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La publicación de estudios científicos, bajo escrutinio.

Probablemente es del conocimiento de nuestros lectores la existencia de un estudio científico realizado por un grupo de investigadores franceses, liderado por el profesor Gilles-Eric Séralini. Dicho estudio fue publicado en septiembre de 2012 en la importante revista científica internacional ‘Food and Chemical Toxicology’ (FCT).

El estudio publicado en FCT ha sido el experimento de mayor duración realizado (2 años) sobre el efecto del herbicida ‘Roundup’ y el maíz transgénico NK603 -modificado para tolerar dicho herbicida- ambos productos de la compañía transnacional Monsanto. Dicho estudio fue realizado en ratas y en él se reportó una mayor incidencia de afectaciones en el hígado, riñones, aparición de más tumores y a edad más temprana, así como la muerte prematura de algunos ejemplares alimentados con maíz transgénico y el mencionado herbicida. Sobra decir que la investigación generó una gran polémica en el mundo científico, en la industria agroalimentaria, y en general en los consumidores.

A finales del mes de noviembre, se dio a conocer la noticia de que la revista que había publicado el estudio del Dr Séralini y colaboradores retiraban (retractamiento) la publicación de este estudio de la revista FCT por razones que, de acuerdo a la opinión de científicos críticos, carece de fundamentos científicos, son inéticas e incluso ilegales, y de ser un ataque a la ciencia independiente, además de poner nuevamente bajo los reflectores el control que corporaciones transnacionales, en este caso semilleras, podrían ejercer en el mundo científico, desde universidades públicas hasta la publicación de estudios críticos.

En un comunicado, el Dr Wallace Hayes -editor en jefe de la revista FCT- menciona que después de realizar nuevamente un estudio ‘exhaustivo’ de los resultados de Séralini, no se ha encontrado ninguna evidencia de fraude o manipulación intencional de los datos generados durante el estudio. Sin embargo, menciona solamente una razón para retractar el estudio: ‘los resultados, aunque no son incorrectos, no son concluyentes’. Hayes menciona que los resultados no son concluyentes por el reducido número de animales usado para el estudio y particularmente por la variedad de ratas utilizadas para dicho estudio (la variedad Sprague-Dawley).

Debe mencionarse también que originalmente el estudio de Séralini fue publicado en 2012 en FCT después de ser revisado por 5 árbitros científicos (referees) cuando normalmente los estudios son revisados por 2 o 3.

Vale la pena analizar con mayor profundidad algunos de los argumentes presentados por ‘Food and Chemical Toxicology’ para retractar el estudio de Séralini.

La variedad de ratas Sprague-Dawley utilizadas en el estudio del grupo francés son las más comúnmente usadas para estudios toxicológicos, además, en este tipo de estudios es aceptable usar 10 animales por grupo, mientras que para estudios sobre cáncer se recomienda un número mayor de individuos debido a que esta enfermedad es menos común y probablemente más difícil de detectar, así al aumentar el número de individuos evaluados, se disminuye la posibilidad de detectar falsos negativos. Con respecto a la aparición de tumores, esta variedad de ratas desarrollan tumoraciones espontáneamente, por lo que un aumento en la incidencia es indicativa de efectos provocados por el tratamiento experimental, es por esto que dicha variedad de ratas es usada en estudios toxicológicos. La misma variedad de ratas fueron utilizadas en estudios científicos de otros grupos y que finalmente fueron publicados en FCT en los años 2007, 2005, 2002, 1997.

Inevitablemente llama la atención el hecho de que por lo menos un estudio que propone la inocuidad del maíz transgénico, publicado en FCT no generó mayor debate, ni llamó tanto la atención, ni fue sujeto de un estudio tan ‘exhaustivo’ por parte de los editores de la revista, aunque se trataba de estudios de la inocuidad de maíz transgénico en ratas (¡la misma variedad de ratas usadas en el estudio de Séralini!). Uno de estos estudios fue usado como argumento para que Monsanto obtuviera una autorización para su maíz modificado (Hammond, B.G., Dudek, R., Lemen, J.K., Nemeth, M.A., 2006b. Results of a 90-day safety assurance study with rats fed grain from corn borer-protected corn. Food Chem Toxicol 44, 1092-1099).

El factor Goodman

Otro hecho que levanta sospecha sobre los motivos para el retractamiento del estudio de Séralini es que Richard E. Goodman, antiguo profesor del Programa de Investigación en alergias alimentarias de la Universidad de Nebraska, y también ex empleado de Monsanto entre 1997 y 2004 -con quien publicó estudios sobre la alergenicidad de los cultivos transgénicos-, fuera contratado a principios de 2013 como ‘Editor asociado en Biotecnología’ por la revista FCT, aunque esta ya contaba con la asesoría experta del Dr José L. Domingo, profesor de Toxicología y Salud Ambiental. No hay pruebas de que el Dr Goodman tenga responsabilidad en el proceso que retiró el estudio del Dr Séralini de FCT, pero llama la atención el hecho de su contrato con la revista poco tiempo después de la publicación del estudio de Séralini y pone alertas ante la potencial influencia de las corporaciones sobre las juntas editoriales de revistas científicas.

La falta de conclusiones definitivas no es un fundamento para retirar un artículo científico ya publicado. El obtener conclusiones definitivas de una investigación científica es un hecho más bien raro, y por lo mismo, la decisión sobre la definitividad de las conclusiones de un estudio científico no debería estar limitada a un editor o grupo editorial. De hecho, el avance de la ciencia se nutre de los nuevos cuestionamientos que surgen a partir de investigaciones científicas previas. De ahí que deban promoverse y financiarse investigaciones serias, críticas e independientes para sumar argumentos al debate, en este caso, de los cultivos transgénicos. Quedan las preguntas: ¿Qué propósito o sentido tendrá el proceso de revisión rigurosa, científica y arbitrada en el contexto de que se haya retractado un estudio ya publicado? ¿Qué sucederá si en estudios futuros se confirman los resultados encontrados por Séralini?

Dado que actualmente se pregona que la ciencia puede ser una herramienta que ayude a resolver los problemas por los que atravesamos, la sociedad debe estar atenta a las investigaciones científicas que se realizan tanto en nuestro país como a nivel mundial y que muchas veces se autoproclaman como avances para la humanidad.

Un punto muy importante a considerar es que hasta ahora las publicaciones derivadas de investigaciones científicas hechas en México son realizadas mayormente en instituciones públicas, a partir de los presupuestos otorgados por el gobierno, que a su vez provienen de los impuestos que pagan las y los ciudadanos. Tenemos el derecho de saber qué investigación científica se hace, y los resultados de ésta. Estemos atentos.

http://pagina3.mx/al-grano/12511-la-publicacion-de-estudios-cientificos-bajo-escrutinio.html

Las plantas transgénicas producen proteínas distintas a lo que era de esperar: Dr. Thierry Vrain.

El Dr. Thierry Vrain, exbiólogo del suelo y científico genético, trabajó en el Ministerio de Agricultura de Canadá durante 30 años. Fue designado portavoz de seguridad de los cultivos transgénicos. Desde que se retiró hace 10 años, después de reconocer las pruebas científicas que antes ignoraban los promotores de la Industria Biotecnológica y las Agencias de regulación del Gobierno, el Dr. Vrain ha cambiado su posición y ahora advierte de los peligros de los transgénicos.

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Tsiporah Grignon: ¿ Se produjo algún acontecimiento crucial para que cambiase su posición sobre los transgénicos?

Dr. Thierry Vrain: Como científico que trabajaba para el Gobierno, yo no cuestionaba el status quo ni los dogmas. Hacía mi trabajo y fui la persona designada por el Instituto para tranquilizar al público, de modo que estaba muy ocupado. Cuando me jubilé, mi esposa y yo comenzamos a cultivar una granja ecológica, y fue cuando empecé a descubrir nuevas cosas sobre la biología del suelo, algo que nunca me habían enseñado en la escuela de posgrado. Al no estar en nómina, pude leer diferentes fuentes y mirar la Ingeniería Genética desde otro punto de vista. Así fue como me di cuenta de que los transgénicos no eran ni perfectos ni pintaban un mundo de color rosa.

Tsiporah Grignon: Es asombroso que la gente no cuestione la idea de alterar el ADN. Cuando Monsanto y otras empresas afirman que un organismo modificado genéticamente es sustancialmente equivalente a las planta convencional, no dejo de pensar en lo ilógico de esto, porque cuando se altera el ADN, la planta entera se altera. No es lo mismo, y ciertamente no es algo natural.

