimentaria del país si se cuenta con las políticas públicas apropiadas para lograrlo.

1. Las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN, requirieron que el Estado mexicano comenzara un interminable desmantelamiento jurídico de las leyes que promovían derechos colectivos y protegían ámbitos comunes, en particular los territorios de los pueblos indígenas y campesinos, sus tierras, aguas, montañas, y bosques. El TLCAN requirió también el desmantelamiento del sistema de programas, proyectos y políticas públicas que apoyaban la actividad agrícola, en detrimento de los pequeños y medianos agricultores mexicanos y en beneficio de la agricultura estadunidense, sobre todo a las corporaciones, que buscan acaparar mercados, procesos, financiamientos. Se llegó al extremo de apostarle a las importaciones de maíz, pese a que es un producto básico para la alimentación de la población mexicana y pese a las asimetrías en productividad y subsidios existentes entre los productores de Estados Unidos y Canadá y los mexicanos. Aunque había un plazo de 15 años para liberalizar por completo el comercio exterior del maíz, el gobierno mexicano, unilateralmente, permitió la entrada de importaciones por arriba de la cuota y sin arancel. Esto redujo los precios internos de maíz en un 50 por ciento, lo que benefició tan sólo a los cárteles transnacionales que controlan el grano.

2. El desmantelamiento jurídico y la privatización tienen como fin último erradicar toda producción independiente de alimentos. Para lograrlo, las grandes corporaciones en todo el mundo se han propuesto el despojo, la erosión y la criminalización del resguardo y el intercambio libre de semillas nativas ancestrales. No parece importarles atentar contra los saberes propios de la agricultura tradicional campesina y agroecológica, para así promover el cultivo y la comercialización de semillas de laboratorio (híbridos, transgénicos y más), mediante leyes expresas que le abren espacio a las grandes corporaciones para lograr sus fines. Los dos ejemplos más contundentes son la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, o “Ley Monsanto” y la Ley Federal de Producción, Certificación y Comercio de Semillas.

3. Estas leyes promueven una invasión transgénica —desde 2001— que contaminará a las 62 razas y miles de variedades que existen en México. Los regímenes de propiedad intelectual y los registros y certificaciones terminarán despojando de su diversidad a las semillas nativas.

4. Atentar contra los sistemas de agricultura campesina ancestral y sus variantes agroecológicas modernas, atentar contra bienes comunes tan cruciales como las semillas nativas, devasta la vida en el campo y debilita las comunidades, agudiza la emigración y la urbanización salvaje, favorece la invasión de los territorios campesinos e indígenas para megaproyectos, explotación minera, privatización de agua, plantaciones de monocultivos, deforestación y apropiación de territorios en programas de mercantilización de la naturaleza, como REDD y servicios ambientales.

5. El sistema que promueve este desmantelamiento jurídico, el intento por erradicar la producción independiente de alimentos y monopolizar la rentabilidad de un cultivo tan versátil —eliminando así toda la gama de sembradores que no sean corporaciones, desde pueblos indígenas hasta agricultores de mediana o pequeña escala—; el sistema que provoca los encarecimientos desmedidos en los precios de los alimentos y la crisis alimentaria generalizada, es responsable de una buena parte de la crisis climática.

Hay suficientes pruebas de que el sistema agroalimentario mundial (con su acaparamiento de tierras y agua, con sus semillas de laboratorio híbridas y transgénicos, con su promoción de agrotóxicos que erosionan el suelo, con su deforestación, sus monocultivos, el transporte que emplea, el procesado industrial, el empacado, el almacenamiento y la refrigeración) es responsable de entre 45-57 por ciento de los gases con efecto de invernadero.

En cambio, la parte agraviada, las comunidades campesinas e indígenas y los agricultores en pequeña escala, hoy por hoy producimos la parte sustancial de los alimentos del mundo, pese a la poca tierra a nivel mundial que mantenemos, y pese a las condiciones de opresión que intentan imponernos. Sabemos que mantener nuestros cultivos ancestrales con nuestras semillas nativas podría enfriar la tierra si hubiera una voluntad política para defender los modos de vida que son el centro de esta agricultura, para seguir cultivando el maíz en la comunidad que llamamos milpa: diverso, generoso, alimento en convivencia con otros alimentos, con plantas que curan, con árboles que protegen, con animales que son nuestra fuerza. Para ello, es crucial que las comunidades tengan control territorial, autogobierno, autonomía. Debemos frenar el acaparamiento de tierras y la invasión de los territorios de las comunidades.

La defensa del maíz rebasa los culturalismos. Es la defensa misma de una opción de independencia material y política real de los pueblos frente al mercado y su amenaza de dominar eternamente. El maíz es sustento material y también fuerza identitaria y sagrada. Al contaminarlo con transgénicos, al desmantelar la economía maicera desde las políticas gubernamentales, al despreciar la milpa, se atenta contra un proceso inédito, específico en el mundo, la propuesta civilizatoria mesoamericana. El ataque al maíz y a los pueblos que lo hemos criado es un crimen contra uno de los pilares de la civilización. Al defender a los pueblos del maíz y el intercambio infinito de semillas campesinas, estamos defendiendo la supervivencia y las posibilidades de plenitud de la humanidad entera.

El maíz es nuestra sangre, nuestra carne,
nuestra madre, nuestro hijo,
es el que habla, ríe, se pone de pie y camina.
Poema náhuatl

http://www.jornada.unam.mx/2012/01/14/oja-maiz.html

VIII FORO MESOAMERICANO DE LOS PUEBLOS. Minatitlán, Veracruz, México

Reunidos los días 8,9 y 10 de Abril del 2011en este pueblo de Minatitlán, Veracruz, México en el corazón de la tierra olmeca, los representantes de organizaciones, comunidades, redes y movimientos de toda Mesoamerica emitimos la presente Declaratoria.

Los pueblos de Mesoamerica vivimos hoy una de las etapas más difíciles de nuestra ya larga historia ; los grandes megaproyectos como el Plan Puebla-Panamá ( hoy Proyecto Mesoamerica) y los Tratados de Libre Comercio sólo han traído más miseria y violencia para nuestras gentes. En nuestros territorios se vive  una nueva invasión. Millones de hogares mesoamericanos están hoy desgarrados por la pobreza y la migración y somos las mujeres las que sufrimos con mayor fuerza la discriminación y la violencia.

Los derechos de nuestros pueblos son pisoteados por oligarquías al servicio de las grandes corporaciones trasnacionales. La creciente militarización demuestra que la democracia en nuestros países es sólo una farsa. La persecución en contra de los hombres y mujeres que defienden sus derechos es una muestra más que quienes nos gobiernan son súbditos del gran capital y de sus proyectos de muerte.

Como resultado de la terrible desigualdad que existe en nuestros países, diariamente miles y miles de mesoamericanos dejamos nuestras casas, para viajar al Norte en busca de empleo. Los migrantes son objeto de gravísimas violaciones a sus derechos, a diario decenas mueren por accidentes, pero también por ataques y agresiones del crimen organizado y de la policía. Esta tragedia en buena parte es responsabilidad de los gobiernos y en particular del mexicano que le hace el trabajo sucio a los intereses norteamericanos

En los últimos años nuestros territorios han sido escenario de grandes siniestros, miles y miles han muerto o han perdido sus viviendas , animales y cultivos. El llamado Cambio Climatico producido por el ritmo enloquecido del modelo capitalista neoliberal afecta principalmente a los más pobres. La Madre Tierra viene sufriendo grandes daños y son las mismas empresas y gobiernos responsables de este desastre quienes promueven falsas soluciones, como el REDD que significa el despojo y la privatización de selvas y bosques muchas de ellas de propiedad inmemorial de los pueblos indios.

En nuestros países, son muchas las  familias que han  sido desplazadas de sus hogares, por la construcción de represas hidroeléctricas, carreteras y otros proyectos como los de ganadería extensiva. También son muchos los pobladores que han sido  desalojados de sus viviendas por proyectos de urbanización salvaje.

Las inversiones extranjeras apoyadas por los gobernantes de nuestros países están orientadas al saqueo de nuestros recursos naturales, hoy mismo el 14% del territorio mesoamericano ha sido concesionado a empresas mineras extranjeras principalmente canadienses, las cuales explotan brutalmente la fuerza de trabajo de nuestra gente, destruyen ríos, contaminan tierras y dividen comunidades. Los gobiernos de Norteamerica, Asia y Europa impulsan iniciativas de muerte disfrazadas de cooperación y a través del llamado Libre Comercio  sólo buscan favorecer los intereses de  las grandes empresas trasnacionales.