Dr. Thierry Vrain: Eso depende de su visión del mundo. Como científico, cuando se añade el gen de una bacteria a una planta o un gen vegetal a un pez, o un gen humano al maíz, o se cultivan 10.000 hectáreas de maíz para producir insulina, lo considero un progreso. Así que si una planta tiene un gen bacteriano, todavía se parece mucho a una planta de tomate. Mucho se podría decir sobre el sabor de ese tomate, pero es fácil creer en la equivalencia sustancial.

Tsiporah Grignon: ¿Qué piensa de las afirmaciones de la Industria Biotecnológica al decir que tiene respuesta a la alimentación en el mundo, con el aumento del rendimiento de los cultivos y la disminución en el uso de pesticidas y herbicidas, y la disminución en los costes?

Dr. Thierry Vrain: Charles Benbrook ( Corrección de GMWatch: debe referirse al Dr. Doug Gurian-Sherman), jefe de la Unión de Científicos Preocupados de California, que elaboró las estadísticas de la USDA para comprobar el aumento de los rendimientos, y descubrió que no hay aumento en el rendimiento, y de hecho, hay una ligera disminución, ya que algunos cultivos transgénicos no son tan buenos como los cultivos convencionales. El uso de herbicidas está aumentando. Los agricultores también están preocupados por la aparición de malezas resistentes a esta tecnología. Los herbicidas usados en los cultivos transgénicos resultan inútiles cuando las malas hierbas se vuelven resistentes. Esto ya fue predicho hace 25 años. Lo mismo ocurrió con la resistencia de los insectos. […] Ahora se anima a los agricultores a rociar insecticidas en los cultivos BT para que los insectos no se hagan resistentes a la tecnología de la Ingeniería Genética… ¡Es una locura!

Tsiporah Grignon: Como biólogo del suelo, ¿cuáles son los efectos de los cultivos transgénicos en el suelo?

Dr. Thierry Vrain: Roundup (el herbicida de Monsanto) es un quelante, de modo que retiene el manganeso, el magnesio y algunos otras minerales, así que la planta, básicamente, se muere de hambre. Es posible que también se las prive de otras sustancias necesarias, pero no creo que esté documentado.

Tsiporah Grignon: ¿Ha leído la investigación del Prof. Huber sobre el glifosato, el principal ingrediente activo del herbicida Roundup de Monsanto?

Dr. Thierry Vrain: Don Huber estudió el efecto de Roundup en la disminución de los nutrientes en la planta. Pasé un tiempo con él hace dos años, así que estoy bastante familiarizado con lo que ha escrito. Es interesante constatar el efecto de la planta modificada genéticamente en el suelo. La planta modificada genéticamente es una planta con un nuevo gen que se ha insertado en algún lugar y por lo general con un gen que la dota de un nuevo rasgo, por ejemplo, un gen bacteriano que produce una proteína que mata a las orugas. Pero se trata de un proceso aleatorio. Usted necesita una forma de insertar ese gen en la planta. Y hasta hace poco, la manera de hacerlo era insertar otro gen, un gen resistente a los antibióticos, por lo general genes bacterianos. Y ese gen de resistencia a los antibióticos se encuentra en el genoma, por tanto en las raíces, de modo que puede ir al suelo, y ser recogido por la bacterias del suelo. Hay una publicación en China, de la Universidad de Sichuan, en la que los investigadores demuestran que todos los ríos de donde se cogió agua contenían genes de resistencia a los antibióticos, que con toda probabilidad provenían de las plantas transgénicas cercanas.

Tsiporah Grignon: ¿Qué descubrió el Proyecto del Genoma Humano?

Dr. Thierry Vrai: En todas las células de todos los organismos vivos se encuentran los tres principales tipos de moléculas: hidratos de carbono, que se producen por fotosíntesis en las plantas gracias a la radiación solar, los lípidos y las proteínas. Los hidratos de carbono y los lípidos no se mueven, sino que se asientan en un lugar. Las proteínas hacen el trabajo porque se desplazan. Cada molécula de proteína se puede mover, y de ese movimiento se puede obtener algo. Esa molécula puede provocar una reacción en otras moléculas y afectar a la célula. Eso es lo que hacen las proteínas. Las proteínas son las que dan vida, porque la vida es movimiento. Así que cuando se quiere diseñar una planta, lo que realmente se está haciendo es Ingeniería de una proteína, para que esa proteína haga algo nuevo en la planta, tales como la resistencia a herbicidas o a los insectos.

El Proyecto Genoma Humano finalizó en 2002. Se tardaron 10 años en obtener la secuencia de todo el genoma de una persona. Todo el genoma está descifrado. Fue algo muy importante, ya que las funcionen del cuerpo humano son mantenidas por cerca de 100.000 proteínas. Ya se conocía desde la década de 1940 que el ADN sintetiza proteínas, y la hipótesis de esa década era que cada gen sintetizaba una determinada proteína. Así que si tenemos 100.000 proteínas en nuestro cuerpo, deberíamos tener 100.000 genes o más. Pero cuando se completó el Proyecto del Genoma Humano, nos dimos cuenta de que sólo teníamos 20.000 genes en nuestro cuerpo. ¿Y 20.000 genes pueden producir 100.000 proteínas? Las matemáticas no cuadran y eso es a lo que me refiero. De hecho, en 2002, el dogma de una gen una proteína se terminó, y se vio que las cosas no funcionan de esa manera.

Lo que hemos descubierto es que el genoma de cualquier organismo vivo es un ecosistema mucho más complejo, en el que el 95% del ADN regular el otro 5% que codifica las proteínas. El resto no tenemos ni idea de cómo funciona. Cuando estaba en la Universidad, y cuando más tarde fui Ingeniero Genético, se le denominó ADN basura. Cuando un Ingeniero Genético pone un gen extraño en una planta, ese gen va a producir una proteína, gen que puede ir a cualquier parte de la planta, ya que no hay control sobre ello. Puede ir a cualquier parte del genoma, a cualquier parte del cromosoma. Y ese gen está ahora bajo una secuencia reguladora que no estaba regulada naturalmente con anterioridad.

Hay un buen número de estudios que muestran ahora que las plantas transgénicas producen unas proteínas que son muy diferentes de las proteínas que se esperaban, llamadas proteínas anormales. Esas proteínas pueden funcionar como proteínas que matan las orugas, por ejemplo, pero puede que no. Son proteínas diferentes, y esas diferencias no se han estudiado. El dogma sería: usted inserta un gen y obtiene la proteína que desea. Tanto es así, que las agencias de regulación, cuando quieren poner a prueba la seguridad de los cultivos transgénicos, todo lo que necesitan es mostrar que la proteína que se insertó en la planta es segura, pero no prueban la nueva proteína que en realidad se ha creado en la planta.

Tsiporah Grignon: Entonces, estas secuencias no deseadas ni siquiera se observan, se ignoran por completo.

Dr. Thierry Vrain: Totalmente.

Tsiporah Grignon: Entonces, ¿cómo se puede decir que los transgénicos son seguros?

Dr. Thierry Vrain: Antes de que finalizase el Proyecto Genoma Humano, un gen una proteína, esa era la teoría. Los científicos pensaban que simplemente se cogía un gen de una bacteria y se ponía en otra bacteria, y así se obtenía la proteína deseada. De ahí que se considerase sustancialmente equivalente.

Tsiporah Grignon: ¿Se han ignorado los resultados del Proyecto Genoma Humano?

Dr. Thierry Vrain: Creo que las consecuencias del Proyecto Genoma Humano son convenientemente ignoradas. Tan pronto como se empiece a cuestionar esto, que puede haber más proteínas en la planta que las deseadas, usted coge los reglamentos de la FDA, que son muy claros: si usted pone en el mercado algo que no es sustancialmente equivalente, algo que es diferente, algo que tiene una nueva proteína o proteínas algo diferentes, o los nutrientes son diferentes, entonces de modo automático se deben hacer estudios. Desde 1996, ha renunciado por completo a esta responsabilidad, diciendo que son sustancialmente equivalentes, alegando que no hay diferencias, de modo que las empresas ni siquiera tienen que hacer prueba alguna de seguridad.

Las grandes empresas de Biotecnología compran Tribunales, Gobiernos y Parlamentos (Parte II)

Tsiporah Grignon: En el documental “El mundo según Monsanto” se expusieron las puertas giratorias entre la Industria Biotecnológica y los Gobiernos.