Los pueblos de Mesoamerica somos herederos de antiguas culturas, contamos con costumbres y conocimientos  milenarios y con una larga tradición de resistencia y lucha. En base a esta historia es que este Foro  condena  al Modelo Neoliberal el cual es  impulsado por los gobiernos y empresas trasnacionales; modelo  que sólo nos ha empobrecido y que ha dañado profundamente a nuestra Madre Tierra.

Es por ello que este VIII Foro Mesoamericano de los Pueblos ha tomado los siguientes acuerdos:

Luchar por la Soberanía Alimentaria, la defensa de nuestras semillas nativas y de los conocimientos tradicionales.

Impulsar la defensa de los Derechos Humanos, y en contra de la Militarización, la criminalización de la protesta. Exigimos cese el feminicidio y la discriminación hacia las mujeres y la  comunidad lésbico-gay.

Defender nuestras tierras y recursos naturales, enfrentando los proyectos hidroeléctricos, mineros,  turísticos, de ganadería extensiva, plantaciones forestales y de infraestructura. Lucharemos en contra del desplazamiento de población por parte de estos megaproyectos y de los desarrollos urbanos.

Movilizarnos en contra de la persecución que sufren los y las  jóvenes por el sólo hecho de ser jóvenes. Asimismo intensificaremos nuestra acción en contra de  las agresiones que sufren a diario los migrantes.

Rechazar el papel del Banco Mundial en el financiamiento de las falsas soluciones a la crisis climática. Que el desastre lo paguen quienes lo provocaron

Fortalecer la solidaridad entre nuestros pueblos en su lucha por transformar radicalmente esta realidad injusta y caminar juntos por la construcción de  sociedades equitativas, justas y libres.

Ante el gran reto que tenemos enfrente los pueblos de Mesoamerica se hace necesario que impulsemos  una nueva etapa de movilización conjunta, para lo cual  aportaremos nuestros esfuerzos para construir juntos y juntas un instrumento de coordinación y comunicación que nos permita movilizarnos  para derrotar al sistema capitalista, neoliberal y patriarcal.

Hoy nace en Minatitlán, un nuevo movimiento, el movimiento de los pueblos mesoamericanos. En el día que recordamos la muerte de Emiliano Zapata, nacemos con dignidad y coraje en este nuevo caminar, que es el caminar de nuestros antepasados y que será el caminar de nuestros hijos e hijas.

Basta ya de despojos, basta ya de miseria y atropellos, Es la hora de los Pueblos de Mesoamerica Libre

Minatitlán, Veracruz . a 10 de Abril del 2011
Organizaciones, Pueblos, Redes de Guatemala, México, Nicaragua, El Salvador, Panamá, Honduras y Costa Rica.

Declaration of Patihuitz. Indigenous Prespectives on Climate Crisis.

During the days April 2 and 3, 2011, more than 300 delegates of regional campesino and indigenous organizations gathered in the Forum: Indigenous and Campesino Prespectives on the Climate Crisis and the False Solutions, to dialogue and analyze the situation in which our communities are living right now. During these dialogues, the memory of our compañero Porfirio Encino was present among us; eight years after his passing, his acts and his thinking continue to live in our hearts.

Declaration of Patihuitz Indigenous and Campesino Prespectives on the Climate Crisis

During the days April 2 and 3, 2011, more than 300 delegates of regional campesino and indigenous organizations gathered in the Forum: Indigenous and Campesino Prespectives on the Climate Crisis and the False Solutions, to dialogue and analyze the situation in which our communities are living right now. During these dialogues, the memory of our compañero Porfirio Encino was present among us; eight years after his passing, his acts and his thinking continue to live in our hearts.

We came from different parts of the State of Chiapas to unite with our brothers and sisters from the jungle of Ocosingo; over the course of two days we shared the challenges that we see arising at the local, state, and national level.

Following our discussions, we conclude:

1. The peoples and communities of Chiapas reject policies that benefit only large national and international capital interests. These policies are manifestations of the neoliberal project that dominates the planet, and is provoking more poverty, marginalization, and exclusion of campesinos and indigenous peoples in Chiapas and around the world

2. The poorest of the poor find ourselves in a permanent crisis. In the world and in our country, we hear about the food crisis, the climate crisis, and the economic crisis. But in our communities we have a permanent crisis whose history is in the history of the Conquest and in the governments whose prime objective is the continual enrichment of the dominant class. Public money is used to enrich the political and economic classes of this country, with only crumbs given to the people through poverty alleviation programs, which, themselves, are a business for corrupt bureaucrats and service providers. These programs do not address the root causes of poverty.

3. As indigenous and peasant communities we are being denied the responsibility of feeding our people. Now, it is the transnational corporations that produce, distribute, and commercialize food, and who also want to appropriate the seeds that we’ve developed and improved over the course of thousands of years. The government would prefer that our communities be fed by foreigners, rather than desiging and promoting public policies that support the production, distribution, and sale of food from our own communities, which would simultaneously serve to strengthen peasant and indigenous agricultural production.

4. The current food crisis also signifies an increase in the price of food, which means that every day we have less economic capacity to purchase basic staples. In indigenous and campesino communities, access to food is made even more difficult due to our low levels of income and because the marginalization we suffer makes price increases that much more difficult to bear. For this reason, it is necessary that we be able to continue producing our own food and that small-scale agriculture be recognized as the most viable method for food production and for cooling the planet.

5. Our lands and territories are at risk. The conservation programs that are being implemented today have as their primary goal the transformation of our natural resources into commodities.

6. We express our urgent concern about disinformation regarding the REDD Program as it is being implemented in the Lacandón Jungle. We consider that in the medium and long term it will not benefit the peoples and communities that live here, but that it will benefit the transnational corporations that stand to make huge profits from the carbon market. It will generate the privatization of forests, the expulsion of communities, and increasing financial speculation. Carbon markets are one of the false solutions to global warming being promoted by transnational corporations and governments.

7. In Chiapas, the operation of REDD has already begun stimulating landgrabs from pueblos and communities. Three facts confirm this: 1) the agreement signed between the government of California, USA (the most polluting state in the world) and the government of Chiapas for the sale of carbon credits; 2) the decree of the Law for Adaptation and Mitigation of Climate Change in the State of Chiapas on December 7, 2010, and 3) the signing of the Pact for Respect and Conservation of the Lacandón Jungle in December of 2010 to give economic support to the landholders of the Lacandon community to preserve the jungle and allow the sale of carbon credits to the government of California.

8. Global warming will not be solved by the privatization of natural resources. Its root causes can be traced to current models of production, distribution, consumption, and commerce, which are based in the concentration of capital (more wealth for the few); massive consumption of fossil fuels (oil); overproduction and free trade. All of these are characteristics of transnational capital, which is seeking to continue expanding its dominance over the entire planet.

In these moments, in which peoples and communites, and specifically the Lacandón jungle, are subject to the multiple pressures of landgrabs, incomplete processes of agrarian reform, extreme poverty and conflict over natural resources, indigenous and campesino organizations manifest that:

1. We need access to adequate information in order to decide how to best confront global warming. The Federal and State governments give priority to solutions proposed by transnational coprorations and international governments, rather than hearing the demands voiced by campesinos and indigenous peoples.

2. The REDD program is not a solution to global warming. Its objective is the privatization of carbon, land, air, seeds, water and other resources. Its final objective is that industrialzed countries “buy” the right to pollute, at the cost of the lands, territories, and natural resources of the indigenous peoples and peasant farmers.

3. We demand that conservation programs must be sustained by the vision and practice of indigenous and campesino communities. We are convinced that smallholder peasant farming and community forestry can cool the planet.

4. The production of food is a family and community obligation. The policies of the Federal and State governments should be oriented toward the food sovereignty of our peoples. We close the door to the transnationals.

5. Those of us in this Forum value sustainable peasant agriculture. For this reason we insist that it is the solution to both the food crisis and the crisis of global warming that we are suffering today.

6. We demand that primary and secondary education take into account ecological perspectives on global warming, and the solutions proposed by our peoples. But it is also important that we design and implement our own programs of environmental education, in ways that are autonomous and in solidarity with civil society organizations whose ethic is to accompany popular struggles. We reject those who join our work in order to attempt to discredit us later.

7. As peoples and communities we take the conservation of natural resources into our own hands. We will be fomenting new forms of organization for action and protest to make our initiatives and our proposals heard.

8. We are moving toward a constant mobilization to awaken the consciousness of our compañeros and compañeras throughout the region. We need to generate more information in our communities, aware of the fact that television and the press are all in the pocket of the government, and always speak in the government’s favor. We are aware that the reality behind what the media portrays, is other.

9. We promote the defense of our native seeds, which is necessary to recuperate and restore our agrarian history, in order to improve our crops. We resist the privatization of seeds by interests such as Monsanto.

10. We will implement community laws to procure the conservation of natural resources and the establishment of agroecology for food production.