Thierry Vrain: He leído que al Dr. Shiv Chopra le ofrecieron un millón de dólares a cambio de que cerrase los ojos en el asunto de la hormona de crecimiento bovino recombinante (RGBH), pero se negó y fue despedido por no callarse. (Nota del editor de GMWatcfh: Los doctores Shiv Chopra, Margaret Haydon y Gérard Lambert fueron los científicos despedidos del Servicio de Salud de Canadá por insubordinación en el año 2004, después de haber manifestado públicamente serias reservas sobre la aprobación de estos productos al creer que se producirían daños en la cadena alimentaria y eso iba a repercutir en la salud de las personas. Tiene previstas el Dr. Vrain una serie de conferencias por Canadá con el Dr. Chopra, actualmente en fase de planificación, pero que seguramente sean en la segunda quincena de noviembre).

Tsiporah Grignon: ¿Sigue en contacto con alguno de sus colegas de de Ingeniería Genética y son conscientes de su giro?

Thierry Vrain: No, y uno se da cuenta ahoro cómo los científicos ignoran las principales fuentes de información.

Tsiporah Grignon: ¿Cómo pueden los científicos actuar de forma independiente cuando su sueldo depende de apoyar o no un determinado punto de vista?

Thierry Vrain: Cuando empecé hace 30 años, trabajé como asistente técnico en un laboratorio y con un presupuesto muy escaso, y básicamente consistía en trabajo de laboratorio y en la publicación del mayor número posible de artículos. En aquella época decíamos: publicar o perecer. Pero hace 25 años, la cosa cambió. Cuando empecé no se permitía el patrocinio de las Corporaciones. No se podía acudir a Monsanto y decir: “¿Está usted interesado en que haga un trabajo para usted en mi laboratorio a cambio de una pequeña subvención?”. Pero hace 25 años, eso se permitió y alentó la financiación por parte de las empresas. Cuanto más interesada estuviese la Industria en el proyecto, más dinero entraba. Eso quería decir que se estaba haciendo un buen trabajo, de modo que con los fondos adicionales el Gobierno no tenía que aportar fondos para el laboratorio. Y poco a poco se convirtió en algo normal, y había grandes cantidades de dinero para la Biología molecular. Otros se quejaron de que todo el dinero iba hacia la Biología molecular en los años 80 y principios de los noventa. No sólo eso, si se realizaba un buen proyecto los resultados se podían patentar. Así que de publicar o perecer pasamos a patentar y hacerse rico.

Ahora muchos científicos reciben subvenciones de las empresas de Biotecnología. Cuando se consigue una subvención de un millón de dólares, se tienen cinco estudiantes de posgrado, tres doctores y un gran laboratorio, ahora es usted un gran profesor porque tiene un laboratorio enorme y mucho dinero que fluye. Pero si publicase resultados que no fuesen aceptables para empresas como Monsanto, las ayudas de las Corporaciones se iban a cortar.

Tsiporah Grignon: He leído en “Semillas de la decepción” sobre la inserción aleatoria de genes, ya que no hay forma de ser preciso, lo que usted ya ha confirmado anteriormente. Entonces, ¿por qué los científicos afirman que alteran genéticamente con precisión la naturaleza?

Thierry Vrain: Por dinero. Es muy importante para la empresas de Biotecnología acallar los estudios que no confirman su línea corporativa o cuestionan la seguridad. Pero aún es más sencillo. La mayoría de los inversores en las empresas de Biotecnología lo que quieren es ganar dinero… eso es lo fundamental. Si pueden llegar muy lejos con las ventas, ¿por qué no hacerlo?

Tsiporah Grignon: ¿Se siguen saliendo con la suya?

Thierry Vrain: Se siguen saliendo con la suya. Usted puede cuestionar lo que hacen, usted puede intentar evitar los transgénicos, y quizás estemos desgastando un poco a estos gigantes. Pero en realidad, con toda franqueza, ya que no tienen vergüenza, compran Tribunales, Gobiernos y Parlamentarios.

Tsiporah Grignon: Pero no dominan absolutamente todo, por ejemplo en Europa, donde hay una fuerte resistencia.

Thierry Vrain: No, no dominan toda Europa, pero seguro que lo intentarán. Son cinco los países en todo el mundo que acaparan la totalidad de los cultivos transgénicos: India, Argentina, Canadá, Estados Unidos. Y quizás un par de ellos más, y son 20 los países que no exigen el etiquetado por la presencia de transgénicos en los alimentos y no imponen ningún tipo de restricciones. Si se etiquetase no habría más transgénicos, porque la gente no los quiere.

Tsiporah Grignon: En Canadá estamos luchando por detener la alfalfa transgénica o la manzana que no se oscurece.

Thierry Vrain: La manzana que no se oscurece comenzó a desarrollarse en mi laboratorio, en Summerland. Alguien tuvo la brillante idea de cómo podíamos ganar dinero. Estábamos en el país de la manzanas, así que ¿ qué tal si silenciábamos el gen que oscurece las manzanas y conservan su aspecto? Sin embargo, los productores están en contra de ella y los productores ecológicos están en pie de guerra.

Tsiporah Grignon: Usted ha hecho referencia a un estudio de 120 páginas titulado “Mitos y Verdades sobre los transgénicos”, que fue hecho público en junio de 2012.

Thierry Brain: Es un documento que fue elaborado por Ingenieros de genética, Dr. Michael Antoniou y el Dr. John Fagan con Claire Robinson, periodista de investigación. Consiste en una recopilación de artículos e informes de los Gobiernos, la mayoría de los cuales cuestionan la seguridad de los transgénicos. Fue publicado en junio, por lo que el estudio de Séralini todavía no había aparecido. Representa una gran cantidad de trabajo, la mayoría realizado por laboratorios independientes de Europa, y se asegura que los cultivos transgénicos no pueden dan mayor rendimiento. Entra en lo que yo denomino contaminación genética; los cultivos transgénicos liberan su polen y los genes al medio ambiente, ya se trate de bacterias u otras plantas.

Tsiporah Grignon: Si tiene genes Terminator, ¿polinizan?

Thierry Vrain: Los genes Terminator forman parte de una tecnología de interferencia en la que las semillas o el polen se vuelven no fértiles.

Tsiporah Grignon: O sea, ¿que es posible transmitir la infertilidad?

Thierry Vrain: Sí, lo es. Este es el motivo por el que muchas personas están preocupadas. Imagínese si usted tiene un campo de maíz con el gen de la infertilidad y se extiende por toda la superficie agrícola y se transmite a otros cultivos.

Tsiporah Grignon: En otras palabras, el polen de una planta Terminator puede convertir a otra planta también en Terminator… ¿ Eso podría ser el fin de la vida en la Tierra tal y como la conocemos?

Thierry Vrain: Ese fue el motivo por el que se detuvo a Monsanto, que quería probarlas y comercializarlas. Los cultivos transgénicos están patentados, de modo que las empresas no quieren que la gente tenga sus propias semillas, los agricultores las suelen guardar, ya que el titular de la patente pierde dinero. Usted tiene que comprar las semillas año tras año. Al ser las semillas estériles, nadie conserva estas semillas. Estamos hablando de hambre… otra locura. Pero Monsanto ha adquirido la tecnología Terminator y puede volver a intentarlo.

Tsiporah Grignon: La gente interesada en alimentos de calidad y en su cultivo, ¿tiene esperanzas?

Thierry Vrain: Mi esposa tiene un herbolario… porque creemos que una dieta saludable es muy importante. Existe una conexión entre lo que comemos y lo que somos. Si vas a la tiende y compras la comida más barata llena de calorías pero con pocos nutrientes, entonces vas a enfermar.

Conclusión

Esta conversación con un antiguo informante de los transgénicos fue muy aleccionadora. Ahora conocemos verdades incómodas sobre los transgénicos y la empresas de Biotecnología, que se benefician de ellos. En esta entrevista, nos enteramos de que la Ingeniería Genética es muy imprecisa, carece de pruebas de seguridad, que los cultivos transgénicos contaminan otros cultivos, y la forma en que el mundo científico se pudre por el dinero. El Dr. Thierry Vrain cambió y ahora es un agricultor ecológico. Se dio cuenta de que la forma de alimentar al mundo es la de crear y apoyar las explotaciones sostenibles, trabajando conforme a la naturaleza.