11. We call for an immediate halt to the theft of lands, territories, and natural resources in the Lacandón Jungle. Respect for the word and the life of those who live here.

12. We reject the rights recently approved by the Congress, which puts our lands and our indigenous and campesino territories at risk. No to the sale of land in our communities! We defend our right to live.

13. This Forum appreciates the message sent by the compañeros of the Global Justice Ecology Project of California and Vermont in the United States of America. In the same sense, we are committed to strengthening and linking our struggles in order to achieve climate justice.

14. We offer our solidarity to the Tzeltal educational project of Guaquitepec in the municipality of Chilón, promoted by Patronato Pro educación Mexicano AC. We denounce the government’s contribution to the theft of lands by those who have appropriated the social and educational infrastructure of indigenous education.

15. From Patihuitz Ocosingo, we send our voice in solidarity with the 35 families of the OCEZ-CNPA-MLN in the municipality of Chicomuselo, who suffered the burning of their houses and the theft of their belongings. We demand punishment of those responsible, whoever they may be.

16. We call for the unity of all peoples and indigenous and campesino communities, and for all of our organizations to defend our lands, our territories, and our natural resources. We call for a struggle in defense of life.

Walk without hurry, but with meaning and with conviction.

Porfirio Encino Hernández

Sincerely

Comisión Ejecutiva Nacional

UNORCA

Comisión Ejecutiva Estatal

UNORCA

Coalición de Organizaciones Autónomas de Ocosingo (COAO Ocosingo)

ARIC Independiente y Democrática

Coordinación Región Avellanal

Coordinación Región Patihuitz

Coordinación Región Agua Azul

Coordinación Región Amador Hernández

ARIC Unión de Uniones

Coordinación Región Patihuitz

Coordinación Región Batzil Winiketie

Yachil Atel

Organización Regional de Cafeticultores de Ocosingo (ORCAO)

ALIADOS AC

Unión Democrático del Pueblo (UDP)

Patronato Pro-Educación Mexicana AC

Patihuitz, Ocosingo, Chiapas. April 3, 2011

Mundo: La lenta muerte por créditos de carbono.

– Los pueblos indígenas pueden sufrir de planes de compensación de contaminación.

Por Dennis Martínez*

12 de enero, 2010.- Olvídense de cualquier interpretación manipulativa. Al final, la reciente reunión de las Naciones Unidas sobre el cambio climático en Cancún repitió el fracaso de Copenhague en 2009. Una vez más, las economías industriales del mundo se negaron a fijar nuevas reducciones obligatorias de las emisiones de gases de efecto invernadero, a pesar de las serias advertencias de los científicos. En cambio, los delegados vagamente prometieron dinero de nuevo para la adaptación y mitigación climática: esta vez, treinta mil millones de dólares a los países en desarrollo para el año 2012 y cien mil millones de dólares más para el año 2020.

Una vez más, parece que los países industrializados han prometido gran parte de este dinero en una medida de rescate denominada «REDD» o Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Forestal en Países en Desarrollo.

Establecida por los países ricos, los inversionistas riesgosos, el Banco Mundial y las Naciones Unidas, REDD pagaría por el carbono absorbido en los países en desarrollo para compensar la contaminación causada por los países industrializados.

La iniciativa permitiría que los contaminadores compraran créditos de carbono de las empresas, comunidades, organizaciones no gubernamentales o países que prometen no destruir los bosques durante un período específico. Según los contaminadores, separar el dinero para la absorción de carbono en un bosque de REDD es mucho menos costoso que reducir las emisiones de los tubos de escape o chimeneas.

Pero incluso si funciona, lo cual constituye un punto de disputa, esta compensación de emisiones de carbono simplemente pospone cualquier intento de romper la dependencia en la economía de los combustibles fósiles.

Quizás las personas menos impresionadas por esta medida a medias sean las que necesitan con más urgencia una solución a los trastornos climáticos. Desde la cuenca del Amazonas hasta las sabanas de África, los pueblos indígenas tradicionales dependen directamente de su medio ambiente local para su subsistencia. Por esta razón, son los más vulnerables al cambio climático. En Cancún, los líderes indígenas vieron nuevamente como los tecnócratas REDD intentaron «salvar» sus bosques como sumideros globales de carbono, en lugar de reducir las emisiones de sus propios países.

REDD puede apuntar precisamente a los bosques tropicales porque las comunidades indígenas los han conservado cuidadosamente durante miles de años. Sin embargo, la iniciativa parece tener poca utilidad para los mismos habitantes de los bosques. Las conversaciones sobre el clima de las Naciones Unidas relegan a los pueblos indígenas al estatus de «observador». Al menos ocho planes nacionales de REDD financiados por el Banco Mundial permitirían prohibir el tipo de agricultura a pequeña escala basada en la biodiversidad que es practicada por muchos pueblos indígenas y es erróneamente denominada «tala y quema».

Al mismo tiempo, por lo menos diecinueve de los planes explícitamente contienen disposiciones para las plantaciones de árboles, que desplazan a los habitantes del bosque, degradan la biodiversidad y constituyen un alto riesgo de incendio. Las plantaciones se toleran bajo la definición de bosques de las Naciones Unidas. Éstas satisfacen a los inversionistas de carbono que prefieren la medición precisa y la previsibilidad, no los desordenados hábitats forestales ricos en biodiversidad.

Esta mentalidad inspira lo que los críticos llaman fortress conservation [conservación de fortaleza]: las organizaciones no gubernamentales y las autoridades nacionales cercan la tierra para proteger a las especies y establecer proyectos de compensación de emisiones de carbono. Así expulsan a los administradores indígenas de sus bosques, quienes llegan a ser «refugiados de conservación». John Nelson, asesor en política para África del Programa para los Pueblos de los Bosques (FPP), estima que alrededor de ciento cincuenta mil a dos cientos mil personas en la cuenca del Congo han sufrido este destino.

«Imagínese despertar un día —él comenta— para encontrar una frontera fuera de su pueblo, con guardias paramilitares armados que le dicen que no se puede entrar al bosque». Si la gente no puede entrar, no pueden enseñar a sus hijos a vivir en las formas tradicionales, y estas formas tradicionales, con todo lo que tienen que enseñar al mundo en general sobre el almacenamiento de carbono y la reparación de los ecosistemas forestales, se perderán. «¡Las políticas de mitigación de los países desarrollados —dijo Ramiro Batzin, un maya kaqchikel de Guatemala, recientemente al Banco Mundial— nos van a matar antes del cambio climático!».

A pesar de su larga residencia en los bosques, muchos pueblos indígenas han luchado durante décadas para establecer la propiedad legal de la tierra. Pero nada en Cancún requirió que los programas de REDD establecieran o garantizaran esos derechos u obtuvieran consentimiento genuino para los proyectos en las comunidades indígenas.

Este descuido, y la conservación de fortaleza que éste permite, no es sólo una injusticia, sino también una oportunidad perdida. Los estudios han demostrado que el manejo tradicional de la tierra, cuando el título de propiedad está asegurado, hace que el carbono se absorba de manera mucho más eficaz y barata que los esfuerzos convencionales favorecidos por REDD.

Los emberá de Panamá, al igual que los ogiek de Kenya, han sido los administradores de la tierra por milenios. Pero en el mejor de los casos, REDD les prometerían una compensación, además de una dependencia dudosa en una economía monetaria, que tiende a erosionar la cultura tradicional. Sobre todo en una época de caos climático, la erosión de dicha administración es inaceptable. Y en cualquier caso, nadie debe confundir la iniciativa con una solución real a un clima cambiante. Tal como en el caso de Kioto, la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero también será la solución real a finales de este año en Durban.

Dennis Martínez, es especialista indígena de los Estados Unidos en la restauración de bosques, forma parte del comité directivo de la Iniciativa Indígena de Evaluaciones Bioculturales sobre Cambio Climático (IPCCA). Laird Townsend de la organización de medios de comunicación sin fines de lucro, Word Project, un proyecto del Centro Tides, contribuyó a este artículo.

Traducción al español para Servindi por Sylvia Fisher

http://www.servindi.org/actualidad/38570?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Servindi+%28Servicio+de+Informaci%C3%B3n+Indigena%29

World: Slow Death by Carbon Credits.

Indigenous peoples can suffer from pollution compensation plan

By Dennis Martinez*

Forget any spin. In the end, the recent UN gathering on climate change in Cancún repeated Copenhagen’s failure in 2009. Again, the world’s industrial economies refused to set new binding reductions in greenhouse gas emissions, despite dire warnings by scientists. Instead, delegates again vaguely promised money for climate adaptation and mitigation: this time $30 billion to the developing world by 2012, and $100 billion more by 2020.