Es nuestro deber detener este crimen biotecnológico contra la naturaleza. Infórmese y participe. No estamos solos. Millones de personas están llamadas a participar en el Día Mundial de Acción contra los transgénicos en más de 600 ciudades de todo el mundo el próximo 12 de octubre. Es el mayor evento en la historia para oponerse a la empresas de Biotecnología: Más información aquí

Información

Libre de Transgénicos y Greenpeace Vancouver han publicado “Alimentos modificados genéticamente y salud humana”, donde comparten preocupaciones sobre los alimentos modificados genéticamente. El Dr. Thierry Vrain es un ex científico genético del Departamento de Agricultura de Canadá, durante 30 años; el Dr. Chopra es un científico que trabajo en el Servicio de Salud de Canadá durante 35 años, un protector incansable de los alimentos en todo el mundo.

Por Noticiasdeabajo
Entrevista realizada por Tsiporah Grignon
Common Ground, octubre de 2013

Monsanto se va de Europa ¿Haremos que se vaya de América?

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Aún cuando puede parecer que el poder y la influencia de las transnacionales es casi absoluto, una pequeña esperanza se abre en la lucha de los pueblos ante la corporación semillera Monsanto que a principios de esta semana ha hecho pública su decisión de no seguir promoviendo ni comercializando cultivos transgénicos en Europa.

En declaraciones a un periódico alemán, la representante de Monsanto en ese país, Ursula Lüttmer-Ouazane, mencionó: ‘Hemos llegado a la conclusión de que en este momento no hay una amplia aceptación’. Representantes de la gigante multinacional semillera indicaron también que no buscarán nuevas aprobaciones para plantas modificadas genéticamente dada la baja demanda de sus productos y ante una oposición y rechazo a la tecnología cada vez mayor del público en general: ‘No tiene sentido luchar contra molinos de viento’, fue la declaración de la portavoz de Monsanto.

Este anuncio se hizo público sólo unos días después de salir a la luz y de manera escandalosa el descubrimiento en campos agrícolas en Oregon, Estados Unidos de trigo transgénico de Monsanto (Roundup Ready) que no tenía la autorización para ser sembrado de manera comercial. Este hecho plantea nuevamente los altos riesgos de la investigación científica con intereses corporativos de fondo, la relajada legislación sobre patentes y liberación comercial de transgénicos y principalmente, los riesgos para la biodiversidad, la seguridad alimentaria  y la salud de la población mundial.

El anuncio de la salida de Monsanto de Europa debe confirmarse en los hechos, ya que es el Estado Español donde se cultiva más del 90% del maíz transgénico (Bt). La comunidad autónoma de Aragón es la que cuenta con una mayor superficie de cultivo de maíz modificado, seguida de Cataluña y Extremadura.  Sin embargo, Francia, Alemania, Austria, Hungría, Grecia, Luxemburgo, Bulgaria y Polonia han prohibido tanto la entrada como la siembra de maíz transgénico en sus territorios.

¿Saldrá Monsanto de América Latina? ¿Qué pasa en México?

Los voceros de Monsanto en Europa también mencionaron que ‘venderían semillas transgénicas únicamente en aquellos lugares en los que cuentan con amplio apoyo por parte de los agricultores así como de políticos y un sistema regulatorio funcional‘ pero, ¿cuales son esos lugares? Desde hace mucho tiempo, diversas organizaciones de indígenas, campesinos, activistas, científicos críticos de toda América Latina vienen denunciando la contaminación de sus campos agrícolas y su modo de vida por los cultivos transgénicos. Se ha alertado a la población por los daños a la salud asociados a los herbicidas que se usan en la fumigación de soya transgénica en países del cono sur; en diferentes medios de información se han mencionado casos de muerte masiva de abejas, o la disminución en la población de mariposas monarca debido posiblemente pesticidas o quizá a las mismas plantas transgénicas; se han vaticinado los incalculables daños a la biodiversidad y a la cultura milenaria por la siembra comercial y consumo masivo de maíz transgénico.

Los lugares a los que se refieren los voceros de Monsanto son nuestras comunidades y países: Argentina, Brasil, Costa Rica, Chile, Guatemala, Honduras, México, Paraguay, Uruguay, etc., en resumen casi toda América, y que como refieren de manera maliciosa los agentes de Monsanto, son lugares en los que hay apoyo y complicidad de políticos que modifican las leyes para que la semillera aterrice y haga negocios.

Hace unos pocos días se demostró a nivel mundial el rechazo a Monsanto a través de masivas manifestaciones, se empiezan a recoger las primeras victorias con el anuncio de la salida de la corporación de Europa, y debe mencionarse que ese pequeño pero significativo triunfo se dio en gran parte a organizaciones de consumidores críticos, que desde el principio rechazaron que los transgénicos estuvieran en su mesa. Lamentablemente en México no hay asociaciones sólidas de consumo crítico, debemos fortalecer ese aspecto y hermanarlo a organizaciones campesinas e indígenas, que son quienes producen el maíz que alimenta a nuestros países.

Depende de nosotros mismos y de manera organizada y horizontal hacer que Monsanto se vaya de América, que se vaya a la quiebra en todo el mundo.

http://pagina3.mx/al-grano.html

Ana de Ita: Los transgénicos son la nueva colonización de las semillas.

MéxicoAnte la inminente liberación del cultivo comercial del maíz transgénico en México, la investigadora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano e integrante de la Red en Defensa del Maíz, Ana de Ita, explica a Desinformémonos los riesgos que implica esta liberación para la biodiversidad, la soberanía alimentaria y los conocimientos tradicionales.

La especialista señala que las semillas son un patrimonio de la humanidad y advierte que quien las controla, controla la cadena alimentaria.

La biodiversidad en riesgo

México es centro de origen y diversificación del maíz. Tenemos entre 59 y 61 razas antiguas mexicanas, y cientos o miles de variedades porque el maíz es un cultivo de polinización abierta o cruzada, donde los genes de una planta fecundan a las plantas vecinas. Por ejemplo, todos los granos de una mazorca son diferentes entre sí, con parte de la misma madre pero no del mismo padre. México, al ser un reservorio genético como centro de origen, inspira a biólogos, genetistas, mejoradores y campesinos para mantener y buscar condiciones deseables para el maíz.

Por los efectos en la biodiversidad, se veía como muy problemático que aceptaran la siembra de maíz transgénico. Es muy fácil que los transgénicos se inserten en este sistema abierto, y la contaminación los maíces nativos es una realidad comprobada desde el 2001 con los estudios de Chapela y Quist. Como decían los científicos en este momento, es muy fácil ingresar estos genes transgénicos al sistema pero es muy difícil o imposible erradicarlos.

Esos genes, en un escenario horrible pero no imposible, contaminarían a la gran mayoría de razas y variedades locales. En estos momentos de cambio climático en los que se necesita encontrar maíces resistentes a sequía, heladas, etcétera, si todo el maíz de México está contaminado por transgénicos, va a ser realmente una catástrofe. Ya no se va a tener maíz natural para adaptar las semillas a los desafíos actuales.

México es también un país megadiverso, con un gran número de animales. Hay 2 mil especies de mariposas, por ejemplo, y lo que provocarán los transgenes en esos insectos es muy distinto a lo que provocarían en un lugar sin esta megadiversidad.

Los estudios de la Universidad de Cornell mostraron que las mariposas monarca, símbolo de un ecosistema trinacional, se mueren al comer polen de maíz transgénico; eso ocurre en un país megadiverso con muchas especies endémicas. Es un atentado contra un gran número de especies y diversidad biológica la existencia de transgénicos, no sólo en el maíz sino en la soya, la canola, el algodón o en cualquier cosa.

Un peligro para la soberanía alimentaria

Los transgénicos van contra los derechos campesinos y la soberanía alimentaria porque si la progenie de una semilla ya no se puede sembrar, deja de ser la esencia misma de lo que son las semillas, que es la forma de reproducción para que las plantas se multipliquen y haya alimentos para todos. Por eso es que la Vía Campesina dice que las semillas son un patrimonio colectivo de los pueblos que debe estar al servicio de la humanidad; en las semillas se condensa todo el conocimiento de los pueblos de diez mil años de agricultura.

Los transgénicos vuelven a los campesinos dependientes de una semilla que ya no les pertenece porque incluye un conocimiento de fuera y patentado como propiedad de una multinacional, por el cual deben pagar una licencia. Esto ha provocado que haya juicios contra los campesinos porque sus semillas se contaminaron con un gen extraño y patentado. En lugar de hablar de invasiones de propiedad privada, las compañías demandan al agricultor diciendo que utiliza una tecnología sin pagar la licencia.

Los transgénicos vuelven ilegal el quehacer campesino normal, que es mejorar las semillas, resembrarlas, intercambiarlas, regalarlas o venderlas. Cuando compran un transgénico, los campesinos tienen que firmar un contrato donde dice que esa semilla no puede ser vendida, regalada ni intercambiada, que solamente se usará como semilla una vez y que lo demás lo van a vender como cosecha. Ya no las pueden guardar, como lo han hecho por siglos.

Las multinacionales nunca pagaron nada por el conocimiento colectivo que se encuentra presente en las semillas sobre las que ellos pusieron sus supuestos mejoramientos, un conocimiento que es milenario y se ha ido mejorando de generación en generación.

Control transgénico sobre la investigación

La falta de consenso científico sobre los transgénicos proviene de los aparatos de publicidad y mercadotecnia de las compañías y de sus tentáculos de control en las universidades, con centros de investigación y con las autoridades, que son las que dan o no los permisos. Por eso están tan silenciados los riesgos a la salud existentes, y a quien lo diga se lo tratan de acabar.

Cuando Quist hizo público el descubrimiento del maíz contaminado en México en la revista Nature, lo tuvieron que sacar de la revista porque la comunidad científica pro-transgénica hizo una labor de boicot negro en base a puras mentiras, diciendo que el estudio estaba mal hecho, pero hasta el gobierno mexicano reconoció que había contaminación transgénica. Como los pro-transgénicos tienen todo el dinero del mundo, se han vuelto financiadores de las universidades y los centros de investigación.

¿Cómo pueden ser juez y parte? Es una tontería porque los estudios que dicen que los maíces de Monsanto no hacen daño son los propios estudios de Monsanto. Además, son tan cortos que no se pueden comprobar los riesgos que ocurren cuando la alimentación de las ratas permanece más tiempo. Los otros científicos no pueden negar la contaminación transgénica, porque es un hecho que el maíz tiene una polinización abierta. ¿Cómo lo van a controlar?

Es un riesgo enorme que el gobierno mexicano permita que se siembre maíz transgénico para la alimentación de las personas sin haber utilizado el principio de precaución y sin haber hecho estudios específicos antes de dejar que la gente, por hambre y por falta de otra cosa, tenga que comer esto.

En México, los estudios que usa la Secretaría de Salud para validar su parte de seguridad sanitaria están basados en estudios hechos en Estados Unidos por científicos de Monsanto. No se fijan en las distintas condiciones de México. Por ejemplo, en Estados Unidos el maíz transgénico se utiliza para los puercos, las vacas y los pollos, muchos de ellos industrializados, que sólo están esperando a que cumplan su ciclo de vida y los matan. No se utiliza para la alimentación humana. La Comisión de Cooperación Ambiental, en sus recomendaciones, dijo que en México se necesitan estudios específicos si se considera el volumen anual de ingestión de maíz, que se calcula que en 115 kilogramos en promedio -y todavía más en el medio rural- antes de liberar los transgénicos.

La nueva conquista a través de la privatización de las semillas

Lo que parece es que hay una nueva conquista sobre las semillas nativas; las compañías tratan de despojar a los campesinos del conocimiento colectivo cristalizado en ellas. Vandana Shiva dice que, al igual que el Papa cuando mandó a los conquistadores a colonizar estas tierras que “no eran de nadie” (llamadas tierras nullusen la bula papal), ahora las empresas dicen que las semillas nativas no eran de nadie y van a colonizarlas, a ponerles sus genes, su marca y patente porque están “salvando” a estas semillas nativas que eran “sin rendimiento”.

El que controla las semillas controla la cadena alimentaria y controla una parte muy importante del conocimiento tradicional de la humanidad, porque las semillas no estaban así en la naturaleza. Eso tuvo que ver con un proceso de civilización y por esto son tan importantes los lugares que se llaman centros de origen. México y Centroamérica son centros de origen del maíz porque hubo una civilización que se encargó de estar cruzando y cruzando este pastito que es el teocintle hasta obtener este grano, que se inventó hace 7 mil años y que los campesinos siguen inventando diariamente.

Lo que quieren expropiar es una suma de conocimientos colectivos que han creado el maíz, el arroz y la soya, que son los principales alimentos de la humanidad. El arroz es para Oriente lo que el maíz es para nosotros, y ahí las compañías están expropiando este conocimiento colectivo para ponerle su marca y su etiqueta.

Todas las leyes van hacía la privatización. Las empresas han logrado meter distintas leyes en el mundo sobre semillas que van a prohibir la siembra de semillas no sólo transgénicas, sino todas si no se sabe qué patente tiene. Los que siembran semillas nativas no tendrán subsidios y no se podrá comercializar la cosecha.

Todas las leyes tienden a que los campesinos se vean obligados a comprar semillas y a entrar al mercado, a que las semillas sean ya no un patrimonio de la humanidad sino una mercancía que se tiene que comprar a ellos para ser legal. Lo demás lo llaman “semillas piratas”.

Un largo proceso legal para la liberación del maíz transgénico el primero de diciembre próximo

Con el Tratado de Libre Comercio de 1994 se abrió la frontera y, a partir del 1996, las importaciones de maíz de Estados Unidos crecieron de manera exponencial: llegaron hasta cinco millones de toneladas, cuando antes eran solamente 300 mil toneladas. Para México era muy difícil mantenerse libre de transgénicos porque en Estados Unidos se liberó el maíz transgénico desde 1996.

Los científicos del Comité Nacional de Bioseguridad Agrícola se vieron muy visionarios y utilizaron el principio de precaución para instaurar una moratoria sobre el cultivo transgénico. Era necesario hacerlo porque aquí también las compañías empezaron a pedir permisos para sembrar maíz transgénico. De 1996 a 1998 hubo algunos permisos de siembra experimental en México, pero gracias a la moratoria de facto no se iba a dar ni un permiso más, ni experimental ni comercial, a los transgénicos. El argumento era que teníamos una Norma Oficial Mexicana de bioseguridad para la siembra de productos que no consideraba a los transgénicos como tales porque eran una cosa nueva. Decidieron no dar permisos mientras no hubiera una regulación específica para los transgénicos.

A partir de finales de 1998, no volvieron a dar más permisos; los argumentos fueron que México es centro de origen y diversificación del maíz, que existe el teocintle y los parientes silvestres del maíz, y que hay 61 razas nativas y criollas que serían contaminadas. Con esos argumentos y contemplando que el maíz es el alimento básico de la población, establecieron la moratoria, que duró desde 1998 hasta 2009 cuando Calderón, después de una reunión con el director de Monsanto en el Foro Económico Mundial de Davos, liberó por decreto presidencial la siembra experimental y dio los pasos para llegar a la siembra comercial de maíz transgénico.

Mientras tanto, el gobierno y la industria prepararon una legislación para saltarse los requisitos de la moratoria. Como iba a tener vigencia hasta que existiera una legislación específica, se dedicaron a establecer esta legislación. En 2005 promulgaron la Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados, a la que llamamos la ley Monsanto porque es una legislación que no es de bioseguridad, sino más bien a favor de los intereses de las empresas. Solamente establece los pasos que tienen que seguir las empresas para lograr la siembra comercial de sus productos.

Les faltaba también, como requisito, definir cuáles eran los centros de origen y diversidad del maíz; lo hicieron en el 2011 para poder avanzar. La definición deja a toda la zona de riego, que es la que le interesa a las empresas, libre para que pueda ser sembrada con maíz transgénico. Es como bajar la frontera de México, porque casi es exclusivamente en el norte del país donde van a ser permitidas la siembra experimental y comercial.

Ahí, siguiendo la ley de bioseguridad y de manera legal, establecieron su siembra experimental. En esta fase, primero se establecen criterios dizque muy estrictos y muchas normas de bioseguridad (como el transporte de las semillas en envases, la trituración de la cosecha para evitar la germinación de los granos y la instalación de una zona de 200 metros de distancia entre el cultivo transgénico y cualquier otro cultivo). El problema es que el cultivo es a cielo abierto, lo que es problemático por la polinización libre del maíz.

En la siembra piloto, las extensiones crecen; no son espacios de menos de una hectárea como en la siembra experimental, sino más grandes. Sus medidas de bioseguridad consisten en poner una zona de amortiguamiento de 200 metros: el cultivo transgénico está en el centro, rodeado de 200 metros de maíz para afuera. Ese maíz de la zona de amortiguamiento obviamente se va a contaminar con el polen del transgénico. A ambos los van a levantar para comercializar donde se siempre se ha vendido el maíz para consumo.