Once more, the industrialized countries appear to have pledged much of this money in a salvage measure dubbed “REDD” – Reduced Emissions from Deforestation and Forest Degradation in Developing Countries.

Established by wealthy nations, venture capitalists, the World Bank, and the United Nations, REDD would pay for the carbon absorbed in developing countries, to compensate for pollution caused by industrialized countries.

The initiative would allow polluters to buy carbon credits from companies, communities, non-government organizations, or countries that promise not to destroy forests for a specific period. To polluters, setting aside money for carbon absorption in a REDD forest is far less costly than reducing emissions at tailpipes or smokestacks.

But even if it works – itself a point of contention – this carbon-offsetting simply postpones any weaning off the fossil-fuel economy.

Perhaps the people least impressed by this half-measure are the ones who most urgently need a solution to climate disruption. From the Amazon basin to the African savannahs, traditional indigenous peoples depend directly on their local environment for sustenance, and so they are the most vulnerable to climate change. At Cancún, indigenous leaders again watched as REDD technocrats tried to “save” their territorial forests as global carbon sinks, instead of cutting their own countries’ emissions.

REDD can target the tropical forests exactly because indigenous communities have carefully preserved them for many thousands of years. But the initiative seems to have little use for the forest inhabitants themselves. The UN climate talks relegate indigenous peoples to “observer” status. At least eight national REDD plans funded by the World Bank would allow bans on the kind of small-scale, biodiverse farming that is practiced by many indigenous peoples and is misnamed “slash and burn.” At the same time, at least 19 of the plans explicitly contain provisions for tree plantations, which displace forest dwellers, degrade biodiversity, and cause high fire risk. Plantations are tolerated under the United Nations’ definition of forests. They satisfy carbon investors who like precise measurement and predictability – not messy, biodiverse forest habitat.

This mentality inspires what critics call “fortress conservation”: non-government organizations and national authorities cordon off land to protect species and institute carbon-offset projects, driving out of their forests the indigenous stewards, who become “conservation refugees.” John Nelson, Africa policy adviser for the Forest Peoples Program, estimates that some 150,000 to 200,000 people in the Congo basin alone have suffered this fate.

“Imagine waking up one day,” he says, “to find a boundary outside your village – with armed paramilitary guards telling you that you cannot enter the forest.” If people cannot go there, they cannot teach their children how to live in the traditional ways, and these ways, with all they might have to teach the larger world about storing carbon and repairing forest ecosystems, will be lost. “Mitigation policies of the developed world,” Ramiro Batzin, a Keqchikel Maya from Guatemala, recently told the World Bank, “will kill us before climate change does!”

Despite their long residence in the forests, many indigenous peoples have fought for decades to establish legal title to the land. But nothing at Cancún required REDD programs to establish or secure those rights, or to obtain genuine consent for projects in indigenous communities.

This neglect, and the fortress conservation it allows, is not only an injustice but also a missed opportunity. Studies have shown that traditional land management, when title is secured, sinks carbon far more effectively and cheaply than conventional efforts favored by REDD.

The Emberá of Panama, like the Ogiek of Kenya, have been the stewards of the land for millennia. But at best REDD would promise them compensation – and a dubious dependence on a cash economy, which tends to erode traditional culture. Especially in an age of climate chaos, the erosion of such stewardship is unacceptable. And in any case, nobody should mistake the initiative for a real solution to a changing climate. That remains what it was in Kyoto, and what it will be later this year in Durban: cut greenhouse gas emissions.

* Dennis Martinez, a Native American forest-restoration specialist, is on the steering committee of the Indigenous Peoples’ Biocultural Climate Change Assessment Initiative. Laird Townsend of the non-profit media organization Project Word, a project of the Tides Center, contributed to this article.

http://www.servindi.org/actualidad/38573?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Servindi+%28Servicio+de+Informaci%C3%B3n+Indigena%29

Via Campesina: La CBD no paró la comercialización de la biodiversidad.

(Yakarta, el 12 de noviembre 2010) Las delegadas y los delegados de La Via Campesina que asistieron a la conferencia del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD) en Nagoya del 19 al 29 de octubre de 2010 lamentan que la conferencia no lograra alcanzar una decisión radical para parar la comercialización y destrucción en masa de la biodiversidad.

A pesar de las decisiones positivas para imponer una moratoria en la geoingeniería y para conservar la moratoria de la tecnología Terminator, la conferencia no logró tomar las medidas decisivas necesarias para parar la pérdida de biodiversidad que amenaza nuestra supervivencia.