En la etapa comercial ya no habrá ninguna medida de “bioseguridad”, sino que el maíz será plantado en cualquier lugar dentro del polígono donde les den el permiso y lo venderán donde tradicionalmente se vende. Lo más preocupante ahora es que estamos en la fase de solicitud de los cinco primeros permisos de siembra comercial, dos de ellos en Sinaloa, por 700 mil hectáreas cada uno. El polígono de liberación en el estado mide un millón 100 mil hectáreas, pero Sinaloa tiene 750 mil hectáreas de riego en total; entonces, suponemos que los permisos se refieren a la misma zona. Van a sembrar con cualquiera de los dos permisos las 750 mil hectáreas, en el mejor de los casos. De maíz sólo se sembrarán 300 mil hectáreas y lo demás se sembrará con otras cosas, como jitomate o frijol. Ellos se cubren las espaldas diciendo que sembrarán todo lo que los agricultores quieran. Por eso piden un polígono más grande: si alguien siembra transgénicos en este polígono, estará dentro de la legalidad.

La producción de maíz en Sinaloa se va a todas las ciudades del país porque es el principal estado productor de México, el que abastece a todos los centros urbanos. Piden este permiso para el primero de diciembre, a tiempo para la siembra otoño-invierno; la cosecha se recogería en junio-julio. Básicamente, la cosecha está comprada por transnacionales como Cargill, Maseca, Minsa o Archers Daniels Midland. Ellos lo distribuirán a todas las zonas urbanas, a Maseca y Minsa como harina, a Cargill como grano, a los molinos de tortillería. Calculamos que, en julio, todos los urbanos comeremos tortillas transgénicas, sin ningún tipo de etiquetado que diga “Comer tortillas transgénicas mata”.

Los permisos de siembra comercial están en consulta pública hasta el 15 de noviembre, pero la pregunta es ¿cómo toman las decisiones dentro del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria, que es el encargado de dar los permisos? Se ignora cuáles son sus criterios para negar o aceptar los permisos; en algunas ocasiones han negado permisos que al otro año aceptan. El primer permiso piloto que habían pedido para Sinaloa lo negaron y aceptaron el de Tamaulipas, pero al año siguiente aceptaron el de Sinaloa.

Lo cierto es que los argumentos que se someten a la consulta pública nunca son tomados en cuenta porque mandan un machote que dice: “Recibimos su consulta pública y sus argumentos serán tomados en cuenta”. Se puede mandar lo que sea, mandarán el mismo machote y los argumentos no serán tomados en cuenta porque los permisos siguen avanzando, a pesar de las consultas entregadas. Nosotros, como Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (CECCAM), pusimos argumentos tanto científicos como políticos, pero la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad puso argumentos científicos muy soportados y no cambió nada.

Creemos que es solamente un requisito y una farsa para decir que hay una ley de bioseguridad que está operando, cuando esa ley no puede por ningún motivo garantizar que el maíz transgénico no se cruzará con otro maíz, ni que no hace daño a la salud porque hay nuevos estudios que dicen que sí. Esta ley nunca consideró el principio de precaución como su fundamento; está redactada de tal forma que está a favor de las empresas y aunque que les quite el tiempo con los requisitos, finalmente lograrán su cometido.

Una vuelta más al modelo industrial de producción agrícola

Al contrario de lo que afirman, el interés de las empresas es claramente el lucro. Invirtieron mucho dinero en su tecnología y en sus inventos para supuestamente mejorar las semillas, pero después de 16 años de siembra en Estados Unidos se ha demostrado que los transgénicos no se hicieron para aumentar el rendimiento. Ahora las empresas en sus solicitudes inventan que aumentan el rendimiento, lo cual es una falacia.

Sólo hay dos desarrollos de transgénicos, que son control de malezas y control de insectos. Si no son estos, no hay nada. Se ha demostrado que no aumentan el rendimiento, que no disminuyen el uso de plaguicidas -porque si bien controlan unas plagas, las que antes eran secundarias se vuelven principales y acaban echándole otro insecticida, además del incluido en el transgénico-. La resistencia a herbicidas a lo mejor en un primer momento funciona, pero implica echar herbicidas todo el tiempo con un daño ambiental tremendo.

El insecticida es el glifosato, que Monsanto vende como Roundup Ready. En Argentina comprobaron que causa estragos terribles a la población, espina bífida, malformaciones, cáncer leucemia. Si realmente las empresas fueran honestas reconocerían que los costos sociales, ambientales y económicos que tenemos que pagar no se equiparan a los beneficios que tiene esta tecnología. El único beneficio que tiene es a lo mejor en los primeros años bajar las malezas, que luego se volverán supermalezas y habrá que controlarlas con todavía másRoundup Ready, que se venderá más y tendrán más rentabilidad, además de las semillas vendidas muy caras. Su único fin es el lucro, y es un fin que a lo mejor sería válido si su tecnología no fuera demasiado riesgosa y si resolviera los problemas que se plantea “resolver”, como el hambre.

Lo que se hace es crear una cadena en la que las empresas tengan mayor participación en las ganancias, cuando habría otras alternativas para aumentar los rendimientos, y además considerando los costos ambientales.

Los transgénicos son la segunda o tercera vuelta de la revolución verde. A 30 años de la Revolución Verde se empezaron a ver las consecuencias en cuanto a reducción de fertilidad, salinización de suelos, alto empleo de insecticidas, herbicidas, plaguicidas, fertilizantes químicos. Este modelo llegó a un tope, sobre todo ahora con la crisis del petróleo, porque todo el modelo está basado en él.

Además, al no haber avanzado en otras alternativas -como la fertilidad orgánica de los suelos u otras alternativas orgánicas de control biológico-, estamos en un momento en el que muchos gobiernos piensan que para darle de comer a la gente hay que seguir este modelo. Lo otro, que son soluciones de largo plazo, no se fomentaron. No se empujó el mejoramiento campesino de las semillas, el mejoramiento de los suelos u otra alternativa al modelo industrial de producción agrícola, del cual los transgénicos son sólo otra vuelta.

De lo que sabemos, los nuevos desarrollos de transgénicos llevarán genes apilados de hasta ocho características. ¡Quién sabe lo que pueden provocar en el maíz! Ellos dicen que no pasará nada porque recogerán esta planta, pero en un sistema como el mexicano, en el que esas semillas se van a mezclar con otras, no podemos saber. Se han observado malformaciones en las comunidades, si bien es muy difícil demostrar que son consecuencia de los transgénicos. Lo que sí se puede demostrar es que hay mayor incidencia de malformaciones en transgénicos que en plantas normales, como lo constató una investigadora del CECCAM.

Al nivel internacional, Vandana Shiva, investigadora y activista india anti-OGM (Organismos Genéticamente Modificados), empujó una quincena de acciones por la libertad de las semillas y contra su colonización por las compañías. Eso va a ser entre el 2 de octubre -que es el aniversario de Gandhi-, y el 16, que es el día mundial de la alimentación.

La defensa comunitaria ante los transgénicos

En la Red en Defensa del Maíz hemos planteado como centro de la resistencia a las acciones en las que las comunidades indígenas y campesinas pudieran crear una defensa territorial. A partir del 2003, cuando se descubrió que eran muchas más las comunidades en las que había contaminación transgénica, las comunidades plantearon no sembrar semillas de fuera, no intercambiar semillas cuya origen se desconocía, no sembrar semillas de Diconsa -tiendas rurales del gobierno-, no aceptar los programas gubernamentales que tienen semillas híbridas y no sembrar semillas híbridas porque pueden estar contaminadas con transgénicos. Además, revisan más las milpas y si ven plantas malformadas, les quitan la espiga para evitar que se reproduzcan y que se pase el polen a otras.

Esa fue la primera defensa desde la comunidad. Ahora, todavía más las comunidades tratan de hacer acuerdos de asamblea. Los ejidos y las comunidades en México tienen la mitad del territorio del país, entonces lo que nosotros como Red empujamos es que los ejidatarios y comuneros decidan autónomamente no sembrar semillas híbridas o transgénicas en su territorio. Es tratar, como lo han hecho las regiones libres de transgénicos en Europa, de construir comunidades y ejidos sin transgénicos a partir de acuerdos de asamblea, en algunos casos establecidos en los estatutos comunitarios y reglamentos ejidales, en otros casos en actas de asambleas, y a veces solamente con un acuerdo verbal. Sabemos que hay varias experiencias en las que ya se avanza en ese terreno.

Como otra parte de la defensa se trata de difundir en la opinión pública y de hacer presión para construir una opinión en contra de los transgénicos. Creemos que la defensa territorial puede ser muy importante aprovechando las estructuras autónomas que todavía existen.

http://desinformemonos.org

Genetic Roulette Movie

México: Sembrando viento: maíz transgénico en el norte del país.

El pronóstico de reducción de la producción de maíz en México en tres y medio millones de toneladas, provocado por el retraso de las lluvias y las heladas tempranas en el altiplano, junto con la merma en los niveles de agua en las presas del noroeste –que limitan a menos de la mitad las posibilidades de siembra de maíz del próximo otoño-invierno–, colocan al país en alerta ante un posible desabasto y encarecimiento del grano.

Frente a esta situación real, el titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Juan Elvira Quesada, haciendo eco de las falsas promesas de la industria biotecnológica que afirma poder resolver el hambre en el mundo, planteó como una de las alternativas posibles la siembra de maíz transgénico en los estados del norte (La Jornada, 15/11/2011). Nosotros pensamos que son por lo menos dos millones de hectáreas en el país donde se puede sembrar maíz con biotecnología, en donde no hay afectación a nuestras variedades de maíz criollo, en donde la preservación del maíz criollo, de sus ancestros y los teocintles, está total y completamente preservado bajo un criterio científico (Once Noticias, IPN, 14/11/2011).

Las dos millones de hectáreas, susceptibles según el secretario de ser sembradas con maíz transgénico, son 88 por ciento de las hectáreas de riego existentes en los siete estados norteños, donde las corporaciones semilleras han realizado pruebas experimentales de maíz transgénico desde 2009: Sonora, Sinaloa, Durango, Coahuila, Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas, en el que también han llevado a cabo pruebas piloto.

Este anuncio no tiene sentido fuera de allanar el camino a Monsanto y otras corporaciones que presionan por abrir la siembra comercial de maíz transgénico en México. Las dos millones de hectáreas se siembran cada ciclo con distintos cultivos: sorgo, trigo, maíz convencional y otros, y de ellas proviene más de un tercio de la producción de maíz que consumimos cotidianamente como alimento. Los problemas de falta de agua no se solucionarán sembrando maíz transgénico, ya que no existe uno comercial resistente a la sequía, sino que necesita la misma cantidad de agua que el cultivo convencional.

Además, después de más de 15 años de siembra comercial de maíz transgénico en Estados Unidos y otros países, ha sido ampliamente documentado que éste no aumenta los rendimientos, sino que muchas veces los reduce. Tampoco disminuye el uso de plaguicidas, herbicidas, ni fertilizantes. La cantidad de herbicida utilizado en las variedades resistentes aumenta, en tanto que el uso de insecticidas no disminuye, pues además de que las variedades de maíz transgénico producen todo el tiempo, las plagas secundarias crecen y deben controlarse con otros plaguicidas. El maíz insecticida puede afectar también a insectos benéficos, como las abejas o mariposas. La siembra de maíz transgénico genera resistencia de insectos y malezas en muy pocos ciclos.

Las semillas transgénicas son más caras que las convencionales y es necesario pagar por el uso de la licencia. Los transgénicos tampoco son benéficos al ambiente, ni inocuos en los ecosistemas: los pueblos fumigados en los desiertos verdes de la soya son la peor muestra. Las investigaciones de científicos independientes en ratas (Criigen), sobre daños a la salud y afectaciones en hígado, páncreas, fertilidad, tamaño de fetos, fueron utilizados por Francia y Alemania para establecer sendas moratorias a la siembra de maíz transgénico.

En México los riesgos a la diversidad biológica y a la salud humana se potencian, al ser país centro de origen y diversidad del cultivo. El maíz es un cultivo de polinización cruzada y el polen de los plantíos transgénicos fecundará los campos vecinos, contaminándolos. Además es muy difícil separar las cosechas transgénicas de las convencionales, que fácilmente se mezclarán en el transporte, los silos, la distribución, el procesamiento. Así, el maíz transgénico contaminará inevitablemente las 59 razas y cientos de variedades nativas y llegará rápidamente a nuestros platos. La Comisión de Cooperación Ambiental de América del Norte recomendó, en su estudio de 2004, realizar investigaciones de los efectos del maíz transgénico para la salud humana, tomando en cuenta la gran cantidad que consumimos los mexicanos.

Aunque la siembra de dos millones de hectáreas en los estados del norte es agronómica y económicamente inviable, las empresas continúan pidiendo nuevos permisos. Existen actualmente 49 solicitudes para maíz transgénico en 2 mil 700 hectáreas, 11 de ellas para siembras piloto. Monsanto solicitó tres pruebas piloto en Tamaulipas para abarcar 2 mil 160 hectáreas. Semarnat y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación tienen que dar respuesta. Sería necesario pararlas antes que cosechar tempestades.

Ana de Ita

Monsanto, crisis alimentaria y maíz en México.

Monsanto ha convertido la caída de las reservas internacionales de maíz y el desastre causado por el frío en los cultivos del cereal en el norte del país en su mejor argumento para apresurar la imposición de la siembra comercial de maíz transgénico en México, presentando sus semillas manipuladas como la solución ante la escasez y encarecimiento de la gramínea.

Y va más allá: en conferencia de prensa, el presidente de la trasnacional en América Latina, José Manuel Maduro, se atreve a afirmar que “…la decisión de México de no avanzar en ello [los transgénicos] ha llevado a importar 10 millones de toneladas de maíz y por eso urge una decisión al respecto.” Monsanto intenta asustar con el petate del muerto.

El cinismo de Monsanto parece no tener límites. Ahora resulta que México perdió autosuficiencia en maíz e importa millones de toneladas anuales no por una política agropecuaria favorable a las trasnacionales y un modelo de libre comercio injusto, que privilegia las compras al exterior y ha abandonado a la mayoría de los productores nacionales, sino porque el país no ha adoptado la siembra comercial del maíz transgénico.

Esta persistente labor de la trasnacional ha tenido efecto. Después de que el gobierno a finales del año pasado le negara autorización para la siembra piloto de maíz transgénico en Sinaloa, ahora la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) acaba de otorgar a Monsanto un permiso para la siembra de maíz amarillo genéticamente modificado resistente al herbicida glifosato, en programa piloto para el presente ciclo agrícola en Tamaulipas.

Sin embargo, el verdadero peligro —mortal para la alimentación, la salud y la cultura del país— está en optar por Monsanto en vez de fortalecer la agricultura nacional. La siembra de maíz transgénico acentuará la pérdida de soberanía alimentaria del país y contaminará las razas nativas del grano.

Según la Comisión Nacional para el Uso y Conocimiento de la Biodiversidad (CONABIO), en Tamaulipas se encuentran 16 razas de las 59 que existen de maíz nativo. Un estudio reciente de la CONABIO concluye que las liberaciones de maíz transgénico deberían estar a cargo “sólo [de] instituciones públicas debidamente capacitadas en materia de seguridad y en las zonas de menor riesgo.” El estudio fue financiado por la SAGARPA y, contraviniendo sus propias recomendaciones, se dio a conocer al mismo tiempo que fue aprobado el permiso de siembra piloto a Monsanto en Tamaulipas—estado que, como el resto del norte y todo el territorio de México, es centro de origen de maíz.

Campaña de presión

Hay una campaña intensa de promoción de los transgénicos en México: los grandes agricultores del norte del país presionan para que el gobierno agilice el establecimiento de la siembra comercial de maíz transgénico y en la prensa y la televisión no falta quien se vuelva eco de las tesis de Monsanto. Incluso a la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería llegó la propaganda entreverada con posiciones científicas. El programa de la tradicional feria auspiciada por la Universidad Nacional Autónoma de México incluyó una serie de conferencias denominada “Los organismos transgénicos han llegado a palacio”, encabezada por el promotor estelar de la biotecnología al servicio de las trasnacionales, Luis Herrera-Estrella. El científico mexicano, promovido como el coinventor de los transgénicos, se ha vuelto un defensor de los planteamientos de Monsanto, empresa que, según él mismo dice, le arrebató la patente de esa tecnología.