La Via Campesina celebra la moratoria en la geoingeniería puesto que se considera a esta tecnología una propuesta falsa y perjudicial para revertir el cambio climático. No cuenta con el potencial, tal y como se ha afirmado, para reducir la producción de emisiones de gases de efecto invernadero. Al contrario, modificar la superficie terrestre, los océanos y la atmósfera de esta manera probablemente tendrá efectos devastadores en la biodiversidad. Animamos a los delegados y delegadas de las próximas negociaciones sobre cambio climático COP16 de Cancún para finales de este año a que apoyen la moratoria impuesta en Nagoya.

Sin embargo, a pesar de estos pasos positivos, el CBD no logró rechazar varias iniciativas que amenazan en la actualidad la biodiversidad en nombre de la nueva “economía ecológica”. La economía de los ecosistemas y la biodiversidad (TEEB por sus siglas en inglés), que promociona la comercialización de la biodiversidad al asignarle un valor económico, vivió una gran oposición por parte de algunas delegaciones como Bolivia. No obstante, a pesar de que algunas propuestas específicas no se adoptaron, el CBD decidió seguir desarrollando los aspectos económicos de los servicios del ecosistema al crear el TEEB. El CBD busca incluso una cooperación en este asunto con otras organizaciones de las Naciones Unidas y el Banco Mundial; un desarrollo muy negativo al que La Via Campesina se opone férreamente.

Es más, en Nagoya, los gobiernos de Australia, Canadá, Finlandia, Francia, Alemania, Japón, Noruega, Suecia, Suiza, el Reino Unido y los Estados Unidos de América prometieron dar apoyo a los costes operativos del REDD+ (la reducción de las emisiones de la deforestación y la degradación de los bosques), negociado en COP15. Este mecanismo permite que los países desarrollados sigan contaminando al pagar a los países en desarrollo para que capturen carbono en proyectos como las plantaciones monocultivo. Las iniciativas del REDD+, que los movimientos de agricultores rechazan abiertamente, componen la tendencia a la “apropiación de tierras” en el sur del globo, que expulsa a los agricultores de sus tierras por el interés de los agronegocios.

Según Guy Kastler de La Via Campesina «En Nagoya vimos claramente que el consentimiento previo de las comunidades ante los acuerdos de acceso y participación en los beneficios (ABS por sus siglas en inglés) no funcionará porque los tenedores de las patentes rechazan divulgar las fuentes de sus “invenciones”. A las poblaciones locales les resulta imposible reclamar cualesquiera beneficios por las plantas y los conocimientos que han cultivado durante siglos. Está claro que se precisan otros mecanismos».

El objetivo de Aichi, que se propuso en Nagoya como medio para limitar la pérdida de biodiversidad en las áreas protegidas, dista mucho de ser satisfactorio. La creación de las áreas protegidas se ha usado en el pasado para desahuciar a los agricultores y la población indígena de sus tierras cuando son precisamente ellos los que defienden la diversidad en primer lugar.

La delegación de La Via Campesina observó durante la COP10 del CBD que la organización no reconocía claramente el papel de los pequeños agricultores y la población indígena como principales defensores de la biodiversidad. Los intereses de las empresas transnacionales, que pudieron financiar un elevado número de grupos de presión, se han acomodado mucho más que los derechos de estos defensores inherentes de la biodiversidad global. Mientras que varios gobiernos occidentales enviaron a grupos de presión de las empresas transnacionales para negociar en su nombre, no enviaron ni tan siquiera a una persona indígena o un agricultor. El gobierno francés, por ejemplo, incluyó en su delegación oficial a representantes de la industria de las semillas mientras que la delegación brasileña incluyó a grupos de presión de la industria petrolífera.

Coleen Ross, del Sindicato Nacional de Agricultores de Canadá, afirmó lo siguiente: «La biodiversidad es vida. Allá donde se destruya la biodiversidad, la vida humana estará en peligro. Las soluciones a largo plazo ante la dramática pérdida de biodiversidad estarán, en última instancia, en las manos de los pequeños agricultores y la población indígena y no en la comercialización de la biodiversidad que es la que la destruyó en primer lugar». Por tanto, es crucial que se rechacen todas las soluciones de mercado y se reconozca y apoye a la agricultura sostenible de las explotaciones agrícolas familiares y a la población indígena para mantener la biodiversidad global.

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