Sin embargo, son públicas las relaciones entre el CINVESTAV —donde labora el investigador— y la trasnacional. Herrera-Estrella ha sido denunciado incluso como ejecutor de “trabajo sucio” para Monsanto. Después de que Ignacio Chapela, profesor de la Universidad de Berkeley, reveló la contaminación transgénica en cultivos de maíz en Calpulapan, Oaxaca, en el otoño de 2001, Monsanto enderezó contra él una campaña de desprestigio de la que Herrera-Estrella no sería del todo ajeno. Tras años de persecución y cuando ya dos revisores externos internacionales para la Universidad de Berkeley habían aceptado dar permanencia a Chapela como profesor de tiempo completo e investigador, fue detenido su contrato al ser recibida la carta de un experto en su contra. El remitente era Luis Herrera-Estrella.

El ciclo de pláticas de la feria del libro sólo ofreció el punto de vista favorable al uso de transgénicos. Y ése fue uno de los reclamos de parte del público en la conferencia de Herrera-Estrella.

La presidenta de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), Elena Álvarez-Buylla, presente entre el público, ofreció rápidamente un punto de vista crítico sobre la biotecnología transgénica e informó sobre un científico francés reconocido por su investigación independiente acerca de los riesgos de los transgénicos quien recientemente ganó un proceso contra grupos de biotecnología que habían desencadenado una campaña para desacreditarlo. Ella no pudo extenderse mucho por la descortesía desmesurada de Herrera-Estrella y sus seguidores quienes, incómodos por los comentarios, le quitaron la palabra. También se señaló la omisión del expositor respecto a los daños comprobados a la salud ocasionados por el glifosato, herbicida producido por Monsanto, asociado a una de sus variantes de maíz transgénico.

La agresiva operación de opinión pública para introducir en México el maíz modificado genéticamente por Monsanto ocurre después de que el año pasado trascendiera el declive de las ganancias de la compañía y una baja en sus acciones debido a la disminución de ventas en Sudamérica y Europa del herbicida Roundup y de semillas transgénicas de maíz y soya.

El mercado mexicano representa para Monsanto ganancias potenciales por el orden de los 400 millones de dólares al año y algunos en el gobierno consideran que esas son muchas razones para desdeñar cualquier riesgo sobre los maíces nativos, la economía o la salud de los mexicanos.

Mientras en la Unión Europea, de acuerdo con un informe de Amigos de la Tierra Internacional dado a conocer hace unas semanas, los cultivos transgénicos van en picada, al tiempo que aumenta el número de países que los prohíben.

Según esa fuente, siete estados miembro de la UE han prohibido el cultivo del maíz transgénico de Monsanto por las evidencias acumuladas sobre sus impactos en el ambiente y la economía y por la aplicación del principio de precaución en la salud. La oposición pública a los transgénicos se ha incrementado hasta el 61 por ciento.

Inopinadamente —y no sin contradicciones—, en diciembre el gobierno federal mexicano negó el permiso a Monsanto para la siembra piloto de maíz transgénico en cien hectáreas de Sinaloa, un estado al noroeste del país. La siembra piloto es la segunda fase, posterior a la experimental y previa a la libre producción y comercio, de las tres fases establecidas por la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados.

A partir de octubre del 2009, pocos meses después de una reunión de Felipe Calderón con Hugh Grant, presidente de Monsanto, el gobierno federal aprobó 29 solicitudes de experimentación de maíz transgénico, rompiendo una moratoria vigente durante más de una década. La mayoría de las licencias fue para Monsanto y para Dow Agro Science, con el fin de “probar” maíces resistentes a herbicidas y a plagas en más de una docena de hectáreas.

El año pasado, tras mantener en secreto los predios de experimentación y sin informar adecuadamente los resultados del proceso, violando así la Ley de Bioseguridad, el gobierno aceptó 20 solicitudes más de las trasnacionales señaladas, a las cuales se añadió Syngenta. De otorgarse los permisos, las siembras de maíz transgénico ocuparían más de mil hectáreas.

Las contradicciones y titubeos en la posición gubernamental al negar los primeros permisos para la fase piloto en Sinaloa y la aprobación de un cuarto de hectárea en Tamaulipas se deben probablemente al inicio de la temporada electoral —crucial para el régimen que tratará de eludir el costo político de sus decisiones—, a la acción de las organizaciones campesinas y ecologistas y a la importante labor de organismos como la UCCS.

Desde finales de 2009, la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA) inició una campaña mediante foros de análisis, y en medios y bardas bajo el lema de: ¡No al maíz transgénico, fuera Monsanto! Se llevaron a cabo foros en Navojoa (a pocos kilómetros de uno de los centros de experimentación transgénica), Chilpancingo y Zacatecas. El año pasado en Guadalajara y en Morelia se denunció la experimentación de maíz transgénico en México como un crimen de lesa humanidad. Son ya muchas las voces que se han levantado contra este atropello: desde la UCCS hasta el ayuntamiento de Tepoztlán, en el estado sureño de Morelos, que inició una controversia constitucional contra la siembra del maíz transgénico en el país.

¿Soberanía alimentaria o dependencia?

Hace unos días, la UNORCA en voz de su dirigente nacional Olegario Carrillo advirtió que México no necesita echarse en brazos de Monsanto para recuperar su autosuficiencia en maíz. De hecho, ceder a las presiones de la trasnacional, que sólo busca apoderarse de la riqueza agro genética de los mexicanos, significaría profundizar la fuerte dependencia alimentaria activada por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, cuando las importaciones ya rebasan el 40 por ciento de lo que el país consume, según datos de la Auditoría Superior de la Federación.

El problema de fondo no es tecnológico sino que el gobierno mexicano carece de una política benigna para el campo y no existen metas de producción de alimentos. El régimen neoliberal ha preferido favorecer las importaciones y beneficiar a las trasnacionales que se han ido apoderando de todo el proceso productivo.

En este contexto, miente la trasnacional al afirmar que su biotecnología pueda resolver el problema alimentario en México: está plenamente documentado que los transgénicos no incrementan la producción. Los maíces transgénicos no han sido concebidos para incrementar los rendimientos; la gran mayoría de los transgénicos están diseñados para resistir la aplicación de herbicidas producidos por la misma Monsanto. En cambio, generan mayor dependencia por la necesidad de comprar semilla y por la contaminación de las variedades nativas, y ocasionan daños al medio ambiente, a la economía y a la salud de las personas.

Por otro lado, se podría duplicar la producción anual de maíz en México (24 millones de toneladas) si se cambiara la política agropecuaria apoyando a los campesinos y se cultivaran más hectáreas en el sur y sureste, donde hay agua suficiente. La riqueza genética del maíz mexicano permitiría elevar la producción, sin tener que pagar regalías a Monsanto, porque hay en el país unas 60 razas nativas y miles de variedades adaptadas a todo tipo de terrenos y climas.

La trasnacional niega el riesgo de contaminación del maíz mexicano por el transgénico patentado por ella pese a que está comprobado que no es posible la convivencia de la tecnología transgénica con la biodiversidad. Monsanto miente porque esa estrategia forma parte de su historia de protección de sus ganancias por encima de la salud de las personas, del medio ambiente y del bienestar general, como ha sido demostrado en investigaciones a lo largo de los años.

La UCCS, basada en reportes de la FAO, UNESCO, entre otros, afirma que los transgénicos además de no aumentar los rendimientos, incrementan los agrotóxicos, destruyen el suelo, y no benefician a los agricultores pobres ni a los consumidores. Además, contribuyen a la crisis climática debido a que refuerzan un modelo de agricultura dependiente del petróleo en insumos y transporte. Las organizaciones campesinas y los científicos comprometidos proponen un modelo alternativo sustentable, basado en la conservación de la biodiversidad, el reciclaje de nutrientes, aprovechar la sinergia entre cultivos, conservación de suelos y recursos estratégicos (el agua, por ejemplo), así como la incorporación de nuevas biotecnologías integrales en sistemas sustentables.

Los científicos han concluido que el campo mexicano cuenta con los recursos necesarios para garantizar la autosuficiencia alimentaria con tecnología no transgénica. Según el investigador Antonio Turrent Fernández, los pequeños agricultores, ejidatarios y comuneros pueden jugar un papel clave en la producción de alimentos básicos y en el manejo de los recursos fitogenéticos de los que México es centro de origen y diversidad. Pero se requiere inversión pública en infraestructura, investigación, transferencia de tecnología y servicios —es decir, cambiar radicalmente el modelo predominante y la orientación del presupuesto público—, y reimplantar la moratoria al cultivo de maíz transgénico.

Alfredo Acedo es director de comunicación social y asesor de la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas México.

http://www.cipamericas.org


@twewwter

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